Vegan o no vegan

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Vegan o no vegan

Por Alejandra Apablaza / Collage: Silvia Caracuel

Las palabras soportan todo. Pero con decirlas no cambia nada. Las palabras se gastan de tanto repetirlas, como si tuvieran en sí mismas la facultad de morir en esa insistencia. Los humanos somos hábiles derrochadores de palabras. Decir por ejemplo: “empiezo la dieta el lunes” o “desde hoy seré vegana”, son –en su mayoría– aseveraciones que tomadas a la ligera y más temprano que tarde, dejan de existir. Se pierden porque ni el que las dice cree realmente en su veracidad. ¿Cómo seré vegana desde hoy, si llevo una vida comiendo animales?

Estamos repletos de una flora y fauna de palabras hermosas, etiquetas y hashtags relacionadas con buenas causas. Pero siento que –como muchas cosas– el nombrarlas tantas veces las dota de una moda superflua haciendo que pierdan el sentido de lo que realmente significan. Víctima de esto, es lo que sucede con el veganismo.

Es cierto que ser vegano es una de las maneras para reducir la huella de carbono. Hace más de 10 años la FAO sostuvo que el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero que el sector del transporte. Y que también es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos. La alimentación tradicional de una familia cualquiera se basa mayormente en leche de vaca, queso de leche de vaca, mantequilla y carne de vaca, la última en su amplitud de formas y colores. Y todo esto de lunes a lunes. Y a falta de vaca, bueno es el trigo, pero ese tema da para otra columna.

Por otro lado, sería una irresponsabilidad infinita el hacer un llamado al veganismo absoluto, sin antes darse una vuelta por el médico. Ya conocido es el caso de la youtuber Yovana Mendoza, quien después de años siendo vegana fue sorprendida comiendo pescado porque, a pesar de dar consejos sobre alimentación saludable, padecía de tremendas dolencias e infecciones que la tenían consumiendo decenas de suplementos alimenticios al día. Pidió perdón por su falta, pero hay varios que no perdonan su engaño y cuestionan sus métodos que aseguran bajar de peso de forma saludable.

Ser vegano para “salvar” al planeta (salvar entre comillas, porque el planeta no necesita que lo salvemos; somos nosotros los que necesitamos cambiar nuestros hábitos para seguir teniendo un lugar en donde vivir) sin hacerse los cuestionamientos necesarios, podría llevarnos por el camino sin retorno del pan y la abundancia de masas más llenadoras, que acabarían enfermándonos teniéndonos al borde de la resistencia a la insulina. O todo lo contrario, como le pasó a Yovana, desarrollar anemia y dejar de menstruar.

Hacerse o no hacerse vegano es una decisión personal, que traspasa el propio cuerpo y que quita a los animales como protagonistas de nuestra nutrición. Hay muchas razones para serlo y, personalmente, pienso que pocas para no serlo. Pero la alimentación no es un juego ni una moda. Comer tiene un impacto directo en nuestra salud, y creo que ni el más honesto ambientalista debería saltarse el proceso. Ser vegano implica integrar nuevos alimentos y educarse con especialistas, sin perder la conciencia de que el cuerpo es el primer ecosistema que debemos cuidar.

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