Bruxismo: No apriete los dientes
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4 Julio, 2012

Bruxismo: No apriete los dientes

Mareo, cansancio, jaqueca, dolor de cuello, de hombros, de espalda. Visitas al kinesiólogo, operaciones. Todo un calvario para descubrir que, tras tanto sufrimiento, se esconde una causa aparentemente insignificante: el hábito de apretar involuntariamente los dientes como si se mordiera una piedra.

Por Constanza Díaz / Fotografía: Fernando Melo / Producción: Álvaro Renner

“Durante mucho tiempo padecí de síntomas que me preocupaban bastante y que no sabía a qué se debían”, cuenta Vasty Orrtiz (54). “Me dolía la cabeza, tenía cuadros jaquecosos recurrentes y muy fuertes. El dolor era tan intenso que se irradiaba al cuello, hombros, brazos, manos e, incluso, dedos. También me mareaba mucho, sufría de náuseas y vómitos. Me acostaba con dolor y despertaba a la mañana siguiente con dolor. Mi sueño no era reparador. Amanecía muy cansada. Como si no hubiera dormido en toda la noche. Yo soy enfermera universitaria, pero aun así, con los conocimientos de medicina que tengo, estaba perdida. No sabía qué tenía. Pensé que podía ser síndrome vertiginoso. Trabajaba en una clínica y consulté a un neurólogo que tenía su consulta en el mismo lugar. Le expliqué lo que me pasaba, me hizo varios exámenes, pero no encontró nada. Después fui a un quiropráctico y a un kinesiólogo para descontracturar, ambos intentaron ayudarme, pero no lo lograron. Los síntomas seguían. Llegué a pensar que los dolores eran por la posición en la que dormía en la cama. Cambié de lugar con mi marido. Tampoco resultó. En ese tiempo manejaba un auto mecánico y hacía mucho trabajo a domicilio, pensé que, tal vez, el hacer los cambios de manera manual me producía el dolor. En definitiva, no lograba dar con la causa de lo que me pasaba y nada de lo que hacía me daba resultado. Lo único que me ayudaba para aminorar las molestias era la ingesta de analgésicos y, a veces, relajantes musculares. También comencé a tomar un ansiolítico que me recetó el neurólogo para ayudarme a dormir mejor. En esa época comencé a darme cuenta que apretaba los dientes, sobre todo cuando pasaba por momentos de tensión. Hace años atrás, consulté a un dentista y me dio un plano de relajación, pero la verdad es que nunca lo usé porque no sabía la importancia que tenía ni tampoco relacioné ese tema con los dolores que, además, en ese momento no eran tan intensos como fueron después. Nunca me explicó los síntomas que podía llegar a sentir con el bruxismo ni hizo él mayores pesquisas. Mis dientes tampoco estaban gastados como para imaginar que mi situación era severa. Jamás imaginé que las jaquecas, los mareos y los dolores eran por eso”.

“Llegué a mi actual dentista, Marcelo Sarzosa, que es especialista en cirugía maxilofacial y rehabilitación oral, porque mi hija se trataba con él, entonces le comenté lo que me pasaba.
Me diagnosticó bruxismo severo. Los dolores eran, en ese momento, insoportables. Inmediatamente comenzamos el tratamiento.  Este ha tenido distintas etapas. Pasé por tres años detratamiento dientes, de esta manera se ordenan para que exista un calce perfecto entre ellos y así proteger las articulaciones. Entremedio de eso, me realizaron una cirugía ortognática para mover la mandíbula de lugar y conseguir una mejor mordida. Esta cirugía es bien compleja y cuesta como ocho millones de pesos. Es con anestesia general y dura cinco horas. La recuperación es bastante lenta, al principio solo me pude alimentar con líquidos tomados con bombilla. Durante las primeras dos semanas no podía abrir
la boca más de un centímetro. Estuve un mes con pérdida de sensibilidad en el maxilar superior. Me recuperé de a poco con la ayuda de ejercicios que me enseñó un kinesiólogo. Después, por un mes, comí solo papillas. De a poco fui integrando una alimentación más normal, pero siempre teniendo cuidado de no comer cosas duras. Eso, hasta el día de hoy. Con respecto a mi fisonomía, no me cambió, sin embargo, la gente se da cuenta que algo me hice pero no logran captar qué. Es raro, pero me comentan que me veo más joven. La cirugía no impide que una siga bruxando, pero disminuye en gran cantidad el daño a los dientes y las articulaciones ya que te ordena el ajuste de la dentadura al morder. Yo nunca tuve los dientes chuecos ni tampoco se enchuecan al bruxar mucho, sin embargo, esta corrección quirúrgica, en mi caso, fue necesaria. Antes de practicar esta operación, me inyectaron toxina butolínica. Actualmente estoy
en la etapa de rehabilitación oral de todas mis piezas dentales. Mis muelas y dientes estaban muy gastados, así como el hueso que los sostiene. Las encías estaban retraídas. Hay que rellenar lo que falta. Poner coronas para darles forma nuevamente. Pese a todo lo que he avanzado en términos de recuperación, todavía, a veces, amanezco con dolor y sensibilidad en mis dientes.

