Las consecuencias del sexo
Agenda Sexo
7 Marzo, 2012

Las consecuencias del sexo

Por Sofía Beuchat y Ana María Blanco

María Paz no lograba quedar embarazada. Algo pasaba con su ovulación. Al parecer, sólo una de sus trompas de falopio estaba funcionando, lo que reducía sus posibilidades de concebir en un 50 por ciento. Lo que no sabía era por qué pasaba esto. Hasta que la Unidad Reproductiva del Hospital Clínico de la Universidad Católica descubrió la razón: una bacteria llamada Chlamydia trachomatis –más conocida como clamidia– había entrado a su cuello uterino a través de una relación sexual sostenida con un hombre infectado, hace un tiempo imposible de determinar: podrían haber pasado meses o años; podría haber sido su pareja actual o una anterior. La clamidia nunca manifestó su presencia, porque es asintomática. Pero, una vez dentro de su útero viajó hasta las trompas y ahí dañó sus mucosas, los cilios (pequeñas vellosidades que están dentro de las trompas y empujan los óvulos hasta el útero) e incluso su musculatura, hasta obstruir los conductos. Esto se conoce como proceso inflamatorio pelviano.

Como su otra trompa no había alcanzado a ser dañada, María Paz logró embarazarse. Pero se trató de un embarazo ectópico o tubario, inviable. Al operarla de urgencia, como normalmente se procede en esos casos, los médicos revisaron el estado de la trompa obstruida. No era tan grave: pudieron “abrirla” en esa misma intervención quirúrgica. Entonces María Paz tenía 29 años y hoy, que han pasado algunos años, tiene dos hijos. Tuvo suerte. En los casos más graves, la fertilidad sólo es posible a través de técnicas de reproducción asistida.

La clamidia, que afecta a una de cada tres mujeres chilenas, es una de las más de 30 infecciones que pueden adquirirse por vía sexual y que tienen su origen en bacterias, virus o parásitos. Hasta hace poco, los médicos hablaban de las ETS o enfermedades de transmisión sexual, pero hoy su frecuencia, variedad y modo de contagio ha crecido tanto que prefieren hablar de infecciones (ITS). Las más conocidas son el sida, la sífilis y la gonorrea, pero son más comunes la clamidia, el herpes genital y los condilomas (verrugas genitales). Casi todas las ITS han experimentado un crecimiento progresivo en la población mundial en los últimos años, por dos razones: la gente está teniendo más parejas sexuales, producto de una iniciación sexual cada vez más temprana –lo que aumenta la probabilidad de entrar en contacto con personas infectadas–, y cada día se practica más sexo oral y anal, lo que aumenta las vías de contagio. Es común que, por ejemplo, la mucosa vaginal entre en contacto con la placa bacteriana dentaria y viceversa; o que la boca esté cerca del tracto anal, donde puede vincularse con fecas infectadas.

Se calcula que entre el 20 y el 30 por ciento de los casos de infertilidad asociados a trompas tapadas en la mujer pueden tener su origen en una enfermedad de transmisión sexual. Algunas de ellas (la gonorrea y las uretritis, principalmente) se vinculan directamente con el problema, porque los microorganismos que las provocan viajan hasta las trompas y las dañan, como en el caso de María Paz, o afectan las paredes del cuello, dificultando la llegada de los espermios. Pero todas las ITS conllevan el riesgo potencial de provocar infertilidad, porque alteran el medio vaginal normal, lo que aumenta la posibilidad de que se instalen infecciones que inciden en el sistema reproductivo. En el caso de los hombres, el riesgo es menor, pero existe: las infecciones en la uretra producen secreciones que acompañan al semen y alteran el ambiente que los espermios necesitan para cumplir su función.

No es el único riesgo. Entre el 80 y el 95 por ciento de los casos de cáncer cervicouterino –que mata a 900 chilenas al año– tiene su origen en un virus que se transmite sexualmente: el papiloma humano (tipo 16 y 18, principalmente). Le pasó a Denise, quien a sus 28 años –hoy tiene 35– descubrió en un control ginecológico de rutina que había células cancerígenas en su útero. Nunca lo sospechó, porque esta enfermedad no muestra síntomas hasta etapas avanzadas. Había terminado hace poco una relación de varios años, pero él jamás supo que era portador del papiloma humano: en los hombres, el virus no tiene ningún efecto. Denise tuvo que operarse para eliminar las capas afectadas del útero. Afortunadamente el daño no era profundo ni se había extendido hacia otros órganos. Hoy, ella puede ser madre y tener una vida sexual normal. Encontrar el problema a tiempo la salvó.

Hay, además, otros riesgos –aunque poco frecuentes– asociados a las ITS. Algunas han provocado amebas, quistes, insuficiencias hepáticas, daños neurológicos y hasta cardiopatías de riesgo vital. La presencia de herpes aumenta el riesgo de contraer el virus del sida. La hepatitis B y la sífilis pueden, incluso, causar la muerte. Pero esto no significa que haya que alarmarse en demasía. La mayoría de las ITS se trata de manera simple, con la ingesta de antibióticos orales o medicamentos de aplicación local, siempre que su detección se haga precozmente. Para ello, los ginecólogos encargan un estudio completo de la secreción vaginal o uretral. Lo más nuevo es el examen de cultivo por biología molecular. Pero, como la mayoría de estas infecciones es asintomática o permanece como tal por mucho tiempo, suelen subdiagnosticarse. Por eso la prevención es vital.

CÓMO PREVENIR

→ Educación. Es importante que los adolescentes, el grupo de mayor riesgo, tenga información sobre la existencia de las ITS. Los estudios demuestran que tener conocimiento sobre estos temas retarda la edad de su iniciación y que luego asumen su vida sexual con mayor responsabilidad.

→ Pareja única. Ayuda, pero no garantiza. El mayor número de parejas aumenta las probabilidades de contagio de ITS. Sin embargo, es perfectamente posible que un hombre fiel a su pareja contagie a su mujer teniendo sexo oral si tiene un herpes bucal, por ejemplo. O que flora bacteriana ubicada en el tracto intestinal bajo se “traslade” a otras partes del organismo luego de tener sexo anal.

→ Condón. Según estadísticas entregadas por la Universidad de Chile, el preservativo bien usado protege del sida en un 95 a 98 por ciento; en el caso de las otras ITS, protege entre un 85 y un 90 por ciento. Mal usado (cuando se rompe o queda dentro de la vagina) la protección baja a entre 50 y 60 por ciento.

→ Control ginecológico. Debe hacerse a los seis meses del inicio de la vida sexual y luego repetirse una vez al año, en caso de que se mantenga la actividad sexual en forma estable, ya sea con pareja única o con cambios de pareja. Esto porque muchas ITS son asintomáticas.

→ PAP. El examen Papanicolaou detecta la existencia de inflamación en las células del cuello del útero, que pueden relacionarse con la presencia actual o futuro desarrollo del cáncer cérvico-uterino. Debe realizarse a los seis meses del inicio de la vida sexual. Si se encuentran anormalidades se recomienda repetir el examen a los seis meses; si no, se puede esperar dos a tres años.

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