Diversidad cerámica

Hecho a Mano

Diversidad cerámica

Por María Edwards

La cerámica es, en esencia, tierra hidratada, pero termina siendo sólidas piezas que podrían durar para siempre. De por medio hay creatividad, ideas, habilidades manuales y también un complejo proceso de química, secado, quema y esmaltado.

El universo de los materiales cerámicos es infinito. Dentro de ellos la reina es la porcelana. En Oriente la reconocen, pues suena como metal al golpearla y en Occidente, su principal característica es la traslucidez. Los europeos tardaron años en reinventar la porcelana que admiraban de los chinos. Cada país y fábrica tiene su estilo, sus colores característicos, sus motivos y formas. Todos han sido ampliamente reinventados y replicados en el mundo entero.

Dentro del infinito espectro de las cerámicas hay dos elementos esenciales: la manufactura de la forma y su esmaltado. Hay piezas sencillas cuya gracia está en los dibujos y colores que las visten. Otras veces, son curiosos volúmenes que van en un sobrio color o una gama de ellos. Los ceramistas normalmente priorizan uno de esos dos caminos.

Yo llevo algunos meses fascinada con la idea de crear objetos con los elementos de la tierra. Porque finalmente eso es el material cerámico: minerales hidratados. Lo primero que aprendí fue trabajar con la pasta, darle forma, respetar su grosor uniforme. He torneado y experimentado en distintos talleres. Pero lo que más me gusta es crear piezas de manera manual. Quedan más irregulares, más únicas. Me concentro en la forma y el relieve. Esmalto en uno o dos colores en general claros. Quizás por eso me parece doble mérito cuando las piezas, además de tener formas complejas, son terminadas con delicadas decoraciones de esmalte. Mis favoritas son las Carlton Ware art decó de los años 20 y 30, pintadas en volumen, con colores intensos y terminaciones en dorado. Me parecen de una paciencia infinita y muy lejanas a la estética de mis sobrias y minimalistas creaciones cerámicas. Para un no entendido, incluso un sencillo pocillo de gres blanco, sorprende por haber sido hecho a mano y resultar de igual o mejor calidad y belleza que los que podemos encontrar en el comercio, fabricados industrialmente. Por lo anterior, frases típicamente aplicadas a las artes plásticas como “eso lo haría cualquiera” o “pásame unos pinceles y te hago ese mismo con un par de rayas”, en este caso no aplican.

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