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11 mayo, 2012
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El club de la cocina

Mientras España vive uno de sus momentos más difíciles por la recesión, en Madrid el chileno Carlos Pascal celebra el segundo aniversario de Kitchen Club, el exitoso proyecto gastronómico que se le ocurrió echar a andar en la planta baja de un edificio.

Por Pilar Navarrete


Paula 1095. 12 de mayo 2012.

Mientras España vive uno de sus momentos más difíciles por la recesión, en Madrid el chileno Carlos Pascal celebra el segundo aniversario de Kitchen Club, el exitoso proyecto gastronómico que se le ocurrió echar a andar en la planta baja de un edificio.

La historia detrás de Kitchen Club, el centro de cocina y restorán privado que roba la atención de los sibaritas de Madrid, es tan curiosa como la de una receta que por azar y accidente resulta exitosa. El ingrediente principal es Carlos Pascal, un arquitecto chileno que en 2004, mucho antes que España cayera en recesión, se radicó en Madrid, contratado por un renombrado estudio de arquitectura. Amante de la buena mesa, para tener una entrada extra, en su casa comenzó a dictar clases de cocina que de boca en boca se fueron haciendo famosas. Mientras, en su trabajo se hizo cargo de la nueva escuela que el instituto internacional de gastronomía Culinary levantaría en San Sebastián y cuyo responsable era Andrés Madrigal, uno de los chefs más reconocidos en España con dos estrellas Michelin, de quien Pascal se hizo gran amigo.

Cuando en 2009 estalló la crisis, Pascal se vio en una encrucijada: “Mis clases de cocina estaban copadas, mientras la industria inmobiliaria se iba al suelo”, recuerda. Entonces con su novia, una productora de eventos española, decidió arrendar un piso más grande, que diera a la calle y tuviera patente de restorán. “En Madrid los departamentos son chicos, la gente no puede meter ruido y nadie tiene vajilla para invitar a quince personas a comer. Entonces, decidimos crear ese espacio”, explica. Cuando le comentó del proyecto a Madrigal, de inmediato se sumó como socio.

Así fue como en abril de 2010, en la planta baja de un edificio del siglo 18, a dos cuadras de la Gran Vía, abrieron Kitchen Club. Por un lado, el lugar funciona como centro de reuniones: pagando una membresía, los socios pueden invitar a un grupo de amigos y cocinar ahí mismo, teniendo a mano todos los ingredientes.

Pero también opera como escuela de cocina: a las 20 hrs, de lunes a viernes, uno de los quince cocineros del staff dicta clases, para máximo doce personas, que pagan entre 70 y 100 euros por la sesión, que se extiende hasta la medianoche. Un día pueden ser recetas peruanas, otro japonesas o tailandesas o incluso sobre ingredientes como trufas o setas. “Te puedes encontrar con un empresario, un jubilado, una pareja de lesbianas o un chico que se acaba de ir a vivir solo”, cuenta Pascal, que por estos días celebra el segundo aniversario de su innovador proyecto gastronómico con un calendario especial de clases de cocina a cargo de los mejores chefs de España.

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