Carolina Arregui: Sobreviviente
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13 Junio, 2012

Carolina Arregui: Sobreviviente

La desterraron de la televisión y volvió resucitada. Debutante a los 17, separada de su marido tras un escándalo mediático, ex pareja de un ex agente de la CNI, ahora enamorada de un cirujano plástico y siempre adorada por el público, la vida de Carolina Arregui supera en turbulencia a cualquiera de las teleseries que ha protagonizado.

Por Andrea Lagos / Fotografía: Foch / Producción: Paloma Salas / Agradecimientos: Swarovski, Adolfo Domínguez, Dimensión Azul y Paula Cahen D ’Anvers.

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1965. Carolina Arregui aún no nacía y su papá murió de un atque al corazón.

–Así que mi padre no me hizo falta. ¿Cómo me iba a hacer falta algo que no conocí?

Y se fue de su casa a los 16 años, vestida de jumper para conquistar el mundo.

–Quería vivir mi vida y no rendirle cuentas a nadie– explica hoy, a los 46 años, con los labios pintados de color rojo ruso. Y se fue nomás. No volvió. La liceana Arregui Vuscovic, con sus pilchas en un bolso, llegó a una pieza en una pensión del Barrio Brasil. ¿Cómo pagaría la micro, la comida, la ropa, los cuadernos, la colonia y la laca para las chasquillas? Salió a cantar a los pubs de Bellavista. Corrían los años ochenta. Cada tanto la ciudad entraba en Estado de Sitio, pero ella solo pensaba en cómo ganarse la vida. Visitó varias agencias para ofrecerse como promotora.

El primer comercial que hizo fue uno de un copete de guindas. La Arregui tenía cara de niña buena y sonrisa de Ángel Malo, como la teleserie que la haría famosa años después, en 1986. De esa liceana inocente y coqueta se enamoró Óscar Rodríguez, el director de teleseries del Canal 13 más poderoso de la época, y se casó con ella seis meses después de conocerla. La historia de cómo se quebró la pareja es conocida. Después de ocho años de matrimonio y tres hijos, en 1993, la Arregui tuvo una breve historia de amor con el actor Fernando Kliche, su compañero en la teleserie Marrón glacé. El uruguayo fue y le confesó al director lo que había pasado. Rodríguez y el medio en que se movían condenó a la Arregui por infiel y la reina salió de la pantalla. Sin corona.

Así, sola, sin dinero, sin trabajo, sin marido y sin hijos cayó a un laberinto negro y triste. La pena se la sacó diez años después, cuando conoció a Roy Sothers, dice. Él es el cirujano plástico que se enamoró de ella mientras le pedía que le arreglara las pechugas y le aplanara la guata.

Una teleserie completa, que incluye un capítulo de amor de siete años (entre 1996 y 2003) con el ex agente de la CNI Patricio Castro, condenado por la estafa de la financiera ilegal La Cutufa, en 2005 y procesado, en 2010, como coautor del homicidio de dos miristas en Niebla, en 1984.

Ahora, en 2012, esa historia quedó atrás. La ganadora de cuatro premios APES a la mejor actriz, hoy interpreta a una vendedora de minimarket en “Pobre rico”, el culebrón de guaguas cambiadas que TVN transmite en el clásico horario de las teleseries: la hora de once. Así, cuando ella aparece, el rating sube como la leche, como el pan, como la Arregui.

Tu biografía es una teleserie perfecta.
Sí, pero si lo pensamos bien, la vida de tantas personas ha sido una teleserie: la de la Lady Di, de la Cecilia Bolocco, de Marilyn Monroe. Hay personas a quienes no sé si será por karmas o no, les pasan demasiadas cosas. Creo que las cosas que haces tienen consecuencias.

¿Tienes alguna religión?
No. No me caso con ninguna. Y ni con fútbol, ni con política. No soy tibia, pero me debo a mucha gente.

¿Pero más tirada para la derecha o para la izquierda?
Prefiero reservármelo, por las personas que me quieren y me siguen.

Respuesta a lo Don Francisco.
Él lo ha sabido hacer muy bien. Es un deber que tenemos quienes nos debemos al público, pero no implica que no tenga opinión. Para la campaña del No la di claramente.

Dijiste que No.
¡Eso no quiere decir que yo sea de izquierda! ¡Tampoco quiere decir que sea de derecha!

¿Cómo fue bajarse de la micro de la fama al salir de la tele?
Abrupto, un porrazo.

Te tiraron de la micro.
No, no me tiraron. Me caí sola. Tomar decisiones en la vida significa ser valiente, ir sin miedo, porque uno no tiene el futuro comprado. Nadie te garantiza que te va a ir estupendo. La vida no puede ser tan parejita.

¿Te quedaste muy sola?
Fíjate que la pérdida tras la separación fue tan feroz que el duelo fue muy largo.

¿Cuánto te duró?
Yo creo que me saqué el luto cuando conocí al Roy.

