La Presidenta
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13 Agosto, 2012

La Presidenta

La fundadora y primera directora de Paula, Delia Vergara, conversa con Michelle Bachelet. En este diálogo, la mandataria explica de dónde le brota la fuerza, contesta a quienes la critican y no le hace el quite a hablar de su vida sin pareja.

Por Delia Vergara ¶ Fotografía: Alexandra Edwards

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Paula Nº 983, 8 de Septiembre 2007

“Lo que me desespera es la falta de sentido de urgencia, porque la gente tiene necesidades urgentes. Urgencias contingentes y urgencias estructurales. Cuando noto la desidia, la lentitud, el no hacerse cargo, me produce una sensación de frustración, de por qué yo no logro transmitirles a todos mi pasión, mi compromiso, mi entusiasmo”.
En la imagen, la Mandataria aparece en su despacho en el avión presidencial.

Preparando la entrevista, la fui a ver a La Moneda. Se firmaba un proyecto de ley para la participación ciudadana en el salón Montt Varas. Ella hablaba desde un podio instalado a nivel del piso, no desde las alturas, como es tradicional. Decía su discurso con gusto, con humor. Detrás, había un centenar de dirigentas chilotas escuchando con caras muy contentas de estar ahí. A los lados, los ministros, con caras más pálidas. Cuando terminó de hablar, las chilotas la rodearon para saludarla. La abrazaban y la apretujaban y le pedían una foto. Michelle Bachelet posó muchas veces. Los funcionarios observaban atentos, desde lejos. Apareció una dirigenta con un gran paquete de regalo. Ella lo abrió ahí mismo: era un chal tejido a crochet de lana chilota color calipso que, de inmediato, se puso sobre los hombros. Se veía que la Presidenta estaba disfrutando el momento, se la veía relajada, contenta.

“Me gusta la gente”, me dijo el día de la entrevista. “Me llenan de energía positiva”. Esta vez estamos sentadas en el salón Matta, gigantesco, palaciego y luminoso, en el segundo piso del palacio presidencial. Estamos solas y hay un aroma a flores que me recuerda lo que me dijo una carabinera que trabaja aquí: “Se siente una fragancia de mujer en La Moneda”.
Se nota que viene de una situación tensa, no está contenta como el día que se dejaba querer por las chilotas. Son las cinco de la tarde pasadas y tiene los ojos cansados, ausentes. Pero a medida que empieza a hablar, se anima, se apasiona y los ojos le vuelven a brillar. Le gusta hablar de su manera, diferente, de hacer gobierno. “Pongámoslo en positivo”, repite, cuando la enfrento a las críticas.
Antes de entrevistarla le pedí a mi amigo astrólogo Gonzalo Pérez que le viera su carta astral. Es Libra con ascendente en Géminis, lo que habla de una mujer inteligente, equilibrada, buena para comunicarse. Su Luna, Mercurio y Venus están en Virgo, signo analítico y aterrizado. Tiene Marte en conjunción con Plutón en Leo, lo que la hace poderosa, responsable y capaz de contenerse en las crisis hasta que llega el momento adecuado para actuar. La pareja no es su fuerte, pero sí su familia. A ella le conté que a partir de septiembre los astros dicen que se le aliviana la mano, que podrá tener un gabinete a su pinta. Me mira escéptica, no cree mucho en estas cosas, pero en su mirada yo adivino que no espera un alivio, que está preparada para enfrentar aun más obstáculos, con la fuerza y el sentido del deber que dice traer en su genética.

Demasiada Michelle

Se palpa en usted un equilibrio entre lo femenino y lo masculino. Usted no es la Margaret Thatcher.
Creo que viene de mis padres. Me siento equilibrada. Alguien más esotérica diría que es porque soy Libra. Me gusta el equilibrio.

Usted parece no afectarse, al menos públicamente, porque cómo le han dado…
Descubrí una palabra que me identifica. Resiliencia. Tiene que ver con cómo se reacciona a las pérdidas. A pesar de lo que nos tocó pasar como familia, pude ser ministra de Defensa, y estar bien ahí. Yo no estaba a contrapelo, no estaba angustiada.
¿Cómo se recuperó de haber estado presa y ser torturada por los militares? ¿No tiene rabia?
Hoy día no tengo rabia.

