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9 febrero, 2017
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Jackie y su estrecha (y dramática) relación con la moda

El próximo 16 de febrero se estrena Jackie, protagonizada por Natalie Portman. En los premios Oscar de fines de febrero, la película de Pablo Larraín competirá por la estatuilla a Mejor Actriz Principal, Mejor Banda Sonora Original y Mejor Diseño de Vestuario. En el relato dramático, que se concentra en la desolación de la primera dama norteamericana tras la muerte de Kennedy, la ropa tiene un lugar determinante. Mientras el famoso traje rosa Chanel que Jackie usó el día del asesinato representa su determinación, una escena con varios cambios de vestuario, alcohol y cigarrillos llevan al espectador a sumergirse en su angustia. Aquí, 9 hitos para entender el vestir Jacqueline Lee Bouvier.

Por Alejandra Cuevas


Paula 1219. Sábado 11 de febrero de 2017.

La cuna de su sensibilidad de moda: nació en Nueva York, en 1929, hija mayor de la socialité Janet Norton Lee y del corredor de bolsa John Vernou Bouvier III, particularmente galante y preocupado de su apariencia: hombre de ejercicio diario en el gimnasio de su departamento en Park Avenue, bronceado todo el año (tenia cama de luz) y de ropa hecha a la medida, incluidas impecables camisas Brooks Brothers. Jackie, se cuenta, admiraba la astucia de su padre para captar la atención a través de su estilo. Su madre, en tanto, fijó su atención en educarla como una perfecta mujer norteamericana, experta en los códigos y modales de la elite: etiqueta, “buen vestir”, francés, interés por las artes. Fue la madre, de hecho, determinante en la elección del vestido de novia que Jackie usó en su matrimonio con John Kennedy .

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La marca de París: a los 20 años llegó a París para estudiar bachillerato en la Universidad de Sorbona. Tiempos de libros y museos, pero también para ir a fiestas y reuniones en el Ritz y fines de semana en algún castillo fuera de la ciudad, actividades que potenciaron su estatus de socialité. Fue en París que afinó su criterio de moda. Posguerra, Francia no tenía competencia en esos asuntos y el new look de Christian Dior estaba en su apogeo. En Francia Jackie vistió de Chanel, Balenciaga, Yves Saint Laurent, Givenchy y Dior, experiencia que repetiría a lo largo de su vida.

El vestido de novia: fue creado por la diseñadora afroamericana Ann Lowe, quien a mediados del siglo XX fue definida como “el secreto mejor guardado de la élite norteamericana”, responsable de los trajes de las familias Rockefeller, Dupont y Auchincloss (familia del padrastro de Jackie). Lowe usó 45 metros de tafetán de seda color marfil en el traje nupcial de Jackie. Actualmente, una selección de sus diseños pueden verse en el The Fashion Institute of Technology, de Nueva York, como parte de la muestra Black Designers, que estará abierta al público hasta mayo de este año. www.fitnyc.edu/museum

 

El diseñador personal de Jackie, Olag Cassini, aseguraba que su estilo diplomático de Jackie era una extensión natural de su capacidad para hacer siempre lo correcto en el momento correcto.

El factor Vreeland: mientras JF Kennedy trabajaba en su campaña para llegar a la presidencia, Jackie recibió no pocas críticas que apuntaban a su predilección por los diseñadores franceses por sobre los norteamericanos. Ante eso, pidió, mediante una carta, ayuda a Diane Vreeland, entonces editora de Harper’s Bazaar, a quien conocía hace años y responsable de que fuera Richard Avedon quien la fotografiara en su “debut en sociedad”, en 1947. “Debo comenzar a comprar ropa americana y se debe saber dónde la compro. Ha habido varias historias acerca de mí adquiriendo ropa en París, mientras que la señora Nixon pasa la suya por la máquina de coser. Y, por favor, recuerda, me gusta la ropa muy sencilla y odio los estampados”, decía parte del texto. Vreeland se convirtió en su asesora de estilo y quien la contactó con el diseñador norteamericano Oleg Cassini. Pero, además, fue quien la llevó a las páginas de Harper, fotografiada junto a su marido e hijos. Una exitosa sociedad editora-primera dama, alianza similar a la de Anna Wintour, de Vogue, y Michelle Obama.

El diseñador: Oleg Cassini (foto izquierda) era un reconocido diseñador de Hollywood cuando comenzó a trabajar con Jackie. Su misión fue, según sus propias palabras, “convertirla en una estrella de cine”, vistiéndola como “una reina americana”. Ideó un estilo que reflejara su estatus y, a la vez, su personalidad vibrante y juvenil. Mamie Eisenhower dejaba la Casa Blanca con más de 60 años y abria espacio para la modernidad de Jackie, de 31. Eran los 60 y la moda (minifalda, bikini, los pelos de Vidal Sasson) mutaba hacia una sensibilidad menos tradicional y más joven. “Se presentó con un pequeño traje beige y con un pequeño sombrero beige, se veía tan linda y juvenil. Las otras mujeres junto a ella parecían osos en sus abrigos de pieles”, describió Cassini, quien fue nombrado “secretario de estilo” en 1961 y durante los casi tres años en que Jackie estuvo en la Casa Blanca creó cerca de 300 trajes, la mayoría diseños exclusivos, y algunas reinterpretaciones de modelos franceses. Ella solía presentarle bocetos o recortes de revistas para aportar en el proceso creativo. Los diseños de Cassini fueron símbolo de una época: vestidos de línea A, chaquetas “boxy” y abrigos trapecio.