Qué largo, como diez años despúes.
Sí, cuesta mucho, es muy terrible. Porque tú te casas y dices, de blanco y en el altar, que sí, per sécula seculórum. No para que la cuestión no resulte, ¿o no? Lo más importante en la vida de una mujer es proyectarse en familia con el marido y que no resulte, es lo más frustrante que te puede pasar.

¿Es más frustrante eso a que no te resulte la profesión?
¡Claaaaro! ¡Obvio! De todas maneras.

Mira, pensaba que era al revés.
Tengo poquísima tolerancia a la frustración. Soy muy exigente conmigo misma y me gusta hacer bien las cosas, no me permito ser mediocre. Pero el gran proyecto de mi vida, el más importante de todos, es mi familia.

¿Intentaste pegar la taza cuando ya estaba rota?
Sí. Como estamos conversando a calzón quitado, te voy a decir que sí pedí una oportunidad. Yo decía: “¿Por qué no me da otra oportunidad si lo que pasó pesaba menos que un paquete de cabritas?”. Yo quería seguir luchando y peleando, dando hasta el último respiro por esa relación, pero lamentablemente, el rencor de Óscar fue mucho más fuerte, mucho más grande.

Su ego estaba roto.
Ahí sonamos pal perro, no había cómo combatir esa parte. Tantié terreno, vi que no había ninguna posibilidad. Sonamos. Qué le vamos a hacer.

¿Lo odiaste?
No me hables de odio, porque esa palabra no la conozco.

Pero alguna vez igual se tiraron los platos por la cabeza con Óscar Rodríguez.
¿Quién te contó?

Sobre su ex pareja, el ex agente Patricio Castro, condenado por el caso de La Cutufa: “Yo tenía que preguntar: ‘Qué condoro te mandaste, Pato? ¿En qué andas metido?’ y él: ‘No nada, esto que están diciendo es falso’. Al final yo no sabía si reírme o qué, pero era imposible que me enojara con él. Era un cabro chico haciendo puras leseras. ‘Maldades’, decía yo”.

Salieron publicadas unas cartas de él en el diario, respondiendo a una entrevista tuya en una revista.
Él sería, pero yo no, yo soy una dama.

Sin Audi

Carolina, ¿qué significó el ex CNI Patricio Castro en tu vida?
Es el padre de mi hija menor. Tengo los mejores recuerdos de ese periodo. Fue una persona que me ayudó y me apoyó mucho, independientemente de lo que se diga, de lo que no se diga. De cómo él fue conmigo y mis hijos, no tengo nada que decir. Los años que duró esa relación los agradezco y los conservo en mi corazón como los más lindos que pudo haber dejado esa persona. A su estilo y a su manera, él vivía su vida y yo, la mía.

¿Cómo en siete años no te enteraste de que creó la financiera ilegal La Cutufa y que estuvo involucrado en un crimen de derechos humanos?
Yo no sé nada de nada.

¿Pero sabías que era un ex CNI, eso sí?
Sabía que había sido militar. Sabía algunas cosas y otras, simplemente, no las sabía o hacía la vista gorda.

¿Te daba lo mismo o no querías saber?
Nunca quise saber o investigar más allá. A mí me bastaba con su palabra. Mis conversaciones con él fueron muy humanas, muy contenedoras.

Estabas necesitada de un hombre firme, tal vez.
Exacto. Venía pasándolo mal después de la separación.

Y ¿qué te pasa con la información sobre las causas de derechos humanos en las que fue vinculado?
La gente dice muchas cosas y le pone mucho color. Siempre hay dos versiones, o tres o varias o miles, pero quieren quedarse con la más morbosa, la más mala, la más truculenta, la más terrible. Y nadie es tan malo, ni tan truculento, ni tan terrible. Podrá tener su lado bueno o su lado malo, pero la verdad es que a mí, en ese minuto, no podía importarme menos. Lo que me importaba era lo que él a mí me entregaba: contención, cariño, fuerza, apoyo.

¿Ya no lo ves?
De repente, ponte tú, una vez al año.

¿Tuviste que ir a declarar a los tribunales por La Cutufa, por si eras cómplice de alguna estafa?
Yo no lo conocía en la época en que pasaron esas cosas.

Pero tu nombre apareció en las investigaciones como dueña de propiedades e inversiones.
Ahhhh, es que el Pato era muy desordenado. Se metía a hacer chamullos de cuestiones donde, claro, me involucró. Esas cosas me daban rabia, eso era lo que hacía que yo me enojara (se ríe). “Ya pues, córtala”, le decía yo. Pero el que nace chicharra muere cantando.

Y el Servicio Nacional de Aduanas te quitó el Audi que te regaló porque había sido comprado de modo ilegal.
Me lo quitaron. Me lo regaló un día y después lo fueron a buscar. “¿Pero cómo me lo va a quitar, les dije, si yo no soy la dueña? ¡Me lo regalaron!”. Y estuve a punto de pasarlo a mi nombre, menos mal que no llegó a ser mío, porque me habría ido para adentro, con auto y todo.

¿Tanto así?
No sé, capaz que sí, anda tú a saber. Siempre las cosas llegaban a un límite donde yo tenía que preguntar: “¿Qué condoro te mandaste, Pato? ¿En qué andas metido?”.

