El derecho de vestirse a la moda

Moda

El derecho de vestirse a la moda

Por Guillermina Altomonte

Si hasta hace poco las mujeres mayores debían usar prendas lo menos llamativas posible, hoy muchas se visten con diseños vanguardistas y tacos altos. La socióloga inglesa Julia Twigg, pionera en estudiar el rol que juega la ropa en la definición de vejez, publicó hace poco un libro al respecto y cuenta aquí de qué se trata esta histórica transformación.

Paula 1128. Sábado 17 de agosto 2013.

Si hasta hace poco las mujeres mayores debían usar prendas lo menos llamativas posible, hoy muchas se visten con diseños vanguardistas y tacos altos. La socióloga inglesa Julia Twigg, pionera en estudiar el rol que juega la ropa en la definición de vejez, publicó hace poco un libro al respecto y cuenta aquí de qué se trata esta histórica transformación.

La ropa es una forma fundamental de construir nuestra identidad: la interfaz entre nuestro cuerpo y cómo lo presentamos ante la sociedad. Ese es el punto de partida para el trabajo de Julia Twigg, profesora de Sociología de la Universidad de Kent, en Inglaterra, quien en su recién publicado libro Fashion and age mira de cerca el significado de las reglas tradicionalmente impuestas a las mujeres mayores a la hora de vestirse. Cuellos altos, escotes cerrados, faldas largas, colores neutros, mucho beige. Jamás marcar la cintura ni mostrar los hombros ya caídos. En definitiva, la mujer vieja es excluida de los vaivenes de la moda porque se considera que su cuerpo no es digno de ser realzado, de llamar la atención ni evocar sensualidad. Debe ser disimulado.

Pero las cosas están cambiando. Lo más llamativo, según la investigación de Twigg (que se basó en un exhaustivo trabajo de archivo y entrevistas a mujeres mayores, editoras de revistas de moda y diseñadores de alta costura), es la tendencia de abandonar la ropa que estigmatiza a una mujer como vieja y defender el derecho de vestirse a la moda. No es un capricho: que una mujer de 70 use zapatos Manolo Blahnik es una forma de empoderamiento y resistencia a la marginalización de los privilegios que gozan las personas jóvenes.

“Una nueva etapa cultural se está desarrollando en la vejez”, explica la socióloga a Paula. “Más mujeres mayores tienen mayor poder adquisitivo, porque son de generaciones que trabajaron, que crecieron en la cultura joven de los años 60. Viajan, se divierten y, sobre todo, consumen. El consumo ha hecho que la gente vieja se aleje de las normas de cómo debieran vestirse. Y no solo para las personas más ricas: uno de los cambios más radicales de los últimos diez años es la irrupción de ropa muy, muy barata. Eso significa que la mayoría de las mujeres viejas pueden consumirla”.

A esto se suma que la industria de la moda ya no promociona colecciones distintas según el público etáreo al que apunte: se espera que viejas y jóvenes elijan su estilo en base a su gusto e identidad, y no a sus años.
Pero aunque estos cambios sugieren que se están disolviendo las fronteras que separaban tajantemente a los viejos de los demás grupos, también aparecen nuevas reglas. “Hay un nuevo requisito para la gente vieja: que se vea joven”, concluye Julia Twigg. “Ahora se espera que las mujeres mayores se vean a la moda. Entonces tenemos una paradoja: envejecer con éxito significa envejecer sin parecer de tu edad”.

“Más mujeres mayores tienen mayor poder adquisitivo, porque son de generaciones que trabajaron, que crecieron en la cultura joven de los años 60. Viajan, se divierten y, sobre todo, consumen. El consumo ha hecho que la gente vieja se aleje de las normas de cómo debieran vestirse”, explica la socióloga Julia Twigg, quien también plantea en su libro una compleja paradoja: “envejecer con éxito significa envejecer sin parecer de tu edad”.

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