Mundo Paula

Milena Vodanovic

Por

Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

Directora revista Paula 2007-2015

De mis años en Paula lo que recuerdo con más cariño es el equipo. Un grupo de mujeres inteligentes, trabajadoras, creativas, libertarias, comprometidas. Mujeres poderosas. Trabajar juntas era desafiante y confortante. Podíamos debatir horas un enfoque, un titular, un color o una fotografía. Nos llamábamos por teléfono después de horas de trabajo, entusiasmadas, para discutir una nueva idea, un tema para la pauta o una estrategia comercial. Aunque había especialistas y responsables, todas cruzábamos todos los ámbitos: ventas, diseño, generación de nuevos proyectos editoriales o de marca. Salpicábamos también nuestras reuniones de historias personales, comentábamos nuestros problemas y nos apañábamos si hacía falta. Vivíamos una Paula integrada, nunca parcializada, siempre colaborativa y participativa, y esa involucración nos comprometía más allá de un lugar de trabajo. Paula era nuestra casa, nuestra vida, nuestra revista.

Recuerdo que llegó una vez un gerente queriendo cambiar las cosas. Le parecíamos ineficientes, demasiado parlanchinas, poco verticales. Nos resistimos. Unos años después me pidió disculpas. Dijo: “Yo pensaba que ustedes perdían el tiempo con tanta gente participando en las reuniones. Ahora me doy cuenta que ese es el secreto que hace de Paula la revista que es: todos, hasta el último eslabón de la cadena, están plenamente integramos al proyecto”.

Me doy cuenta ahora de que ese es un tipo de liderazgo muy femenino. Como nuestra habla. No somos concisas ni precisas, como los hombres. Somos abundantes. Somos efusivas. Somos incluyentes. A los hombres, a ratos, eso les asusta. O tal vez les cuesta.

Pero estoy convencida de que en el equipo radica una de las claves de la identidad de Paula, esta identidad única que se afirma sola, se impone a los cambios y persiste después de 50 años. No hay en Paula muchos estudios de mercado ni de públicos objetivos. Somos mujeres hablándoles a mujeres. Damos en el clavo porque compartimos genuinamente inquietudes e intereses con las lectoras. Las conocemos perfectamente. Ellas son las amigas con las que tomamos café, nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas.

Estuve 20 años en Paula y fui su directora por un poco más de ocho. Mi tiempo a la cabeza de la revista estuvo marcado por grandes transformaciones. Fui, de hecho, la primera directora de Copesa, conglomerado que entró a la propiedad de la revista en 2004, pero que no tomó control total del medio hasta 2007, cuando Roberto Edwards, su fundador histórico, vendió su participación. Ocurrió, de hecho, exactamente el mismo día en que me nombraron.

Integrar la revista a un holding de medios con otra cultura, metas y costumbres fue una tarea compleja. Difícil para el equipo y difícil para el producto. Paula venía de una gestión “chascona” y Copesa la tenía muy estructurada. Paula era femenina, Copesa masculina. Paula era pequeña, Copesa, enorme. Pero Copesa fue relevante para Paula: le dio apoyo, fuerza y empuje para seguir adelante y continuar vigente. En el proceso de conocernos y entenderos tuvimos momentos de gloria y otros muy duros, pero al final del día Paula consiguió integrarse al holding sin perder su carácter. Todos ganamos.

Fue una época de grandes cambios también para los medios de comunicación: la irrupción del mundo digital. Paula lanzó su web en 2007, se hizo presente luego en redes sociales y participó en la generación de contenidos de una radio, Paula, que estuvo al aire hasta hace poco de la mano del grupo Dial.

Fue una aventura embarcarnos en llevar la revista más allá del papel. Y lo hicimos también con las extensiones de marca -Mercado Paula Gourmet, Ropero Paula, ExpoLana- con las que inauguramos una nueva etapa: la revista en vivo. Me enorgullece mucho contar que estos proyectos no surgieron exclusivamente de áreas de marketing ni comerciales. Nacieron del área editorial de Paula, con el impulso inicial de Alexandra Edwards, quien en ese entonces era miembro del comité editorial de la revista. Las editoras, periodistas, diseñadores, fotógrafos estuvieron siempre involucrados en las ferias, contribuyendo a mantener la unidad de estilo y contenidos para que estas nunca dejasen de ser “Paula” y ofrecieran a los visitantes algo más que un lugar para comprar.

Tuve que enfrentar una época de mucha competencia, con la aparición de nuevas plataformas que restan lectoría a las revistas y la gran crisis de financiamiento de los medios. Sorteamos bien esas olas. Tuvimos años de agradables números azules, generamos espacios nuevos para la marca, mantuvimos alta la lectoría y ganamos muchos, muchos premios haciendo el periodismo de calidad que caracteriza a Paula.  Con una crónica de antología sobre el terremoto de 2010, La Ola Maldita, escrita por Juan Andrés Guzmán, obtuvimos el premio de premios Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado y todavía recuerdo una sesión de premios Mags en que nos llevamos  7 estatuillas, para  gran felicidad nuestra y perplejidad de los demás competidores.

En alianza con la UDP seguimos adelante con el Concurso de Cuentos Paula, hicimos cuatro libros de cocina, varias enciclopedias por fascículos de tejidos, manualidades y gastronomía, y un libro, Historias de Paula, publicado bajo el sello Catalonia-UDP, que recopila el mejor periodismo de la revista a lo largo de los años. Un legado.

Sobre todo, nos renovamos, como Paula siempre ha sabido hacer a lo largo de 50 años. Y en el proceso, creo que logramos mantener esa identidad impresionante y única que con tanta visión supieron imprimirle los fundadores, Delia y Roberto, a quienes aquí rindo homenaje y agradezco. Sin ellos, nada habría existido.

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