Frida Kahlo por Frida Kahlo

Moda

Frida Kahlo por Frida Kahlo

Por Pía Montalva

El 16 de junio se inauguró en el Victoria & Albert Museum de Londres la exposición Frida Kahlo Making Her Self Up, una muestra de indumentaria y otros objetos significativos de una inédita construcción identitaria.

“Ninguna parte de mi cuerpo es perfecta, y la parte derecha mucho menos. Y cuando camino es peor”. Con estas palabras, hacia 1950, Frida Kahlo intentaba explicar a su amiga, la sicóloga Olga Campos, cómo se sentía respecto a su propio cuerpo. La declaración revela una faceta que, si bien no resulta del todo desconocida porque aparece significada en algunas de sus obras, resulta contradictoria con la imagen glamorosa de Kahlo como ícono de la moda y producto comercial. ¿Cómo llega Frida Kahlo a elaborar, sirviéndose de la indumentaria, una inédita construcción autobiográfica? ¿Cuáles son los elementos claves de su vestimenta cuyas peculiaridades contribuirán a situarla como referente ineludible en el imaginario colectivo mexicano y occidental? ¿Por qué decide vestirse al margen de las tendencias de la época?

Las claves parecen alojarse en tres elementos: los graves problemas de salud ligados a una poliomelitis temprana y a un accidente de autobús cuyos efectos le provocan daños irreparables en la pierna derecha y la columna vertebral, respectivamente; la necesidad de generar nuevos focos de atención corporales escamoteando los defectos físicos y potenciando la totalidad de su apariencia, y el descubrimiento de ropas, accesorios y cosméticos como materiales artísticos con múltiples posibilidades expresivas y del potencial del cuerpo como soporte.

Frida Kahlo nace el 6 de julio de 1907 en Coyoacán. Alrededor de los siete años se enferma de poliomielitis. Las secuelas se dejan sentir. La pierna derecha deviene en más delgada y corta que la izquierda y el pie ladeado hacia afuera. Frida desarrolla un “complejo terrible” y para ocultar su defecto físico y engrosar las pantorrillas decide utilizar calcetines muy gruesos, hasta las rodillas, emplazados sobre los vendajes. Los zapatos ortopédicos que lleva para sostener adecuadamente el pie lesionado causan la burla de sus compañeros, quienes la apodan “Frida la coja” o “Frida pata de palo”. Más adelante, durante la preparación de la representación teatral El pájaro azul, de Maurice Maeterlik, donde debe participar obligatoriamente ya que se trata de una actividad escolar, Frida escucha una conversación que tiene lugar entre dos profesoras. El relato le proporciona también algunos recursos que serán determinantes en el futuro. Una de las maestras sugiere vestirla ocultando su pierna defectuosa. Le proporcionan una falda larga y un blusón bordado, similar a los que portan las mujeres indígenas, y elaboran una especie de mono con sus trenzas.

Mucho se ha especulado sobre la opción de Frida Kahlo por la indumentaria tradicional mexicana. Cirse Henestrosa, curadora de la muestra Las apariencias engañan, los vestidos de Frida Kahlo, inaugurada en 2012 en el Museo Frida Kahlo de Coyoacán, discute la idea, ampliamente difundida, de que la artista habría optado por trajes de tehuana para complacer a Diego Rivera. Explica que existen registros fotográficos que muestran a la madre de Frida y a otras mujeres de la familia ataviadas de este modo, mucho antes de la irrupción de Rivera en sus vidas.

