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14 diciembre, 2016
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¿Por qué vivir lento?

Lo que nació en 1986 como una reacción frente a la llegada a Roma de una cadena de comida rápida, hoy es un movimiento global cuyo hilo conductor abarca todos y cada uno de los aspectos de la vida humana: desde comer (slow food) y vestir (slow fashion), hasta viajar (slow travel) y leer (slow book). Aquí, un mapeo para entender esta corriente que propone poner el pie en el freno y que este año está cumpliendo tres décadas.

Por Rita Cox / Ilustración: Paloma Moreno


Paula 1215. Sábado 17 de diciembre 2016.

Cómo se articula el movimiento slow
1986, Ronald Reagan es el Presidente de Estados Unidos y el término “yuppie” (young urban professional) acuñado a principios de esa década, sigue sonando con fuerza y tendrá hasta los 90 una valoración positiva. Retrata a los hombres de hasta 40 años que desprecian el descanso y valoran la jornada 24/7. El tiempo es dinero. Aún no aparecen las redes sociales, pero este hombre está siempre conectado y en un estructurado traje y corbata encuentra un lenguaje para hacerse reconocible como parte de una tribu. El director Oliver Stone hace la radiografía del yuppie en Wall Street (1987), con Gordon Gekko, interpretado por Michael Douglas, como el ícono de esta cultura de la ambición desmedida.

1986, Francesco Cossiga gobierna Italia y en Roma se han instalado las primeras cadenas de comida rápida estadounidense: los fast food de hamburguesas y pizzas. Una aberración frente a la antiquísima cocina y estilo de vida mediterráneos según la mirada de Carlo Petrini, sociólogo, escritor y “gastrónomo” italiano que ese mismo año, y tras una manifestación ciudadana en el frontis del sitio en que se levantaría un McDonald’s, funda el movimiento Slow Food (www.slowfood.com), cuyo objetivo es “trabajar para asegurar que todos tengan acceso a alimentos buenos, limpios y justos”. Para Petrini comer no es solo satisfacer el apetito y la alimentación no se limita a un asunto de salud pública con grandes problemas como la pandemia de la obesidad. “La comida es la forma de política más universal que existe, porque todos en el mundo necesitamos comer varias veces al día. Esto conlleva una serie de acciones cotidianas que pueden tener gran impacto sobre nuestra huella ecológica, pero también en las relaciones entre las personas y los Estados, así como sobre las elecciones de los gobiernos”, establece.

Rápidamente el slow food de Petrini mutó espontáneamente de un pensamiento relacionado con los orígenes de los alimentos y modo de prepararlos y sociabilizarlos, a un gallito entre el american way of life y el estilo mediterráneo. Un movimiento cultural con un número indeterminado de adherentes, que suscribe el slow life o vida lenta.

Tres conceptos clave del slow food
Convivium (CONVIVIA EN PLURAL): Esenciales para este movimiento, son eventos y actividades locales, organizados por sus adherentes, que se realizan en todo el mundo y donde se comparte en cenas, degustaciones, visitas a granjas y productores locales, conferencias y debates, festivales de cine y cursos de educación para niños y adultos. En el mundo existen 1.500 convivia y en Chile hay 14. Sus nombres y contactos en www.slowfood.com/nazioni-condotte/chile
Comunidades alimentarias: término acuñado por Slow Food en 2004, concibe una nueva concepción de la economía local basada en la alimentación, la agricultura, la tradición y la cultura. Pone de protagonistas a un grupo de pequeños productores y otros, unidos por la producción de un alimento particular y estrechamente vinculados a un área geográfica. Los miembros de la comunidad de alimentos están involucrados en la producción a pequeña escala y sostenible de productos de calidad.
Neo-gastrónomo: derivado del término neo-gastronomía, también del slow food, se refiere a una persona con un enfoque responsable e integral de la alimentación, que combina el interés por la cultura alimentaria y
vitivinícola con el deseo de defender el medio ambiente y la biodiversidad alimentaria, y considera la alimentación no solo como una necesidad biológica, sino también como un placer de compartir con otros.

Dos libros y un documental
2Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, es autor y coautor de una decena de libros. El primero es Slow Food Nation: Why Our Food Should Be Good, Clean, and Fair (1987). El más reciente es Food & Freedom: How the Slow Food Movement Is Changing the World Through Gastronomy (2015).
3Su biografía e ideas sobre política, alimentación y cambio están en el documental Slow Food Story (2013, Stefano Sardo). Todo disponible en www.amazon.com

Tres son los fundamentos del slow food. Los alimentos deben ser buenos, de calidad, sabrosos y saludables. Limpios, es decir su producción no debe dañar a el medio ambiente. Y justos, con precio accesible para los consumidores y condiciones equitativas para los productores.

