Las chilenas según Méndez
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14 Agosto, 2012

Las chilenas según Méndez

El director de Adimark sabe, con rigor estadístico, lo que la chilena come, en qué gasta su plata y qué tan feliz se siente. Además, se mueve con fluidez en algunos territorios femeninos: en su casa es él quien cocina, va al supermercado y cuida la huerta, porque a su mujer no le gustan esas actividades. Este es el escáner de Robero Méndez, un señor a la antigua que se modernizó a la fuerza.

Por Andrea Lagos / Fotografía: Sebastián Utreras / Producción: Daniel Pacheco

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Desde hace tres décadas, Roberto Méndez trabaja con su mujer, Verónica Edwards, en Adimark, la empresa que lanza una de las más influyentes encuestas de opinión que se realizan en Chile. Ella no cocina, así que él tuvo que meter las manos en la masa y en la tierra; porque Méndez es un aficionado hortelano que cultiva porotos, así y tomates en su parcela en María Pinto, donde, además, cría 30 gallinas que lo proveen de los huevos que reparte entre sus siete hijos y nueve nietos.

Méndez y su mujer lideran un equipo que, cada tanto, escanea el cerebro y la conducta de los habitantes de este flaco país mediante preguntas de cuestionarios hechos en profundidad. Las investigaciones se las encarga el Estado, que las usa como barómetro para dirigir las políticas públicas, y también empresas privadas, cuyos datos sobre el comportamiento y gusto de los chilenos les sirven para desarrollar estrategias de ventas de champú, detergente o cereales. Con esa información entre manos, Méndez dibuja aquí a la chilean girl de 2012.

¿Cómo han cambiado las mujeres en todos estos años en que las viene encuestando?
Chile, hasta los años 60, era una sociedad extraordinariamente estratificada. Existía una elite de mujeres con acceso a una calidad de vida y a servicios bastante sofisticados. Sin embargo, había una inmensa mayoría que no tenían acceso a estos bienes. Las condiciones en las que cocinaban y lavaban la ropa o cuidaban a los niños eran muy precarias.

¿Y hoy?
Todavía tenemos pobreza, pero la mayor parte accede a bienes y servicios parecidos y a una oferta cultural más amplia. La mujer actual se ha integrado masivamente a la cultura y a la modernidad. Sus intereses están fuera de la casa, de los niños, de la cocina. Busca desarrollarse ella misma, su identidad y un estilo de vida propio que ya no está en función de su pareja o proyecto familiar.

¿El matriarcado aún es una marca Made in Chile?
Hay poder femenino, sobre todo dentro del hogar. La integración de la mujer al trabajo remunerado no ha sido fácil, ha sufrido la resistencia de los hombres. Nosotros lo vimos en los años 80, principalmente en los sectores populares: muchos hombres pensaban que, al integrarse la mujer al trabajo, se descuidarían la casa y los niños.

Y, ¿se descuidaron?
Las mujeres han sido capaces de cumplir todos los roles, pero ha sido costoso en términos personales y de conflicto con las parejas. Se han redefinido los roles y eso no sucede sin resistencia, sin lucha masculina.

¿Cuál es el costo específico de esta resistencia?
El doble rol: las mujeres no cambiaron una tarea por otra sino que, sencillamente, les tocó doble pega. Esto les provoca estrés. Viven tironeadas y sienten que no son capaces de sacar adelante todos sus proyectos. Con esa tensión encima, han tenido que presionar para que los hombres se adapten. Sobre todo, en las responsabilidades dentro del hogar. Esas exigencias son fuente de quiebre en las parejas. Otra dificultad es ganar espacios en las empresas, en la política, en los directorios y en los altos cargos de gobierno.

Sumando y restando, ¿fue un buen negocio para las mujeres?
Sí, porque evidentemente esta es una sociedad más igualitaria para hombres y mujeres. A pesar de todos los riesgos, la estructura de la familia no se modificó y aún es una institución importante para la sociedad. Valió la pena el costo.

