“Siento que el amor por el verde es algo que encontré solo”. Mi rincón verde: Matías Lasen

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“Siento que el amor por el verde es algo que encontré solo”. Mi rincón verde: Matías Lasen

Por Victoria Misito / Fotografías Constanza Miranda

“Mi amor por el verde nació a partir de una historia un poco insólita. Hace unos años hice una fiesta en mi casa y un amigo tiró unas semillas de marihuana en el pasto. Empezó a germinar, pero no le presté mucha atención hasta que un día vi las pequeñas hojas que estaban apareciendo y quedé impactado. Creció tan rápido que me motivé y planté de todo. Obviamente después mi mamá pilló mi primera creación, la mató y me llegó un buen reto.

A mi familia siempre le gustó el tema, sin embargo, nunca fue algo que me hayan inculcado. Mi papá suele hablarme de la pequeña huerta que teníamos en nuestra casa, aunque la verdad no la recuerdo mucho. Y mi abuela es fanática también, tiene unas manos increíbles. Me encantaría decir que aprendí de todos ellos, pero siento que el amor por el verde es algo que encontré solo. Lo que sí creo es que, como lo tenía en mis genes me hizo mucho sentido.

Mi primer rincón verde fue en mi pieza, principalmente en el escritorio donde estudiaba. Tenía unos frascos, como los de conserva, con todo tipo de plantas. Como lo que más me gustaba era ser testigo del ciclo, podía pasar horas sembrando, cortando esquejes, multiplicando. Cuando me fui de mi casa partí a estudiar a Alemania con mi pareja. Y me tuve que separar de mis creaciones y aferrarme a las únicas tres que pude comprar allá. Hubiese tenido miles, pero como solíamos cambiarnos de espacio, era muy difícil instalar algo grande.

Hace dos años volví a Chile y dije: “listo, este es mi momento para tener el rincón verde con el que siempre he soñado”. La verdad es que no tenía ni un peso, pero comprar plantas fue mi prioridad. Ahora debo tener más de 70 distribuidas por todas partes, menos en el baño porque no le llega luz natural. Igual, en general, el departamento no recibe mucha iluminación, así que he tenido que aprender a convivir con plantas más tropicales.

Siento que cada una de ellas son mis hijas, así de fuerte. Tengo que cuidarlas, alimentarlas, limpiarlas, transmitirles amor. Es un trabajo de todos los días. Y sufro cuando salgo de Santiago. En diciembre nos fuimos un mes de vacaciones y como no soy capaz de dejar a mis niñas bajo el cuidado de cualquier mano, le pedimos a una vecina y a una amiga que sabe del tema, que se hicieran cargo. Aunque igual les armé una planilla de Excel con todos los pasos a seguir para que no se dieran cuenta de mi ausencia. Son súper sensibles y están expresando todo el tiempo. Uno tiene que estar en constante diálogo con ellas.

Otra de las razones por las que me encanta estar rodeado de verde es por el tema de la sustentabilidad. En la casa de mis suegros, en Buin, armé una pequeña huerta con hortalizas y hierbas de todo tipo. Trato de ir una vez por semana y me traigo un cajón lleno de frutas y verduras. Me encantaría poder hacerlo en Santiago, pero me preocupa que terminen contaminadas por el smog. En mi departamento solo tengo lemongrass y kale. En mi mundo ideal, todo estaría hecho por mí mismo. Hasta el momento hago mi propia pasta de dientes con bicarbonato de sodio, menta y aceite de coco, y además, estoy trabajando en una nueva fórmula de desodorante.

Me cuesta mucho elegir qué planta es mi favorita porque sería lo mismo que decir que quiero una hija más que a otra. Pero sí me atrevo a elegir la más regalona y esa es la ‘Mala madre’, es que es tan humilde. Se da en todos lados, es fácil, linda. Además es súper agradecida, uno les da un poquito de amor y brilla de inmediato”.

Matías Lasen tiene 30 años y es actor.

 

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