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29 mayo, 2017
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La garra de Isis Mascareña

Es chilota, tiene 25 años y pega fuerte. Tanto, que Claudio Pardo, el entrenador de “Crespita” Rodríguez, está apostándolo todo por ella. “Es una futura campeona”, asegura. Aquí, Isis Mascareña relata en primera persona de dónde saca esa potencia.

Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Carolina Vargas / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje y pelo: Carola Pizarro para Yves Saint Laurent y Kérastase


Paula 1227. Sábado 3 de junio de 2017. Especial Padres.

“Nací en Castro, en una familia de boxeadores. Mi padre era colectivero y mi madre cocinera. Mi padre fue boxeador amateur y mis hermanos Francisco (33) y Ramón (28) fueron campeones nacionales. A los 7 años me puse un cabezal y unos guantes por primera vez. Siempre fui buena para los combos.

El ambiente de mi casa era violento. En las comidas familiares había gritos, golpes y correazos, de los que, pienso, me salvé muchas veces por ser la regalona y la menor de cinco hermanos.

Tengo un dolor de mi infancia. Un abuso a los 7 años. Quedaba sola en la casa, al cuidado de un ‘amigo’ de la familia. Desde entonces soy muy quisquillosa con los hombres. Dedicarme al boxeo me da la seguridad de que nadie más me pasará a llevar, porque ahora puedo defenderme.

Empecé a trabajar a los 12 años como garzona. Soñaba con juntar mi plata, irme de mi casa y formar una familia feliz como de cuento. A los 15, terminando primero medio, me salí del colegio y me fui a vivir sola a una pieza que arrendé. Tenía un pololo en la Escuela Militar al que transfirieron a Arica; me fui con él. Allá me inscribí en un gimnasio y empecé a boxear. Meses después tuve mi primer combate, que gané a pura pachorra y corazón.

A mi entrenador, el profe Pardo, lo conocí a los 17, cuando me tocó pelear en amateur con algunas de sus alumnas. Dos años después me invitó a Santiago a debutar en profesional. Pero poco antes de venirme me enteré de que estaba embarazada. Tuve que dejar de entrenar por dos años y medio para cuidar de mi hija, Antonella. En noviembre de 2015 el profe Pardo me volvió a llamar. Esta vez me vine; dejé a mi hija y llegué a la capital, a vivir a la casa del profe y la Crespita, quienes me adoptaron. Pero a los seis meses no pude más. Extrañaba demasiado a mi hija y me devolví.

Ser madre fue un regalo. A los 19 me dijeron que no iba a poder tener hijos, por una anomalía en mis ovarios. Por eso me sorprendió cuando me embaracé. Mi hija nació con una malformación intestinal. A sus 2 meses había resistido 5 operaciones. Hoy tiene 3 años y está sana. La cuida mi mamá y eso me tiene tranquila. Porque el pasado 12 de febrero volví a Santiago a instalarme, sin vuelta atrás, hasta conseguir el cinturón latinoamericano e ir por el título mundial en 2018.

Impulsada por el profe Pardo, en marzo de este año retomé el colegio para sacar tercero y cuarto medio. Allí recibo el apoyo del director y los profesores, quienes me dejan salir una hora antes para poder trabajar y entrenar. El profe Pardo recibirá conmigo el diploma cuando me gradúe. Me gustaría entrar a la universidad y estudiar Educación Física o Kinesiología. Es cierto que quiero hacerlas todas. Es que este es mi año.

Soy buena en el boxeo. Tengo habilidades: soy fuerte y perseverante. El profe Pardo dice que soy dura, que aguanto golpes, que soy un tronco. Me gusta la idea de ser mejor que el resto. Soy competitiva, tengo mucho corazón. Siempre fui machorra y estoy entrenando de lunes a sábado, 6 horas diarias, para adquirir oficio en el ring. Estoy segura de que seré campeona”.

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