El hipnólogo
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4 Febrero, 2008

Boris Araos

El hipnólogo

Pacientes con dolor crónico, que ya lo han intentado todo, encuentran alivio cuando se someten a la terapia con hipnosis de Boris Araos. Y no es esoterismo: hasta los científicos más ortodoxos reconocen la eficacia de la hipnosis para tratar el dolor. “Es la mente la que manda”, dice el sicólogo. Y aquí explica por qué.

Por Catalina Mena / Fotografía: Carolina Vargas

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“Mi historia se divide en un antes y un después del tratamiento que hice con Boris Araos. No sólo se me acabaron los dolores, sino que significó un cambio total en mi manera de funcionar. Boris me hizo darme cuenta de que yo podía tener el control sobre mi vida y ése fue el comienzo de una conversión total. Ya no me estreso con nada, aprendí a relajarme y a protegerme. Mi energía aumentó increíblemente”, dice María de la Luz Contador, 50 años, casada, 4 hijos y 4 nietos.

María de la Luz conoció a Boris hace cinco años, después de haber estado 13 soportando intensos dolores en todo su cuerpo. Los médicos la habían atiborrado de antiinflamatorios y corticoides, pero los dolores no paraban y los exámenes no arrojaban nada claro.

Fue su hermana quien le contó que en la Clínica Las Condes existía un sicólogo especializado en terapia cognitiva, que utilizaba la hipnosis para que las personas lograran control mental no sólo sobre el dolor, sino sobre el conjunto de sus experiencias. “Al principio me daba nervios, encontraba raro eso de la hipnosis”, confiesa María de la Luz, “pero apenas vi a Boris me generó una confianza absoluta”.

Boris fue la primera persona que le dijo que tenía fibromialgia, una patología que se caracteriza por dolores crónicos generalizados en las fibras musculares. Los pacientes con este problema son sometidos a todo tipo de exámenes y radiografías que, en general, salen normales. El dolor, en estos casos, no es un síntoma de otra enfermedad, sino que es, en sí mismo, la enfermedad. María de la Luz nunca había oído hablar de esto, pero rápidamente, con la ayuda de Boris, entendió que gran parte de sus dolores eran causados por estrés y que la única solución posible era intervenir sobre su propia forma de enfrentar la vida. Precisamente ésa es la función de la hipnosis: inducir sugestiones a nivel del subconsciente –con acuerdo del paciente– para que la persona internalice ideas y actitudes que sirvan a sus propósitos y cambie aquellas que le perjudican.

Las sesiones comenzaban con una relajación en la cual Boris iba transmitiéndole la certeza de que ella tenía el control y le entregaba sugestiones que hacían que disminuyera su percepción de dolor. Estas sesiones eran grabadas en un casete, que María de la Luz escuchaba todos los días en su casa. “Apenas oía la voz de Boris, comenzaba a relajarme. Los dolores desaparecían. Cada vez me era más fácil entrar en trance. A los pocos meses, dejé de tomar pastillas para dormir, luego dejé los analgésicos y después tampoco necesitaba el casete: ya me lo sabía de memoria”.

Yo construyo mi realidad

Cuando salió del internado Barros Arana, Boris Araos (49, casado, dos hijos) entró a la Universidad Católica de Valparaíso. Primero a Biología, después estudió Filosofía y Teología y, más tarde, Sicología. Hizo su posgrado en Sicoanálisis en la Universidad de Chile. Pero finalmente terminó especializándose en la Terapia Cognitivo Conductual, que busca solucionar síntomas concretos a través de técnicas de reestructuración de las creencias, actitudes y pensamientos. La hipnosis es una de estas técnicas. Boris se fue perfeccionando en su práctica hasta convertirse en uno de los terapeutas chilenos que más éxito ha tenido con su aplicación clínica. De hecho, la Unidad de Medicina del Dolor de la Clínica Las Condes, que es muy rigurosa, lo incorporó a su equipo médico hace ya nueve años.