A la afirmación anterior habría que agregar algunos datos aportados por la misma Frida, quien narra a Olga Campos su fascinación por la indumentaria de Flora, una robusta campesina que se desempeña como cocinera en la casa familiar: “Adoraba como se vestía. Sus faldas y sus blusas estaban bordadas con gruesos motivos. En las tardes bordaba para mí una blusa con perlas de vidrio”. Es altamente probable también que este tipo de indumentaria, más holgada, liviana y funcional que la que dictaba la moda de la época, haya resultado mucho más afín a las limitaciones corporales de la artista y su deseo de reinventarlas. El empleo sistemático de corsés de cuero o yeso -usó un total de 24 a lo largo de su vida-, los largos períodos que permanece en cama, el asedio constante de los dolores físicos y la obsesión por su imagen corporal no parecen compatibles con las exigencias impuestas por los estilos garçonne, sirena, militar y new look que cruzan el período comprendido entre la adolescencia de Frida y su muerte, ocurrida en 1954, a los 47 años. El primero promueve las faldas cortas destacando las piernas. El segundo revela las curvas naturales del cuerpo, particularmente las caderas y las espaldas descubiertas. El estilo militar, inventado por los países imperialistas, resulta incongruente con sus arraigadas convicciones marxistas. Las rígidas líneas del new look requieren estructuras interiores (fajas, corsés y enaguas) para configurarse adecuadamente. Y Kahlo lidia con ellas a diario para mantener en pie su frágil organismo.

El guardarropas de Kahlo se compone de piezas provenientes de distintas regiones de México y otras intervenidas o creadas por ella misma. Confeccionadas en finas telas francesas y bordadas a mano o a máquina con hilos de algodón o seda, conservan el estilo indígena que la artista cultiva a partir de su accidente. Habitualmente, Frida lleva enaguas blancas almidonadas sobre las cuales agrega faldas hasta el suelo, a rayas o cuadros, confeccionadas con algodón de Cambaya. Originarias de Michoacán, son tejidas artesanalmente a la usanza española del siglo XVI. Las complementa con blusas tehuana adornadas con encajes y bordados hechos a mano y chales tejidos a croché. Por el contrario, en ocasiones especiales reemplaza dicha indumentaria por otra más colorida y lujosa. Magníficas faldas ampliamente decoradas con un holán -especie de volante plegado blanco, ubicado en el bajo donde destacan diferentes labores ejecutadas en el mismo tono-, coloridos huipiles de terciopelo o seda bordados o largas túnicas de algodón de Oaxaca.

La preocupación por la apariencia se extiende al rostro. Como avezada pintora, Frida maneja a la perfección los secretos del maquillaje. Dedica un tiempo importante a esta práctica porque le interesa crear un efecto en extremo natural. Emplea polvos de arroz Coty, colorete Clear Red de Revlon y productos Talika para enfatizar cejas y pestañas. En boca y uñas lleva rojos intensos. Su labial favorito es el denominado Everything’s Rosy de Revlon. Prefiere una loción Thrusay para las manos y unas gotas de perfume Schiaparelli. Para estructurar su característico peinado divide el cabello por la mitad y arma dos trenzas enredando cintas y hebras de lana de diferentes colores. Mientras permanece en casa las deja colgando por la espalda, pero fuera de ella o cuando recibe a sus invitados las acomoda hacia arriba y corona con un arreglo de cintas, flores y peines decorados con falsos diamantes. Un conjunto de accesorios de referencia autóctona contribuyen a potenciar la construcción de apariencia. Revela su gusto por las joyas: aros de plata de tamaño mediano en forma de argollas y otros enormes de oro; cadenas de origen guatemalteco, mezcladas con perlas y figuras precolombinas para las fiestas; y una mezcla de anillos de oro y plata en los dedos.

Doscientos son los objetos seleccionados por el Victoria & Albert Museum para la muestra Frida Kahlo: Making Her Self Up. El conjunto, perteneciente al Museo Frida Kahlo, incluye ropa, accesorios, productos cosméticos, artefactos ortopédicos, medicinas, cartas y fotografías. A la emblemática vestimenta, ampliamente conocida por las innumerables fotografías que la inmortalizaron en vida y por los autorretratos que ella misma creó, se suman correctores corporales asociados a sus limitaciones físicas. En los corsés pintados a mano proliferan simbologías religiosas y comunistas. La prótesis de su pierna derecha aparece recubierta por una atractiva bota roja de cuero acordonada, ornamentada con cascabeles y dragones chinos. Constituye una de las piezas más sorprendentes de la exposición y revela, quizá como ninguna otra, las distintas facetas de una personalidad fascinante, idéntica a sí misma.

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