No es tan intenso como antes, lo controlo con paracetamol. Las crisis que me vienen están relacionadas con factores externos de estrés. Cuando algo importante pasa en mi vida, bruxo más. Como por ejemplo, cuando falleció mi mamá el año pasado, tuve una crisis grande. Entreno mi mente para bruxar menos. Es un trabajo diario pero se puede. Hay tips, como mantener la boca semiabierta y apoyar la lengua en el paladar. Evito comer cosas duras tales como maní y carne. Nunca me imaginé que el apretar los dientes podría provocar tantos efectos secundarios y dolor. Lo que más me ha ayudado en este tiempo ha sido el uso del plano de relajación, ahora sé la importancia que tiene. Es como mi segundo marido. No puedo dormir sin él”.

“Tenía cuadros jaquecosos recurrentes y muy fuertes. El dolor era tan intenso que se irradiaba al cuello, hombros, brazos, manos e, incluso, dedos. También me mareaba mucho, sufría de náuseas y vómitos”. así relata Vasty Ortiz lossíntomas de su bruxismo cuando no estaba diagnosticado.

Mantener a raya el bruxismo
El bruxismo es una condición crónica, precisamente porque es una conducta involuntaria que, por más que un especialista intente controlarla, depende en última instancia del nivel de tensión del paciente. Puede haber largos períodos de mejoría en los que el paciente se siente bien y no bruxa, sin embargo, esto puede cambiar cuando se producen eventos vitales que disparan la tensión. Pero hay tratamientos que ayudan a evitar
sus fatales consecuencias.
La principal medida para aminorar los efectos del bruxismo es el uso de plano de relajación en la noche y, en algunos casos, también en el día. Este protege la estructura dentaria y aporta una base estable de mordida. Los medicamentos que usan no son recomendados a largo plazo, pero, en periodos críticos, se recurre a relajantes musculares, analgésicos, benzodiazepinas y todos los que producen un efecto sedante.
En muchas casos, como medida de emergencia durante un tratamiento, se recurre al uso de toxina butolínica , cuya marca comercial más conocida es Botox. La botulina paraliza el músculo afectado y se deja de rechinar. Sin embargo, este efecto dura solo entre cuatro a seis meses y luego la persona puede volver a apretar los dientes sin darse cuenta. En casos extremos, se somete al paciente a una cirugía ortognática para mover las bases esqueletales de la cara de modo que el impacto del bruxismo sobre las piezas dentales sea menor. Esta operación se hace cuando el daño que ha producido el bruxismo sobre la articulación de la mandíbula es severo. Lo que hace el cirujano máxilofacial es cambiar las bases esqueletales del maxilar superior y mandíbula, de modo que la actividad muscular no provoque una fuerza que perpetúe el daño. La cirugía ortognática debe ir siempre acompañada por tratamiento de ortodoncia antes y después de su realización. Si bien el tratamiento del bruxismo lo lleva a cabo el odontólogo, su manejo es muchas veces interdisciplinario siendo el kinesiólogo parte importante del proceso de mejoría del paciente, enseñándole ejercicios para relajar los músculos de la mandíbula y fisioterapia.