¿Tuvo?
Por supuesto que sí. Muchas veces me he preguntado cómo me ocurrió, porque la gente se me acerca y me dice: “¡Tengo tanta rabia!”. Yo me imagino que tiene que ver con mi carácter. Hay que ser fuerte para ser capaz de asumir la historia y entender que necesitamos avanzar. No olvidando, reparando; pero es necesario avanzar.

¿Qué reacción le produce el término sexo débil?
(Lanza una carcajada). Me produce una risa profunda. En Neonatología aprendí que cuando hay dos recién nacidos que están con una condición gravísima similar, la mujer tiene muchas más posibilidades de salir adelante con vida y con menos consecuencias que el hombre. Eso es empírico. Garantizamos la supervivencia de la especie. Las chilenas son muy fuertes, muy poderosas, eso lo constato todo el tiempo en mis recorridos.
Le han dicho que hace un gobierno débil, que éste es un barco sin capitán, que no toma decisiones.

¿Cómo es su fuerza?
Soy una Presidenta que ha hecho la apuesta de tener un estilo de liderazgo no masculino, no patriarcal. Los hombres tienen una ética del resultado, lograr lo que tiene que lograr. Las mujeres tenemos, llamémosle, la ética del proceso. Queremos ser eficientes, pero no a cualquier costo.

¿Cómo definiría su liderazgo?
Yo creo profundamente en el diálogo. Hay un espacio para el diálogo y un espacio para la decisión. Estoy convencida de que las mejores decisiones se toman cuando uno toma en consideración los puntos de vista de las personas involucradas y afectadas por la decisión. Escucho mucho, converso con mucha gente y después tomo la decisión.

En esa línea, usted ha creado los consejos y comisiones asesoras, un sello bien distintivo de su gobierno. Pero se escucha un coro: ¡Otra comisión!
Dijeron que las comisiones serían un fracaso, sin embargo tenemos proyectos de ley en los plazos comprometidos. Con las comisiones se puede lograr un buen consenso técnico y político para poder tener resultados.
Hay resistencias a su liderazgo, internas y externas. ¿Cómo se siente con eso?
Siento que cualquier mujer que hubiera estado acá, que además opte por un estilo… no sé si llamarle femenino, pero propio, le habría pasado lo mismo. Yo no me quejo, porque soy fuerte. Y lo he sido siempre.

¿De dónde viene esa fuerza?
Proviene, yo creo, de una historia familiar muy bonita, en el sentido de haber sido una niña querida, cuidada, protegida, estimulada por los padres en un ambiente enriquecedor y muy protegido. De haber tenido un padre y una madre fuertes, con estilos distintos. Mi papá y yo éramos muy parecidos, entonces discutíamos fuertemente. Si yo tenía argumentos poderosos los esgrimía y los peleaba con él. Mi madre también era fuerte, pero en un tono suave. Mi papá la respetaba mucho, se sentía orgulloso de su mujer inteligente, apechugadora, buenamoza. Mi madre siempre me dijo que las mujeres teníamos muchas opciones, no sólo el matrimonio, para ser felices.

Así como usted se toma las responsabilidades, agradecerá todos los días por no tener pareja.
Para hacer mis tareas, el no tener pareja me ha permitido moverme muy libremente. Tener pareja significa darle tiempo, dedicación, que en este momento no estoy en condiciones de dar. Tener un romance tampoco está en mi programa de Gobierno porque no tengo espacio físico ni mental para eso. El mínimo espacio que tengo queda para mi familia y mis hijos.
Pero usted está soltera hace tiempo, ¿se siente bien así?
He aprendido que uno puede estar en pareja y estar bien o estar mal, y puede estar sola y estar bien o estar mal. Lo importante es estar bien con una misma.

¿No se siente incompleta?
Para nada. Lo que una necesita es gente de confianza, amigos, que la quieran, en los cuales una confíe, con los que una pueda tener el pimponeo necesario y te sepan decir la verdad. A mí me gusta que me digan las cosas y me gusta decirlas yo. A mis jefes de antes les pedía un minuto democrático para decirles: “Esto está mal”.

¿Qué es lo que estuvo mal con sus parejas, que finalmente se 
disolvieron?
Siempre he sido fuerte, y ése ha sido en parte el problema. No quiero entrar en detalles, pero alguna pareja me dijo alguna vez: “Me siento de más. Tú lo construyes todo. Por ti, por nosotros, te haces cargo de todo y así es muy difícil”. Además, el haber tenido cargos de responsabilidad, el haber tenido que tomar decisiones, trabajar mucho, todo eso es muy mal tolerado por las parejas.

