Miss Haití en Chile

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Miss Haití en Chile

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Dos hermanas haitianas radicadas en Santiago organizaron un concurso de belleza donde no importa la talla, el peso ni la estatura de las candidatas, sino sus ganas de visibilizar la belleza de las inmigrantes de Haití, su carácter y talento. “En Chile, en el mundo de la moda, nunca aparecen mujeres morenas y nos pareció que con este concurso podíamos aportar diversidad”, dicen.

Por Pilar Navarrete / Fotografía: Alejandro Araya y Carolina Vargas

Paula 1244. Sábado 27 de enero de 2018.

Con una sonrisa dulce y coqueta, la chica se mira a un espejo, que ocupa la pared completa al fondo de la sala: el living de una casa ubicada en la calle Tegualda, en Ñuñoa, donde funciona la academia de modelos Michelle Andreus, una miss –reina del concurso de belleza Turismo Universal 2016 y 2017– con voluntad de oro para preparar futuras misses. Y entonces, empinada en unos taco aguja negros que le permiten ver el mundo 10 centímetros más arriba de su habitual metro 50, esta tarde de sábado la chica de piel negra y aspecto frágil se sube a la pasarela con el desplante de quien supo tragarse su timidez. Pone las manos en la cintura y con el mentón en alto se presenta ante un público imaginario: “¡Merciliane Jn Rosier! ¡23 años! ¡Haití!”. “¡Ay! ¡Me equivoqué! ¡En vez de Haití tenía que decir Puerto Príncipe!”. Y entonces la sala estalla en risas cómplices. Detrás suyo, otras nueve candidatas a Miss Haití en Chile, repasan su presentación, la misma que tendrán que decir el 20 de febrero: el día de la gran final, para la cual se llevan preparando desde hace tres meses cuando a dos haitianas, Vanessa y Machalie Jn Baptiste –quienes trabajan como facilitadoras interculturales en centros de salud familiar en Cerro Navia–, se les ocurriera organizar un concurso para visibilizar la belleza y el talento de sus compatriotas. “Nos dimos cuenta de que acá en Chile en el mundo de la moda nunca aparecían mujeres morenas de Haití y nos pareció que con este concurso podíamos aportar diversidad”. Abrieron la convocatoria por Facebook. Recibieron 40 postulaciones, donde no había requisito de talla, peso ni estatura. “Lo más importante era saber por qué querían participar. A cada una le pedimos que planteara un proyecto y muchas hicieron hincapié en que tienen ganas de ayudar a la comunidad haitiana en Chile. La idea del concurso es que no se quede solo en ganar una corona, sino que después, ganen o no, todas las candidatas puedan trabajar en un proyecto para ayudar a otros haitianos a insertarse. Está súper presente en ellas la ayuda social”.

Farah Etienne (27) vive hace 18 meses en Chile. Trabaja revisando semillas en una empresa agrícola en Paine.

Diane Beeteen Silverain (25)

Su proyecto es volver a Haití para montar un restorán internacional.

En Haití vivía en una casa grande, acá lo hace en una pieza en Independencia. Llegó hace 1 año y dos meses. “Yo estudiaba Administración en mi país. Y como allá se hablaba mucho de Chile, de que es un buen país, que está bonito, quise conocerlo y seguir mis estudios acá. Pero como no pude, hace un año trabajo en un restorán de cocina chilena en Patronato. Cuando llegué me quedaba pegada viendo cómo hablan los chilenos: rapidito, rapidito. No cachaba nada. Pero ya me acostumbré. Lo otro que me impresionó es que en mi país si una está enamorada de otro, hay que besar en la cara, no en la boca, como acá que la gente se besa y se besa”.

Wildwige Chauvet (20)

Quiere ser modelo. Ahora, trabaja como recepcionista en una empresa de consultorías en ingeniería.

“Para mí, este concurso es la primera puerta que se abre para cumplir mis sueños. Yo soy una de las misses que sueña desde niña con el modelaje. Es mi pasión. En Haití si íbamos con mis amigas caminando por la calle, yo les decía: ‘No camines así, ¡tenemos que caminar como modelos!’. Cuando terminé el liceo quise venirme a Chile. Acá vivo hace dos años. Cuando llegué vivía en una pieza con mi hermana que ya estaba acá estudiando Odontología. Un día me dijo que con su novio pensaban casarse. Entonces decidí irme a vivir sola. Para costear mi vida, primero trabajé como ayudante de cocina en el casino de un colegio. Ahora soy recepcionista en una empresa de consultorías en ingeniería”.

Cuando empezaron los ensayos ninguna candidata sabía caminar con tacos altos. “Eran muy tímidas e introvertidas”, dicen las organizadoras. “En este tiempo han desarrollado mucha personalidad”.

