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27 julio, 2017
orla

Buena fibra

La historiadora Claudia Hurtado ha dedicado su carrera a revalorizar la identidad cultural de los pueblos originarios, a través de la recuperación de oficios ancestrales y del desarrollo de productos de aclamado diseño, como los que elabora Ñocha Malen, una grupación de mujeres lafquenches que trabaja con esta planta –la ñocha– y cuyos productos ya están cruzando fronteras.

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Carolina Vargas


Paula 1231. Sábado 29 de julio de 2017.

Hace poco más de una década, la escasez de ñocha –planta endémica del sur de Chile que da delgadas y afiladas hojas– amenazaba con extinguir uno de los oficios cesteros más antiguos de los mapuches. Eso hasta que en la regiones de La Araucanía y del Biobío, CMPC inició un proyecto para replantarla en diversas localidades. Una de ellas fue Huentelolén, en Cañete, donde se plantó ñocha en el patio de las casas de artesanas que, frente a la imposibilidad de conseguir esta fibra vegetal, habían dejado de trabajarla. En 2012 la forestal convocó a la historiadora y diplomada en Administración Cultural, Claudia Hurtado, quien asesoraba el desarrollo de proyectos para revalorizar la artesanía como sector económico y hacer de ella un oficio rentable. “Hay que dar visibilidad al artesano, pues su trabajo es parte fundamental del patrimonio cultural de nuestro país”, asegura. Comenzó a trabajar con un grupo de 10 mujeres lafquenches –quienes fundaron la agrupación Ñocha Malen (mujeres de ñocha)– para entregarles herramientas de gestión, marketing y desarrollo de productos, que desde entonces han sido exhibidos en ferias de todo el país y en las bienales de Milán y París. Incluso se hizo una alianza con Pet Lamp, aclamada empresa española de diseño sustentable, desde la que reciben pedidos de todo el mundo. Hoy, cada una vende sus productos de forma directa en base al comercio justo y se reúnen en una ruca, punto de trabajo y encuentro, donde elaboran cestería en ñocha de impecable factura, con objetos como lámparas, platos, paneras, carteras, entre otros, y que se comercializan en www.nochamalen.cl

El recuento de estos años de trabajo se patentará a mediados de agosto en un libro titulado Ñocha Malen, con textos de la periodista Ximena Torres Cautivo y fotos de Carolina Vargas, editora de Fotografía de revista Paula.

¿Crees que los chilenos no valoramos nuestra artesanía?
Los chilenos queremos muy poco lo nuestro. Tenemos una riqueza invaluable en frente de nuestros ojos y no la apreciamos. ¡Basta de ferias artesanales con productos made in China! El chileno no sabe quién es y siempre mira para afuera, somos demasiado sucursal de Miami. Lo que queremos es que el comprador de artesanía sepa que lo que está pagando es lo que vale el producto y para eso debe conocer la historia que hay detrás de su factura. La artesanía es un objeto que tiene historia y trascendencia. Un oficio que tiene que ver con el rescate y sucesión de una tradición, un patrimonio familiar, histórico y cultural que se aprende y hereda.

¿Qué amenaza hoy a la artesanía?
Principalmente, que las nuevas generaciones no quieren seguir aprendiendo la tradición porque efectivamente es un trabajo en el que se gana menos del mínimo y para los jóvenes es más rentable migrar a la ciudad y emplearse en el retail o en el servicio doméstico. Por otro lado, hay una falta de compromiso y seriedad por parte de muchas iniciativas públicas y privadas, ya que deben ser capaces de extenderse en el tiempo. Todo esto lleva a un círculo vicioso que impide que la labor del artesano se valore como debe ser.

¿Cómo romper ese círculo?
Hay que reencantar a estos jóvenes. Me pasó con Mariela Maribur, una de las artesanas jóvenes más talentosas, quien me dijo que se quería emplear como reponedora de una multitienda. Le dije: “cualquiera puede ser reponedora, pero no artesana”. La motivé para participar en el Sello de Excelencia a la Artesanía del Consejo de la Cultura y acordamos que si no se lo ganaba podía ser reponedora. Y se lo ganó. Hoy está orgullosa de ser artesana.

El próximo paso de Claudia es una escuela de oficios en Cañete, donde se generará un polo de desarrollo que permitirá multiplicar la iniciativa. “Ya no serán 10, ni 15, sino 60 artesanos o más los que tendrán la posibilidad de perfeccionarse y aprender. Queremos que lleguen aficionados interesados en aprender la técnica en ñocha, pero también sumar otras como la lana y platería. Queremos reivindicar un lugar estigmatizado, donde la riqueza de su cultura, personas y paisajes es la identidad de todos los chilenos. Generar valor es algo que podemos hacer todos.

A continuación, un adelanto exclusivo para Paula.cl de Ñocha Malen, libro con el trabajo de Claudia.

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