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Clóset diplomático: en actividades oficiales, Jackie usaba trajes de cortes sencillos y colores sólidos. En galas y celebraciones nocturnas se atrevía a mostrar los hombros y lucir colores inesperados, como el rosa, o combinaciones audaces como negro, amarillo y blanco. No le importaba repetir un vestido y las joyas de su colección personal siempre eran discretas. Durante los viajes presidenciales manejó su clóset de manera impecable. En su visita a India optó por el recato con un vestido de seda zibeline color damasco (foto) que se convirtió en un clásico. En una visita a Francia usó solo trajes de Cassini hasta que en la gala del Palacio de Versalles optó por un modelo de Givenchy, honrando a los franceses a través de su cultura de moda. Lo mismo en España, donde se le vio con mantillas y sombreros tipo “bolero”. Cassini aseguraba que el estilo diplomático de Jackie era una extensión natural de su capacidad para hacer siempre lo correcto en el momento correcto. Su estrategia ha sido replicada por incontables mujeres de alto perfil como la duquesa de Cambridge y Michelle Obama.

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Post política: como primera dama se le vio en varias ocasiones usando pantalones capri y suéteres de cachemira, pero no fue hasta después de la muerte de Kennedy que su estilo se volcó hacia un look más sencillo, en el que predominaban pantalones, chaquetas de solapa ancha, polleras largas y pañuelos de seda para cubrir su pelo. Chanel, Dior y Cassini salieron de escena para dejar entrar a Hermès, Halston y Valentino, con quien, además, sostuvo una estrecha amistad. En los 70, ya casada con Aristóteles Onassis, supo protegerse de los paparazzi detrás de grandes anteojos negros, otra de sus piezas icónicas. Fue fotografiada en varias ocasiones caminando descalza durante vacaciones en Capri, paseando por Roma o en la isla Skorpio, lo que potenció la idea de “elegancia sin esfuerzo” (el famoso effortless, que suena tanto hoy) que representaba. Otro infaltable: el bolso Gucci, bautizado como el “Jackie Bag”. Tras la muerte de su segundo marido, en 1975, Jackie dejó Europa y volvió a Nueva York para trabajar como editora. Primero en Viking Press y luego en la editorial DoubleDay (antes de llegar a la Casa Blanca le habían ofrecido ser editora de Vogue). Su clóset de mujer trabajadora estaba lleno de poleras sencillas, pantalones ajustados y delicados vestidos de Valentino. Durante los 80 su sociedad con Carolina Herrera fue tan exitosa como las anteriores relaciones que había sostenido con otros diseñadores.

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Ese dramático traje rosado: “Estarán todas esas republicanas ricas con sus pulseras de diamantes y sus abrigos de visón. Tú tienes que estar tan maravillosa como ellas, pero sencilla. Enséñales lo que es el verdadero estilo”. Estas habrían sido las palabras del propio JF Kennedy a su mujer, horas antes del fatídico 22 de noviembre de 1963, según cuenta William Manchester en su libro Muerte de un presidente. El traje rosa con solapas azules, un Chanel otoño-invierno 1961/62, fue confeccionado para ella en el taller neoyorquino Chez Ninon. Con el mismo, pero salpicado de sangre, como recrea la película de Pablo Larraín, Jackie regresó a Washington un día después, con su marido muerto. Nuevamente, Jackie usó la ropa para comunicar, esta vez y a pesar de la recomendación de su asesora, su tragedia. En su libro Jackie Style, la experta en moda Pamela Keogh explica que “a pesar de simbolizar un momento lleno de tristeza en el pasado de nuestra nación, el traje rosa también muestra su estoicismo”. En 2003, su hija Caroline lo donó al Archivo Nacional de Estados Unidos, donde se encuentra actualmente bajo custodia en una habitación especial, protegido de la luz y la humedad. La única pieza faltante es el sombrero pill-box, que se habría perdido entre el hospital Parkland de Dallas y la Casa Blanca.

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Jackie, la película: la diseñadora Madeline Fontaine (Amélie, Yves Saint Laurent) fue la encargada de crear el vestuario de la película Jackie (foto arriba).  A Hollywood Reporter explicó que “teníamos cerca de 10 semanas antes de filmar para buscar referencias, investigar y crear el vestuario, que reúne cerca de 10 piezas principales y fue confeccionado a mano”. La diseñadora contó, además, que junto a su equipo tuvieron acceso a una inmensa cantidad de archivos fotográficos y grabaciones y que para la elaboración del traje rosa recibieron ayuda directa de Chanel: la casa francesa dio los botones y accesorios. Para recrear un vestido rojo de Dior (del afiche), usaron una tela muy similar a la original, que fue teñida artesanalmente hasta conseguir el tono justo. Fue replicado en rosado para las escenas en blanco y negro, ya que el rojo oscurecía mucho la imagen.

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