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3 mayo, 2018
orla

Lavanda

Bella, aromática, relajante, de fácil cuidado. No hay razones para no tener esta planta de origen mediterráneo en el jardín o en un rincón de la casa. Una atractiva combinación es plantarla junto con romero y tomillo. Los tres comparten los mismos requerimientos y potencian sus fragancias y colores.

Por Alejandra Vargas, directora Diplomado Manejo de Áreas Verdes Urbanas y Paisajismo. Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal UC


Paula 1250. Sábado 5 de mayo de 2018.

El ingeniero químico francés René-Maurice Gattefossé fue el primero en documentar su poder curativo. Tras la explosión en su laboratorio, en 1910, que le ocasiono severas quemaduras en un brazo, usó aceite de lavanda para regenerar tejidos con excelentes resultados. Eso lo llevó a intensificar sus estudios sobre el poder curativo de ciertas plantas y posicionarse como uno de los fundadores de la aromaterapia.

En infusiones, en tanto, su consumo prolongado es relajante y ayuda a conciliar el sueño.

Pero es especialmente por su belleza y aroma que la lavanda seduce. Su prolongada floración morada, acompañada de hojas aterciopeladas, viste de gala a cualquier jardín. Se luce cuando el viento la sacude y sus espigas bailan mientras entregan perfume. Cuando el día se torna gris y el colorido de sus flores brilla, y cuando el sol la ilumina y devela un colorido verde grisáceo que es único en el paisaje.

Y hay otro gran argumento, esta planta rústica requiere de poca mantención:

– En Santiago resiste los veranos calurosos y secos.
– Necesita de poca agua.
– Bajos requerimientos nutritivos: no es necesario fertilizar el suelo. De hecho, si se hace se puede perjudicar su floración.
– Lo más demandante es la poda de sus flores secas, ya que así se mantiene el arbusto joven y se impide que se vuelva leñoso. Si se envejece mucho, la lavanda resiste lo que se llama una “poda de rejuvenecimiento”, que consiste en reducir el arbusto hasta un 30% de su tamaño para que vuelva a tener tallos verdes que le den una apariencia herbácea. Esta agresiva intervención solo se puede realizar una o dos veces en la vida de la planta, a partir de su cuarto año.

Trivia sobre la lavanda

–   La utilización de ramitos secos se recomienda para ahuyentar insectos. Por eso se utiliza en los clósets, para evitar el ataque de las polillas, y en las habitaciones de personas alérgicas.

–   Las flores se cosechan a mano una vez que estén abiertas. Como contienen componentes alcohólicos (linalool, geraniol y borneol), se deben secar a la sombra y a una temperatura inferior a los 35 ºC. A mayor temperatura, los alcoholes se evaporan, se altera la esencia y se pierde la actividad terapéutica de la planta.

–   La infusión de lavanda es eficaz para combatir el estrés. Para ello, se hierve agua, se añade un puñado de flores y se deja en reposo por unos minutos. Se recomienda tomar dos tazas diarias después de las comidas.

–   La reina Isabel I de Inglaterra tomaba infusiones de lavanda para combatir sus migrañas.

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