¡África now!

Moda

¡África now!

Por florencia sañudo

Los estampados africanos son más que una explosión de formas y colores. Son también un poderoso instrumento de comunicación. Una muestra en Estados Unidos recorre su historia y revela el curioso secreto de su origen.

Tras haber pasado por el Fowler Museum de Los Ángeles y el Brooks Art Museum de Memphis, la muestra “African-Print Fashion Now! A Story of Taste, Globalization, and Style” se instala en el Mint Museum de Charlotte (Carolina del Norte), tercera y última etapa de su viaje itinerante por Estados Unidos. El objetivo de la exposición es mostrar los orígenes, el significado y la historia de la moda africana y los distintos universos del diseño que cohabitan en el inmenso continente: el de los trajes ‘populares’, creados por modistas y sastres en ciudades, pueblos y aldeas, hasta el de la última generación de creadores de renombre internacional (algunos de ellos con presencia en Londres o París), pasando por el estilo adoptado por los jóvenes de los centros urbanos. Pero todos tienen algo en común: los textiles de algodón estampados encerados (wax prints), conocidos en el mundo entero como ‘estampados africanos’.

Creados en Holanda, usados en África
Así como las fashionistas occidentales esperan con ansiedad las nuevas colecciones de alta costura y prêt-à-porter para descifrar las nuevas tendencias, las africanas acechan con idéntico interés cada nueva colección del fabricante de telas Vlisco. Cuatros veces por año, las jóvenes de Angola, Senegal, Ghana, Benin, Nigeria y Costa de Marfil escrutan las redes sociales de la fábrica, principal proveedora de las telas estampadas enceradas, esencia del vestir africano. Pero, curiosamente, Vlisco, la fábrica que desde 1846 produce los estampados íntimamente identificados con la tradición africana, se encuentra en Helmond, Holanda, y desde 2010 forma parte del grupo británico Actis.
En efecto, esas telas con coloridos estampados que encarnan la esencia de la elegancia y joie de vivre africanos son producidas en una anodina ciudad de 80.000 habitantes, en un país, climáticamente en las antípodas de continente africano, creadas por un equipo de diseñadores originarios de Holanda, Camerún, Nigeria, Francia, México, Polonia, Italia y Gran Bretaña, bajo la dirección artística de la holandesa Zara Atelj. La fábrica produce 70 millones de metros por año, 90% de los cuales es destinado a los países africanos.

Históricamente, la mayoría de los diseños de la usina (que cuenta con un archivo de aproximadamente 300.000 modelos) eran creados por pedido de comerciantes mayoristas africanos, respondiendo a los deseos de su clientela. Hoy en día los diseñadores encuentran su inspiración no solo en motivos africanos como paisajes, objetos alegóricos de la vida cotidiana como espejos, piñas y gallinas, o interpretaciones abstractas de arte tribal, sino también en la arquitectura contemporánea, decoraciones geométricas islámicas, música moderna o el pop art.

Pero ¿cómo llegó una fábrica holandesa a ser, desde el siglo XIX, el principal proveedor de telas estampadas enceradas de África, imponiéndose sobre otras compañías europeas en ese lucrativo comercio?

Durante la colonización de Indonesia los comerciantes y administradores holandeses conocieron y admiraron la técnica del batik. Así, ya antes de 1850, hicieron llegar a los propietarios de fábricas en Holanda muestras de telas estampadas artesanalmente en batik y comenzaron a desarrollar la maquinaria que permitió imitarlo sin necesidad de las complicadas técnicas manuales que requerían tanto tiempo y personal, haciéndolo de esta manera más asequible. Estas telas partían hacia Indonesia, pero a fines del siglo XIX, en camino, Vlisco (entonces P. Fentener van Vlissingen & Co.) vendía parte de su producción en África. Con el paso de los años los estampados y su rica paleta fueron adaptándose a los gustos de los africanos, quienes eventualmente los adoptaron y los hicieron suyos. En los años 30, los diseños de Vlisco dominaban el mercado de la región y hoy en día es el principal proveedor del continente.

Si algunos intelectuales y comentaristas sociales critican a la compañía y sus productos que no consideran auténticamente africanos, la gran mayoría de los diseñadores locales -como Ken Taoré, Alexis Temomalin, Ituen Basi, Lisa Folwaiyo o Kyemmah McEntyre, entre otros- eligen sus telas para sus colecciones por la suavidad de su textura, resistencia, firmeza de sus teñidos y vitalidad de sus colores. En África, las telas estampadas se usan para confeccionar ropa tanto para ocasiones especiales como para uso diario, y no es inusual que, una vez distribuidas en el mercado africano surjan las imitaciones producidas en China, más baratas. Asimismo, Vlisco produce algunas marcas de telas localmente -GTP y Woodin en Ghana y Uniwax en Costa de Marfil- que si bien no alcanzan la calidad de las holandesas ofrecen una opción muy popular.

El mensaje escondido
En todo caso, el paño africano comunica todo tipo de mensajes sociales. Una persona que lleva un cierto estampado no solo indica sus preferencias estéticas y estilo personal sino también puede sugerir riqueza y estatus, región de proveniencia y herencia cultural. En un nivel más funcional, los estampados africanos se usan en uniformes escolares y de oficinas, en funciones familiares como bodas y funerales, en manifestaciones políticas o aun en eventos exclusivos.

En los últimos veinte años hubo grandes cambios en la moda africana: a diferencia de la vestimenta en Occidente, que se obtiene de los percheros de tiendas reales o virtuales, los africanos tienen un muy fácil acceso a la ropa a medida y los clientes tras seleccionar el modelo en una revista o una página de internet, suelen elegir una tela y encargar la confección de la prenda a modistas o sastres. La rapidez del proceso es el origen de una suerte de fast fashion a la africana. Pero siempre, a pesar de las diferencias de estilo, costo y calidad, el hilo conductor de su vestimenta son, indudablemente, las telas estampadas.

Nelson Mandela, creado con ocasión de su liberación en 1990

Con el tiempo los diseños se fueron adaptando a la vida moderna y representan acontecimientos internacionales, celebridades, tecnología (hay un estampado de computadoras) y personajes políticos como Nelson Mandela o la reina Isabel. Hasta la cartera de Michelle Obama recibió su tributo. El mensaje que transmiten a veces es oculto, otras manifiesto y en ocasiones cambia: el motivo de los ventiladores, símbolo de modernidad y privilegio en los 80 perdió parte de estatus con la llegada del aire acondicionado. O el motivo ‘ABC’, que fue creado en 1920 para los misioneros católicos que pidieron un estampado con el alfabeto para enseñarlo, hoy sugiere que quien lo lleva es una persona que recibió educación y que merece confianza (por eso es un gran favorito de los políticos).

En todo caso, cuando salen de la usina de Helmond las telas enceradas tienen como nombre un banal número de serie. Una vez en el mercado se convierten en “El ojo de mi rival”, “El collar de Teresa”, “Si tu sales yo salgo”, “Marido capaz”, “El caracol sale de su caparazón” o “Querido no te vayas”, para citar algunos. En 2014, una tela azul con lunares blancos lanzada en 2014, y que obtuvo un enorme éxito, fue rápidamente bautizada “Paracetamol”.

La cartera de Michelle Obama, 2008.

Mint Museum, Charlotte, NC (USA), del 5/10/18 al 28/4/19.

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