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27 Abril, 2012

Chilewood

El cine chileno en el mundo
Ninguno de estos cinco realizadores lleva más de 10 años trabajando en la pantalla grande. Es la nueva generación de directores chilenos y, todos, sin excepción, estuvieron presentes en los festivales más importantes del cine mundial, denominados como los de clase A. “Es un hecho inédito. Estos festivales reúnen a las cintas de más alta calidad del cine internacional. Y no es que una sola película haya estado en todos los festivales, sino que cada cinta estuvo en uno distinto. Este ha sido el mejor año del cine chileno en mucho tiempo”, dice Gonzalo Maza, crítico de cine. En la foto, José Luis Torres Leiva, director de Verano, presentada en Venecia; Cristián Jiménez, director de Bonsái, que se estrenó en el Festival de Cannes; Marcela Said, directora de El mocito, que estuvo en Berlín; Sebastián Lelio, director de El año del tigre, que estuvo en Locarno y Alejandro Fernández Almendras, director de Sentado frente al fuego, que participó en San Sebastián.

El precursor

“Un país sin cine documental, es como una familia sin álbum de fotografías”, dice Patricio Guzmán. Precursor del género documental en Chile, el director radicado en Francia cumple este 2011 cuarenta años de incansable registro de la historia política nacional. Con una obsesión a prueba de todos los obstáculos y una convicción personal que ha contagiado a la nueva generación de documentalistas chilenos, Guzmán sigue acumulando premios en todo el mundo. Su carrera se inicia con la serie La batalla de Chile que registra, en vivo, los convulsionados momentos que atraviesa el país hasta el mismo día 11 de septiembre de 1973. Con una duración de cuatro horas y media, este contundente archivo histórico se ha exhibido en más de 30 países y la crítica internacional lo consagró como una pieza clave del documental universal. Le siguen otros como El nombre de Dios (1986); Chile, la memoria obstinada (1997); El caso Pinochet (2001); Salvador Allende (2004); Chile, una galaxia de problemas (2010); y Nostalgia de la luz, su último estreno, que ha recibido 23 reconocimientos a nivel nacional e internacional. En esta pieza, Guzmán relata dos historias paralelas: mientras un grupo de astrónomos intenta descifrar el origen del Universo en los cielos del desierto de Atacama, otro grupo de mujeres remueve la arena –en el mismo sector– buscando infructuosamente restos de sus familiares detenidos desaparecidos. La genialidad de su cinta le ha valido estar exhibiéndose por más de un año en Francia con 42 copias y en 326 salas. Y en Chile este año fue el documental más visto.

El cineasta Patricio Guzmán retratado hace un par de semanas en su casa en París, ciudad en la que está radicado.

El cineasta Sebastián Silva; la actriz Bélgica Castro; su marido Alejandro Sieveking, actor y dramaturgo, y el codirector Pedro Peirano. La fotografía fue tomada en el departamento de los actores que protagonizan Gatos viejos. La cinta se rodó en ese mismo lugar. En el filme también representan a una pareja. Incluso los gatos, que aparecen en la película, son parte integral de su vida familiar

Gatos viejos
Una poderosa conjunción: Sebastián Silva y Pedro Peirano. El primero, recientemente filmó con la estrella de Juno, Michael Cera. El segundo, trabaja en Canana Films, la productora mexicana de Gael García Bernal y Diego Luna. El dúo se unió hace cinco años, primero con La vida me mata y luego con la exitosa cinta La nana; Silva como director y Peirano como guionista. La recién estrenada Gatos viejos es la primera cinta que ambos codirigen y los críticos dicen que es su mejor creación conjunta. La historia cuenta el Alzheimer de una vieja madre –protagonizada por la gran actriz–Bélgica Castro con sus noventa y tres años en el cuerpo– enfrentada a una hija cocainómana que siempre se ha sentido rechazada por ella. Gatos viejos fue recientemente estrenada y llega precedida de buenas recomendaciones. The Wall Street Journal la mencionó como una de las 10 cintas obligadas para ver en el Festival de Cine de Nueva York, donde también estaban Red social, de David Fincher, y Más allá de la vida, de Clint Eastwood.