Jean Rosier Mercilian (23)

“En junio cumplo tres años viviendo en Chile. Cuando llegué no sabía nada de español. Aprendí viendo tele, sobre todo Los Simpsons. Yo vivía en Puerto Príncipe. Después de que murió mi mamá, una de mis hermanas quería llevarme para Estados Unidos a vivir con ella en Florida. Pero obtener la visa no fue fácil, entonces me vine a Chile, donde vivían unos amigos de mi familia. Antes vivía con ellos, pero después me mudé con una amiga, porque ellos se fueron para el sur. Entremedio trabajé 9 meses en un restorán en Tongoy, hasta que me vine a Santiago para estudiar. En diciembre terminé cuarto medio. ¿Qué ha sido lo más difícil de empezar una nueva vida acá? Acostumbrarme a estar lejos de mi familia. Es algo muy doloroso dejar todo atrás para entrar en un país donde no hablas el idioma, no entiendes nada y tratar de acostumbrarte. Al principio me despertaba en la mitad de la noche y decía: ‘¿Dónde estoy?’. Pero hay que seguir nomás, porque vinimos por algo y hay que lograrlo”.

Wideline Fleuridal (19)

“Me vine hace un año y medio a Chile, cuando mi mamá, que trabaja como cocinera en el Dominó, me mandó a buscar. Ella se había venido antes con mi papá, que trabaja como garzón, y mis hermanos y mi hermana. Yo me había quedado en Haití con unos tíos. A veces me gustaría regresar, sobre todo cuando hace frío. Ese sentimiento era más fuerte cuando no sabía nada de español. Todo me costaba mucho. Ahora hablo mejor el idioma, pero me falta practicar. Es que en mi casa hablamos puro créole. Aprendí español mirando teleseries. Este año quiero terminar el colegio, porque mi sueño es estudiar para ser técnico en enfermería. Pero es difícil. Acá estudiar es caro. Hay que trabajar para pagar cada mes. Ahora trabajo de las 12 a las 21 horas. Y, como vivo en Puente Alto, me demoro mucho en moverme y termino muy cansada. Me inscribí en Miss Haití porque quería modelar vestidos. También porque me dijeron que el concurso es la oportundiad de demostrar el coraje de las mujeres haitianas. Yo quiero mostrar otra imagen, porque los chilenos no saben casi nada de nosotros. Piensan que todos somos pobres, que vinimos solo para trabajar. Pero hay muchos haitianos que llegan con el sueño de estudiar. Cuando aterrizan se dan cuenta de que es caro y muy difícil, entonces no les queda otra opción. Si llego a ser Miss Haití mi proyecto es ayudar a facilitarles el camino a los haitianos que vienen a Chile, para que no se esfumen sus sueños”.

En busca de premios
Uno de los desafíos aún por resolver por las organizadoras del concurso es conseguir los premios: “Soñamos con entregar una beca para estudiar una carrera profesional o técnica, porque si estudian vamos a generar un cambio grande en sus vidas, porque más puertas se pueden abrir”, dice Machalie Jn Baptiste. “También nos gustaría regalarles un viaje para que conozcan Chile. Un tour para que entiendan el país donde están viviendo”, dice Vanessa. “También necesitamos prendas y accesorios. Y si una orfebre nos ofrece una corona, ¡sería perfecto!”.

Enna Alcé (25)

Lleva 5 meses en Chile y apenas habla español. “Me vine porque quería viajar, cambiar un poco de aire y también porque mi pololo está viviendo en Chile hace 2 años”. Después de terminar el liceo en Haití estudió Ciencias en Enfermería. Por estos días está buscando trabajo.

Rosemanite Pierre (29)

Entre las candidatas es la que lleva más tiempo en Chile: 7 años. Viajó justo después del terremoto que azotó a su país en enero de 2010. “Mi plan en ese tiempo era viajar por Sudamérica. Pero un amigo me buscó trabajo y dos chilenas me adoptaron como hija. Ese cariño hizo que me quedara”. Hoy trabaja en un hotel, donde entró como camarera y ahora es recepcionista. Antes de viajar a Chile trabajó en la ONG Save The Children. Por eso, si gana el concurso, su proyecto es montar un orfanato y un centro para el adulto mayor. “Yo me considero una embajadora de mi país. Quiero ser la voz de los haitianos en Chile”, dice. Por eso critíca la imagen que, asegura, los medios chilenos han constuido de su país. “La televisión tiene la costumbre de mostrar solo zonas desfavorecidas. Y no es que eso no exista, pero es solo una parte. Donde yo hacía mi vida, no era así: no era un tiradero de basura. Haití tiene muchas provincias hermosas. Chile también tiene muchos lugares que yo encontré horribles, pero yo sé que eso no es todo”.

Cherline Populaire (29)

“Vine a Chile porque un tío que vive acá me aconsejó que viniera para estudiar, trabajar y así ayudar a mi familia que está en Puerto Príncipe. Somos 8 hermanos; cuatro vivimos en Chile. Lo más difícil de irme de Haití fue dejar a mi mamá, a quien yo amo mucho, a mis amigas y a mi iglesia. Acá suelo quedarme en mi casa, leyendo y mirando la tele para aprender el idioma. A veces yo lloro mucho. Pero el tiempo al tiempo se acostumbra”.

Miss Haití en Chile

Organizan: Vanessa y Machalie Jn Baptiste, dos hermanas haitianas radicadas hace dos y cuatro años en Chile, respectivamente.
Gran Final: 18 de febrero en Grammy Discotheque.
Facebook: Miss Haití en Chile

Mira a continuación la preparación de las candidatas:

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