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13 Septiembre, 2012

Legado nacional

Mientras Los prisioneros coreaban la voz de los 80, nueve diseñadores le daban glamour a las animadoras de TV y socialités de entonces. Son las agujas de los ochenta, los precursores del micromundo de la alta costura criolla. Aquí, un reciclaje de sus looks, que mantienen una inusitada vigencia.

Por Bárbara Riedemann / Producción: Pablo Gálvez / Fotografía: Sebastián Utreras / Maquillaje: María José León para Dior / Pelo: Montserrat Niño / Asistente de Producción: María José Faúndez / Modelos: Bianca Hasler, Hil Hernández y Ángela Freguzzoni / Archivo: Mónica Barrientos

Corren los años 80 y Providencia es el epicentro de la moda, donde exclusivas boutiques y ateliers de renombrados diseñadores producen un prêt à porter de número limitado para asegurar originalidad. Hombreras, vuelos, mangas voluminosas, pantalones con pinzas y faldas plisadas son protagonistas en los escaparates. Los idolos populares marcan la tendencia en moda, como Lady Di y Madonna. Se acuña, por primera vez, el término top model con rostros como Elle Macpherson, Brooke Shields, Linda Evangelista y Paulina Porizkova. En Chile, el concepto también se instaura con un grupo de modelos como Josefa Isensee, Claudia Guzmán, Ana María Cummins y Ana María Vélez. Todas ellas desfilaban en verdaderos shows de moda –casi todos a beneficio de alguna fundación como Las Damas de Rojo o Cema Chile–. Allí, cada diseñador presentaba una colección en locaciones como el Casino de Viña del Mar, el Palacio Cousiño, el Hotel Crowne Plaza y el Sheraton. El Festival de Viña del Mar se instala como el referente de la moda, que se retroalimenta de los rostros que emergen del concurso Miss Paula, televisado a través del Miss Chile, el certamen de belleza más importante de la década. Es la televisión la gran vitrina para los diseñadores de alta costura, que acaparan portadas cada vez que visten a una figura. En una década tan convulsionada para Chile, con protestas y atentados, el pequeño mundo de la haute couture criolla lograba consolidarse viviendo su propia fantasía de glamour y lujo. Estos son los 80 de los grandes del diseño chileno.

Los Click

En Pedro de Valdivia estaba la tienda Click, de la dupla compuesta por el chileno Rómulo Lizana y el argentino Osvaldo Mendiburú. De cortes clásicos estilo Chanel, pero con combinaciones atrevidas –como mezclas de líneas verticales con horizontales y colores audaces–, sus diseños vestían a mujeres legendarias de la vida social ochentera, entre ellas, Julita Astaburuaga: ”Tengo prendas de ellos que tienen años y que aún uso porque combinan calidad de telas y confección, con diseños atemporales”, dice. La modelo Ana María Vélez fue musa de los diseñadores y recuerda lo glamoroso que eran sus desfiles: “A diferencia de los de hoy, que duran 15 minutos, los Click hacían shows que duraban casi dos horas. Eran 15 vestidos por modelo, ¡y éramos 20 modelos! mientras un presentador iba explicando cada atuendo”. Hoy tienen tienda en Nueva Costanera.

Modelo 1: Chaqueta, blusa y pantalón, consultar precio en tienda Click. Anillo, consultar precio en tienda Swarovski.
Modelo 2: Chaqueta, blusa y falda, consultar precio en tienda Click. Pulsera, consultar precio en tienda Claudio Mansilla.
Modelo 3: Enterito y chaqueta, consultar precio en tienda Click. Collar, consultar precio en tienda Swarovski

Luciano Brancoli

1982, Festival de Viña del Mar. Raquel Argandoña anima el certamen y destella con un atuendo árabe. 1984, la diva de la televisión contrae matrimonio con Eliseo Salazar y el vestido de novia, con hombreras y velo largo y un valor de un millón de pesos –algo impensado para la época– es el comidillo de la prensa. Detrás de esos impactantes atuendos estuvo Luciano Brancoli, siempre a la vanguardia con lo último de las pasarelas europeas. Su primer acercamiento a la moda ocurrió cuando se desempeñó como fotógrafo en revista Paula, a fines de los 60. “Ahí me interesé por los trabajos del diseñador Marco Correa y quise aventurarme en el mundo del diseño”, cuenta Brancoli, quien estudió Arquitectura y Publicidad antes de aprender el oficio de la alta costura en España.

Blusa y falda, consultar precio en tienda Luciano Brancoli. Prendedor, $ 60.000, Cómplice. Anillo, consultar precio en tienda Swarovski. Pulsera, consultar precio en tienda Swarovski. Cinturón, $ 190.000, Salvatore Ferragamo. Zapatos, $ 129.990, Prüne.

