Josefa Errázuriz: La candidata sorpresa
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29 Agosto, 2012

Josefa Errázuriz: La candidata sorpresa

¿Quién es la mujer que desde las juntas vecinales levantó una candidatura para enfrentarse al sempiterno Cristián Labbé en la comuna de Providencia? ¿Cuál es su pasado? ¿Cómo se define políticamente? ¿Qué sueña para su comuna? Aquí, se lo preguntamos.

Por Lorena Penjean / Fotografía: Carolina Vargas / Asistente de fotografía: Fernando Villalobos / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje: Elisa Broussain

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Paula 1103. Sábado 1 de septiembre de 2012.

Nacida y criada en Providencia, como le gusta repetir, Josefa Errázuriz Guilisasti (60), da esta entrevista en su casa ubicada en un tranquilo pasaje, que se divide entre muebles antiguos y juguetes de su nieta Rafaela, de 1 año, con una casa de muñecas al lado de un arrimo. Decenas de marcos de fotos y una inexistente mesa de centro. “No me gustan, cortan espacios”, sentencia. Ofrece té y repara: “Bueno, en estos momentos pienso que tal vez una mesa de centro sea necesaria”.

En mayo pasado, esta mujer, entonces candidata de la Unión Comunal de Providencia, fue a las primarias ampliadas de esa comuna, en las que se enfrentó a Javier Inzunza (PS), y al candidato independiente Cristóbal Bellolio, y ganó sorpresivamente. Su popularidad ha seguido en alza. En julio pasado, un sondeo realizado por el Centro de Encuestas del diario La Tercera, mostró que obtenía 51 por ciento de los votos, versus 37% que obtuvo el alcalde Labbé. Poco después, el edil de Providencia la ninguneó con la ya célebre frase: “No sé quién es Josefa Errázuriz. Providencia es como una empresa. Si quieren cambiar a un gerente que está haciendo bien las cosas por una dueña de casa, allá ellos”.

La idea inicial de esta entrevista fue reunir a los dos candidatos en competencia por la comuna de Providencia. Josefa Errázuriz accedió de inmediato. Pero a través de su encargado de prensa, el alcalde Labbé respondió a Paula “no está dando entrevistas como candidato y solo las dará, de manera muy selectiva, durante los 30 días de campaña que estipula la ley”. Josefa Errázuriz es delgada, usa aros de perlas y unos zapatos de charol muy finos. Estudió en el Villa María Academy, colegio al que le reconoce el mérito de formar mujeres con personalidad, a pesar de que “nos educaban para ser un poquito gomeros y buenas dueñas de casa”. La diversidad, afirma, la conoció en la Universidad de Chile donde estudió Sociología. Sobre cómo se relacionó con los grupos izquierdistas de su escuela en esa época, señala: “Nunca me avine con la ultraizquierda porque sentía que no construía nada”.

Su carrera como vecina empoderada comenzó una vez que se jubiló, después de trabajar durante 33 años en el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD). Fue entonces que se dedicó a los temas ciudadanos de su comuna, que asegura siempre le interesaron. Su primer logro –dice– fue impedir la construcción de 14 torres en Antonio Varas con Pocuro; defendió la Plaza Las Lilas y si bien igual se construyeron los edificios, explica lograron mitigar su impacto. También participó en el Comité de Defensa de la Calidad de Vida de Providencia protestando por las torres que se levantaron en la calle Dalmacia.

Se opuso a que quitaran 48 palmeras en la plazoleta Juan XXIII, en Antonio Varas con Avenida 11 de Septiembre. Luchó porque la Costanera Norte no afectara la armonía del Barrio Bellavista, y se negó al rebautizo de la Plaza Domingo Gómez Rojas, en la que se pretendía instalar una estatua del Papa Juan Pablo II sin el consentimiento de los vecinos. “Adoro a ese Papa pero no por eso voy a permitir que la Universidad San Sebastián haga un negociado con una plaza que lleva el nombre de un estudiante que mataron ahí”, afirma.