¿Pero tú sospechabas que podía haber algo raro?
Pero obvio que lo interrogaba. “No nada, esto que están diciendo es falso”, me decía. Y yo le respondía: “Te quiero creer, pero si el río suena es porque piedras trae”. “Noo, si ná que ver”, me engrupía. Al final yo no sabía si reírme o qué, pero era imposible que yo me enojara con él. Era un cabro chico haciendo puras “maldades”, decía yo.

Eran miles de millones el dinero de las estafas, según los expedientes. Nunca tan cabro chico.
Todo eso que se dice fue en una época en que yo no conocía al Pato. Desconozco esa historia de los miles de millones de pesos. Yo vivía de mi trabajo. Él viajaba mucho. ¡No tengo idea ni me interesa! Él iba, me acompañaba, estaba conmigo. Te podría decir que yo necesité tener a un compañero amigo al lado mío, que me contuviera. Yo me dedicaba a  trabajar y a cuidar a mis hijos: no pescaba el cahuineo. Probablemente mis amigos nunca me comentaron nada por respeto o por temor, anda tú a saber. Y el tema del auto me pareció insólito. Menos mal que se lo llevaron y ahí se acabó el problema.

Roy, el cirujano plástico

Y ahora estás con tu cirujano plástico, ¿es el “final feliz” de tu historia?
Con todos mis amores yo he pasado momentos lindos. Siempre me quedo con lo mejor, pero mi actual relación es muy bonita, muy estable.

¿Te quieres casar con él?
No es tema. A lo mejor, pero no es prioritario.

“Me cansa que insistan con mi pasado. Además, ¿quién no tiene tejado de vidrio? Yo debo tener el mío, anda tú a saber, pero le puse una cortina encima.”

¿Cómo se convirtió en el amor de tu vida?
Lo conocí consultándole por un par de cosas que llegué a reafirmar después (y hace un gesto con sus pechugas) porque habían amamantado a cuatro cabros. Era necesario pegarle una recauchada al esqueleto este para seguir trabajando con dignidad. Fue amor a primera vista, eso que tú crees que a los cuarenta no te va a pasar nunca más.

¿Sentías que ya no te ibas a enamorar?
Mira, yo al Pato lo quise mucho, pero nunca estuve enamorada de él. Mi único gran amor fue Óscar. Ese era el amor que yo conocía. Un amor completo: papá, marido, padre de mis hijos, jefe, todo. Imagínate: ¿quién iba a superar eso?

Hasta que pediste hora con Roy.
Yo ya había perdido la esperanza. Y, si había una esperanza, era para algo que realmente valiera la pena. El amor del bueno aparece sin buscarlo.

¿Viste la película La piel que habito, de Almodóvar? ¿La del cirujano plástico y su paciente como obra de arte?
Mala. Rebuscada. Mal contada, no me gustó, me dio lata. ¿Cómo te vas a creer una historia así?

¿La viste con Roy?
Sí, nos mirábamos a cada rato para saber cuándo
terminaba.

¿A él tampoco le gustó?
No. Sinceramente, ni sé por qué me lo preguntaste ¿es para hacer una comparación con Roy?

Por el tema, porque eres también su paciente.
A mí no me ha cambiado de sexo todavía, mamita.

Pero convengamos que estás estupenda. ¿Él te dice: “Carola hazte esto o lo otro”?
No.

Tú le pides.
Lo conocí para hacerme las pechugas y para corregir un poquito el abdomen. Y sería. ¿Se supone que como él es cirujano plástico me tendría que estar enchulando todo el tiempo? No pues. No es así. Pero de tanto en tanto, cada cierto tiempo, me dice: “Mira, vamos a tratar de arreglar un detallito acá, otro por acá”, pero con un poquito de bótox, detallitos, cosas que todas las mujeres nos hacemos. Todo acompañado de una alimentación sana porque tengo que cuidarme el corazoncito. Es una maña esto de pensar: “La buena suerte de la Carolina Arregui que está con un cirujano plástico”. Yo no puedo cambiar mucho más. Yo voy a ir envejeciendo, pero dignamente, no puedo aparecer en pantalla con una cara que no es la mía. Me mantengo con yoga.

Empezaste hace poco, eso sí.
Hace dos años. Un poco antes de lo del corazón. Pero ¿por
qué siempre me preguntan por el cirujano plástico?

Quizás por envidia.
Por ahí debe estar la cosa. ¿Pero tú crees que yo me meto a pabellón cada tres meses más o menos?

No sé.
No, no es así.

Te enojaste.
Me cansa que me pregunten siempre lo mismo.

Hemos hablado de varias cosas.
Es que no me gusta que me hagan tantas preguntas sobre el pasado, y han sido muchas. ¿Quién no se ha equivocado en la vida, quién no tiene tejado de vidrio?

¿Cuál es tu tejado de vidrio, Carola?
No sé, lo debo tener, anda tú a saber, pero le puse una cortina encima.

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