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1 Diciembre, 2016
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Sergio Lagos: mirando el cielo

Por estos días Sergio Lagos (44) raya con esta melodía: el fin del mundo, los astronautas, los hombres tecnológicos, el espacio infinito. Y es que para lanzar su cuarto disco, Cosmos, junto a Los Gaffers, hizo una investigación personal: fue a los observatorios, espió a los astrónomos, hizo preguntas, miró el cielo. Hoy dice: “Chile es el palco del universo”.

Por María José Salas / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Patricia Holmqvist / Agradecimientos: Planetario Chile


Paula 1214. Sábado 03 de diciembre de 2016.

Luego de que sus papás se separaran –ella socióloga y él doctor– cuando apenas tenía 4 años, Sergio Lagos se fue a vivir con su mamá justo arriba del extinguido cine Ducal, en pleno centro de Concepción. En ese departamento era común que Sergio se despertara en las mañanas y se topara con músicos durmiendo en el living porque la noche anterior habían tocado en algún festival organizado por su madre en la ciudad penquista. Toda la escena musical new wave de finales de los 70 y principios de los 80 pasó por esos sillones. Desde Congreso, Los Pinochet Boys hasta Tita Parra. Más tarde, cuando se mudó con su madre a Temuco, y Sergio bordeaba los 15 años, tuvieron una disquería. La música sonaba en todos los rincones de su vida. Y también fue en esa ciudad, ya cerca de los 17 años, que Sergio decidió que quería hacer música, justo después de ver por primera vez a Los Prisioneros, quienes andaban de gira mostrando su primer disco, La voz de los 80. “No soy un tipo creyente, no tengo una religión, pero sí admiro a los músicos y la energía que crean. Encuentro que la experiencia física de la música es alucinante. Y el día que vi a la banda de Jorge González fue clave en mi vida, desde ese momento no me imagino sin yo intentar hacer música todos los días, más allá de si me considere bueno, regular o malo. Para mí se parece mucho a respirar, es algo que no puedes dejar de hacer”.

Decisión que lo llevó a formar en 1997 la banda electrónica Marciano junto al músico Rodrigo Castro, con quien editó 5 discos, y que luego de 10 años cambió por una cerrera como solista junto a su banda Los Gaffers, con quien lleva 4 placas bajo el brazo. Esta carrera musical la comparte con la profesión, que él mismo dice “es la que le da de comer”: el periodismo, y que lo ha llevado a ser rostro emblemático de Canal 13 desde hace casi 15 años donde ha encabezado la conducción de los reality shows más famosos como Protagonistas de la fama, Mundos opuestos o Año 0, hasta llegar a animar el Festival de Viña del Mar desde 2006 a 2008.

“No soy creyente, no tengo una religión, pero sí admiro a los músicos y la energía que crean. El día que vi (a los 15 años) a Los Prisioneros fue clave en mi vida: desde ese momento no me imagino sin yo intentar hacer música más allá de si me considere bueno, regular o malo. Para mí es como respirar”.

Estás casado con Nicole, ¿cómo es vivir con alguien que hace lo mismo que tú?
Solo ventajas.

¿Nada malo?
Cuando nos conocimos yo era un cachorro sobre los escenarios y ella tenía una experiencia enorme. Entonces ella rayó de inmediato la cancha y me dijo: “esta es mi pega, mi mundo, mi trabajo y tú vas a tener el tuyo. Y, como somos pareja, en la casa hablamos de cosas que corresponden a un hombre y a una mujer”. De hecho, recién ahora, después de una década como pareja, cree que es el momento de hacer algo juntos, cosa que me aterra.

¿Por qué te aterra?
Porque me acostumbré a no vincular nuestros mundos, no sé qué va a pasar. Pero le creo. Es un honor que ella después de todos estos años, de amarnos y tener hijos, sienta que es el momento.

En un mundo ideal, ¿dejarías la tele y te dedicarías solo a la música?
Es egoísta esa pregunta. No me levanto en las mañanas y digo “soy músico” o “soy periodista”, sino que me levanto y digo “¿qué cosa vamos a inventar hoy?”. Y es precisamente esa libertad la que me ha permitido crear programas como TV o no TV o un disco o un festival de música. Te miento si te digo que no me gustaría ser como esos zapateros que se dedicaron toda su vida desde que se levantan a hacer zapatos, pero no me tocó eso.

¿O ser como tu mujer?
Exacto. Ella sabe desde los 8 años que cantar era a lo que se quería dedicar el resto de su vida. Desde esa edad era consciente de que su voz lograba un efecto potente en la gente. Tuvo la suerte de toparse con unos papás lúcidos que la apoyaron. En cambio yo hasta el día de hoy no lo tengo claro. No me interesa hacer un disco al año o ser el rey de las canciones, necesito estar aprendiendo más que nada.

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El cosmos y el futuro
Casi 70 veces fue Sergio Lagos al cine debajo de su casa en Concepción a ver La guerra de las galaxias. Era 1979 y, en su mente de niño de siete años, la película despertó el interés por el universo. “Como cualquier sureño, o provinciano, tenemos una relación distinta con el entorno a diferencia de un santiaguino. Santiago no tiene estrellas, hay mucha luz. Desde muy chico me instalé a ver las estrellas echado en Licán Ray o en algún viaje con amigos hacia el norte”. Esto, sumado a los libros de astronomía que su papá apilaba en su casa y que Sergio revisaba cada vez que lo iba a visitar. Interés que lo llevó a crear, tres décadas después, Cosmos, un disco enfocado de principio a fin en el universo, y donde las 11 canciones que lo conforman grafican un viaje desde el Big Bang hasta el sentimiento más profundo de un hombre: el amor.

