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16 noviembre, 2017
orla

Roberto Edwards a cinco voces

El fotógrafo y fundador de revista Paula en sus rasgos más personales..

Por Manuela Jobet / Fotografía: Alexandra Edwards y Carolina Vargas


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

Alexandra Edwards

Seis cosas sobre mi papá
“Desde hace unos 30 años, mi papá se viste con uniforme: pantalones con bolsillos anchos para meter todo lo que pueda necesitar –y que se manda a hacer con una costurera–, poleras de algodón en cuatro colores: negro, azul, amarillo y rojo, manga larga o manga corta, según la estación. Hoy solo existe este tipo de ropa en su clóset. Quizás la gente piensa que no se cambia de tenida, pero a él nunca le ha importado lo que piensen de él. Ni cómo lo ve la gente. Es, ante todo, una persona muy práctica. Tanto así, que los muebles de su casa tienen ruedas para unirlos o separarlos como un mecano, según la ocasión. A él se le ocurrió, le encantó su idea y la hizo realidad. Hoy tiene 80 años y un 3% de visión; eso lo limita por completo para generar los proyectos que aún tiene en su cabeza. Se dedica, eso sí, a diseñar por las noches –le cuesta conciliar el sueño– viviendas sociales en containers que aprovechen al máximo el espacio útil para que una familia viva dignamente durante un periodo de emergencia.

Cada vez que almorzamos o comemos juntos se pone contento como un niño. De tener un papá que vivía detrás de la cámara fotográfica, absorbido por sus apasionantes proyectos, al que había que perseguir para sentarse un rato con él, hoy tengo una papá disponible, atento, cariñoso, expresivo. Llama a sus seis hijos al menos una vez al día solo para decirnos lo mucho que nos quiere. A mí esto me emociona y también me hace pensar en quién es él realmente, me hace recordar los proyectos que ha empujado, las soluciones que se le han ocurrido, las locuras que ha financiado. Todo eso es, para mí, su legado, y aquí lo quiero compartir”.

Un mundo conservador
“Mi papá creció en un ambiente tradicional y conservador. Por eso me sorprende que sea una persona tan abierta de cabeza y desprejuiciada como poca gente en este país. No le importa lo que otros piensan de él ni menos enjuicia a los demás. Creo que nunca lo he escuchado hablar mal de otros y, en general, se aburre cuando una conversación se centra en la vida de las personas.

Una vez le pregunté por qué era así y me dijo que su mamá siempre hizo lo que quiso. Es cierto: mi abuela, con el pelo blanco, andaba en una moto de 500 cc en el Santiago de los años 50, también era aviadora (aunque no muy buena) y practicaba escalada libre. Todas esas cosas le daban mucha vergüenza a mi papá de niño, pero pronto la empezó a admirar y a valorar de verdad. Vio en ella a una mujer libre y, ahora que lo pienso, probablemente lo marcó en el foco que le daría posteriormente a la revista Paula”.

Fomento de las pasiones
“Siempre estaré agradecida de que mi papá buscara distintas –y muchas veces insólitas– formas de estimularnos para que descubriéramos y persiguiéramos nuestras pasiones. No es partidario de hacerles a los hijos o a los nietos regalos como ropa o plata, para los cumpleaños y la Navidad. Sus regalos son originales y siempre fomentan algún interés: por ejemplo, una vez nos hizo elegir el curso que quisiéramos. Otra, nos regaló la posibilidad de imprimir un libro de un tema elegido por nosotros. O invitó a un entomólogo a su casa en el sur para que nos enseñara sobre insectos y uno de sus nietos pasó tres o cuatro veranos creando insectarios. O para una Navidad hizo una donación, en nombre de todos nosotros, a una fundación para mujeres que han sufrido violencia intrafamiliar. El año pasado recibimos un disco duro con una colección de música clásica y jazz. Muchas veces no entendimos sus regalos, pero hoy los atesoro, porque no existe nada más valioso que regalar cosas que te puedan cambiar o
marcar la vida”.

