Envejecer: eso que tanto miedo nos da
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30 Abril, 2010

Envejecer: eso que tanto miedo nos da

A los 50 años todas las mujeres se echan cremas en la cara, pero hay algunas que deciden ingresar al quirófano. ¿Qué las empuja a borrar las arrugas? ¿O por qué prefieren ir con ellas a cuestas? Tres mujeres que se sometieron a un embellecimiento de rostro y tres que lucen su edad biológica explican sus motivos.

Por Consuelo Terra / Fotografía: Rodrigo Chodil y Carolina Vargas / Producción: Francisca Lacalle / Agradecimientos: Lacoste y Paula Cahen D ’Anvers

Mariana Polanco, 55 años, ejecutiva de ventas de Iberoamérica Radios

Sin cirugía, más segura que a los 30

Cumplir 30, 40, 50… ¿Te costaron los cambios de folio?

Fue raro. Los 30 fueron una tragedia: me pillaron separada y con dos hijos chicos, con mucha responsabilidad encima. Fue atroz. Después, los 40 pasaron piola. Y los 50 los celebré.

¿Cómo te sientes a los 55 años?

Con energía, con ganas. Mis hijos están grandes, ya cumplí lo más difícil. Ahora es tiempo para mí. Estoy a punto de irme de viaje a Nueva York, aunque me dan pánico los aviones. Estoy empezando a pintar. Hace un año me compré un departamento a mi pinta, pensado para mí, Mariana sola. Por primera vez tengo la libertad de hacer lo que quiera.

¿Qué te da más lata del paso del tiempo?

Más que las arrugas o las canas, la fatalidad de que por mucho que hagas ejercicio la piel se suelta y no hay nada que hacer. Cuesta mirarte y ver que no tienes una piel de mujer joven.

¿Qué ganaste con los años?

Seguridad. Con la edad me relajé. Es raro, aunque tenga más años y más arrugas, reflejo algo que antes no tenía, quizás tranquilidad. Antes era muy cuadrada, yo era la chora y nadie se me podía acercar. Ahora la gente se me acerca, incluso hay amigas de mi hijo que me quieren presentar a sus papás. He aprendido a ser más cálida y eso sólo me lo han dado los años.

¿Te da miedo envejecer?

Atroz, le tengo pánico. No por perder la belleza sino por perder la capacidad fisica, no tener energía para hacer cosas. Yo tomo vitaminas, antioxidantes y llevo una vida sana para ser una vieja con buena salud.

Paula Maturana, 55 años, ejecutiva de ventas del Club de La Unión

“Las cremas no sirven: cirugía o bótox”

“Para mí, los 30 años, los 40, no fueron tema. Pero cumplir 50, medio siglo… Me costó asumirlo. Lo peor fueron las arrugas. El cambio fue drástico: en dos años unas arrugas enormes, profundas, me marcaron la cara, por haber tomado tanto sol sin cuidarme. Me veía más vieja de los 52 años que tenía, y eso afectaba demasiado mi autoestima. Soy ejecutiva de ventas, trabajo con público y no podís quedarte añeja, tenís que verte bien. Ahí dije ‘¡Ah, no! Junto la plata y me opero’. Hace tres años me hice un lifting. Me estiré el contorno de los ojos y los pómulos. Tenía miedo que me quedaran los ojos como de china, pero quedaron iguales, y yo rejuvenecí. Tengo las mismas líneas de mi edad, aunque no tan marcadas como antes y con eso me quité muchos años de encima. La cirugía fue una inversión. Para las mujeres es un tema envejecer y me operé la cara para enfrentarlo más dignamente. Para eso no sirven las cremas. Para mí es cirugía o bótox, nada más. Si sientes que con el paso de la edad estái arrugada, como más añeja, mejor operarse. O sea, debes hacerlo por salud mental. A todas mis amigas les digo que se operen, lesrecomiendo médicos, las acompaño a la evaluación”.