José Cardoch

“La capital tiene por fin su propio Christian Dior”, se lee en el libro Morir un poco, moda y sociedad en Chile 1960-1976, de la historiadora Pía Montalva (Ed Sudamericana, 2004). La afirmación se refiere a que en 1962 José Cardoch se instaló con su atelier en la capital, luego de haber aprendido el oficio de la alta costura en París, en el taller de Sergio Matta, donde conoció a un debutante Oscar de La Renta. “Fui el primero en instaurar en Chile la tradición de desfiles por temporadas, donde lanzaba mis colecciones inspiradas en lo que estaba pasando en la Haute Couture parisina, a las que bautizaba con nombres como Mariniere o Bois de Boulogne”. Signo de elegancia durante los 80, su atelier ubicado en calle Suecia era el más solicitado por sus elegantes vestidos de fiesta y de novia, en los que hombreras exageradas, lentejuelas, pedrerías y gazas eran protagonistas. Su afán por resguardar el oficio, lo hizo fundar y dirigir en el 95 la Cámara Chilena de Alta Costura, que cerró en 2003.

Blusa, chaqueta y pantalón, consultar precio en tienda José Cardoch. Collar y cartera, consultar precio en tienda Cómplice. Zapatos, $ 59.900, Betsey Johnson.

Rubén Campos

“A principios del 80 asistí a un desfile en el sur, donde varios diseñadores mostraban sus colecciones. En un momento se me acercó un tipo calvo que me dijo: ‘quiero una oportunidad en el Festival de Viña’. Luego de ver su desfile, no dudé en dársela”, afirma Sergio Riesenberg, director de televisón, quien por más de una década estuvo a cargo de televisar el Miss Chile y el Festival de Viña del Mar. Fue así como un debutante Rubén Campos vistió, en 1985, a Paulina Nin en cada noche del certamen. Aunque un año antes había abierto su atelier en calle General Holley, en Providencia, fue luego de su estreno en el escenario de la Quinta Vergara que los medios lo alabaron. “Paulina salió hasta con pantalones, nunca se había visto algo así. Una total ruptura”, recuerda Rubén, que comenzó una ascendente carrera con sus diseños vanguardistas, de hombreras anchas, encajes, pliegues, plumas y pieles. El hito que lo consolidó ocurrió en 1987 cuando Cecilia Bolocco fue coronada Miss Universo usando un vestido blanco, con una cola a un costado y un ramo de calas por detrás. Ha exhibido y comercializado en toda Latinoamerica y Estados Unidos, compartiendo pasarela con Armani, Donna Karan, Carolina Herrera, Thierry Mugler, Paco Rabanne y Dolce & Gabbana.

Vestido de chantilly negro con caminos de azabache, creado en 2007. En el mismo año Cecilia Bolocco acaparó todas las portadas cuando lo lució para la gala del Festival de Viña del Mar.Vestido, consultar precio en tienda Rubén Campos. Cartera, $ 855.000, Salvatore Ferragamo. Zapatos, $ 64.990, Guess.

Laura Rivas

Defensora del oficio de costurera, Laura Rivas (93 años) odia el témino “diseñador”, le parece siútico. Su pasión por la alta costura al estilo francés, de coser cada terminación a mano, la convirtió en una consagrada modista. Entre sus clientas figuraba Lucía Hiriart de Pinochet. Sus maxiabrigos y trajes de dos piezas tejidos en lana, fueron infaltables en las modas que publicaba la revista Eva en los 60, modelados por su musa Elsa Faúndez, quien luego firmó para Saint Laurent. “Cuando una clienta le decía: ‘Laurita hazle unos ajustes a este vestido que compré en Paris’, ella respondía: ‘No soy reparadora, pero me interesa saber cómo está hecho el vestido’, así que lo desarmaba entero para ver su confección”, recuerda su amigo Héctor Angulo. Su trabajo la hizo representante de la casa Cristina Ricci en 1975. En su taller replicaba los modelos bajo estrictos estándares, los mismos que enseñó a sus alumnos Ricardo Lavín, Pola Thomson y Kika Neumann, entre otros, que hasta el día de hoy mantienen su legado. Hoy está retirada.

Vestido de seda estampada, confeccionado con los moldes que Laura Rivas utilizaba en su taller durante los 80. Aros, $ 7.800, Topshop. Collar, $ 13.800, Topshop. Collar, $ 9.990, Prüne. Anillo, $ 12.800, Topshop. Zapatos Castañer, consultar precio en tienda Cómplice.