Entusiasta de Chile
“Desde muy temprano fue un gran reivindicador de Chile y de todo lo local, cuando casi todos todavía miraban hacia afuera. Desarrolló y apoyó precursoramente proyectos que rescataban la cultura, la naturaleza, la arquitectura tradicional, los oficios en extinción, los artistas emergentes. Nunca se ha cansado de dar espacio a lo nacional, en alguna parte de sus bodegas está guardada la casa de vidrio junto con otras obras censuradas como Simón Bolívar, de Juan Dávila. Apoyó incansablemente investigaciones sobre las culturas originarias de Tierra del Fuego, un tema que siempre le fascinó. Sin ir más lejos, Paula fue la primera revista de mujeres que abordó los problemas reales de las chilenas y que promovió el desarrollo de la industria de moda local”.

Trabajar juntos en Paula
“Cuando regresé a Chile después de 12 años en Estados Unidos, donde estudié Biología Marina y Fotografía, mi papá quiso que me involucrara en Paula. Yo no mostré mayor interés, estaba dedicada a la fotografía artística, pero su forma de provocarme fue preguntándome cuál era el tema de las revistas de mujeres que menos me interesaba.

Le confesé que las secciones de belleza me aburrían, porque no creía en reportajes que prometían eliminar arrugas en un mes. Acto seguido, me encargó un número especial de Belleza. Quedé perpleja, pero terminó siendo un desafío enriquecedor, especialmente ante mi falta de experiencia editorial.

Me obsesioné en producir un número que tuviera contenidos creíbles, investigados con rigor, con un diseño cuidado y atractivo. Creo que, junto al equipo de Paula, lo logramos. Entonces ahí mi papá me pidió que dirigiera la revista. Para mí fue una sorpresa. No me lo esperaba. Acepté con orgullo, con miedo por mi falta de experiencia y también, con cierta aprensión por trabajar con mi papá en su revista.

Le agradezco su acto de confianza. Me permitió hacer la revista que yo imaginaba, con el equipo que yo escogí. Nunca se entrometió en los contenidos, nunca fue a las reuniones de pauta, solo me advirtió dos cosas: que yo no decidiría ni el contenido de las páginas de moda ni la foto de portada, hechas por él. Aunque discutimos algunas veces, porque no me gustaba alguna foto de portada, en general tuvimos pocos roces, porque es tremendamente respetuoso de los equipos de trabajo y les da el espacio y los recursos para que hagan el mejor trabajo posible, permitiéndoles sacar lo mejor de cada persona.

Para mí fue un privilegio trabajar con un jefe con visión y, sobre todo, pasión editorial, que entendiera la importancia de apoyar siempre y en todo momento al equipo. Hoy, curiosamente, me entretiene leer las páginas de belleza”.

Empresario, artista y emprendedor social
“Mi papá es difícil de encasillar. Es considerado un artista por los empresarios y un empresario por los artistas. Yo también lo veo como un emprendedor social.

Siempre está inventando formas de mejorar la vida de las personas menos privilegiadas.

Durante años les enviaba alimentos semanalmente por avión a los leprosos de Isla de Pascua. Empezó a hacerlo después de un viaje en que vio el abandono en que vivían, pocas personas querían acercarse a ellos.

Para ayudar a disminuir la segregación social existente en Chile, se le ocurrió crear Integrarte, una fundación que buscaba la integración social a través de talleres de arte: juntaba a personas de mundos muy distintos para que se conocieran a través de la experimentación artística y perdieran sus prejuicios. Su premisa era que, cuando la gente se comunica y comparte momentos de su vida, las barreras sociales caen.

Una vez invitó a Enrique, un hombre que vivía en la calle desde los 6 años, a instalarse en un departamento vecino al suyo. Almorzamos, comimos y veraneamos con Enrique durante dos años, hasta que regresó a la calle. Mi papá quedó desolado. Pensaba que Enrique podría salir adelante, porque era un hombre inteligente y de una enorme sensibilidad. En esto se equivocó, la calle pudo más, pero mi papá ganó un entrañable amigo al que siguió visitando hasta que finalmente murió en un frío invierno”.

Hoy
“Me cuesta imaginar que alguien que ha vivido mirando el mundo a través del lente de su cámara, que ha disfrutado intensamente de la belleza y que ha plasmado esto a libros y exposiciones de arte, pierda la capacidad de ver. Una degeneración macular está dañando progresivamente la vista de un hombre que ha sido muy visual durante toda su vida.