Mónica Martorell, 56 años, dueña de casa

“Mi vida se ve en mi cara”

“De repente me miro y digo ‘Por Dios que estoy vieja’. Las arrugas se han marcado y ni las cremas ni las bases las tapan. A veces me da lata, pero las acepto. Es que ¿sabes lo que pasa? Tengo una hija con discapacidad mental y auditiva, y ella me da la pauta de que la vida no se puede ir en función de las arrugas. Como tengo que gesticular mucho por mi hija, se me marcaron mucho las líneas de expresión en la boca. Por las arrugas de mis ojos me veo con cara de pena. Es por el sufrimiento de varios años por la enfermedad de mi hija. Pero he descubierto que si estoy contenta y sonrío, no se notan. Mi vida está visible en mi cara. La edad me trajo otros cambios. Yo siempre he sido hiperactiva, pero ya no. Pasaba acelerada por los niños, la casa, competir, estar regia. Ahora estoy más reposada, tranquila, sin el apuro de los 30 y los 40. Veo que el tiempo se va acortando y quiero aprovecharlo. Ya no hago cosas que me dan lata, como ir al gimnasio. Salgo a caminar, leo y me levanto temprano, porque la mañana tiene una energía especial. A esta edad aprendí, por fin, a quererme. Después de todas las vivencias, los logros, las dificultades, estoy feliz con mi vida. Soy afortunada. Tener 6 hijos, mis 4 nietos, casarme enamorada y seguir enamorada es un regalo”.

Érika Vásquez, 60 años, dueña de una empresa de transporte escolar

“Los ojos me quedaron más lindos”

Los seis mandamientos de Érika:

Irás al gimnasio: de lunes a viernes me levanto a las 6:30 y voy al gimnasio. Lo he hecho siempre, desde que tuve a mis hijos, y ahora veo los beneficios. Amarás a tu cuerpo: me da pena ver a mujeres jóvenes que no tienen ninguna actividad física y andan con los rollos colgando. Creo que no aman su cuerpo. Yo lo amo y lo cuido mucho.

Comerás frutas: puedo comer fruta hasta 5 veces al día. Me fascinan y me ayudan a tener buena piel. De repente me como un lomito, pero soy súper ordenada para las comidas.

Andarás en bicicleta: con mi marido subíamos el cerro San Cristobal hasta arriba en bicicleta hasta hace tres años.

Cuidarás tu piel: nunca me acuesto sin limpiarme la cara y echarme crema nutritiva. También tomo mucha agua. Hace 4 años me saqué en el quirófano unas bolsitas que se me caían sobre los párpados. Me quedaron los ojos más lindos y me gustó el resultado.

No usarás ropa de vieja: todavía no se me salen los rollos. A los 60, la ropa juvenil me queda bien. No me gustan los trajes oscuros, no quiero verme como la típica abuelita con moño”.

Karin Kusch, 65 años, dueña de casa

“No hay nada que hacer contra la gravedad”

“Por dentro no me siento ni vieja ni joven. Ya no tienes 40 ni 50, tienes más, pasaste a la tercera edad. Pero ves en la calle gente que está en esa etapa y dices no, yo todavía no soy de esa edad. Me siento fuerte, con energía, con ganas de hacer cosas. Hace poco mi nieta de 3 años me enseñó a usar el computador y a poner su juego. Es insólito lo que aprendo de ellos. Yo me pinto, me arreglo, miro la moda de las revistas, porque una a la edad que tenga sigue siendo mujer. La lata es que la piel se te cae por aquí, se te cae por acá y no hay nada que hacer contra la gravedad. Yo como sano y me cuido la piel, los dientes, el pelo. Si pudiera, me encantaría operarme las bolsas, pero no tengo plata”.

Gladys Opitz, 51 años, ejecutiva en atención al cliente en Entel

“Me levanté los párpados”

Gladys acaba de llegar de un viaje al Caribe y está eufórica. Se tiró en paracaídas, buceó y escaló fortalezas españolas. “De algo me sirvió hacer la elíptica estos meses”, dice, y se mata de la risa. Hace seis años no se sentía tan bien como ahora. “A los 40 años me salieron unas bolsas en los ojos que me tenían chata, me hacían ver mucho mayor. Me miraba al espejo cuando iba a trabajar y la cara se me veía cansada, vieja”, recuerda. Gladys trabaja en atención al cliente y le daba pánico ver que todos los años las compañeras de su edad eran reemplazadas por mujeres de la edad de mis hijos. “Yo ahí era la vieja. Y cuando atiendes público, es importante verte más joven”, dice Gladys. A los 47 años decidió operarse con el doctor Héctor Valdés. Le hizo un levantamiento de párpados y le estiró el contorno de los ojos para quitarle las bolsas y las arrugas propias de la edad. “Mi maridoy mis hijos me decían ‘Para qué te vas a operar, no lo necesitas’. Pero después de la operación comentaban ‘Qué increíble cómo te cambió la cara’. Me saqué años de encima y al tiro empecé a hacer ejercicios y a sacarme partido”, cuenta. En su trabajo, Gladys es la única de 50 años entre puros veinteañeros. “Estoy disfrutando los 51. Veo a mis hijos bien parados en la vida, estoy bien en el trabajo y con eso me relajo”.