¿Cómo llegaste a ser dirigenta vecinal?
Yo siempre fui la señora Juanita de Providencia.

¿Por qué señora Juanita?
Cuando defendimos la Plaza Las Lilas o el barrio Dalmacia, yo iba como una vecina cualquiera: era la señora Juanita que reclamaba y opinaba.

¿Estabas aburrida al haberte jubilado, después de tantos años trabajando?
A los 55 años te jubilas muy joven, con mucha energía y no puedes irte a la casa cuando existe un proyecto que te llama. Cuando mi hijo Nicolás, que es geógrafo, hizo el Servicio País, lo vi con claridad: yo tenía que hacer Servicio País de la Tercera Edad como una manera de retribuir. Bueno, eso es lo que estoy haciendo ahora.

¿Cómo son las juntas de vecinos de dónde emerge tu liderazgo?
Era divertido porque me paraba frente a estas señoras muy finas y les decía: “miren, lo que tenemos que hacer nosotras es defender el barrio”. Y me miraban con cara de “¿qué le pasa a esta mujer? ¿Será hippy?”. Finalmente terminamos trabajando juntas y siendo muy amigas. Conseguimos el apoyo de todos los concejales, y el de la hoy senadora Ximena Rincón, que era la intendenta en ese tiempo.

¿Cómo te sentías liderando a esas señoras finas?
Pensé “este es mi terreno, tengo que pelearlo”. Y como yo, hay muchos. Está la gente que puede ser víctima y se queda en su casa y la que dice “quiero sobrevivir”; se organiza y decide ser protagonista. En esto estamos: sabemos lo que queremos, sabemos cuál es la brecha entre lo que tenemos y lo que queremos. Queremos incidir en políticas públicas.

¿Qué pretendes con tu candidatura?
Construir una comuna donde los vecinos seamos escuchados, donde no haya una gestión vertical como la que hay hoy. Este territorio es nuestro, es mío, yo nací y me crié en Providencia.

¿Piensas que con tu candidatura estás sentando un precedente?
Sí, pienso que haremos historia. Porque que una líder vecinal gane es un remezón a las autoridades y a los partidos políticos. Asimismo, soy intransigente al decir que sin partidos políticos no hay democracia. No milito porque soy libertaria y no me gustaría que un partido me diga cómo tengo que vestirme, qué tengo que decir. Pero, también es importante decir que esta no es una candidatura antipartidos. Hago política al preocuparme de mi polis.

Defínete políticamente.
Ciudadana.

¿Qué te provoca este gobierno?
Mira, agradezco que en este gobierno se haya aprobado la ley de participación ciudadana que no es todo lo que hubiese querido pero nos da instancias para participar. Pero creo que al gobierno de Piñera le faltó preparación, les costó mucho instalarse porque se trata de gente que viene del sector privado. Los ciudadanos no tenemos por qué pagar ese pato. Eso tuvo que haberse previsto.

¿Por quién votaste en la elección pasada?
Por Frei.

¿Cómo te has ido educando como política?
No he tenido que hacerlo.

¿Nadie te dice cómo responder?, ¿no te aconsejan?
Si lo hicieran, en ese mismo momento arranco. Políticamente soy muy incorrecta. Soy así, no invento nada, no preparo las entrevistas. Las ideas fuerza se discuten pero no acepto pautas porque si me pautearan no podría hablar. Soy yo, no estoy jugando ningún papel.

Su pasado

Como te pilló el golpe militar, ¿estabas con la UP?
No te podría decir si me gustaba o no porque yo no estaba participando.

“Me casé a los 20 años y me separé con mis hijos de doce y seis años. Fue un gran fracaso. El que dirán no me importaba pero me daba cuenta de que a mis hermanos les importaba. No es fácil ser madre sola en este país”.