Sin embargo, lo veo y lo siento tranquilo. También más cariñoso que nunca conmigo y con todos sus hijos y nietos. Me ha dicho que perder la vista le ha brindado la oportunidad de ver cosas que antes no veía. Está más centrado en el lado bueno de las personas, más atento a lo que sienten los demás, más conectado con quienes siempre lo han rodeado: su familia”.

Hasta 2006 Roberto Edwards estuvo a cargo de fotografiar la moda de revista Paula. “Me cuesta imaginar que alguien que ha vivido mirando el mundo a través de su cámara, pierda la capacidad de ver. Sin embargo, lo siento tranquilo”, dice Alexandra, sobre la visión disminuida de su padre.

Martín Subercaseaux
Consultor en marketing e investigación de mercado

Pa’ que veái
“Los proyectos que ha realizado Roberto tienen en común una cierta puesta al día. Y la revista Paula es un fiel reflejo de eso. Desde sus inicios fue rupturista. Partiendo por su nombre, Paula, que en esa época prácticamente no se usaba. Él lo eligió en parte por eso, por ser nuevo. Y su contenido era similar. En una sociedad atrasada, muy poco tolerante y nada de diversa, Paula encabezó cierta transformación valórica. En esos años la píldora anticonceptiva y el bikini para algunos eran merecedores de excomunión.

Pero hay una experiencia en la que me invitó a participar, que revela en profundidad cómo es Roberto y qué lo moviliza. Para mí, además de sorprenderme por su inagotable búsqueda de la perfección en todo lo que hace, fue muy iluminadora. Me contó un día que había conocido a una ciega. Él iba caminando y llegó a sus brazos una niña joven que estaba saltando desde un sexto escalón. Cuando la tuvo en sus brazos se dio cuenta que era ciega. Sorprendido, le preguntó qué hacía saltando desde un medio piso y ella le dijo que ser ciega no tenía importancia en su vida. Se fascinó tanto con ella, que organizó en la sala de exposiciones de la Telefónica la muestra Pa’ que veái, con trabajos realizados por no videntes convocados por él.

Pero quiso ir más allá. La experiencia consistió en invitar a las 40 personas más importantes de Chile a ser ciegos por un día. El objetivo era que entendieran realmente lo que son las discapacidades en un mundo en que el 10 por ciento de la población vive así. Convocamos a grandes empresarios, rectores de universidades y directores de medios de comunicación. Junto a estas 40 personas había 40 ciegos. Primero nos tomamos algo para conocernos. Luego nos pusieron vendas profesionales, con las que no se veía absolutamente nada, traídas especialmente desde Estados Unidos. Así hace las cosas Roberto, con un amor por la perfección que yo valoro mucho. Bueno, después nos subimos a un bus rumbo al sur de Santiago. Cada uno iba acompañado por un ciego de lazarillo. Caminamos por la ciudad. Era impresionante cómo se manejaban en las calles.

Después nos fuimos a su estudio en Santa María e hicimos dos actividades. La primera era tocar objetos que había dentro de unas cajas, todos con texturas y temperaturas diferentes. La idea era darse cuenta de lo que iba pasando con el tacto. Luego nos encerraron en una sala con 100 sonidos diferentes. La actividad terminaba con un almuerzo. Nos sentamos de a ocho en mesas diferentes y una sicóloga iba guiando la conversación que giraba en torno a la discapacidad. Los ciegos ya no nos acompañaban, pero nosotros seguíamos vendados. Al principio nadie hablaba mucho, estábamos para adentro, pero de a poco fuimos descubriendo que el mundo de los ciegos era bien distinto a lo que pensábamos. Es muy fuerte no ver durante cuatro horas.

Lo más fascinante fue que todos llegamos a la misma conclusión: no existe ninguna discapacidad importante más que la del alma, la discapacidad para sobreponerse a la discapacidad. La peor discapacidad es el temor, la inseguridad, no atreverse. Después nos llegaron cartas de alrededor de 30 personas diciendo que no habían vivido en su vida una experiencia que fuera más significativa para ellos. Que esto les había cambiado su visión acerca de qué somos los seres humanos”.

