Hola, soy tu hermano
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12 Junio, 2011

Hola, soy tu hermano

¿Está seguro que tiene sólo dos hermanos? ¿le parece tan descabellado que su marido tenga un hijo “no oficial”, escondido por ahí? Prepárese, en cualquier momento le llega un mensaje con alguna incómoda noticia. Con Facebook se acabaron los secretos familiares.

Por Daniela González / Fotografía: Alejandro Araya / Ilustración: Vicente Reyes

Marcela Serrano quiere ser tu amiga”. Nicolás Serrano (20) aceptó de inmediato la solicitud de amistad que encontró ese día de octubre de 2008, en su Facebook, aunque no tenía idea quién era la que lo contactaba. Nicolás pensó que algún grado de parentesco podía tener con esa niña, porque tenía su mismo apellido. Aunque nunca se imaginó que tanto.

“Hola Nicolás, sé que no me ubicas, pero yo soy hija de tu papá. Soy tu hermana”. Y así, con esa naturalidad, Marcela le contó un secreto que el padre de ambos había guardado bajo siete llaves y por 16 años.

“Yo realmente pensé que era una broma. Pero ella seguía insistiendo. ‘Cómo quieres que te crea’, le dije. Y ella me dijo que mi papá era tal, mi abuelo era tal, que vivíamos en tal parte. Me empezó a decir cosas que solamente yo podía saber”. Nicolás no lo podía creer. Pero por Facebook, pudo ver varias fotos de Marcela y la encontró tan parecida a una tía –hermana de su padre– que empezó a dudar en serio. Entonces imprimió esas fotografías y se fue a conversar con su abuelo, en quien confía mucho. “Él me dijo que hace muchos años le llegó el rumor pero que mi papá nunca le había dicho nada, entonces él tampoco podía creerlo. ‘Si tú tienes ganas de conversar con tu papá, yo también. A mí también me pilla de sorpresa’, me dijo mi abuelo”. Nicolás, sin embargo, optó por el silencio. Pensaba que llegaría el momento de hablarlo con su padre, de hombre a hombre, pero también tenía miedo de dañar a su madre. “Es fuerte saber que tus papás se van a separar por una noticia que solo tú sabes. O hablas y dejas la cagada o te lo guardas y quedas cagado tú. Entonces yo no sabía qué hacer. Y me lo empecé a guardar”, dice.

A Marcela la siguió teniendo como contacto y a veces chateaban. Ella solía preguntarle por la familia, por cómo eran sus abuelos, cómo era su papá. Nicolás le respondía. “Marcela trataba de saber de ese lado de la familia que no conocía. También me contó que mi papá le pagaba una pensión, pero que no se juntaba con ella. Para mí todo era muy fuerte, me costaba convencerme. Me tranquilicé, eso sí, cuando supe que no había una relación paralela, sino que había pasado hace 16 años. Pero fue muy difícil”, cuenta.

Un año y medio después, Helberts Serrano y Karen Vergara citaron a sus dos hijos (Nicolás, el mayor, y Karen, de 14 años) a una reunión familiar en el living de la casa. El papá, avergonzado, les dijo que hace 16 años él había tenido una relación muy fugaz con otra mujer y que había nacido una niña. Que tenían una hermana.

Karen, la mamá de Nicolás, se había enterado a través de una amiga de la existencia de esta nueva hija y obligó a su marido a hacerse cargo del tema y contárselo a sus hijos. Quedó estupefacta cuando escuchó a Nicolás decir que ya lo sabía hace muchísimos meses y que se había enterado por Facebook.

La familia pasó por momentos difíciles, pero se recompuso. Karen puso sus condiciones y perdonó la infidelidad. Nicolás también fue un pilar para que las cosas se resolvieran, dice. Haber conocido a su hermana por Facebook, haber visto su interés, sus intenciones, le permitió asimilar todo de mejor manera. Le dio tiempo, también, para pensar cómo lo iba a hacer cuando se destapara la verdad.

Marcela, al final, se fue integrando de a poco a la familia y hoy ya es una más. “Ella se queda a alojar en la casa, duerme en la pieza de mi hija y conversan hasta las 3 de la mañana. Se hicieron muy amigas. Yo a Marcela la quiero mucho. Ella nunca tuvo la culpa de esto”, cuenta Karen. “Después de que sucedió todo, la relación de familia cambió notablemente”, agrega Nicolás. “Mi hermana viene para acá y, es tanto, que ahora con orgullo digo que somos tres”.