La piedra de tope fue: demasiada Michelle…
Bueno, también soy una persona acogedora, cariñosa, no pretendo imponer tampoco, me gusta concitar acuerdos. Yo hice muchos esfuerzos por esas parejas. Sin embargo, por decirlo de alguna manera, no me he jubilado. Como soy una optimista histórica, si alguna vez se da la situación y es buena, estaría feliz.

Otro tipo de fuerza

Usted le dio un golpe muy fuerte al paradigma patriarcal cuando instaló la paridad en el gobierno.
Sí, es una apuesta muy transgresora, pero la hice sintiendo que eso era lo que la gente quería al elegirme a mí. Y no hice solamente un gabinete paritario como hay en otros países, sino un gobierno paritario. Y los mismos que dijeron que eso era una estupidez porque a la gente había que elegirla por sus méritos y no por su género, como si las mujeres no fueran capaces, cuando hice un cambio de gabinete y no encontré mujeres en ciertas áreas y puse a un hombre, dijeron entonces que yo había destrozado la paridad. Y nadie dice que en las intendencias hay más mujeres que hombres. Entonces, palos porque bogas y palos porque no bogas.

Muchos deben tenerle miedo, porque una mujer fuerte puede ser una amenaza o alguien inabordable.
Cuando haces un cambio cultural tan importante tienes que pagar un precio. Hay que entender que hay mucha resistencia a los cambios culturales siempre. Lo político es particularmente conservador y patriarcal. Pero yo me siento Presidenta de todos los chilenos y no tengo derecho a darme gustitos.

¿También es Presidenta del que la atacó en Coihaique?
También, mal que les pese.

¿Le cuesta tragarse tanta negatividad?
Cuando las críticas son porque algo no funciona, esa crítica me sirve, porque arreglo las cosas. Pero cuando la crítica es algo así como: “No, es que no tiene carácter”, yo pienso que no estoy para peleas chicas, no estoy para mezquindades. Pienso que algunos pueden ver eso como una actitud débil, pero es una actitud ética. Es otro tipo de fuerza.

¿Nunca contesta golpe con golpe?
Cuando estoy bien alerta y lúcida, contesto con humor, lo que inmediatamente suaviza las cosas. Cuando no, no contesto. A estas alturas ya sé que una siempre pierde cuando contesta molesta o con rabia.

¿No se enciende con las críticas?
Bueno, por supuesto que a veces me irrito, pero parece que soy bastante sana mentalmente, y soy serena. Eso es indispensable para ser doctora, y me ha servido ahora. No me descoloco, no pierdo la calma, no me vuelvo histérica. En ese sentido soy fría. Los modelos que tuve fueron hacerse cargo, darse cuenta que una está en la vida para hacer bien lo que tiene que hacer, de manera honesta, responsable y, además, nunca perder la alegría, la alegría que una puede dar.

¿Tiene una interpretación sobre el ruido que la rodea?
Yo pienso que tiene que ver con los códigos, con el lenguaje. Siento que mucha gente quiere un patrón. Para ponerlo en positivo, diría que el concepto de autoridad está muy arraigado en la cultura. A veces los estilos distintos generan inseguridad en la gente. Y yo no soy de maquillaje, no soy para la foto. No soy populista. Tengo una mirada profunda de las cosas. Si hay que hacer reformas estructurales, profundas, yo me meto, aunque sea un desafío.

¿Alguna vez se imaginó que sería Presidenta?

Hasta hace cinco años atrás jamás lo imaginé. Incluso jamás imaginé que habría en Chile una mujer Presidenta.

Usted llegó a ser candidata y luego Presidenta producto de una intuición colectiva. La ciudadanía la vio antes que los partidos.
¿Qué le ocurrió cuando empezó ese fenómeno?
Primero pensé que era un fenómeno pasajero, transitorio, hasta que se empezó a instalar como una tendencia. Entonces me empecé a preguntar qué significaba esto. Hasta que me di cuenta de que las preguntas no tenían sentido. Por haber sido hija de militar, la palabra que yo aprendí con la mamadera fue deber. Y deber significa nunca escabullir el bulto. Significa hacerse cargo. Yo me hice cargo de ese anhelo de la gente. Una vez que tomé la decisión, no hubo vuelta atrás.