En todo ese tiempo, Boris Araos ha tratado con hipnosis a gran cantidad de pacientes que, en pocas sesiones, logran superar depresiones, crisis de pánico, fobias, adicciones e insomnios. También, ha utilizado la hipnosis para sanar traumas de infancia, a través de una técnica regresiva en la que el paciente vuelve a revivir la experiencia y mentalmente interviene en ella para modificar las emociones que ésta le produjo. Pero la gran mayoría de sus pacientes buscan aliviar dolores físicos. Muchos llegan a visitarlo con cuadros de dolor crónico que han arrastrado por mucho tiempo, otros padecen dolores agudos que son producto de otras enfermedades (como cáncer o traumatismos) y también Boris ha intervenido en cirugías complejas –por ejemplo, de cerebro– usando la hipnosis como sustituto de la anestesia.

Más que una terapia alternativa, la hipnosis es un conocimiento recuperado. Ya en el siglo XVIII se utilizaba en Europa como anestésico en operaciones. Después, con la aparición de la anestesia, a principios del siglo XIX, fue relegada al olvido pero, en los años 40, médicos y terapeutas de todo el mundo comenzaron a revalorar su eficacia clínica y, ya en los 60, los institutos de salud de Inglaterra y Estados Unidos la recomendaban para el tratamiento del dolor. Hoy, la hipnosis ha vuelto en gloria y majestad y se está usando en los centros médicos más prestigiosos del mundo.

Araos asegura que la hipnosis es más simple de lo que la gente piensa. “Cada vez que nos relajamos profundamente, nos estamos autohipnotizando. También, cada vez que uno se sugestiona positiva o negativamente, se está autohipnotizando. Por eso la hipnosis es tan poderosa, porque es una herramienta que tenemos naturalmente”.

¿Cuándo partió tu relación con la hipnosis?
Desde muy chico. Fui un niño con mucha curiosidad de examinarme a mí mismo. Cuando tenía ocho años jugábamos con mi hermano a hipnotizarnos mutuamente. Ahí me di cuenta que uno podía alcanzar estados mentales muy profundos. Además, yo he tenido accidentes graves que me han puesto al borde de la muerte. Esas experiencias me marcaron y me hicieron buscar formas de trascender las limitaciones conscientes.

¿Y cómo fueron los accidentes?
El primero lo tuve a los 12 años. Me caí de un segundo piso en el colegio. Tuve fractura del maxilar y traumatismo encéfalo craneano. Estuve un mes hospitalizado con la boca cerrada para que se soldaran los huesos. Obligadamente comencé a meterme con mi mundo interno y a practicar formas de autocontrol mental. Lo pasé mal. Un día me levanté de la cama sin permiso de la enfermera. Fui al baño y me miré al espejo: estaba convertido en un monstruo. Eso me marcó para siempre, porque ya a esa edad dije: “En cualquier momento todo se puede acabar y yo quiero vivir la vida con máxima profundidad”. Después, de más grande, tuve otro accidente y otra vez significó encerrarme en un hospital. Eso fue haciendo que me metiera a leer mucho de filosofía y ahí comencé a investigar sobre hipnosis.

¿Y cuándo empieza el uso profesional de la hipnosis?
Cuando terminé Sicología empecé a trabajar con pacientes traumatizados en el Hospital J. J. Aguirre. Era terrible, porque llegaba los lunes a atender a todos los accidentados del fin de semana. Quedaban hospitalizados y con dolor crónico. Yo era sicoanalista y me encontré sin una herramienta para poder ayudar a los pacientes con el dolor que, pese a ser físico, produce mucho sufrimiento emocional. Yo ya sabía que la hipnosis se usaba para esto, así es que entré al Instituto Ericksoniano de Chile y ahí estudié la técnica. Comencé a utilizarla con los pacientes del hospital y quedé sorprendido con los resultados. Una de las primeras pacientes que me tocó ver fue la mujer metralleta.