En casos extremos, el paciente de bruxismo debe ser sometido a una cirugía ortognática para mover las bases esqueletales de la cara, de modo que el impacto del bruxismo sobre las piezas dentales sea menor. Esta operación se hace cuando el daño sobre la articulación de la mandíbula.

Puro estrés
Se calcula que alrededor de 8 por ciento de la población adulta en el mundo, padece de bruxismo, es decir, aprieta los dientes de manera inconsciente, generalmente mientras duermen, aunque también muchos lo hacen de día. Su principal causa es el estrés y afecta, en igual medida, a hombres y mujeres y, ahora último, a niños. Este hábito comienza a manifestarse con inexplicables y recurrentes dolores de cabeza, de oídos, de los músculos de la cara y el cuello; hipersensibilidad en los dientes; mal dormir o despertar cansado; dolor al abrir la boca por las mañanas; y otras molestias. La gente, en general, consulta tarde, después de deambular por distintos especialistas buscando la raíz de sus dolores. No todos van al odontólogo una vez al año como debiera ser y, cuando van, el daño ya está hecho: hay desgaste e incluso pérdida de las piezas dentales, debilitamiento de huesos, daño en las encías y en las articulaciones que permiten
los movimientos de la mandíbula. Cuando el daño está avanzado, la persona puede llegar a tener dificultades, incluso, para abrir la boca, masticar y hablar.

Otros brouxópatas

Andrea Hoffman, conductora de radio y televisión

“Hace más de 20 años que sufro de bruxismo. Me di cuenta porque se me comenzaron a rebajar las encías. Despertaba cansada, con dolor de cabeza y el cuello muy tenso. Al principio, no sabía a qué se debía lo de las encías y los dolores. Pensé que era porque siempre he sido muy maniática con el tema de la limpieza dental. Me cepillo los dientes muchas veces al día. Con mi dentista pensamos que el cepillo era muy duro, hasta que finalmente me diagnosticó bruxismo. El plano de relajación es lo que más me ha ayudado para proteger mis dientes del desgaste cuando los aprieto. Mientras más estresada esté, más bruxo. Creo que el bruxismo se puede mitigar con pequeños cambios, como por ejemplo, tener prioridades en la vida y no hacerse problema por todo. Ser menos autoexigente y disfrutar más.

Isabel Kohon, diseñadora

“No me daba cuenta de que apretaba los dientes, hasta que un día, comiendo una manzana, me quedé con la boca inmóvil y no la pude cerrar más. Fue realmente angustiante. Llegué al dentista en estado de desesperación. Me hicieron una resonancia magnética para diagnosticar lo que tenía. Ahí se dieron cuenta que el disco que existe dentro de la articulación de las muelas se me había corrido para atrás. Me hicieron un procedimiento que se llama artrocentesis para que este disco volviera a su lugar. Si no resultaba, me iban a derivar a cirugía. Por suerte, no fue necesaria la operación. Junto con el tratamiento con el dentista, me derivaron a un kinesiólogo que me enseñó ejercicios para soltar la mandíbula y que volvieran los músculos a su estado normal. Han pasado diez años y los ejercicios aún los practico cuando amanezco con la boca tensa. Lo más importante ha sido el uso de mi placa de relajación. A veces me duermo sin ella y, cuando despierto, siento apretado los dientes. Tengo que usarla de por vida”.

Sebastián Jiménez, veterinario

“Hace cuatro años que mi dentista me diagnóstico bruxismo. Nunca me di cuenta que apretaba los dientes y que me estaba haciendo daño en mis piezas dentales. Fue mi dentista quien me señaló que tenía los dientes gastados y las encías retraídas. Me dijo que probablemente esto lo arrastro desde hace tiempo por el desgaste que presentaban mis dientes. Yo nunca me imaginé ni supe que bruxaba al dormir. Duermo con plano de relajación y también con una máquina especial para gente que hace apnea del sueño. Siento bastante mejoría desde que empecé el tratamiento, sin embargo, aún a veces despierto con los dientes adoloridos”.

*En la realización de este reportaje participaron los odontólogos:  Marcelo Sarzosa, Javier Espinoza, Homero Flores y Andrés Trujillo.

 
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