¿Cómo fue esa lucha para llegar a la Presidencia? Porque ahí tuvo que luchar.
Sí, y lo hice a mi manera. Si usted se fija, yo nunca he hablado mal de una persona. Competí limpiamente. A lo mejor eso se ve como una actitud débil, pero no hay nada de eso, es una actitud ética, es otro tipo de fuerza. Si yo hiciera una carrera de 100 metros planos jamás se me ocurriría poner un pie para que se caiga el otro.

Se la ha visto a veces irritada con su equipo de gobierno, no lo disimula. ¿Qué está pasando ahí?
Lo que me desespera es la falta de sentido de urgencia, porque la gente tiene necesidades urgentes. Urgencias contingentes y urgencias estructurales. Cuando noto la desidia, la lentitud, el no hacerse cargo, me produce una sensación de frustración, de por qué yo no logro transmitirles a todos mi pasión, mi compromiso, mi entusiasmo.

¿Qué hace para resolver?
Juntarme con los ministros, juntarme con los subsecretarios, juntarme con los gabinetes regionales cuando voy a regiones. Les hablo de la épica de lo que estamos construyendo, de los tiempos y de las urgencias de la gente. Les digo que sé que todos han hecho mucho, pero quiero pedirles más porque la gente necesita urgentemente mejoras.

¿Qué es lo que más la bajonea?
La miseria humana. La mezquindad. Las deslealtades. Me irrita y me bajoneo cuando la gente es deshonesta, es inconsecuente, es negligente.

Rebelión en casa

¿Cón qué ánimo llega a su casa en las noches, después de un día de Presidenta?
Muchas veces llego cansada, porque trabajo mucho. Los días en que he ido a terreno, llego contenta, porque la gente es tan cariñosa, tan apoyadora, que me carga de energía positiva. El otro día una viejita me dijo: “Por fin me puedo morir tranquila porque tenemos una mujer Presidenta”. Otra me dijo una vez: “Estoy rezando para que algún día le reconozcan todo”. Y las niñitas que me dicen: “¡Yo quiero ser Presidenta!”. Imagínese cómo se ha corrido el cerco para las mujeres. Eso me pone muy feliz.

¿Qué le pasó cuando su hija mayor estuvo tan grave?
Durante toda la emergencia yo no estaba destruida como madre, nada de eso. Estaba alerta sobre qué es lo que había que hacer. No me permitía todavía el sentimiento, estaba en la acción.¡Soy así! Ella llegó de jugar fútbol, yo estaba en la casa, se metió en la ducha y no salía nunca. Cuando salió, la noté confusa, con compromiso de conciencia. Se había mordido la lengua. Llamé inmediatamente al médico de la familia y la llevamos a la clínica. Se le hizo un escáner y apareció la trombosis. Me quedé ahí estudiando lo que le pasaba, hablando con los médicos. Despejé mi agenda del día siguiente, pero el martes, cuando ella comenzaba a recuperarse, fui a mi casa, me di una ducha y volví a La Moneda a trabajar. Pasaba las noches con ella.

¿Cómo se le ha dado su relación con sus hijos?
He disfrutado tremendamente la maternidad. Yo no los tuve tan joven, entonces, más consciente gocé mucho a cada uno de ellos. He podido enseñarles que en la vida uno tiene derechos y deberes. Y he sabido respetarles sus libertades.

¿Le han hecho rebeliones?
¡Por supuesto! Hay una edad en que eso es la tónica. Pero también ellos han entendido quién soy yo. Que soy trabajólica, que llego tarde a la casa. Ellos reclaman, pero muchas veces soy yo la que reclamo, cuando llego a la casa y no hay nadie. Lo que he buscado son instancias en que nos juntemos en torno a lo que nos gusta a todos, como comer. En mi familia se entrega el afecto así, con cosas ricas.

¿Cómo son esos momentos familiares?
Generalmente en mi casa, porque si vamos a un restorán al tiro se me acerca gente y mis hijos dicen: “Ya se puso a hablar de trabajo”. Los fines de semana muchas veces cocinamos juntos, porque la niña que trabaja con nosotros se va el sábado y vuelve el domingo en la noche. A todos nos gusta comer y a todos nos gusta cocinar.

¿Qué hace cuando está feliz?
Bailo, canto. Me encanta bailar. Me encanta cantar. ·

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