Los hombres también tejen

Hecho a Mano

Los hombres también tejen

Por María Paz Braun. Extracto de la conversación con el grupo Hombres Tejedores con la periodista Rita Cox en Expolana y Hecho a mano.

Un grupo de hombres con profesiones que van desde publicista a químico farmacéutico, se juntan todos los meses a tejer. Formaron el grupo Hombres Tejedores y pusieron en jaque la costumbre occidental de relegar el tejido en las manos de las mujeres. Aquí testimonios de nueve de sus integrantes.

Paula Digital. Expolana & Hecho a mano 2016.

En 2015 Claudio Castillo, profesor de inglés y artista escénico que encontró en el tejido un medio de expresión, empezó a hacer talleres solo para hombres, que luego evolucionarían a la creación del grupo Hombres Tejedores. “Los tiempos han cambiado y tenemos que ir transformándonos. La masculinidad que era válida hace 100 años atrás quizás no es la misma de hoy en día, entonces esto es parte de eso”, dice el fundador de esta agrupación.

Son un grupo de profesionales que se encontraron en torno al tejido y que descubrieron que no eran los únicos hombres a los que les gustaba tejer. Algunos nunca lo habían hecho y otros lo hacían escondidos, incluso de sus propias mamás.

Se trata de una tendencia que llegó a Chile con fuerza el año pasado. Ya en 2014 el diario inglés The Telegraph publicó un artículo que daba a conocer nuevos movimientos de hombres que tejían en espacios públicos de grandes urbes, como Londres y Nueva York, y se refirieron a esta práctica como el nuevo yoga de los hombres. Actores famosos como Ryan Gosling y Russell Crowe también se volcaron a tejer como una buena manera para relajarse.

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Claudio Castillo, profesor de inglés y artista escénico
“Partí tejiendo hace 6 años en la universidad al ver a unas amigas que lo hacían. En mi caso, tiene que ver con una inquietud creativa, me sirve para expresar ciertas cosas y también es una linda manera de demostrar afectos, tejerle algo a alguien es un acto de amor súper grande. La iniciativa de hacer talleres nace de mi necesidad de compartir esto, porque al final quien teje esta súper solo, yo no conocía a ningún otro hombre que tejiera. Después me di cuenta de que existen muchos más de los que uno cree y muchos que tienen la inquietud y no se atreven. A muchos nos ha pasado que tenemos trancas para tejer en público y ahí nace la acción que hicimos este año de ir a tejer en público al frente del Museo Bellas Artes, para sacarse ese susto y normalizar esto”.

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Ricardo Higuera, periodista
“Descubrí el tejido hace mucho tiempo, pero mi mamá nunca me quiso enseñar hasta que le mostré un tejido que hice en el taller de Claudio y me dijo: ¿De verdad estás yendo a un taller si yo te puedo enseñar? Ya habían pasado 15 años desde la primera vez que le había pedido, así que le dije que no. Lo primero que tejí es esto (muestra un cuello celeste verdoso). Iba a ser una bufanda, pero me aburrí y quedó así. Tenía muchos tejidos, pero ninguno terminado. Este lo terminé el domingo mientras estaba en la mesa con mi papá. Él ya se ríe y mi mamá me aconseja. El otro día me dijo: ‘tengo que hablar contigo algo muy importante, estuve mirando tus tejidos y tienes que soltar más el palillo porque estas tejiendo muy tieso’”.

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David Bolados, sicólogo
“Tejo hace 13 años, desde que tenía 18. Todo comenzó con unos palillos que encontré por ahí, y empecé a tejer y fluyó. Fue como si siempre hubiera sabido. Empecé a aprender puntos, siempre solo, siempre sintiéndome único en la especie. Hasta hace un mes atrás, que vi en Facebook que un grupo de hombres tejedores se iba a juntar en el Parque Forestal y fui. Los conocí y a muchos les había pasado lo mismo, eran el único hombre que tejía en su círculo. Llevo muchos años tejiendo, incluso he vendido mis tejidos. Mi especialidad es la ropa grande: chalecos, abrigos, cubrecamas. En el grupo compartimos cosas que a todos nos han pasado. Y nosotros mismos tenemos muchos prejuicios. Yo no sé si a mí me daría el cuero para ir tejiendo en el metro o en la fila del banco, me da un poco de envidia cuando veo a una señora en la fila tejiendo y yo mirándome las uñas”.