¿Cuál es el principio teórico de la hipnosis?
Está basada en el budismo y en la filosofía estoica. Epicteto decía: “No es la realidad en sí misma la que nos perturba, sino la forma en que pensamos acerca de la realidad”. En el fondo, cada persona construye su realidad. Por ejemplo: si todos los días yo me tengo que enfrentar a los tacos y eso me estresa, no puedo esperar que se acaben los tacos y hayan más carreteras. Lo que tengo que hacer es modificar mi percepción. Es la mente la que manda.

¿Y cómo se modifica una percepción?
La hipnosis trabaja con la imaginación del paciente. Uno le entrega ciertas sugestiones para que él vaya visualizando imágenes o situaciones que modifiquen su estado emocional y sus pensamientos. La mente es una estructura flexible y modificable, mucho más de lo que creemos.

¿Tú crees que las personas tenemos poca fe en esa capacidad de cambio?
Hacemos pocos intentos por superar nuestras limitaciones mentales. Tenemos creencias y temores que nos bloquean. Yo hago hipnosis a los alumnos que preparan examen de grado en Derecho. Y no es que ellos aprendan más materia, sino que pierden el miedo, creen que están más preparados y eso es suficiente para que les vaya bien. En el fondo, lo único que hace falta es tener fe en sí mismos.

¿Y por qué piensas que eso nos cuesta tanto?
Porque estamos en una cultura que busca todas las soluciones afuera. Es un modelo mecánico: consumir cosas que vienen de afuera. Mientras que la hipnosis trabaja en sentido inverso: desde dentro proyecta un cambio. Quizás es un poco más lento que tomarse una pastilla, pero es mucho más duradero. Pero soy optimista: creo que las personas están cuestionando el modelo en el que hemos vivido hasta ahora porque se dan cuenta de que no funciona.

Pero hay personas que tienen depresión endógena, que aparentemente están condenadas a los remedios…
Yo no creo en esos diagnósticos lapidarios. De hecho, acá ha llegado gente que lleva años en terapia, con remedios, y en pocas sesiones se les acaba la depresión endógena. Las personas somos esencialmente sanas y contamos con poderosos recursos para superar cualquier enfermedad.

El tratamiento

Muchas mujeres te han consultado por fibromialgia ¿Cuál es el perfil de esas pacientes?
En general son personalidades con rasgos obsesivos. Habitualmente la fibromialgia se da más por estrés que por depresión. Desgraciadamente es un cuadro que se ve cada vez más. Yo veo a las mujeres muy exigidas, muy presionadas.

¿Y qué resultados concretos tienes con la hipnosis para tratar fibromialgia?
Muchas pacientes eliminan para siempre el dolor, otras aprenden a controlarlo. En pocas sesiones, la persona que ya está entrenada aprende a autohipnotizarse, sin necesidad de venir a la consulta ni tomar pastillas. La gente mejora su calidad de vida y ahorra plata.

Eso no debe gustarle mucho a los laboratorios farmacéuticos…
Claro. Los laboratorios le hacen un poco la guerra a la hipnosis, porque significa una pérdida de ganancias. Hablemos de casos concretos. Yo tengo un paciente que llevaba cinco años de tratamiento farmacológico por insomnio crónico y depresión. Con hipnosis, en dos meses se mejoró completamente. Nunca más se tomó una pastilla.

Pero, ¿es tu objetivo suprimir la medicación?
A mí, personalmente, no me gustan los medicamentos, porque es una solución parche, que no va a las causas internas. Pero, además, en términos de eficacia, para el dolor crónico no son útiles. Si los analgésicos fueran efectivos, no existiría el dolor crónico, sólo el dolor agudo. Lo mismo pasa con los ansiolíticos: dejas de tomarlos y el síntoma vuelve a aparecer.