Roberto Edwards y Delia Vergara.

Marisol Palma
Historiadora

Un niño grande
“Conocí a Roberto a los 24 años cuando Gastón Ugalde me pintó para el proyecto Cuerpos Pintados de América. Al final de la jornada Roberto se reunió con el equipo y nos preguntó qué hacíamos. Le conté que había egresado de Licenciatura en Historia en la UC. Me preguntó si conocía las fotografías de Martín Gusinde. En esa época yo estaba muy interesada en la etnohistoria. Tres meses después le presenté un proyecto con una mirada interdisciplinaria para abordar el estudio de la pintura corporal en América. Éramos un equipo formado por seis personas. Roberto confió en la idea original –que luego fue cambiada mil veces–, y nos dio un espacio. Terminamos trabajando juntos por muchos años.

Roberto ha apostado por los jóvenes y como equipo nos apoyó con una cierta estabilidad económica permitiéndonos desarrollar un proyecto con los medios necesarios: viajar, investigar, fotografiar, invitar a especialistas como Anne Chapman, armar una biblioteca, desarrollar proyectos editoriales, crear un archivo con fotografías de pintura corporal de América y el primer archivo en Chile con toda la etnografía visual de Tierra del Fuego. Debo resaltar que él fue el primero en digitalizar gran parte de la colección de Martín Gusinde que se encuentra en el Instituto Anthropos de Alemania.

Roberto tenía la capacidad de ver en otros cosas de las que ni ellos mismos se percataban. Como mamá joven entonces, me impresionó su puesta en valor de la mujer. Destacaba su fuerza en un medio machista, sus virtudes como creadoras. Tiene una mente abierta y un fuerte carácter que se refleja en los contenidos que imprimió al proyecto en sus diferentes fases. Más allá de las posibles críticas de especialistas en el campo del arte o de la política, su propuesta de trabajar el cuerpo como soporte para el arte en la década de los 90 en Chile fue importante a nivel sociológico. Siempre hablaba de lo cartucha que es la sociedad chilena, pues quería dar una mirada diferente del cuerpo, liberarlo de falsos pudores y prejuicios asociados a connotaciones puramente sexuales o retorcidas.

Para mí su figura es la de un editor en el amplio sentido de la palabra. Roberto estaba tras bambalinas, conectando cosas. Cuerpos Pintados fue el proyecto de un editor inquieto y cambiante que volvía loca a mucha gente pero que abrió múltiples líneas de investigación.

Roberto es un hombre más bien reservado y hasta tímido, alejado de la farándula. Se dedica a pensar proyectos nuevos y originales, es amante de la fotografía, del arte, los libros, la arquitectura, los pájaros, los bonsáis. Es disperso, cierto, pero un apasionado de la vida y de sus maravillas. Tremendamente curioso, como un niño grande”.

Marcial Cortés-Monroy
Arquitecto

Paula, otra actuación de su manifiesto
“Lo primero que me llamó la atención al conocerlo –en el año 91, cuando le presentamos una posible puesta en escena para la exhibición de su proyecto Cuerpos Pintados– fue su apertura de mente, acompañada de una particular delicadeza para acoger la poco convencional propuesta que le hicimos. Luego me impresionó su involucramiento personal absoluto, como uno más del equipo, respetando y celebrando los aportes de cada uno.

Como hasta entonces no lo conocía, no tenía la carga de los mitos que hay en torno suyo, por lo que pude sorprenderme con su transparencia y descubrirlo tal cual es, con su sensibilidad, determinación y fragilidad sin dobleces.

Roberto deja huellas en todos quienes le acompañamos en el proceso de sus desafíos y aventuras. Por su permanente búsqueda de excelencia, por su obsesión de perfeccionamiento –como premisa de vida y base de todo lo que emprende– por la consciente y paciente espera de aquello que va evolucionando hasta llegar al asombro del resultado.

Gran promotor de la libertad que brinda el conocimiento, Roberto ha sido muy generoso en facilitar a quienes están en sus equipos el acceso a lo que en condiciones habituales sería inaccesible. Esto incluye conocimientos especiales, formaciones específicas, materialidades y tecnologías de última generación, haciendo de los ambientes de trabajo una suerte de beca esencialmente entretenida.