Mujeres notables
Gabriela Mistral no volvía a Chile porque decía que “la llamarían Gaby y la tomarían pal fideo”; Violeta Parra expuso en el Louvre pero no en el Bellas Artes y María Luisa Bombal murió sin haber recibido el Premio Nacional de Literatura. Después de décadas de ninguneo, tres cintas rindieron, en 2011, un tributo a estas chilenas notables. Locas mujeres, de María Elena Wood, develó el lado más privado de Gabriela –su secreta historia de amor con Doris Dana- rescatando, de paso, un material fílmico que llevaba años empolvándose en una casa de EE.UU. En Bombal, que se estrenará el 5 de enero, Marcelo Ferrari logra que Blanca Lewin (a la derecha, en la foto) retrate a una escritora que la sociedad opresora llevó a la locura. Y Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood, atrapó a 383 mil chilenos que por 13 semanas seguidas repletaron 21 salas. La actriz Francisca Gavilán (a la izquierda) compuso un retrato magistral de la compleja, rabiosa, frágil y genial personalidad de la más grande folclorista chilena de todos los tiempos.

El pasado brutal
Inspirada en casos reales de detenidos desaparecidos y otros asumidos por la Vicaría de la Solidaridad entre 1979 y 1985, Los archivos del cardenal llevó por primera vez a la televisión hechos de violaciones a los derechos humanos ocurridos en esos años. En 12 capítulos, financiados por el Consejo Nacional de Televisión, concebidos por Josefina Fernández y dirigidos por Nicolás Acuña, y bajo el paraguas de la ficción, se programó lo que por décadas nadie quiso mostrar: cómo se vigiló, se secuestró, se torturó y se asesinó en Chile durante la dictadura. Desde sus livings y dormitorios los chilenos lloraron, se sorprendieron o se enrabiaron. Algunos simplemente apagaron la tele, ya fuera por el dolor de revivir épocas demasiado dolorosas o indignados frente a esta visión sesgada de la historia –como apeló, molesto, el presidente de RN, Carlos Larraín–. Los archivos del cardenal no fue un éxito de rating, pero la crítica hizo una reverencia a su coraje dramático; según el crítico de Televisión de La Tercera, Rodrigo Munizaga, es “la mejor serie de todos los tiempos”.

El dolor y la ternura
Nadie se cansa de aplaudir la serie Los 80. Ni el público, ni los premios nacionales –que entre Altazor y Apes suman 10–, ni la crítica, que la señaló como un gran aporte a la ficción de calidad de la televisión chilena. A punto de finalizar la cuarta temporada, la más exitosa de todas con 29,8 puntos en promedio de rating, este año Los 80 tocó los hechos políticos y sociales más duros de aquella época. Y lo hizo con escenas notables, como la irrupción de la CNI en la casa de los Herrera o la interpretación del episodio de Carrizal Bajo. La serie nos confrontó con aspectos muy perturbadores de la historia reciente chilena, a través de la complicidad y empatía que esta familia común y corriente ya había generado en los espectadores. Bajo la aguda sensibilidad del director, Boris Quercia y el jefe de guión, Rodrigo Cuevas, lo público y lo privado, la tensión y la rutina, el dolor y la ternura lograron amarrarse en una trama potente y conmovedora.

