Tiroides: Mal de mujeres
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16 Abril, 2010

Tiroides: Mal de mujeres

Las mujeres sufren 7 veces más desórdenes de tiroides, la glándula que controla el metabolismo. Influye en el sistema reproductor, el ánimo y hasta en la belleza de la piel y el pelo. Y tienen más cáncer de tiroides que los hombres. De hecho, esta enfermedad ha aumentado 82% en Chile en los últimos seis años. ¿Cómo se explica esta predisposición femenina? Algunos especialistas apuntan a las emociones.

Por Carola Solari / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Francisca Lacalle / Ilustración: Nicolás Galdames

La doctora Marcela Guerra, médico cirujano y radióloga que, además, trabaja como terapeuta de medicinas complementarias, está acostumbrada a encontrar una raíz sicológica y emocional detrás de la mayoría de las enfermedades. “Desde que adopté las medicinas orientales, creo que la mayor parte de los pacientes son sicosomáticos. Todos somos capaces de alterar nuestro organismo y llegar a provocarnos una enfermedad, ya sea porque hemos sufrido una alteración emocional grande –lo que subyace bajo muchos cánceres– o porque somos incapaces de parar, hacer una pausa, lo que origina muchas de las enfermedades comunes, como la gripe”, dice la doctora, que en su escritorio tiene el famoso libro de Louise Hay, Sana tu cuerpo.

La doctora Guerra, –que estudió Medicina en la Universidad de Chile y ha incorporado a su práctica médica el uso de flores de Bach–, es especialista en ecotomografías y realiza regularmente ecografías de tiroides, examen que detecta nódulos cancerígenos y enfermedades difusas de esta glándula, como la tiroiditis de Hashimoto que produce hipotiroidismo. En sus más de 20 años realizando este examen, concluye que las pacientes con problemas de tiroides tienen algo en común. “Prácticamente todas han pasado por procesos emocionales fuertes, penas, rabias o frustraciones que, literalmente, se han tragado. Esas emociones, en vez de ser expresadas, han quedado atoradas en su cuello”, dice.

Antes de desarrollar un desorden tiroideo, María Graciela Ferrer vivió la muerte de su padre. Tenía 42 años y de repente desaparecieron sus ganas de levantarse en las mañanas. “No lograba ser eficiente. Siempre había hecho mil cosas: tenía 4 niños chicos, me preocupaba de la casa y, además, trabajaba en nuestra empresa familiar. Hasta que todo se me empezó a hacer cuesta arriba”, dice. Pensó que podía tratarse de una depresión. Lo mismo pensó el neurólogo, que le prescribió antidepresivos, los cuales no le hicieron efecto. “Esta mujer sin ganas de nada no soy yo. Míreme, he subido 4 kilos”, le dijo al doctor. Entonces le pidió un estudio completo, que incluía exámenes de sangre. Ahí apareció la razón: la tiroides estaba fallando. María Graciela producía muy poca hormona tiroidea. Tenía hipotiroidismo.

Deprimidas o aceleradas

La tiroides es una glándula pequeña, con forma de mariposa, situada en la parte delantera del cuello. Su papel es producir dos hormonas esenciales para el organismo, la T3 y la T4, que regulan el metabolismo de todas las células. Esas hormonas son determinantes para el crecimiento, la inteligencia, la fertilidad y cada una de las funciones del ser humano. Las mujeres presentan mayores alteraciones en términos de estructura y funcionamiento de la tiroides. De hecho, tienen siete veces más desordenes tiroideos que los hombres.

Dentro de la patología tiroidea, hay dos enfermedades que se relacionan con su funcionamiento: el hipertiroidismo, en que la tiroide secreta un exceso de hormonas, y el hipotiroidismo, en que secreta muy poca. Ambos tienen un origen en el sistema inmune: se generan anticuerpos contra la tiroides que la van atacando, –lo que se conoce como tiroiditis crónica o de Hashimoto– hasta que deja de funcionar correctamente y da sus primeros síntomas.

