Carlos Fuentes,  poner atención en los otros
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4 Julio, 2012

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes, poner atención en los otros

Mucho se ha dicho tras la muerte de Carlos Fuentes. Pero la escritora, también mexicana, Guadalupe Nettel –quien fuera jurado del Concurso de Cuentos Paula– quiso decir algo distinto. Lejos de la imagen pomposa y grandilocuente que se tiene del escritor, Nettel lo describe como una persona profundamente humana y sensible que le enseñó la importancia de poner atención a quienes nos rodean. Descubra, en estas líneas, el lado desconocido de Carlos Fuentes.

Por Guadalupe Nettel

paula 1099, sábado 7 de julio 2012

CONOCÍ A CARLOS FUENTES EN 2001. YO ERA ESTUDIANTE DE LITERATURA EN LA CIUDAD DE PARÍS Y ESTABA LLEVANDO A CABO UNAS PRÁCTICAS EN LE MONDE DES LIVRES. EN ESA ÉPOCA ACABABA DE PUBLICAR EN FRANCIA LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ Y, EN ESPAÑA, INSTINTO DE INEZ. LIBROS QUE REPRESENTAN DOS DE SUS MEJORES FACETAS: POR UN LADO LA DEL ESCRITOR FANTÁSTICO Y, POR OTRO, LA DEL APASIONADO POR LA HISTORIA, DE LA MISMA MANERA EN QUE LO HACEN LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE Y AURA. LO ENTREVISTÉ EN UNO DE LOS SALONES DE GALLIMARD, UNA MAÑANA LLUVIOSA QUE TODAVÍA TENGO MUY PRESENTE. ERA UNA DE LAS PRIMERAS ENTREVISTAS QUE HACÍA EN MI VIDA. UNA DE LAS ANTERIORES HABÍA SIDO A NIKITA MIJALKOV QUIEN ME HABÍA TRATADO –POR DECIRLO EUFEMÍSTICAMENTE– COMO AL PERRO DE SU PERRO.
ESTABA NERVIOSA. HABÍA LEÍDO YA ALGUNOS DE SUS LIBROS IMPRESCINDIBLES Y LO ADMIRABA, MUCHO MÁS QUE AL CINEASTA RUSO. CUANDO UNO ES JOVEN Y QUIERE SER ESCRITOR, LA CERCANÍA CON LOS GRANDES AUTORES SUELE SER UNA SUERTE PERO TAMBIÉN UN PROBLEMA.

Cuando lo vi llegar, me impresionó lo apuesto que era. Me impresionaron sus manos que movía mientras hablaba y cuyos índices se habían deformado escribiendo. Me impresionó que, a pesar sus largas estancias en el extranjero, tuviera tan marcado el acento chilango. Había escuchado de él varias cosas, entre ellas su rechazo a las computadoras. Escribía a máquina, en pleno siglo XXI y usando solo esos dos dedos índices. Había escuchado también que dedicaba todas las madrugadas al trabajo literario y que tenía una gran fidelidad y deferencias para con sus traductores. Francia es un país muy estratificado. Las celebridades no suelen dirigirle, o apenas, la palabra al servicio. Recuerdo perfectamente que mientras un joven empleado de Gallimard se acercó para servirle agua, el escritor interrumpió lo que estaba diciendo para recibir y agradecer, con toda su presencia, al improvisado camarero. Casi de inmediato, me comentó acerca de Los años con Laura Díaz:

“El tema central de la novela no es precisamente la historia de México, ni siquiera la vida de un personaje, sino una cuestión moral que es el poner atención. Evoqué la historia de México del siglo XX, no un México fuera del mundo sino dentro de un mundo que yo conocí y del cual se desprenden una serie de acontecimientos como la Guerra Civil Española. En ese momento varios artistas e intelectuales llegaron a nuestro país e impregnaron a mi generación con su espíritu de libertad. En este libro me refiero también a la Segunda Guerra Mundial y al holocausto que forjaron nuestra moral, y me atrevo a decir que la del mundo. México fue un país de refugio para los judíos perseguidos por el nazismo así como para las víctimas de la persecución macartista en los Estados Unidos. El apoyo constante a los refugiados políticos durante el siglo XX determinó a México. Construí mi novela alrededor de esta exigencia: Hay que ponerles atención a los otros. Llevamos vidas mecánicas sin detenernos ni siquiera un instante para decir ‘Tú mereces mi atención y mi atención es igual a mi respeto y a mi amor’. Esto es lo que traté de decir a través de ese libro”.
No era un tema circunstancial o circunscrito a ese libro. Más adelante, a lo largo de varios años, lo escuché hablar sobre la importancia de contemplar la existencia del otro, de los que no son protagónicos, aquellos que ‘claman en la calle sin ser vistos ni oídos’. Según él, una de las funciones del escritor es ‘darles voz a los que carecen de voz’. “La historia”, me dijo aquella mañana, “no se sostiene en esas figuras sobresalientes sino en una multitud de individuos en apariencia ordinarios. En muchos de mis libros intento reconstituir las costumbres, pero también las canciones, las modas, el lenguaje y las expresiones familiares de otras épocas, expresiones que el español de México ha dejado atrás en su evolución vertiginosa”.