Los hijos por fuera han existido siempre. Pero Facebook no. Con 600 millones de usuarios allí dentro y 25 millones sumándose cada mes, parece iluso pensar en que se puedan ocultar relaciones importantes. Desde su creación en 2004, Facebook se convirtió en una descomunal base de datos: un directorio de contactos relacionándose entre sí y buscándose, todos los días. La penetración que ha tenido esta plataforma en el país es demasiado importante: son 6,2 millones de usuarios. Según datos de la Encuesta Feedback UDP 2010, el 73% de los jóvenes chilenos está registrado en Facebook, pasan 2,3 horas al día –en promedio– metidos en el sitio y el 92% de ellos se dedica a contactar a amigos y conocidos a través de la red social.

Un estudio de la Universidad de Texas confirmó que las dos razones principales para entrar a la red social son la facilidad que se adquiere para contactarse con amigos (47%) y familiares (35%). Esa fue una de los grandes motivos de Rocío. Buscar hermanos y encontrarse con ellos sucede todo el tiempo. En Facebook hay miles de grupos, en varios idiomas, del estilo “Yo también encontré a un hermano por Facebook”, “Cómo puedo encontrar a mi mediohermano”, “Ayuda: necesito ubicar a tal persona”, “Gracias Facebook por juntarme con mi hermana perdida”. El sitio, de hecho, integró hace algo más de un año una herramienta especial para estos casos llamada Family Search (www.facebook.com/family), que ayuda a encontrar más fácilmente a personas con el mismo primer apellido del usuario.

En la red, además, abundan foros y blogs con consejos para encontrar familiares con Internet y todos recomiendan usar Facebook para ello. Como explica Francisco Kemeny, experto en redes sociales,
community manager de Telefónica y profesor del magíster en Gestión de Comunidades Digitales de la Universidad del Pacífico, “lo que hace Facebook es construir un social graph: un gráfico social que es como un motor interno que contiene un algoritmo y que permite saber qué tan cercano soy a una persona”. Así, Facebook sabe de quién uno puede ser más cercano, ya sea por contactos en común, intereses, ubicación o apellidos. Por eso, si uno busca un nombre, es más probable que aparezcan los cercanos entre este universo de 600 millones de personas.

A los nueve años, Rocío (23) supo que su papá tenía dos familias en forma paralela. Una oficial y una secreta. Ella pertenecía a la segunda. Durante la semana el padre se quedaba en su casa y el fin de semana se iba a la otra. Y esa realidad se mantiene así hasta ahora. “Yo siempre le preguntaba a mi mamá sobre mis hermanos, quería saber qué hacían, quiénes eran. Sabía que eran mucho mayores que yo y también sus nombres. Pero a mi papá no se le podía preguntar. Él no habla del tema y punto”, cuenta. La única vez que Rocío escuchó algo acerca de sus hermanos de la boca de su papá fue cuando tenía 15 años, para una Navidad. Ese día, su papá le explicó que tenía que irse a la otra casa y le mostró una foto. “Estos son tus hermanos. Y, como tú sabes, yo siempre esta fecha me voy con ellos”, le dijo. Y se fue.

Por esa misma época los otros cuatro hijos de su padre se enteraron de la existencia de Rocío. Hubo una gran crisis familiar, pero después la situación volvió a la “normalidad”: a las dos relaciones
paralelas. Roció pasó tardes enteras buscando en la guía de teléfonos los nombres de sus hermanos, anotando las direcciones y teléfonos que encontraba, recordando las caras que había visto en aquella foto, pensando qué pasaría si ella un día llegara y les dijera que era su hermana. El tema a veces le importaba mucho, hasta hacerla llorar. Otras veces lo olvidaba. Así se pasaron los años. Hasta que llegó Facebook.

Hace tres años Rocío abrió una cuenta en Facebook y tuvo un impulso inmediato de buscar a sus hermanos. “Los dos mayores tenían Facebook y sus perfiles estaban completamente abiertos. Recuerdo que revisé sus fotos. El mayor se veía extrovertido, tenía fotos en fiestas, se veía muy feliz. La que seguía tenía 40 años y estaba soltera. Se parecía mucho a mí. También me acuerdo de
tener esa sensación de que estábamos tan cerca pero tan lejos a la vez. Osea, si yo quería, podía hablarles, podía conocerlos. Estaban ahí. Pero al mismo tiempo no estaban, no podía acercarme”.

Lo que más le llamó la atención fueron las fotos familiares. Su papá siempre había sido renuente a ir a las reuniones de la familia y cuando iba, lo hacía de mala gana. De hecho, no hay fotos de él
en esas reuniones. “En cambio en los álbumes de Facebook de mis hermanos vi el cumpleaños del mayor de ellos, y estaban todos, estaba mi papá, sus hijos, su esposa. Y él se veía tan feliz”, cuenta, con los ojos llenos de lágrimas. “Eso fue súper fuerte, porque todos somos hijos de él. No porque ellos sean mayoría, ganan. Me da pena porque pienso ‘pucha, yo soy la menor, ellos también tienen Facebook pero no me quieren conocer’. Y yo tengo el derecho a conocerlos”.