Pero hay más mujeres solas dando la pelea.
Los números nos han demostrado que para muchas mujeres este triple equilibrio entre familia, pareja y desarrollo personal ha resultado muy complicado. Muchas, por opción o porque no se dieron las cosas, han dejado de lado algunas facetas. Entonces, vemos mujeres que por ejemplo han sido exitosas en lo profesional, pero en su vida personal están solas o no tienen hijos. Sobre todo en mujeres con grandes cargos empresariales o políticos. Eso, al final del día, les produce una insatisfacción considerable.

¡Es que es muy triste fracasar!
Ellas no se sienten enteramente completas, hay estadísticas que lo comprueban. Son mujeres que, por ejemplo, pasan la edad fértil y no tienen hijos. Y ya no los tuvieron. A cierta edad, se dan cuenta que sacrificaron una parte muy importante de sus vidas, la maternidad, por su carrera profesional. Hay mujeres también que, ante la imposibilidad de abarcar todos los roles que supuestamente deben cumplir, se refugian en uno más tradicional. Se convierten en “madres de familia” y renuncian a su vida profesional. Las estadísticas demuestran que esta elección también produce, muchas veces, algún grado de frustración.

Y entremedio, ¿hay mujeres contentas a pesar de no ser ni super woman ni dueñas de casa perfectas?
Esas son las valientes. Un grupo no tan grande que con decisión vive cada uno de estos frentes como un desafío, como una tarea que quiere lograr y en la que puede tener éxito o no. Y no se exigen tanto.

La convivencia

Armó Adimark en 1984 con su mujer, Verónica Edwards, quien durante muchos años fue directora ejecutiva de la empresa y ahora se hace cargo de los clientes estratégicos. ¿Cómo ha sido trabajar en dupla tantos años?
Nos conocimos trabajando juntos y ha funcionado bien. No es fácil porque cuando hay conflictos te los llevas para la casa. Pero es muy satisfactorio realizar un emprendimiento común. Esta es una empresa nuestra, que formamos e hicimos crecer y resultó muy bien. Aunque yo no sé si se lo recomendaría a todas las parejas: a nosotros nos resultó bonito.

Usted cocina. Por ahí la tiene contenta. ¿Cómo entró al territorio de la cazuela?
Entendí, hace muchos años, que el rol en la familia hoy es distinto y había que redefinirlo con libertad y frescura. No digo que la forma en la que nosotros resolvimos esto sea la óptima, cada pareja tendrá que buscar la suya. Yo, por ejemplo, me di cuenta de que a mi mujer le cargaba cocinar. Entonces, yo tenía que elegir entre comer mal el resto de mi vida o buscarle una solución al asunto.

Esta figura de la mujer haciendo malabares entre trabajo y familia, ¿aleja un poco al hombre de su lado?
Sí, porque el hombre tiene en su cabeza un rol tradicional. Lo aprendió de su padre y de su abuelo, que llegaban a su casa y la mujer lo estaba esperando con la comida servida. Eso ahora no ocurre y puede ser motivo de disputa o bien de incentivo para que el tipo crezca, se abra a nuevas posibilidades y poco a poco a emprenda nuevos roles.

Pero los hombres jóvenes participan más.
Yo, por ejemplo, nunca mudé a una guagua. Ahora veo que mis yernos sí mudan a sus niños. Y lo hacen como una cosa natural. Las diferencias se van limando cuando las parejas conviven antes de casarse.

¿Qué dicen los números respecto a la convivencia?
Años atrás era muy mal visto, una cuestión oculta. Hoy, nos muestran las encuestas que es algo que la mayor parte de la gente joven está haciendo. Algunos padres hasta prefieren que sus hijos convivan antes de casarse. Quizás no todavía en los sectores más conservadores, pero sí en la clase media. La idea es que es mejor juntarse para evitar, en el futuro, problemas mayores de convivencia. Incluso, hoy las mujeres optan por ser madres solteras, lo que antes era impensable.

¿Por qué podría ser más conveniente tener hijos solteras?
Ocurre que, como las relaciones de parejas son complicadas, algunas mujeres no logran o no quieren formar una relación de pareja pero sí quieren ser madres antes que se acabe su etapa fértil. Yo trabajo con mujeres que han buscado algún voluntario o “donante” para ser madres. Me parece bien, fíjate: las he visto realizadas, felices con sus hijos. Es una opción de familia muy válida.