20% de las chilenas tiene estos anticuerpos tiroideos y, al cabo de los años, desarrolla alguna enfermedad tiroidea. En el hipertiroidismo el metabolismo se acelera por el exceso de hormonas, lo que produce una descompensación bien evidente: se cae el pelo, causa anemia, hay pérdida brusca de peso (hasta 10 kilos), aparecen estados angustiosos, los párpados se retraen y los ojos se salen. El hipotiroidismo es menos notorio: el metabolismo se vuelve muy lento porque la tiroides produce pocas hormonas. Los síntomas son cansancio, desánimo, fallas de concentración, aumento de peso, (entre 3 y 6 kilos), la piel se pone áspera y seca y pelo muy grueso.

“El cuadro depresivo tiene mucha similitud con el hipotiroidismo y por eso los siquiatras deben evaluar el nivel de las hormonas tiroideas, antes de hacer un diagnóstico de depresión. Lo mismo pasa con los cuadros de angustia y nerviosismo que provoca el hipertiroidismo, síntomas que se asemejan a otros trastornos siquiátricos”, advierte la doctora Andrea Sepúlveda, endocrinóloga de la Clínica Santa María, que trata el hipotiroidismo de María Graciela. El tratamiento es sencillo: debe tomar diariamente una pequeña pastilla de Eutirox, el medicamento que contiene hormonas tiroideas.

En Chile, el doctor Carlos Fardella, cirujano y endocrinólogo de la Universidad Católica, investigó junto a un equipo de médicos el cruce de disfunción de la tiroides y cuadros siquiátricos. Su estudio, publicado en 2000 en la revista médica Endocrinol Invest, evaluó la función tiroidea de pacientes que consultaban en un centro de atención siquiátrica ambulatoria en Santiago. Y demostró que más de 10% de los pacientes que consultaban por depresión y crisis de pánico tenían hipotiroidismo. Las más afectadas eran mujeres en edad laboral.

En sus 25 años atendiendo pacientes, la doctora Andrea Sepúlveda ha constatado lo mismo que ha observado la doctora Guerra: que existe una relación entre disfunción de la tiroides y cuadros emocionales, lo que explicaría por qué las mujeres tenemos más patología tiroidea. “Muchos problemas tiroideos son gatillados por un shock o estrés emocional que, al parecer, desquilibra la glándula. Si a pacientes que llegan con síntomas de hipertiroidismo les preguntas qué les ha pasado en su vida personal contestan que hace unos meses perdieron el trabajo, que se les murió el marido o que sufrieron un accidente en auto”, relata.

La doctora Guerra explica que, según la medicina oriental, en el cuello está el quinto centro o quinto chakra, el que se relaciona con la expresión de las emociones. “El cuello, donde está la tiroides, conecta la cabeza con el resto del cuerpo, es una especie de puente que une el pensar y el sentir. Y en Chile, como cultura, tenemos doble estándar: sentimos una cosa, pensamos otra y actuamos de una tercera manera. Esa falta de coherencia, esa dificultad para expresarnos, de no saber pedir en forma adecuada lo que necesitamos, congestiona a este quinto centro, causando enfermedades en esa zona: amigdalitis recurrente y problemas en la columna cervical o en la tiroides”, dice.

Además de las enfermedades funcionales, la tiroides puede sufrir alteraciones en su estructura. El bocio es el aumento de tamaño de la tiroides y los nódulos son pequeños tumores, que 90% de los casos son benignos y suelen detectarse en un examen de cuello. En 10% restante, se trata de nódulos cancerosos que deben ser extirpados mediante una operación. Este cáncer de tiroides ha tenido un aumento exponencial en Chile. “Los médicos hemos tenido largas discusiones de si este aumento es real o se debe a que hemos mejorado mucho el diagnóstico. Un reciente estudio que hicimos en la Universidad Católica evaluó los egresos por cáncer de tiroides en los hospitales públicos y nos permitió constatar que el aumento es real. Entre 2001 y 2006 aumentaron en 82% los casos de cáncer de tiroides en Chile”, señala la doctora Lorena Mosso, endocrinóloga y directora del Centro de Tiroides de la UC. Y, como en toda la patología tiroidea, las más propensas a sufrirlo son las mujeres.