Es enemigo de la homogeneización y gran admirador de la valentía de quienes se atreven a ser diferentes. De aquellos capaces de expresar nuevos puntos de vista que contribuyen a estimular estados de conciencia que agitan la inmovilidad y enriquecen la textura de la diversidad. Desde esa perspectiva se comprende su atracción por el arte y los artistas, por los irreverentes e independientes, por aquellos que se expresan más allá de los límites, ya sea por libertad consciente o inconsciente. Tal vez sea esta faceta de su personalidad, la actuación de su propia excentricidad.

Roberto Edwards es, para algunos, reconocible por su inmensa fascinación por la tecnología, máquinas y objetos. Un tema que le mantiene particularmente entretenido en sus quehaceres y que transmite con pasión. En honor a la verdad, estos son vehículos que movilizan sus emprendimientos, en una genuina y generosa voluntad de hacer puentes de conocimiento y progreso en beneficio directo de las personas.

Revista Paula, su proyecto editorial emblemático, es otra actuación de su manifiesto”.

Ed Shaw
Escritor, fotógrafo, curador independiente y crítico de arte.

Pocos prejuicios, ninguna frontera
“Roberto es un mito, una leyenda en el mundo de los curiosos que tratan de estar atentos a las cosas que pasan. Las impresiones varían, pero todos tienen una sobre él. Para mí, es por un lado un hombre culto, educado, de gran posición en el país y conocido en Latinoamérica por sus esfuerzos para integrar el arte; por otro, un niño que tiene una caja enorme con todos los juguetes que se pueda imaginar.

Todo eso gracias a una situación muy privilegiada que se ha ganado con sus esfuerzos empresariales y editoriales. Él ha armado su propia historia. En toda familia hay una oveja negra. Roberto siempre tuvo ese fantasma y quería lograr su propia independencia con su esfuerzo personal. Buscó ganarse un espacio y convencer a la gente de que podía lograrlo a través de algo nuevo. Por medio de sus creaciones buscaba maneras de educar, de traer cultura por todos lados y de intercambiarla con otros países.

Hace todo con muchísimo entusiasmo. Puede hacer muchas cosas bien armadas, bien pensadas, pero le falta una continuidad de más largo arraigo. No ha hecho una obra maestra, pero ha hecho un cuerpo de obras que no hace nadie. Eso, gracias a su energía, su fuerza, su capacidad, sus conexiones y posición social. Esa diversidad hará que quede en la historia como una persona extraordinaria a tal grado, que es difícil abarcarlo. Si algo ha limitado su posibilidad de convertirse realmente en un paradigma de cambio y quedar más como un buscador de cambio, fue eso de estar siempre inventando el próximo paso y no estar atando el anterior.

Roberto es grande para Chile. Su dimensión no tiene límites. El chileno en general es muy cuadrado en sus gustos, en sus patrones, y él no tiene nada que ver con eso. Tiene pocos prejuicios y ninguna frontera.

Nos conocimos en el año 2000 precisamente en el mundo del arte y nos hicimos grandes amigos. Cuando empezó con Cuerpos Pintados era muy perfeccionista. Me encargó armar textos y creo que lo cambió por lo menos 200 veces porque no sentía que describía perfectamente bien lo que pensaba. Era tal vez una cosa de ganar confianza, porque él proponía un cambio de actitud de la gente. Quería construir una nueva visión del cuerpo, de para qué servía en términos sociales, no solo de belleza.

Conmigo y mi mujer ha sido muy generoso. Cuando íbamos a Nueva York nos quedábamos en su casa. Lo mismo en el Lago Todos los Santos, donde nos prestaba su casa y nos decía que invitáramos a quien quisiéramos. Vinieron amigos de Estados Unidos y Europa a pasear, a pescar. Fue un privilegio increíble. Roberto es muy humano, muy preocupado. Si pasan tres semanas sin que hablemos, nos llama para saber cómo estamos. Siento que de cierta manera es un hermano. Mi amigo”.

“Con Cuerpos Pintados él quería construir una nueva visión del cuerpo, más allá de la belleza”, dice Ed Shaw.

A continuación, un recorrido por sus mejores fotografías en Paula:

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