El reflejo de una generación
Veintidós premios ganó este año el realizador Matías Bize (32), aquí en la imagen. Todos, por su película La vida de los peces, una historia bordada con el drama de su generación: la dificultad para comprometerse. Entre los galardones: mejor película hispanoamericana, en los Goya; mejor guión, en el Festival Iberoamericano de Cine Huelva; mejor película de ficción en el Festival de Cine de Punta del Este; mejor director, en Los Ángeles Latino International Film Festival; y cinco premios Altazor. Lo que los festivales internacionales y chilenos premiaron fue su complejidad, su densidad dramática y sicológica. Lo suyo no es lo público. Bize pone el ojo en la cama, en la pieza, en el beso y en el intrincado tejido emocional que une y distancia a los amantes. Dice el crítico Héctor Soto: “Bize es un autor. Valoro su capacidad de abordar siempre un mismo tema en sus cintas, sacando, cada vez, nuevos conejos del sombrero”.

El director de la película No, Pablo Larraín junto al actor Jaime Vadell, que interpreta a un ministro de Pinochet.

La épica del “No”
Paradójicamente, fueron dos hijos de un matrimonio de políticos de derecha los que se atrevieron a retratar aquellos momentos cruciales del plebiscito de 1988. Los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, con su exitosa productora Fábula, creada en 2005, han llevado a escena cintas de contenido político como Tony Manero o Post Mortem, ambas ganadoras de trofeos en festivales internacionales de cine. Esta vez están en pleno rodaje de No, una ficción en la que el mexicano Gael García Bernal interpretará a un publicista detrás de la campaña publicitaria para derrotar a Augusto Pinochet. El guión es de Pedro Peirano y está inspirado en una obra inédita del escritor chileno Antonio Skármeta llamada Referéndum. El lanzamiento del largometraje está proyectado para agosto del próximo año y hay expectación en torno a la participación de Patricio Aylwin: el ex presidente actúa representándose a sí mismo.

El gran promotor
Tras 10 años como asistente técnico en rodajes como Gringuito o Coronación, decidió emigrar a Valdivia porque se cansó del ruido de la capital y del demoroso transporte público. Con la idea de instalar una productora en la provincia, pensó en Valdivia porque era una buena plaza de producción fílmica. Y así, desde la tranquilidad del río Calle Calle, Bruno Bettati se dedicó a la producción cinematográfica con su productora Jirafa, además de convertirse en el director del Festival Internacional de Valdivia –que este año logró un récord de asistencia–, presidente de la Asociación Gremial de Productores Cinematográficos de Chile y director de Cinemachile, la agencia de promoción internacional del cine chileno. Con los cinco meses que pasa al año viajando en el extranjero, Bettati ha logrado posicionar cintas y directores chilenos de la nueva generación. Este año llevó a Bonsái a Cannes, estrenada en la sección Un Certain Regard, en la que Chile no había logrado clasificar hace más de 10 años.

La taquilla
El chileno se ríe de la desgracia y se reconoce en el fracaso. Y eso Nicolás López lo entendió muy bien. Su última película, Qué pena tu boda –la secuela de Qué pena tu vida–, tuvo 5.886 espectadores el mismo día de su estreno, una cifra que superó, incluso, a la megaproducción norteamericana Gigantes de acero, que en su estreno convocó a 5.484 personas. Nicolás López rompió prejuicios. Se dio permiso para instalar el cine comercial en el país y consiguió todo el respaldo del público. Supo cómo cautivarlo, sobre todo sacándole punta a las tecnologías y redes sociales. Explotando un humor ácido y masivo, este joven director de 28 años entró al seno de la industria internacional: la empresa hollywoodense Pantelion compró recientemente los derechos de Qué pena tu boda para hacer una versión gringa.

Por Daniela González y Manuela Jobet Fotografía: Alejandro Araya / Rodrigo Chodil / Benjamín Echazarreta / Marcos Matus/ Sebastián Utreras Producción: Paulina Wiegand / Álvaro Renner / Asistente: Karina Piña Maquillaje: Lupe Correa / Sandra Correa / Raúl Flores / Pablo Gálvez / Macarena Moreno Agradecimientos: Museo de la Memoria / Paula Cahen D’Anvers / Vintage / Zapatería Maestra

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