Siempre a dieta

¿Cómo nos vemos las chilenas frente al espejo?
La apariencia física siempre ha sido importante para las mujeres, pero lo que vemos en los estudios de mercado, es que hoy hacen más esfuerzos por mejorar. No es que estén insatisfechas con lo que ven en el espejo, pero quieren que sea mejor. Concentran todos los esfuerzos en dietas para bajar de peso, compran productos cosméticos para el pelo y la piel, y van al gimnasio. Es impresionante la cantidad de tiempo y dinero que gastan en esas actividades. Y hemos visto un aumento bastante impresionante en intervenciones de cirugías para arreglarse diferentes partes del cuerpo.

¿Se siente bonita o fea la mujer chilena?
Los datos nos muestran que no somos un país acomplejado; sin embargo, hay algunas fuentes de insatisfacción. Entre ellas la más fuerte es con respecto al peso y la altura.¡Todas quisieran ser más altas y flacas!

¿Qué comen las mujeres?
Lo que sabemos es que una proporción inmensa vive permanentemente a dieta: están preocupadas de consumir alimentos sin azúcar, cuidando las calorías.

En cuanto a salud mental, ¿la chilena es feliz?
El censo que acaba de ser publicado incluyó una pregunta sobre la satisfacción con la vida. La realidad mostró que las mujeres están menos felices con la vida que los hombres. Y eso es por el triple desafío al que están sometidas: familia, pareja y desarrollo profesional. El hombre está menos exigido. La mujer tiene un nivel de autoexigencia muy grande por ser flaca, ser alta, tener guagua, ser profesional exitosa y, además, tener una pareja más o menos. Es muy difícil tener todos los frentes solucionados.

La cara más visible del movimiento estudiantil fue una mujer. ¿Por qué cree usted que los chicos fueron más “olvidables”?
Camila Vallejo fue un personaje extremadamente mediático por su discurso políticamente claro y rebelde pero, al mismo tiempo, en un físico muy atractivo. Es muy buenamoza, casi una modelo, y sonríe poco. Como personaje es único: estuvo en los diarios de todo el mundo y es muy atractiva para las masas. Los líderes estudiantiles suelen ser hombres, hoscos y agresivos en la mayoría de los casos. Y ella no.

¿Pasa lo mismo con Michelle Bachelet? ¿Qué es lo que tiene la ex Presidenta que no baja en las encuestas?
Ella es el liderazgo femenino más fuerte que tiene Chile. Su nivel de aprobación se sostiene en el afecto que la población siente por ella. Más que juzgarla, la quieren porque en tiempos de crisis ella fue símbolo de protección. Su atractivo personal es más fuerte que sus posiciones políticas.

Madame Bovary

¿Qué compra la mujer en Chile?
La mujer es un factor económico muy importante, por eso gran parte de la publicidad se orienta hacia ella. Es el principal agente de compra de los productos del hogar. Es decir que la mujer trabaja y decide sobre su dinero. La incorporación de la mujer al trabajo aún sigue siendo baja para los estándares internacionales, pero ha subido mucho. Hoy la mujer dispone de ingresos propios y no es solo una administradora del hogar. Ella decide lo que va a gastar y para qué. Si le parece que es un tema importante el cuidado personal, va a invertir dinero en ese ítem. Se dará todos los gustos que crea atractivos para su vida.

¿Cómo se comporta la fuerza laboral femenina?
Las mujeres trabajan muy bien. Solo tengo mis dudas sobre si estos beneficios del post natal extendido sean favorables si son obligatorios. No sé si es lo que todas las mujeres quieren y necesitan y hace más caro y más difícil contratar mujeres. Aún no hay estudios concluyentes.

A usted que le gusta tanto la literatura, ¿existe una mujer de libro que representa a la mujer completa e integral de la que habla?
Madame Bovary. En otra época, ella también enfrentó esta dicotomía en la que se debaten hoy las mujeres: luchó por su realización personal y el fracaso de su matrimonio terminó en una tragedia. Hoy las mujeres enfrentan una situación similar, no quizás por el tema de la infidelidad sino por esta ruptura que significa tener que optar entre matrimonio, hijos y vida profesional. Su guerra personal se desató por el conflicto entre ser fiel a su proyecto familiar o ser fiel a sí misma. ¿Tú tienes hijos?

No.

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