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31 octubre, 2017
orla

Mil ideas

Cajones llenos de materiales, libros, hilos, telas, colecciones varias: cucharas, timbres, mostacillas. Cinco hijos dando vueltas, los amigos, los perros y los mil proyectos que Maureen Chadwick empieza, termina o deja a medias. Su libro No des puntada sin hilo, que lanza su segunda edición, es solo una muestra de lo que esta mente inquieta es capaz de hacer.

Por Alejandra Apablaza / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1238. Sábado 4 de noviembre de 2017.

“Cuando llegue la inspiración que te pille trabajando”, es la frase de Pablo Picasso que la diseñadora Maureen Chadwick hizo suya. De ahí que no para. Lo que toca lo embellece con tanta facilidad que no se da cuenta de cómo lo hace. Su casa está llena de tesoros que encuentra caminando por el Persa Bío-bío y que a nadie le parecerían dignos de comprar. Pero que ella transforma y arregla armando espacios acogedores, llenos de color y creatividad. En los años 80 fundó con una amiga, la vanguardista tienda Baux, una de las primeras boutiques de la galería Drugstore. Hizo cerámica gres en el taller Huara Huara; se fue a Inglaterra, en donde dibujó mucho. Volvió hace unos años y ahora borda y estudia carpintería, saltando de la aguja al martillo.

Sabes hacer muchas cosas, ¿por qué te has interesado en aprender tantos oficios?
Tal vez tiene que ver con que me gusta intervenir las cosas o descontextualizarlas. Me gusta darle un toque personal a todo. Si veo algo que me guste en el persa me imagino cómo y dónde puedo usarlo, lo pinto o lo transformo un poco para que se vea bonito. Bonito para mí, porque no creo en eso del buen gusto. El buen gusto es algo subjetivo. Un espacio puede tener cierta armonía y verse bien, pero es posible que otra persona lo encuentre horrible.

¿Cómo es algo bonito para ti?
Me gustan las cosas antiguas y hechas a mano. Voy mirando e imaginando espacios, texturas o colores. Probando hasta que me convenza. Me han pedido que decore casas, pero yo digo que no. Imposible. Tardaría meses en dar con la manilla perfecta para una puerta y la dejaría sin nada hasta encontrarla.

¿Tienes muchos proyectos inconclusos?
Miles. Tengo cajones y cajones con cosas que no he terminado. Cuando empiezo una idea nueva, se me atraviesa otra y así. Trato de ir terminando lo que empiezo con la voluntad de ordenarme un poco. Pero soy demasiado inquieta. Si voy a ver a una amiga termino podándole el árbol o cambiando el macetero de lugar.

¿Te gusta el jardín también?
Sí, me encanta todo lo que tenga que ver con las manos. También cocino. Mi mamá es así. Yo creo que estas cosas se imitan.

¿Y has seguido haciendo ropa?
Sí, pero solo a mis cercanos. Una vez hice un vestido de madrina. Era sencillo de terciopelo rojo, largo y con suficiente ruedo como para que se viera bonito al bailar. Ella se veía espectacular. Lo hago para que no se me olvide que alguna vez tuve una tienda de ropa.

¿Por qué estás aprendiendo carpintería?
Empecé hace poco porque intenté hacer una cuchara de madera y me corté la mano. Ahí me di cuenta de que necesitaba aprender a utilizar las herramientas. Ha sido muy rico aprender, además, voy con mi hijo mayor.

¿Cómo te acercaste al bordado?
Cuando volví de Inglaterra sentí que mis dibujos estaban muy estancados en sus croqueras. Yo dibujo libremente, no tengo el lenguaje de la ilustración. Me daba vueltas qué podía hacer con ellos. Hasta que se me ocurrió empezar a bordarlos. Me metí al taller Rococó con la Carolina Gana, ella es seca, sabe todas las técnicas y estilos.

El bordado es una técnica que se trabaja con cuidado, lentamente. Con tanta energía, ¿cómo te sientes en el reposo del bordado?
Es exquisito. Me calma. Es totalmente terapéutico. Lo llevo en la cartera y si me toca esperar en algún lado lo saco y bordo. Claro que trato de tener un buen rato para bordar. No creo en eso del bordado exprés o esos talleres de un par de horas. Me parece que hay cierta liviandad en cómo se enfocan. El bordado requiere de concentración y técnica. Yo necesito un par de horas por lo menos para empezar a bordar algo. Recién ahí siento que el tema fluye.

¿Qué opinión tienes de la cantidad de talleres de manualidades que se ofrecen hoy?
Creo que hay de todo y me parece súper bueno que se valore más el aprender oficios. Hace unos 15 años, nadie hacía talleres, no había una manera de enseñar. Uno iba a mirar cómo trabajaba la bordadora o el artista. Pero también me pregunto cuánto realmente saben de la técnica los que hacen las clases. Si realmente la han estudiado o fueron a un taller de fin de semana y al siguiente ya están haciendo las clases.

La primera edición del libro No des puntada sin hilo, fue un éxito, ¿cómo viene la segunda edición?
Quisimos incluir más bordados: a los que ya habían, les sumé 17. En algunos, las imágenes son más literales, pero a otros tuve que darles varias vueltas porque eran más complejos de interpretar. Quedé feliz con el resultado. En esta edición la tapa está impresa en tela. Parece como si estuviera bordada de verdad.

La segunda edición del libro de refranes bordados No des puntada sin hilo, tiene 17 refranes más que la primera y tapas en tela. Está a la venta en Filsa 2017 y disponible a través de www.amanuta.cl

Paso a Paso:
Mandala de colgantes

Materiales:

-Colgantes y mostacillas (pueden ser mostacillas de collares cortados o aros sin el par)
-Terciopelo negro u otra tela
-Hilo perlé negro y rojo
-Aguja
-Bastidor
-Tijeras

1. Comenzar armando el mandala desde el centro hacia afuera. Colocando figuras en los 4 ejes de manera que parezca un reflejo. Cuando el diseño esté listo tomar una foto y desarmar.

2. Hacer un punto en la figura central para fijarla. Luego fijar las de los 4 ejes utilizando los puntos que más gusten (nudo francés o siembra, por ejemplo). Continuar siguiendo el diseño de la foto. Siempre del centro hacia afuera.

3. Al terminar sacar del bastidor para coser como parche en una chaqueta o bolso.

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