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3 mayo, 2017
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Un bordado salvaje

Una depresión y la muerte de Jazz, su perra mezcla de maltes y poodle de 7 años, motivaron a la estudiante de quinto año de Diseño de la Universidad de Chile y artista bordadora, Valentina Castillo (24), a aprender este oficio de forma autodidacta. “Cada mascota que bordo merece tiempo y amor”, dice.

Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: gentileza Valentina Castillo / Audiovisual: Isabella Jacob


Paula.cl

A los 15 años comenzó a dibujar osos en papel con tira líneas. Al entrar a la universidad aprendió a ocupar programas de retoque, entonces empezó a escanearlos y vectorizarlos, para luego colorearlos digitalmente, imprimirlos y convertirlos en calcomanías. De los osos pasó a un rinoceronte, una llama y aves. Hasta que se topó con una pila de revistas de manualidades que su abuela materna había guardado para ella, y que pilló en medio de una depresión que la tuvo un año con medicamentos. “En un principio bordar fue desahogarme, fue un trabajo muy personal. Se convirtió en una terapia y me fue ayudando a encontrarme conmigo misma, a cultivar la paciencia y darme un tiempo personal para mis pensamientos y mis ideas”, recuerda.

Lo primero que bordó fue un par de perros salchicha. Luego vino Chester, un poodle, y Kimmy, una schnauzer, los perros de dos de sus amigas. “Al igual que Jazz, mi perra, ellos habían muerto hace poco. Quise regalarles algo que los recordara para siempre”, cuenta. Bastó que publicara su trabajo en redes sociales para comenzar a recibir pedidos de amos que querían tener a sus mascotas en un bordado. En dos años ha bordado más de 50 animales entre perros, gatos, conejos y hasta un ciervo. “A veces recibo muchos pedidos. Entonces paro, me tomo una pausa, y acepto dos o tres. No me gusta estar obligada a hacerlo, cuido este oficio. Además, cada amo y mascota merecen tiempo y dedicación”, dice.

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Así, sobre la base de una foto nítida e iluminada, abre la imagen en el programa Illustrator, donde detecta la gama de colores. Después, con lápiz mina, ilustra sobre tela crea cruda, sujeta por un bastidor, y comienza a bordar. Para finalizar, sella la parte posterior con fieltro, dejando a la vista algunos hilos sueltos que den cuenta del proceso de elaboración. “Más que una técnica en particular, para mí el bordado tiene mucho de intuición. Siempre que bordo, imagino ir coloreando con hilos”, dice.

A la fecha ha realizado dos talleres, de 3 horas cada uno, donde enseña 10 puntadas básicas del bordado, ideal para quienes nunca han experimentado esta técnica, y realizará un tercero durante el segundo semestre de este año (fecha por confirmar a través de sus redes sociales). Máximo 10 cupos. $25.000, con materiales incluidos. Pedidos a insanity.nice@gmail.com desde $25.000 en bastidor de diámetro de 12 cm y desde $30.000 en bastidor de diámetro de 14 cm. Plazo máximo de entrega de 30 días. Facebook: Insanity nice bordados / Instagram: @insanitynice.

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