Héctor Angulo

Entre las mujeres que se vistieron con Héctor Angulo en los 80 estaba Coca de Stange, esposa del general director de Carabineros que elegía sus piezas clásicas para verse distinguida en los eventos sociales. “Fue una gran clienta y con ella comencé a colaborar en innumerables desfiles a beneficio de la Fundación Niño y Patria, perteneciente a la institución. Allí conocí a mis clientas más fieles: esposas de uniformados con una amplia vida social”, cuenta el modisto, que aprendió el oficio guiado por Laura Rivas y debutó en 1985 con un destile en el hotel Crowne Plaza, donde fue aclamado por la audiencia. Su colección, 12 tenidas para el día y 12 para la noche, era de impecable confección. “Laura Rivas visó cada una de mis tenidas, que eran de corte clásico, inspiradas en Dior y Chanel. Al otro día cientos de asistentes hacían fila para atenderse en mi atelier de General Salvo con Infante, en Providencia”, recuerda.

Creada este año, pero inspirada en los modelos que Angulo confeccionaba en los 80, la tenida está hecha en seda y consta de una pollera y una blusa camisera con un lazo atado al cuello. Blusa, pañuelo y falda, consultar precio en tienda Héctor Angulo. Collar, $ 15.800, Topshop. Anillo, $ 7.800, Topshop.

Jaime Troncoso

Durante los 80 las hombreras pronunciadas daban un toque único a sus atuendos y, en los 90, es recordado por sus dramáticos diseños inspirados en las geishas, en las bailarinas españolas y en la ópera. Diseñador teatral de la Universidad de Chile, el ‘Oso’, como le decían sus cercanos, se hizo de una reputación gracias a la introducción de un nuevo término en la moda chilena. “Fue un rupturista al presentar el concepto de hippy chic. Mezclaba un clásico suéter de cashmere o una chaqueta de pie de poule con una pollera escandalosamente divertida, llena de flecos y cortes”, explica Camilo Valdivia, amigo y productor de moda, quien organizó sus más importantes desfiles. La alta costura de Troncoso fue aplaudida por reconocidas clientas, una de ellas Ana María Cummins: “Su audacia en la mezcla de colores y texturas eran impactante. Sus chaquetas me encantaban y hasta hoy me las pongo, son mis regalonas”, afirma la ex modelo. En 2010, y a los 54 años, el diseñador falleció producto de una hemorragia por problemas hepáticos, y una diabetes que lo afectaba.

Para lucir en la fiesta de año nuevo de 1985, la ex modelo Ana María Vélez encargó un vestido a Jaime Troncoso, quien le confeccionó esta prenda con flecos. Collar, consultar precio en tienda Swarovski. Zapatos, consultar precio en tienda Adolfo Domínguez.

Lily Hats

Checoslovaca radicada en Chile, Lily Hats, como bautizó a su marca de sombreros y tocados, era el complemento indiscutido de los desfiles de alta costura de entonces. “Si decías sombreros, ella se enojaba. Había que hablar de chapeau”, recuerda el modisto Héctor Angulo. Rubén Campos cuenta que no podía haber un desfile sin ellos: “Daban absoluta elegancia al look. No dejaba que nadie más los pusiera en las modelos. Ella se encargaba de darles inclinación, de ponerlos para un lado o para otro”. En su taller de calle Jutlandia, en Las Condes, se encargaba de asesorar las colecciones de todos los diseñadores de los 80 y 90. Hoy, sus modelos son joyas que se atesoran en los ateliers de distintos diseñadores. Murió a principios del 2000.

Collar y anillo, consultar precio en tienda Swarovski.

Luis Eduardo Covarrubias

Durante su primer desfile, en 1973, una joven Susana Palominos -modelo y luego conductoralucía los trajes de dos piezas, de clásico corte inglés en tweed, que hasta hoy son el sello característico de Pollo Covarrubias, diseñador y modisto, que por intuición aprendió el oficio. Aunque no hace un desfile hace más de 12 años, en 1998 se asoció con el diseñador Ricardo Lavín para crear la boutique Wales, especialista en vestidos de novia y madrina. Sin embargo, nunca ha dejado de confeccionar sus trajes de dos piezas y vestidos de cóctel, con los que ha vestido a Luisa Durán y Cecilia Morel, entre muchas otras fieles clientas que lo han siguido por más de 30 años. “No veo nada de moda. Nunca compro revistas, ni me meto a internet, por eso, mis creaciones son atemporales, no se rigen por los patrones que dicta la moda. Es solo estilo”, afirma.

De algodón italiano 100% natural, estos vestidos fueron confeccionados a principios de los 90.

Modelo 1:  Vestido, consultar precio en tienda Pollo Covarrubias. Collar, consultar precio en tienda Paula Zucker. Cinturón, $ 190.000, Salvatore Ferragamo. Cartera, $ 57.990, Via Uno. Zapatos, $ 79.990, Prüne.
Modelo 2: Vestido, consultar precio en tienda Pollo Covarrubias. Collar, consultar precio en tienda Paula Zucker. Cinturón, $ 220.000, Cómplice. Zapatos, $ 505.000, Guess.

 
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