Tesoros bajo el mar

Columnas

Tesoros bajo el mar

Por María Edwards

Todo lo que he ido recolectando en playas y distintos paseos son también objetos con historia y probablemente mucho más antiguos que algunos de mis muebles.

Una tradicional definición de antigüedad sería aquel objeto elaborado que tenga más de 100 años y que se atesora por especialistas o aficionados por su estilo u originalidad. Son objetos de valor, únicos en su especie y con cierto grado de artesanía o diseño. Y la naturaleza está llena de objetos de larga historia que algunos fanáticos han atesorado.

Alguna vez alguien citó al territorio como lo mejor de la arquitectura en América Latina. Decía que nosotros viajamos a Europa a ver maravillosos monumentos y los europeos vienen al fin del mundo a mirar nuestras montañas, lagos y glaciares. Muchos de los componentes de la naturaleza serían entonces algo así como los objetos mejor diseñados del mundo. Y están ahí desde siempre. Los elementos vivos más antiguos surgieron en la profundidad de los mares hace más de 4.000 millones de años. En su generosidad, las olas han liberado a las playas miles de millones de conchas de moluscos, restos de corales y otros elementos que los caminantes han recolectado para distintos propósitos.

Mi modesta colección de tesoros marinos comenzó de chica. Con mi hermana íbamos sagradamente a la ‘playa de las conchitas’ a buscar elementos para nuestros collares veraniegos. Ya más adolescente me gustaba juntar las más blancas de todas y, junto a las estrellas de mar, las metía dentro de tarros y cajitas de vidrio. Aunque no tuve una tan tremenda edad del pavo, quise ser grande muy pronto. Y todo empezó a darme vergüenza y pereza. Ese fue el momento en que abandoné varias de mis colecciones. Ya hacia fines de los años 90 comenzó una moda marina y en todas las casas playeras empezaron a abundar las decoraciones con conchitas, estrellas, barcos y anclas. Entonces me dejó de gustar el motivo. Lo sentí algo corriente, repetitivo, como tantas temáticas agotadas por el retail.

Hace pocos años, durante mi luna de miel, comenzamos con mi marido a competir por recolectar las conchitas más originales y las acarreamos por tres meses hasta traerlas a nuestra casa. Me volví a conectar entonces con los tesoros marinos. Recién ahora caigo en cuenta de que todo lo que he ido recolectando son también objetos con historia y probablemente mucho más antiguos que muchos de mis muebles.

No me gustan las antigüedades por el solo hecho de ser antiguas y valiosas, lo que me gustan son los objetos únicos, especiales y con historia.

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