Han pasado 30 años desde que el padre de Rocío se mantiene con dos familias. Ella cree que es un cobarde que nunca ha podido optar. A su mamá no la juzga, porque sabe bien que ha sufrido mucho y que tiene sus razones para haber aceptado esta situación. “Lo que más nos preocupa”, dice, “es que mi papá tiene 69 años. ¿Qué va a pasar cuando se muera? Si está con ellos, obviamente
no nos van a avisar. Y si está con nosotras ¿a quién le avisamos? No tenemos ningún teléfono, nada. ¿Acaso tendríamos que mandarles un mensaje por Facebook?”.

Ahí está”. Ángela Alegría (35) mira de lejos a su hermana. “Ahí está, ahí está, ahí está”, repite, y aprieta las manos. No le conoce ni la voz. Hace dos años ni siquiera sabía que existía y hoy es la primera vez que la ve, en el café de un mall, con galletas esperando encima de la mesa.

Cuando Ángela tenía cinco años su padre se separó de su madre, se fue de la casa y desde ahí que nunca más lo ha visto. Alguna vez escuchó que él había formado otra familia. Dice que no lo odia, pero que le hizo mucha falta. “Yo crecí pensando que a él yo no le había importado nada. Hasta que apareció Face”. Ángela dice que ama Face. Pasa, por lo menos, seis horas conectada en el día.

Según datos de Feedback UDP, el promedio de amigos que tienen los jóvenes chilenos en esta red social, es de 182. Ángela tiene 270.

Recuerda que fue en enero de 2009 cuando recibió una solicitud de amistad. Era de Juan Alegría. El padre desaparecido. “Dejé muchos días sin responder, no sabía qué decirle, si contestarle con rabia o decirle ‘hola, apareciste’. Finalmente le respondí de una manera muy distante”. Pero a la vuelta, Ángela se encontró con otra sorpresa. No era Juan el que la estaba contactando, sino Evelyn Alegría (30), su hermana, que formaba parte de la nueva familia del padre de ambas. Evelyn le dijo que su papá era el mejor del mundo y que había crecido escuchándolo hablar de Ángela. “Tú te pareces a ella”, le decía Juan.

“La idea fue de mi mamá. Cuando me hice una cuenta en Facebook, me dijo que buscara a Ángela”, dice Evelyn. Entre mensajes, actualizaciones de estado, comentarios a las fotos y chateos, comenzaron a contarse la vida entera. Ambas con el mismo padre y una visión completamente distinta de él. “Juntémonos”, le decía Evelyn. Pero Ángela no quería, se sentía presionada, le daba mucho nervio. “Evelyn, te pido que me entiendas. El padre que tú tienes es el mismo que me abandonó a mí y tengo que asimilar esto”, decía un mensaje. Pero Juan Alegría tiene otra versión. Dice que él intentó muchas veces buscarla, pero que no lo dejaron verla. “Yo de computación no entiendo nada, por eso, cuando me dijeron que Ángela estaba en Facebook no encontraba palabras. Me puse nervioso, quería llorar. Simplemente verla en fotos me emocionaba mucho. Por eso le agradezco tanto a mi hija Evelyn que haya hecho esto, siempre se lo digo”.

La cafetería sigue funcionando como cualquier tarde de martes y en medio de ella, las dos hermanas se abrazan. La voz les tirita. Tienen los mismos ojos grandes y cafés. –Me gustaría preguntarte algo, Eve. Tengo la inquietud. Tú supiste de mí toda la vida. Pero ¿qué te hace tenerme ese cariño? ¿Esa ansiedad de querer conocerme? –Cuando estaba más chica no quería conocerte, porque quería a mi papá solo para mí. Pero después fui madurando. Cuando te conocí por Facebook encontré que no eras pesada, que no tenías odio por el papá. Me gustó cómo escribías, lo que decías.

Ángela todavía no ve a su padre; quiere esperar el momento oportuno. Evelyn lo único que quiere es que se conozcan, antes de que su padre envejezca y se haga tarde. Porque, aunque Juan Alegría desapareció hace 30 años, cada vez que va a la casa de su hija Evelyn le pide que le muestre las fotos y que le cuente qué se dicen en el chat. Entonces Evelyn abre Facebook, se va a los álbumes
de Ángela y Juan se queda contemplándola. Mirando cómo su hija ha crecido sin él.

 
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