¿Y a tus pacientes con dolor crónico qué les sugieres para mantenerse bien y prevenir recaídas?
Que todos los días destinen un tiempo para relajarse y que hagan yoga o natación. Pero el yoga es lo que más recomiendo, es lo más completo.

¿Por qué algo tan mental como la hipnosis ayuda al tratamiento de algo tan físico como el dolor?
Lo que pasa es que el dolor no es sólo físico. El dolor es codificado en la corteza cerebral; es ahí donde realmente uno lo siente, pero antes pasa por el sistema límbico, que está en la base del cerebro. Y el sistema límbico es el centro de las emociones. Entonces tu estado emocional va a determinar cómo proceses el dolor y de cómo, finalmente, lo sientas. Si estás con miedo y angustiado, eso va a hacer que percibas el dolor como algo mucho más intolerable. La hipnosis hace que la persona cambie actitudes que estaban favoreciendo la aparición del dolor y aumentando su intensidad.

¿Y por qué es necesario que ese cambio se realice con la persona en trance?
Porque así la estructura mental está mucho más permeable, y eso facilita hacer intervenciones. Erickson, que es uno de los padres de la hipnosis, describe el trance hipnótico como una mayor apertura de la persona a recibir nuevas ideas e informaciones.

¿Y cuando una persona está en trance tú puedes sugestionarla para que haga cualquier cosa?
No. Eso es un mito. La hipnosis ericksoniana que yo practico respeta mucho a la persona, no es autoritaria. Se trata de trabajar juntos. El paciente llega a los niveles de trance que considere mejores. En este tipo de hipnosis uno no puede obligar a un paciente a hacer algo que no quiere.

¿Usas las mismas técnicas para tratar cualquier tipo de dolor?
No es lo mismo trabajar un dolor de cabeza que una fibromialgia. Cada dolor requiere técnicas distintas. Por ejemplo, en la cefalea vascular, que se produce por dilatación de los vasos sanguíneos, tengo que darle sugestiones a la persona de manera que visualice que la sangre fluye mejor. Pero si la cefalea es tensional, tengo que utilizar imágenes que apelen a la relajación muscular.

¿Y qué otro tipo de sugestiones se utilizan?
Hay varias. Por ejemplo, uno puede hacer que el paciente se imagine un tamaño y un color del dolor. Y, mediante hipnosis, se va logrando que mentalmente el paciente disminuya el tamaño de su dolor y que el color del dolor vaya perdiendo intensidad, hasta que se vuelva casi transparente. Eso a mucha gente le provoca alivio. En realidad las técnicas son muchas y muy diversas, además se adecuan a cada paciente, a su personalidad, a su historia. Yo diría que no hay un tratamiento igual al otro.

De todas maneras, el tratamiento depende mucho de la disciplina del paciente…
Por supuesto. Se requiere de una persona que quiera entrenarse mentalmente. En la medida que la persona se va entrenando, la hipnosis es cada vez más efectiva.

Pero la efectividad de la hipnosis depende mucho de que la persona crea en ella.
En general hay una predisposición negativa. Porque hay un contexto de show. De que el hipnólogo te va a manipular, que vas a hacer el ridículo. Hay que generar confianza para que se entreguen al tratamiento.

¿Y cómo generas esa confianza?
Uno tiene que ser honesto: creer en el paciente, validarlo y querer que se mejore lo antes posible.

Te iba a preguntar si, a pesar de estar en la Clínica Las Condes, aún te encuentran medio esotérico…
De hecho, me han excluido de algunos programas sólo porque hago hipnosis. Algunos médicos siguen sospechando, a pesar de las evidencias. Le dicen al paciente: ‘Bueno, si le sirve, hágalo’, como si fuera una pastillita de azúcar. Pero, por otro lado, me mandan a los pacientes más complicados, con los que nada ha resultado. Y esto resulta. Es que la mente humana es misteriosa. Y yo trabajo en el misterio.

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