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Del slow food al slow life
El movimiento Slow Food tiene su propio manifiesto, disponible en su web, donde se lee que “la biodiversidad, la salud de los seres humanos y los animales, el bienestar y la naturaleza están bajo un ataque continuo. Esto obliga a comer y producir alimentos como gastrónomos y ejercer el placer sin perjudicar la existencia de otros o los equilibrios ambientales del planeta en que vivimos”. De esa lógica derivó la corriente del slow life o vida lenta, alternativa a la rutina acelerada que imponen la ciudad, la hiperproductividad y conectividad. Un hito en esta materia lo marca en 2004 el historiador y periodista canadiense Carl Honoré con su libro Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad, donde plantea que el veloz ritmo desatado desde la Revolución Industrial debe ser frenado. Desde entonces Honoré se ha convertido, a través de nuevas publicaciones, en una suerte de gurú.

Al slow food y al slow life se han sumado el slow travel, los slow schools, el slow living, el slow book, el slow money, el slow fashion y las slow cities.
– Slow cities: ciudades o pueblos de menos de 50 mil habitantes que se han unido a la red internacional de Cittaslow. Su símbolo y logo es el caracol, que representa una vida lenta, sostenible, plena y más humana. www.cittaslow.org

– Slow travel: al viajero le interesa sumarse al estilo de vida local y conectarse con el lugar y su gente. No vive el viaje con la ansiedad de visitarlo todo. Arrienda una pieza o cabaña, cocina todos los días y se inserta en la cultura del lugar.

– Slow schools: hay varias entradas para entender el término. Desde el tipo de alimentación que se imparte en el colegio o escuela, hasta la manera en que sus educadores enfrentan el currículo, y las formas de medir a los alumnos. También se relaciona con la “alfabetización ecológica” que reciben los estudiantes.

– Slow living: tan simple como darse tiempo para comer bien, compartir con la familia y los amigos, hacer actividad física que permita al cuerpo y a la mente descomprimirse. El yoga y la meditación son dos aliados.

– Slow book: el movimiento del Libro Lento nació en Nueva York en 2009 como una respuesta a los hábitos de lectura que establecen las tablet. www.slowbookmovement.com

– Slow money: el norteamericano Woody Tasch es el fundador y presidente del Instituto de Dinero Lento y autor del libro Investigaciones sobre la naturaleza del dinero lento: Invertir como si los alimentos, las granjas y la fertilidad fueran materiales, con prólogo de Carlo Petrini. Su organización busca catalizar el flujo de capital a los sistemas alimentarios locales, conectando a los inversionistas con los lugares donde viven y promoviendo nuevos principios de responsabilidad financiera que devuelvan el dinero a la tierra. www.slowmoney.org

– Slow fashion: el término se le atribuye a la diseñadora, activista y consultora inglesa Kate Fletcher, quien en 2008 publicó el libro Sustainable Fashion and Textiles: Design Journeys, la biblia del rubro. Este año publicó Craft of Use: Post-Growth Fashion, donde explora las oportunidades de la moda más allá del consumismo. katefletcher.com

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El cacarol es el símbolo y logo de las ciudades y espacios slow. Representa una vida lenta, sostenible, plena y más humana que se logra poniendo el pie en el freno. De ahí que otro término asociado a este movimiento sea el downshifting: reducir la velocidad.

Dos nuevos manifiestos
– El Arte y la Ciencia de no Hacer Nada, de Andrew J. Smart (Tajamar Editores, 2014): el científico e investigador estadounidense, que se ha dedicado a estudiar el funcionamiento del cerebro, aborda la importancia del ocio en su desarrollo y cómo no haciendo nada se activan ciertas redes neuronales que pueden derivar en grandes ideas o altos niveles de energía. Además, se adentra en las dificultades que sufre el cerebro al verse siempre “conectado” a estímulos como redes sociales, llamadas telefónicas, correos electrónicos. $13.100 en Librería Ulises, Lastarria 70, loc 2.

– The Sleep Revolution, de Arianna Huffington (2016): la cofundadora y editora en jefe de The Huffington Post plantea que es urgente revisar el dormir, visto en las grandes urbes como un tiempo muerto, que es sacrificado en pos del trabajo y la conexión permanente. Aborda la historia del sueño, su rol en la salud, relaciones y vida laboral, y las consecuencias de la privación. No deja fuera la industria de las pastillas para dormir. En 2010 Huffington abordó el tema en una charla TED, luego de haber sufrido un colapso que la obligó a revisar las escasas horas que le dedicaba a dormir. www.amazon.com

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