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2 noviembre, 2016
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Milena Vodanovic: la aventura creativa

No había dibujado antes, comenzó a los 52 años y ahora lanza La vida a mano, un libro con ilustraciones para colorear hechas por ella e instrucciones para llevarlas a otros soportes: bordado, estampado en papel y estampado en tela. “Todos merecemos esta magia”, dice la periodista, que ha estado explorando en la creatividad desde que hace un año y medio dejó la dirección de revista Paula. El libro es una invitación a darse un tiempo personal y perder el miedo a la expresión visual y a hacer cosas con las manos..

Por Carola Solari / Fotografía: Alejandro Araya y Pin Campaña / Producción: Paulina Wiegand


Paula 1212. Sábado 05 de noviembre de 2016.

“No desatiendas tus anhelos”. La frase aparece en una de las ilustraciones para colorear del libro La Vida a Mano, que luego es llevada a un bordado, donde figura escrita con hilo morado en torno a un corazón rojo rodeado de flores. Puede leerse como un guiño al mantra personal que ha estado repitiendo en los últimos meses Milena Vodanovic, periodista, ex directora de revista Paula y autora de este libro: no dejar de lado aquello con lo que profundamente soñamos.
La vida a mano es una edición bonita, llena de detalles. Contiene 30 dibujos, así como ideas e instrucciones para hacer proyectos con ellos: estampar paños de cocina o bordar un vestido de niña. Con fotografías de Pin Campaña, incluye también una introducción inspiradora: un relato en el que Milena cuenta cómo a los 52 años decidió darse permiso para alejarse del periodismo, donde ejercía una posición de liderazgo, y hacer algo distinto. En marzo de 2015 renunció a Paula, revista en la que trabajó por dos décadas y que dirigió durante nueve años.
“Después de 30 años de ejercicio profesional ininterrumpido, tenía curiosidad por saber quién era yo fuera de ese espacio en que me había desenvuelto con bastante soltura. Quería saber qué aparecía si soltaba aquello en lo que había sido fuerte”, cuenta.
Y se lanzó. Partió detrás de sus anhelos desatendidos: el silencio, la concentración al modelar en su taller una pieza de cerámica. O la contemplación cuando observa atenta la nariz y las patas de un conejo para representarlo en un dibujo.

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La vida a mano es una edición bonita, llena de detalles. Contiene 30 dibujos, así como ideas e instrucciones paso a paso para hacer proyectos con ellos: estampar un mantel, hacer un cuadro.

Este es un libro ilustrado por ti. Pero en la introducción cuentas que no sabías dibujar, que empezaste hace muy poco.
Sí. Tomé una vez un curso con Francisco Ramos pero duré tres clases. Siempre llegaba tarde porque el trabajo en la revista era muy demandante. Yo quería dibujar, pero estaba convencida de que era incapaz. Hasta una noche, hace dos años. Fue algo bastante sorpresivo. Estaba en la revista todavía, trabajando jornada completa. Había empezado a hacer cerámica y tomé un curso online con una ceramista norteamericana, Diana Fayt, quien hace un trabajo muy fino de dibujo bajo relieve en la arcilla. Una noche de domingo estaba frente al computador, con una copa de vino, siguiendo sus instrucciones, y ella dijo: “ustedes pueden hacer sus propios dibujos o tomar las imágenes de internet, pero en ese caso sean leales con el copyright”. Y pensé: “Qué fome que tenga que copiar las imágenes de otros”. Entonces, por primera vez, me planteé: “¿Y qué pasa si trato?”. Y me puse a dibujar un conejo, a ver cómo quedaba.

¿Cómo quedó ese primer conejo?
¡Horrible! Pero algo estaba cambiando en mi cabeza. Porque lo habitual para mí, ante ese conejo fatal, habría sido reafirmar la convicción de mi impericia y abandonar. Pero en vez de eso, pensé: “¿por qué no me está resultando?”. Y me di cuenta de que, en realidad, no sabía bien cómo era un conejo. Busqué una foto en Google y permití que mi mano siguiera al ojo. Y resultó bastante bien. Después probé con pájaros, zorros. Estuve en eso hasta las 4 de la mañana y me fui a acostar muy sobreexcitada porque hasta ese momento estaba convencida de que era incapaz de dibujar. Se me abrió un espacio totalmente nuevo. Y me dio mucha felicidad.

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“No desatiendas tus anhelos”. La frase que corona este dibujo ha sido una suerte de mantra personal de Milena en este año y medio dedicada a explorar las artes visuales y un mensaje que quiere traspasar: no dejar de lado aquello con lo que profundamente soñamos.

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Has hecho una reflexión sobre ese momento en que te diste permiso para intentar dibujar y para equivocarte. ¿A qué conclusiones llegaste?
Todos construimos mandatos interiores respecto de las propias imposibilidades y creo que se generan muy temprano en la vida. Son frases limitantes y taxativas: “Soy mala para las matemáticas”, “no sé cantar”, “bailo pésimo”. Son como jaulas que te impiden explorar en áreas en que has decretado tu inhabilidad. Si son ámbitos que no te interesan, no importa; pero el tema es qué te ocurre cuando has bloqueado aspectos creativos o de desarrollo personal que te atraen. Muchos nos autoinflingimos ese daño: decretas que aquello que anhelas, aquello que te interesa y te gusta, no lo explorarás porque no corresponde. Es feroz. Si lo piensas bien, es una coerción muy fuerte hacia uno mismo, una amputación.