La doctora Mosso encuentra las razones la autoinmunidad. “Gran parte de las enfermedades tiroideas son autoinmunes, lo que tiene que ver con que la base de la enfermedad está en el sistema de defensa del organismo, que falla por algún error genético o del ambiente. En lugar de atacar un virus externo, ataca alguna estructura del cuerpo; en este caso, la tiroides. Las mujeres sufren más de enfermedades autoinmunes, como lupus, lo que tiene que ver con que a lo largo de su vida viven cambios en su sistema inmunológico, como durante el embarazo”, señala.

Desde la mirada de la medicina complementaria, la doctora Guerra tiene una interpretación. “La autoinmunidad corresponde al autoconocimiento, con saber quién soy y qué me hace feliz. Cuando la persona es feliz su sistema inmune está equilibrado. Pero hay situaciones en que los glóbulos blancos, encargados de defendernos de bacterias y virus, desvían su información original y consideran enemigo a partes del propio cuerpo. Esto sucede tras terremotos emocionales o mentales que hacen que el aparato inmune pierda su configuración original y ataque estructuras normales del cuerpo. Es lo que pasa en la tiroiditis de Hashimoto en que los anticuerpos atacan la glándula tiroides”, dice.

Hijas y hermanas

La herencia de la abuela Norma Hermosilla (86) la llevan gran parte de las mujeres de la familia como una marca invisible en su cuello. Norma tuvo nódulos que debieron extirpárselos y desde entonces toma cada día su pastilla de Eutirox en ayunas por la mañana. Myrna Montenegro, la hija de Norma (58), toma la misma pastilla porque tiene tiroiditis crónica que, con el tiempo, puede convertirse en hipotiroidismo. Y la nieta, Myrna Cisneros (31) tiene el mismo diagnóstico que la madre. “A los 13 años, apenas empecé a tener reglas irregulares, mi mamá, que ya estaba curtida en el tema, me llevó a la endocrinóloga para que me evaluara. Ahí supe que tengo tiroiditis y desde entonces tomo Eutirox”.

Esta repetición a través del árbol genealógico no es casualidad. La enfermedad tiroidea es una herencia que pasa de una a otra entre las mujeres de la familia. Y aflora en momentos puntuales: la adolescencia, el embarazo y la menopausia. “La adolescencia es un volcán hormonal y la menopausia, un momento de caída”, explica la doctora Lorena Mosso, anotando que la prevalencia de las enfermedades tiroideas aumenta con la edad y tiene su peak a los 45 años.

La hormona tiroidea influye en el funcionamiento del ovario, por lo que los desórdenes a la tiroides pueden afectar la vida reproductiva de la mujer. Durante la adolescencia puede causar flujo menstrual leve o abundante, así como reglas irregulares. En la etapa reproductiva, el hipotiroidismo dificulta la posibilidad de ovular y puede dificultar el embarazo, así como causar quistes ováricos. Los abortos recurrentes también están asociados a un mal funcionamiento de la tiroides.

El embarazo merece atención aparte: la tiroides está muy exigida porque la placenta y el bebé necesita hormona tiroidea, la que participa en el desarrollo neurológico del feto en las primeras etapas del embarazo. Por esta razón, muchas mujeres presentan hipotiroidismo durante el embarazo, lo que debe pesquisarse precozmente para que no afecte el desarrollo de la guagua. “Si no es tratado, esos niños nacen con 15 puntos menos de coeficiente intelectual, lo que se evita si la madre recibe tratamiento durante el embarazo”, dice la doctora Lorena Mosso que está promoviendo que a todas las embarazadas les hagan un test de hormonas tiroideas para detectar hipotiroidismo. Y lo dice presentando una evidencia indesmentible. En 2008 realizó un estudio piloto en 100 embarazadas sanas, que no tenían enfermedad tiroidea 15% tenía hipotiroidismo.

 
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