Con esa atención absoluta, respondió a la entrevista que duró casi una hora y algunos de cuyos fragmentos reproduzco aquí. Al final, se le notaba cansado pero tuvo la cortesía de hacerme varias preguntas sobre mis estudios y mis planes. Al final de esa mañana, mi admiración por Fuentes se vio duplicada por su personalidad generosa. Otras personas que lo conocieron durante su periodo como embajador en París me lo confirmaron: respetaba mucho los horarios de sus empleados y, sobre todo, jamás se comportaba con arrogancia. Ponerles atención a los otros, ponerles atención a la vida y a sus acontecimientos nimios, de eso se trataba.
Aunque no abundó tanto en el género, Fuentes fue un gran escritor fantástico cercano a Julio Cortázar, en el sentido de que, para él, lo fantástico constituye un aspecto más de la realidad cotidiana. Escribir sobre lo sobrenatural, como lo hizo en Aura o en Instinto de Inez implica poner un tipo de atención especial en los pliegues de la vida, en las realidades paralelas que suceden a nuestro alrededor y a las que no solemos dar crédito. Un escritor fantástico, nos dice Roger Caillois, lo es a pesar de sí mismo, es alguien que sin querer, contempla el mundo de esa forma. Él lo veía así:

“La principal función de la literatura fantástica es hacer evidente algo que está ahí y que nadie más ha visto, algo de lo que nadie se ha percatado. El ejemplo mayor es La carta robada, de Edgar Allan Poe. Para mí, esto define al género fantástico. En el caso de Instinto de Inez, el personaje ve una realidad que los otros no perciben. Inez ve algo que sería evidente si aprendiéramos a verlo. Su verdadera vida está en otra parte. Creo que eso es muy frecuente; hay momentos en la vida durante los cuales sabemos que no estamos aquí, sino en otro lado, estamos con otra gente ya sea a través de la imaginación o de los sentimientos. Toda literatura es realista, en el sentido de que añade a la realidad algo que antes no estaba ahí de manera evidente. No es que yo crea en la literatura como un reflejo de la realidad, el espejo pasado a través del camino que describe Stendhal, sino en la literatura que crea una realidad propia, de manera que la realidad no tiene más remedio que aceptarla. Que sea verídica o no, la vida de un personaje no solamente nos dice algo sobre la realidad sino que le otorga un elemento nuevo. Este aspecto de la creación literaria es fundamental. El novelista está ahí para ampliar las fronteras de la realidad, para ampliar el reino de los sentidos y de la sensibilidad”.

OTRA DE LAS POCAS COSAS QUE SABÍA DE SU VIDA PERSONAL EN AQUEL MOMENTO ERA QUE HABÍA PERDIDO A SU HIJO HACÍA APENAS UN AÑO Y QUE, JUNTO CON SILVIA LEMUS, HABÍA COMPILADO SUS POEMAS Y VARIAS DE SUS FOTOGRAFÍAS EN UN LIBRO. DOS DE MIS AMIGOS CERCANOS EN ESE MOMENTO LO HABÍAN SIDO TAMBIÉN DE ESE CHICO ENFERMO DE HEMOFILIA, CUYO TALENTO COMO FOTÓGRAFO Y SENSIBILIDAD ELOGIABAN CON FRECUENCIA. SABÍA QUE CARLOS FUENTES LLEVABA UN DUELO INUSUAL QUE CONSISTÍA EN CONFRONTAR LA TRAGEDIA DE ESA MUERTE CON UNA VITALIDAD PORTENTOSA, UN DUELO QUE ALGUNOS JUZGABAN COMO NEGACIÓN DEL DOLOR, INCLUSO COMO INDIFERENCIA. YO NO SABÍA CÓMO ABORDAR ESE TEMA Y PREFERÍ PREGUNTARLE POR LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA. ENTENDIÓ MUY BIEN EL SENTIDO DE MI PREGUNTA Y NO SOLO LA RESPONDIÓ, SINO QUE ABRIÓ EL TEMA, COMO ERA SU COSTUMBRE, A UNA CUESTIÓN UNIVERSAL:

“Le temo al olvido más que a nada en el mundo. El olvido es peor que la muerte. Comparto esa creencia muy popular en México de que todo forma parte de la vida, incluida la muerte, a condición de que las personas que se han ido no se nos olviden. De modo que para mí la cuestión de la memoria es fundamental. La memoria comienza a tener una importancia extraordinaria cuando perdemos a quienes amamos. Gracias a ella, podemos defendernos de la muerte, incorporarla a la vida y detener el paso de nuestros seres queridos. El olvido conduce a los peores crímenes. Pensemos en la historia del siglo XX: el holocausto, el Goulag han vuelto en el siglo XXI, bajo la forma de una Chechenia, de un Sarajevo, en Palestina o en el sur de Estados Unidos con el inmigrante mexicano. Parece que no hemos entendido las lecciones de la historia y entre las funciones de un escritor está el recordarlas. Al mismo tiempo, no hay ningún otro lugar para el pasado ni para el futuro sino el presente. El pasado ya no existe, lo que existe es la memoria, es la forma que toma el pasado en el presente. Lo mismo ocurre con el futuro: solo existe como deseo. Pero ambos se sitúan en el presente”.

VOLVÍ A CONVERSAR CON FUENTES EN 2008, CASI DIEZ AÑOS DESPUÉS DE ESA ENTREVISTA DURANTE UNA FIESTA EN EL JARDÍN DE SU CASA EN SAN JERÓNIMO. ERAN LOS DÍAS DEL HOMENAJE POR SUS OCHENTA AÑOS DE VIDA. ESTA CHARLA FUE MUCHO MENOS FORMAL. YO ESTABA EMBARAZADA DE MI PRIMER HIJO PERO ESA NOCHE HABÍA COMETIDO LA IMPRUDENCIA DE PONERME TACONES. CON MUCHA CORTESÍA, FUENTES ME AYUDÓ A CRUZAR POR LAS PIEDRAS Y EL CÉSPED DE SU JARDÍN. MIENTRAS LAS TROMPETAS Y LAS VOCES DE LOS MARIACHIS SONABAN A TODO VOLUMEN, ME ESTUVO HACIENDO PREGUNTAS Y CONTADO ALGUNOS RECUERDOS FELICES DE SU EXPERIENCIA COMO PADRE. ME CONMOVIÓ MUCHO SU GESTO. EN ESAS FECHAS, FUENTES NO SOLO HABÍA PERDIDO A CARLOS SINO TAMBIÉN A SU SEGUNDA HIJA, A QUIEN ENCONTRARON MUERTA EN CIRCUNSTANCIAS MUY TRÁGICAS. FUENTES NO SOLO TRATABA DE IMPEDIR QUE ESA FUTURA MADRE QUE ERA YO TROPEZARA EN EL SUELO ACCIDENTADO DE SU CASA, SINO QUE SUPERABA EL DOLOR QUE PROBABLEMENTE SEGUÍA SINTIENDO, PARA COMPARTIRME UNO O DOS DE ESOS MOMENTOS PRIVILEGIADOS CON ELLOS Y ALENTARME EN MI CAMINO VERTIGINOSO HACIA LA MATERNIDAD.

Pude haber coincidido con él una última vez en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. No sucedió por pocos días de diferencia. Nadie podía imaginar que estaba al final de su vida. En las entrevistas que le hicieron ahí hizo muchas declaraciones sobre la novela que había terminado y sobre sus proyectos literarios a largo plazo. Comentó que deseaba ser enterrado en la ciudad de París, junto a sus hijos. “Tengo un monumento muy bonito esperándome”, dijo a la prensa argentina, “se acerca el momento de ir a ocuparlo”.
Cuando una persona muere, sobre todo si se trata de alguien famoso o con mucho poder, las malas lenguas se desatan en su contra. Se buscan sus contradicciones, sus debilidades, sus defectos. Desde el pasado 15 de mayo, he leído y escuchado muchos comentarios críticos hacia Carlos Fuentes. Se cuestiona su rigor como escritor en los últimos años, su ambición –algo que en lo personal no me parece un defecto–, su desempeño como padre. Más que especular al respecto de sus intenciones y de sus sentimientos, yo he preferido quedarme con los recuerdos de su persona y de lo que de él recibí: varias páginas inolvidables y pequeños momentos de atención plena.

LLEVAMOS VIDAS MECÁNICAS SIN DETENERNOS NI SIQUIERA UN INSTANTE PARA DECIR: ‘TÚ MERECES MI ATENCIÓN Y MI ATENCIÓN ES IGUAL A MI RESPETO Y A MI AMOR’. ESTO ES LO QUE TRATÉ DE DECIR A TRAVÉS DEL LIBRO LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ”, LE DIJO CARLOS FUENTES A GUADALUPE NETTEL EN SU PRIMER ENCUENTRO.

 
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