Tanto así, que incluso el lanzamiento del disco, el pasado 25 de noviembre, tuvo como únicos protagonistas a un astronauta que flotaba sobre el escenario, quien dialogaba con una mujer que le imploraba que se quedara en la Tierra. Durante la hora y media de música en vivo Sergio y su banda solo aparecieron en la última canción, estaban detrás de un telón.

¿Cómo fue tu conexión con el universo, ahora que eres un adulto y no un niño que por las noches mira las estrellas?
Un día iba en el auto con mi hijo León (8) que me pregunta “¿papá, el espacio es infinito?”. Ahí caí en la cuenta de que ese tipo de preguntas no solo pertenecen a la física o a la astronomía, sino que son preguntas humanas que todos nos hacemos. Además de que Chile es el palco del universo, acá vienen de todas partes del mundo a investigar. Es aquí donde se cuadran los datos que mandan a Harvard para que los científicos de allá armen papers y luego se ganen un Nobel. Esa idea de que Chile solo es largo y angosto hay que eliminarla, tenemos mucho arriba. Todo esto me animó a empezar a investigar.

¿Y cómo fue ese proceso de investigación?
Fui a Paranal, Tololo, La Silla y a las oficinas que hay en Santiago, de Alma. En cada uno de esos lugares conversé con físicos y fotógrafos astroespaciales. Más que la parte matemática o física del tema, lo que me interesaba indagar era sobre la experiencia humana de quienes trabajan ahí.

¿Y con qué te encontraste?
Me topé con una generación de hombres y mujeres de mi edad que viven todo el día conectados con el universo. Están allá arriba todas sus horas de trabajo, eso es alucinante. Sin embargo, tienen familia y tienen que volver cada día a conectarse con la realidad. Son personas solitarias, pero que tienen un gran interés por comunicar todo lo que están viendo. La vida de ellos es lo que me inspiró para montar el lanzamiento.

¿Cuánto tiempo duró la etapa de investigación?
Aún no ha terminado. Partió en 2012 después de lanzar el disco Irreversible. Además de conversar con astrónomos, llevo como dos años visitando el Planetario, ya tengo una camita (ríe). Mi idea es que esto siga y que podamos armar tocatas itinerantes por Chile junto al Planetario para poder mostrar lo que tenemos.

¿La matemática te limitó para entender aún más el cosmos?
Nunca he tenido ni capacidades ni ganas para entender las matemáticas. Pasar los ramos en el colegio fue de un esfuerzo feroz. Mis compañeras se sentaban horas a explicarme, fueron ellas quienes me ayudaron a salvar el 4. Para este disco no necesité entender esa parte.

¿En qué momento personal te pilla este disco?
Por herencia de mi padre, que trabajó 25 años como doctor en Lota, soy fanático del Lota Schwager y me gusta hacer analogías con el fútbol. Es por eso que siento que estoy en los últimos minutos del primer tiempo de mi vida, que termina con este disco. Ahora parte el segundo tiempo donde tengo por lo menos 20 años para seguir haciendo cosas.

¿Y hay algún proyecto que tengas dando vuelta y quieras definir en este segundo tiempo?
Hay varios. Pero tengo súper claro cuál es el único y más importante: mi hijo León. Tiene 8 años y está comenzando la etapa en que más me va a necesitar y quiero estar ahí para responder sus dudas. Su crecimiento me ha llevado a preguntarme ¿dónde ponemos el acento como humanidad, las urgencias?

“(Nicole) sabe desde los 8 años que se quería dedicar el resto de su vida a cantar. En cambio yo hasta el día de hoy no lo tengo claro. No me interesa hacer un disco al año o ser el rey de las canciones, necesito estar aprendiendo más que nada”.

¿Te preocupa el futuro en que vivirán tus hijos?
Más que ansiedad o preocupación, me genera nostalgia el futuro. No tengo una visión fatalista, pero sí tengo la sensación de que el hombre ha mutado con los avances de la tecnología tanto –en los últimos 100 años– que se ha generado una nueva categoría humana: el hombre tecnológico. Pero en el fondo no entendemos mucho qué hay detrás de todo eso. Ocupamos el aparato x pero en realidad no sabemos cómo funciona. Hace poco tuve la suerte de estar en Londres en un estudio de futurología, ahí conocí a una chilena, quien, junto a un equipo, se dedica a ver todo lo que viene.

¿Y qué es lo que viene?
Ellos saben cómo esto se acaba. Ya tienen la proyección del fin de todo, del mundo.

¿Y te dio un adelanto?
De aquí a 30 años lo que viene es el device al oído (una especie de chip), donde el humano ya no va a ocupar nada manual sino que todo va a ser auricular. A través del oído vas a recibir tu agenda, tus llamadas, tus pendientes, hasta te vas a poder medir la presión solo. Ya no se va a necesitar tanto de otro.

Un escenario un poco triste.
Claro. El mundo que conoces hoy no va a existir. Sin duda que detrás de todo esto hay gente poderosa e intereses comerciales. Y así como se inventó en su minuto el tótem o las religiones con sus iglesias, en 30 años más va existir un device para controlar y para guiar, en el fondo para que todos tengamos un rol. Entonces mi rollo principal en este segundo tiempo de mi vida es estar junto a León y a mi hija Celeste y prepararlos para lo que se viene.

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