La electricidad de Billie Eilish

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La electricidad de Billie Eilish

Por Francisca Quirós M.

Con sólo 16 años, esta californiana ya logró situarse en los feroces rankings de la música internacional. Sus canciones, que combinan pop con electrónica suave, han sido comparadas con Lorde, James Blake e incluso Lana del Rey. Su decolorado pelo, ojos celestes y cara de estar eternamente aburrida, forman un rostro que es difícil de olvidar. Esta es Billie Eilish, la joven que, según los críticos, se debe escuchar.

De seguro la has visto en Instagram. Es allí, al fin y al cabo, donde Billie reúne a más de cuatro millones de seguidores. Sus videos y fotos -en los que se muestra con arañas saliendo de su boca, con la lengua afuera o exhibiendo su acentuado estilo tomboy- son aplaudidos al instante por miles de jóvenes y pares de la industria, que la ven como un renacer del pop actual.

Y aunque Instagram también merece reconocimiento, fue gracias a Spotify que saltó de manera casi viral a la fama. Su primer single, Ocean Eyes (2016), logró masificarse por esa plataforma y, hasta la fecha, acumula casi 100 millones de streamings, posicionándola dentro de los 100 artistas más escuchados de la aplicación.

Este súbito éxito fue el que le valió un puesto en el cartel de este año de Lollapalooza Chicago, telonear a Florence and the Machine durante su gira, formar parte de los UpNext Artists que auspicia Apple Music y ser nombrada como “la nueva esperanza del pop” en la BBC. Un conjunto de logros que la llevaron a tener su propio tour por Estados Unidos y selectas ciudades del mundo.

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ANTI-PRINCESA POP

Billie nació el 2001 en Los Angeles, California, y fue criada por padres involucrados en el universo Hollywoodense. No fue al colegio, ya que la educaron en casa, y solía asistir más de diez horas semanales a clases de danza contemporánea, antes de dañarse permanentemente una rodilla. A los 8 años, ingresó al coro para niños de Los Angeles y a los 11 ya estaba escribiendo sus propias canciones, que comenzaría a grabar tres años más tarde en un estudio profesional.

Con una voz melódica y suave, aunque a ratos un poco ronca, Billie Eilish se expresa en ritmos electro-pop que incluso rayan en lo oscuro. Y sus letras, que oscilan desde un común desamor a ponerse en los pies de un conflictuado asesino en serie, son escritas por ella misma. “No tienes que estar enamorado de alguien para escribir una canción acerca de estar enamorado. No tienes que odiar a alguien para escribir una canción acerca de odiar. No tienes que matar gente para escribir una canción acerca de matar gente. No voy a matar a nadie, así que sólo me convertiré en un personaje más”, contó a Billboard hace unos meses.

Siempre desarreglada con pantalones y poleras muy anchas, que acompaña con una expresión de indiferencia total, pareciera que a Billie no le interesa impresionar. No obstante, a simple vista no es tan así: sus shorts son Gucci, sus jardineras Chanel y sus buzos Dolce & Gabbana. Pero todos son falsos. Cada uno de los logos que exhibe en su cuenta de Instagram son prendas que Billie compra a través de la misma red, en tiendas que ella etiqueta para que sus seguidores puedan adquirirlas. Es algo así como un statement democrático, de una generación que arma sus propias reglas. En sus propias palabras: le gusta usar ropa que el resto juzgará, porque a ella no le interesa la opinión de los demás.

Eléctrica sobre los escenarios y con un estilo musical que promete exploración, Billie Eilish es, en efecto, un nuevo aire para el pop. Pero no por las razones correctas, sino porque no le interesa complacer a nadie más que a ella. Y esta reciente fama, que la sitúa en un podio en el que muchos matarían por estar, no la intimida: “A la mierda. Quieren que sea yo misma, así que eso es lo que seré”.

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