Alejandro Oñate, estudiante de Biología
“Yo siempre vi a mi mamá tejiéndole ropa a gente y siempre me llamó la atención el hecho de hacer algo con mis manos, hacer algo único en vez de estar comprando. El 2014 le dije a mi mamá que quería aprender a tejer y me dijo que no iba a poder. Pero insistí y ella me enseñó. Hice mi primera bufanda y después se me olvidó tejer porque tejía muy tenso y pensé que esta cuestión no era para mí. Pero el año pasado estaba con unos niveles de ansiedad muy grandes y busqué algo para dejar de pensar tonteras. Yo había escuchado que tejer ayuda a la relajación y la concentración, entonces volví. Me ayudó bastante, pero ahora lo hago por gusto y pasó a ser otra cosa.”

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Marcelo Arriagada, dueño de la empresa Lanas Rosario
“Tengo 42 años y llevo 35 tejiendo. Mi historia es diametralmente distinta a la de los demás. Yo soy de Concepción y me acabo de encontrar con ellos acá, nunca supe que existían otros hombres que tejieran. Mis tres hijos mayores y mi señora también tejen y mi cuarta hija, de 7 años, está aprendiendo. Yo no tengo ningún prejuicio porque hago todos los oficios que están dedicados a las mujeres. Por ejemplo, cocino, igual que mis tres hijos y así dejamos a la mamá descansar harto el fin de semana. Entonces más que ser un hobby, es una experiencia de toda mi vida”.

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Guillermo Hernández, nutricionista
“Aprendí a tejer porque a mi hermana le pidieron en el colegio que hiciera unos rectángulos de lana. Entonces mi mamá le estaba enseñando y yo de mono dije: ‘yo también quiero aprender’. Tenía como 10 años. Como vivo en Concepción, que es una ciudad muy fría, y no me gustan las telas sintéticas, me hago chaquetas, bufandas, todo de lana. El domingo me junté con mi hermana, fuimos a un mall y mientras caminaba o vitrineaba, tejía a crochet. Cuando íbamos en el metro, una señora me dijo: ‘nunca había visto a un hombre tejiendo, qué bueno que lo haga, le está quedando muy lindo’. Hasta el momento, las veces que he tejido en público nunca he tenido una mala recepción, todos súper buena onda. Antes no me atrevía pero ahora me da lo mismo”

Javier Oliva, publicista y decorador
“Decoro piezas de niños y playrooms, y mis clientas siempre me pedían cosas tejidas para vestir a los muñecos que confeccionan, o para fundas de cojín. Y como siempre trabajo con mujeres embarazadas, que tienen expectativas altas, y había gente que no me cumplía bien con los encargos, dije: ‘ya, pongo las manos yo en la masa y me pongo a tejer’. Soy bien amateur, no tejo con puntos especiales ni nada, pero ya he hecho fundas y chalequitos para muñecos. Estoy fascinado con el grupo y con la experiencia de tejer, para mí ha sido fantástico”.

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Felipe Sepúlveda, diseñador en retail
“Llegué al curso de Claudio en enero para buscar técnicas de arte, me gusta pintar y me dedico un poco a eso. Ese fue el primer objetivo. He hecho varias cosas para mis hijos, para que pasen el invierno calentitos. Lo primero que hice fue una bufanda súper delgada que parece un calcetín, pero a mí me encanta. Nunca había visto bufandas tan delgadas y yo quería una”.

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Andrés Norambuena, químico farmacéutico
“Partí el tejido porque siempre vi a mi madre tejiendo, pero ella estaba en contra de que yo lo hiciera, porque encontraba que era solo para niñas. Cuando ella salía, yo agarraba los palillos en secreto y me ponía a tejer, cuando ella venía de vuelta, lo desarmaba y guardaba todo. Lo último que aprendí fue el telar, en una marcha que hubo en Santiago. Había una artesana en el suelo con un telar cuadrado, y yo quería un cuello que habían comprado recién y ya no estaba. Le dije que quería uno de tales y tales características y me dijo: ‘pero quédate, me demoro media hora’. Me senté al lado y le pregunté si podía mirar. Pero no solo miré, sino que memoricé todos los pasos, llegué a la casa y me compré el telar y la lana. Mi trabajo es estresante a ratos, y es algo muy distinto a esto, entonces acá me relajo, arreglo mi mundo, mi cabeza, todo”.

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