No sé, pero algún recuerdo tendrás: ¿las colas, algo?
Mi madre, que era dirigente del Partido Nacional, obviamente encontraba espantoso lo de las colas. Pero a la vez era una mujer muy inteligente y liberal que no cayó en eso de ir a dejar las joyas a la Junta. La verdad es que no me gustaba que se interrumpiera un gobierno de esa manera, tan abruptamente. Por lo demás, yo tenía 20 años y esperaba a mi primer hijo, estaba absolutamente en otra.

¿Qué te provocaba la figura de Allende?
Mucho respeto. Fue un tipo idealista que creyó en hacer las cosas de determinada manera. Además mi madre, presidenta también de las Mujeres Liberales, era capaz de reconocer que el mejor pisco sour de Chile lo hacía Salvador Allende. Mi mamá iba a tomar pisco sour con él con una muy amiga de ella, la Virginia Cox Balmaceda; Allende las llamaba “Las Toca”, porque eran tocayas. Mi mamá discutía con él de igual a igual y esa era mi realidad. Ese es el Chile en el que me crié, eso es para mí la política. Y luego, ¿fuiste opositora o respaldaste al régimen militar? Nunca me manifesté en contra, pero obviamente las violaciones a los derechos humanos no las acepto.

¿Cómo era esa vida trabajando tranquilamente, oponerse a una dictadura pero llevar la fiesta en paz?
Para mí trabajar en el PNUD fue una oportunidad maravillosa que me permitíó vivir bien, criar dos hijos y apoyar a otras personas. La mía era una vida muy de familia.

¿Nunca te motivaste a protestar o manifestarte frente a lo que no te gustaba?
Fui partidaria del No.

¿Te tocó relacionarte con alguna figura del régimen?
Con Pinochet.

¿De qué manera?
Mi madre trabajó muy activamente en la fundación Mi Casa, que ayudaba a niños sin hogar y que dirigía el tío de la Carmen Frei, el padre Alfredo Ruiz Tagle. El año 83 inauguraron una nueva sede y le rindieron homenaje a mi madre. Me pidieron un retrato de ella que aprovecho de pedir que me lo devuelvan. Ese centro fue inaugurado con la presencia de Pinochet y toda la Junta. Yo pensaba: “estos señores nunca sabrán quién fue Virginia Guilisasti de Errázuriz”. Era un personaje mi mamá.

¿De qué falleció?
De cáncer. A los 30 años yo no tenía mamá ni papá.

Qué duro.
Muy duro, y ¿sabes cuándo lo sentí muy fuertemente? En las primarias de Providencia, cuando llegó la mamá de Bellolio a saludarlo y pensé: “yo no tengo mamá ni papá”.

El fracaso personal

Casada por segunda vez, Josefa Errázuriz se las ingenia para estar con su nieta, trabajar en su comando, leer el libro La danza de los cuervos, sobre la historia del mocito de la Dina, coordinar a sus 800 voluntarios y salir a tocar puertas. Mientras conversa arregla su pelo. Su pelo corto.

En 1984 cortó su larga trenza y la guardó en una cajita en su clóset. Hace poco la desempolvó para regalársela a la sobrina de su “mama” Raquel, la mujer que la crió y que hasta el día de hoy es su reserva de contención. María Inés, la beneficiada, comenzó a perder el cabello y cuando Pepa la vio, no dudó en buscar esa trenza para que se hiciera una peluca linda.

¿A qué edad te casaste?
A los 20. Cuando nací mi mamá tenía 40 y mi padre 50, eso influyó en mí para ser mamá joven.

Y te separaste.
Me separé en el 85, con mis hijos de doce y seis años. Fue un gran fracaso.

¿Te apoyó tu familia?
Los papás no estaban. El qué dirán no me importaba pero me daba cuenta que a mis hermanos les importaba. No es fácil ser madre sola en este país. Aún así sentí su apoyo irrestricto.

¿Después de separada te diste tiempo para ti?
No mucho, minuto que tenía era para mis hijos. La decisión fue mía y ellos no tenían por qué sufrir.