¿Y por qué crees que pasa eso?
Por miedo. Por miedo al ridículo, miedo al fracaso. Por seguir los modelos de los demás. Somos una sociedad maestra en criticar al otro. Tenemos un diplomado en bullying. Si intentas hacer algo que tal vez no te resulte, donde andarás un poco a tientas al comienzo, temes mucho a la crítica de los otros; entonces te pones el parche antes de la herida y simplemente no lo haces. Mi teoría es que uno muy temprano en la vida descubre aquello en lo que uno obtiene la retribución o el aplauso de los demás y te agarras de ahí porque es tu zona de seguridad. Pero aquello en lo que te distingues no siempre es lo más genuino. Ni lo que te hace más feliz.

Tú dejaste tu zona de confort, renunciaste a ella.
Fue una decisión bien consciente de ponerme en un espacio de vulnerabilidad. Porque esa seguridad me estaba anquilosando. No me dejaba crecer. Ya no estaba aprendiendo.

Tenías más de 50 años cuando tomaste esa decisión, cambiaste de rumbo. ¿Tuvo que ver en algo la edad?
Por supuesto. A los 50 años ya no te queda el refugio del “después lo hago”. Hice un cálculo realista: con suerte voy a vivir 80 y tantos, que es la esperanza de vida. Pero después de los 70 no es muy claro cómo estaré. Así es que me quedan 20 años para hacerle caso a esa voz interior que alegaba que algo faltaba, que tenía asuntos pendientes conmigo misma. Y, bueno, también a los 50 yo tenía ahorros de una vida de trabajo, la casa pagada y una cierta sensación de misión cumplida profesionalmente. Todo eso ayuda, por cierto. Además de un marido que ha estado dispuesto a que deje de aportar económicamente, al menos por un tiempo, lo que antes entregaba. Pero no creo que para dejar espacio a los anhelos desatendidos sea indispensable hacer gestos radicales. No todos quieren ni pueden. Abrir la puerta ya es importante. Ese es un poco el propósito de este libro: que sea un compañero para que todos quienes alguna vez han querido colorear, bordar, estampar, hacer cosas con las manos, se atrevan a explorar.

“Yo había sido usuaria de libros para colorear. En una época me habían servido mucho para tranquilizarme, cuando estuve con crisis de pánico había pintado mandalas. Entonces pensé en hacer un libro así con mis dibujos, pero lo fui arropando con otras cosas: le sumé técnicas para estampar en papel, tela y bordado”.

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Detalle de cómo el dibujo del gallo fue traspasado a un timbre de goma.

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Usando tintas de colores, los timbres de ramas sirven para hacer papeles de regalo.

¿Cómo surgió la idea de hacer un libro de ilustraciones?
El año pasado estaba embalada haciendo cerámica y tuve una
cirugía inesperada: me prohibieron hacer fuerza por un mes, no podía tornear ni amasar. Así es que me puse a dibujar, un poco compulsivamente. Años atrás, cuando tuve una crisis de pánico, me había ayudado mucho colorear mandalas. Entonces, en un acto de atrevimiento, se me ocurrió llamar a Marcela Fuentealba, editora de Hueders, y plantearle que podríamos hacer un libro de dibujos coloreables. Llegué con cuatro bocetos de principiante, le gustaron, me pidió hacer más y por el camino le agregamos la introducción y el plus de que las imágenes puedan usarse como patrones en proyectos de bordado y estampado.

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Paños de cocina de algodón liso o con líneas simples, estampados con timbres de flores, gallinas y conejos. Las instrucciones para hacer los proyectos que trae el libro detallan los materiales necesarios y un paso a paso ilustrado de las instrucciones, para que sea fácil.

“No dibujas en 10 minutos. No bordas en media hora.Se requiere tiempo y concentración. Yo, que viví la adrenalina de estar haciendo mil cosas al mismo tiempo, cuando llegué a ese lugar, a hacer una sola cosa muy concentrada, me resultó muy agradable”.

En el libro invitas a la gente a hacer cosas con las manos, a crear. Dices: “todos merecemos esta magia”.
No dibujas en 10 minutos. No bordas en media hora. Se requiere tiempo y concentración. Yo, que viví la adrenalina de estar haciendo mil cosas al mismo tiempo, de sentirme súper poderosa porque contestaba mails mientras manejaba, dirigía a un equipo y estaba en mil proyectos simultáneamente, de pronto descubrí que era muy agradable hacer solo una cosa a la vez. El multitasking, que está tan sobrevalorado, implica fragmentar permanentemente la atención. Estás conectando y desconectando una y otra vez, lo que demanda un enorme gasto de energía. Por eso andamos tan cansados. En cambio, cuando haces una sola cosa dedicadamente, se producen bolsones de espacio mental. Por eso las manualidades relajan. Te calmas, se expande la creatividad, y aparecen cosas nuevas.

Lo dices en la última línea del libro…
Sí y es lo que me ha pasado: es una forma de felicidad.

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Las instrucciones para hacer los proyectos que trae el libro detallan los materiales necesarios y un paso a paso ilustrado de las instrucciones, para que sea fácil.

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