El envejecimiento puede ser una etapa espectacular

Por Isabel Valdivia, ginecóloga especialista en Climaterio

El envejecimiento es la etapa de la madurez de la mujer. Un proceso evolutivo y biológico que también engrandece espiritualmente y fortalece los sentimientos y logros. He escuchado a muchos hombres decir: “Nada más atractivo y excitante que una mujer de 50 años sonriente y serena en la vida”. En Chile, al igual que en los países desarrollados, a los 50 años las mujeres están regias. Tienen la menopausia, pero se ven muy bien. En esta etapa las mujeres se convierten en la persona que quieren ser, porque son libres. Ya tuvieron a sus hijos, los educaron. Están en su mejor momento porque hacen lo que quieren. Es cierto que con la menopausia disminuyen los estrógenos y la progesterona. En el cerebro se produce una disminución de la parte cognitiva, de la memoria, y si la mujer trabaja y ha tenido una actividad intelectual importante, va a notar un cambio. En el aspecto físico, disminuye el colágeno, la piel se suelta y se arruga, aumenta la celulitis, el pelo se pone quebradizo. También se produce sequedad en las mucosas de los ojos, en la boca y, fundamentalmente, de la vagina. Una de las consecuencias importantes que traen consigo estos cambios fisiológicos es la pérdida de la autoestima, un efecto sicológico que tiene que ver con la irritabilidad y el cambio de ánimo. Y también con un factor ambiental: una mujer de 40 ó 50 años tiene un marido de 58, en el ápice de su carrera. En Chile no son muchas las mujeres de 50 que tienen un trabajo, mientras el marido llega tardísimo del trabajo y los hijos están fuera. Y ella se encuentra con la sensación de vida vacía. Por eso, para las mujeres el trabajo es un aliciente en esta etapa y hay que agarrarse de él, no de los hijos ni del marido.

Si se toma el envejecimiento como una cosa natural, las mujeres van a salir engrandecidas. Eso es espectacular, porque hay una capacidad de reflexión acerca de lo que ha sido la vida y se pueden convertir en referentes para mucha gente joven, hijas, sobrinas, que las van a ver como mujer buenamozas, activas, que se ve bien fisicamente, que se mantienen femeninas, porque toman hormonas de reemplazo, hacen ejercicio en forma rigurosa, tienen una alimentacion adecuada, no están gordas, son inteligente y capaces de conversar de cualquier tema.

Soy fanática de la terapia de reemplazo hormonal. Si no hay contraindicaciones, es la base de un ritmo de envejecimiento más lento y de una mejor calidad de vida, entendida como la capacidad de gozar con las cosas cotidianas, como la relación con los hijos, la pareja, el trabajo, los padres. Es decir, para estar en la vida motivada. En la menopausia se agudizan todas las actitudes que nos han acompañado en la vida. Las mujeres histriónicas van a ser más histriónicas. Pero la terapia hormonal ayuda mucho a compensar esto. También la parte nutricional es básica. Se deben mantener tres alimentaciones diarias hipocalóricas y abandonar lo más posible el azúcar y las grasas. El ejercicio después de los 40 años es fundamental, hay que metérselo, casi como una droga, al menos tres veces a la semana.El ejercicio aeróbico ayuda a manejar el colesterol y la resistencia a la insulina, que tienen que ver con la grasa que se acumula en la cintura.

En esta etapa es súper recomendable que las mujeres se reencuentren con sus pares, las amigas de siempre, porque están viviendo el mismo proceso y aportan una contención emocional del proceso fisiológico que es esencial: todas hablan del tema y es muy estimulante sentir a una le pasa lo mismo que a las demás.


 
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