¿Sentiste culpa?
Sí, claro.

¿Sientes que te postergaste?
No, para nada, tu espacio lo buscas, puedes ver a tus amigas, teñirte el pelo y esas cosas, pero mi primera preocupación eran mis hijos. No me sentí postergada, por el contrario, muy realizada. Siempre lo he pasado muy bien con ellos.

“Pienso que haremos historia. Porque que un líder vecinal gane es un remezón a las autoridades y a los partidos políticos. No milito porque soy libertaria y no me gustaría que un partido me diga cómo tengo que vestirme, qué tengo que decir. Pero, también es importante decir que esta no es una candidatura antipartidos”.

Hay que ser educada

¿Qué cosas buenas ha hecho Labbé?
Las bibliotecas públicas, los cafés literarios, las bicicletas públicas.

¿Cómo defines al alcalde Labbé?
Una persona muy formal y seca, a la que los temas vecinales no le interesan nada.

¿Qué te pasó cuando dijo que mientras él era gerente tú eras una eras dueña de casa?
Fueron desafortunadas sus palabras. Los vecinos de Providencia no merecemos ese trato y las mujeres de mi país tampoco.

Te apoyó la ministra del Sernam.
Obvio, si es una insolencia. Habla muy bien de ella. También me apoyó la Marcela Sabat, piensa que a ella la ha descalificado no una sino que cien veces. A una diputada de la República no puedes tratarla a garabatos y que un alcalde se permita el lujo de decirle “cabra de mierda no me vengas a desafiar de nuevo”, lo encuentro feroz.

¿Pasó eso?
Sí, en el Club Providencia, en las pasadas elecciones. Él estaba enojado por la campaña de Rodrigo Álvarez a diputado. Ella fue muy dama. Yo hubiera estado ahí, le salto a la yugular al alcalde, porque no tiene derecho a hacer lo que hizo. Hay que ser educada, mi amor.

¿Qué harías con los estudiantes en toma?
Ayer fui a ver a las chicas en toma del Carmela Carvajal y creo que hemos llegado a un punto de no retorno. En Providencia se rompieron las confianzas, hay que reestablecer la comunidad estudiantil con profesores, administrativos y padres, crear espacios de diálogos y encuentro. Se lo planteaba a las niñas ayer: tienen que enfocarse y decir ‘este es mi petitorio’. No pueden decir ‘no, no y no, y quiero esto o esto’”. Tienen que tener estrategia y así el alcalde puede ser un artífice importante llevando el petitorio adonde sea; es su deber ser el puente entre su comunidad y la política nacional.

¿Qué temas les preocupan a los vecinos de Providencia?
La seguridad, haber perdido la armonía de la comuna, el enorme avance de las inmobiliarias. Los espacios públicos, las áreas verdes.

Da la impresión que tu propuesta no tiene grandes discrepancias con la gestión del actual alcalde.
Sí las hay: en los servicios. Obviamente quiero sumar, no se trata de hacer borrón y cuenta nueva. Quiero más beneficios para mis vecinos.

Ya, pero si tuvieras una goma de borrar, ¿cuáles de las cosas que ha hecho el alcalde de Providencia borrarías?
No escuchar a los vecinos.

Describe la comuna con la que sueñas, ¿qué le sacarías y qué le agregarías?
Le agregaría más barrios, más árboles. Y le quitaría las grandes
torres de edificios que abundan.

Si ganaras las elecciones municipales mañana, ¿cuál es la primera medida que tomarías?
Protección de los barrios que aún nos quedan.

Imagina que terminó tu mandato. ¿Cuáles te gustaría fueran las principales realizaciones por las que te recordaran como alcaldesa?
Me gustaría trascender como la alcaldesa que efectivamente escuchó a los vecinos. Que el tercer consultorio quede funcionando y con una atención de calidad. Y que los cargos directivos de salud y educación de la comuna hayan sido escogidos mediante un concurso público.

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