5 Agosto, 2010
En Rabones, cerca de Linares, hay una familia con cuatro hijos adolescentes que come sólo lo que cultiva, con semillas que caen de los árboles de la parcela donde viven. Hubo un tiempo en que vivieron en una cueva. Hace cuatro años, por primera vez, adquirieron un televisor.
Por Daniela González (Escuela Móvil de Periodismo Portátil) / Fotografía: Lorenzo Moscia
El lunes tengo que volver a trabajar, revisar los mails, hablar con mi jefe. En eso pienso esta tarde de sábado, mientras Ulises me sirve vino rosé fabricado por él, y Cintilla envasa las cremas curativas y naturales que prepara con las plantas de su huerto. Estoy metida en el living de su casa; Cintilla y sus hijos me están mostrando fotografías de donde vivían antes en España.
–Las dos niñas nacieron en estas cuevas.
–¡Las pariste ahí!
–Sí, ahí, justo en esa parte, dentro de la cueva.
–¿Sin ayuda o tomaste algún medicamento para el dolor?
–No, qué va. Ah, bueno, sí, me comí un pedacito de placenta.
–¡Qué! ¿Y qué sabor tenía?
–Fue como comer un pedazo de carne. Si la placenta no ha estado alimentada con químicos extraños, entonces está todo bien. Al otro día me sentí como nueva.
–¿Alguien te ayudó?
–Sí, es que la gente con la que vivíamos allá en las cuevas era de nuestra misma onda. Amábamos la tierra, vivíamos de lo natural y nos ayudábamos.
Ábora (17), una de las hijas de la pareja, vio parir a otra señora debajo de un árbol en esa comunidad de las cuevas. Tenía unos seis años y se acuerda bien. Lo cuenta divertida, con gracia, como sabiendo que guarda entre sus recuerdos una experiencia inusual. “Allá era más extremo que acá, en todo caso; lo que pasa es que nosotros les empezamos a exigir un poco más de normalidad a mis papás, por eso nos vinimos. Ahora tenemos televisor”.
Los Plasencia
En un pedazo de campo, en Rabones, a 20 km de Linares, en la región del Maule, vive una familia que cultiva toda su comida. El pan que desayunan es hecho por ellos. La carne que se comen es de los animales de su granja: patos, conejos, pescados. Los huevos son de sus gallinas. El agua es de su río y los vegetales son de sus chacras. Casi no hay semillas que hayan comprado para plantar los tomates, zanahorias, lechugas, manzanos, duraznos, frambuesas y todos los alimentos que tienen para autoabastecerse.
La enorme mayoría cae de sus árboles y ellos las siembran. Adquirieron unas pocas cuando llegaron a este lugar, hace siete años, y algunos agricultores de la zona les regalaron otras.
La idea es que sea la tierra y nada más que ella la que les permita vivir. Por eso la cultivan con métodos naturales. Nada de acelerar procesos.
–¿Y si no les quedara otra opción para que crecieran las plantas, pondrías fertilizantes o algún herbicida?– le comento a Cintilla.
–¿Y tú, envenenarías a tu madre?– me responde con firmeza, alzando la voz por primera y única vez.
Cintilla y Ulises son una pareja de españoles cincuentones. En el sector se les conoce como los Plasencia, el apellido familiar. Ella tiene unos crespos de pelo cano que no alcanzan a tocar sus hombros. El color blanco contrasta con su piel tostada, como del color del café con leche. Se nota que ha pasado la mayor parte de su vida en la playa: en Islas Canarias, España, hace 20 años, conoció a Ulises.
Él –que tiene el mismo tono de piel aunque más anaranjado– es de esos flacos fornidos. Cuando abre el vino, sus brazos se llenan de venas y músculos que quieren salir a mostrarse.
Eran un par de hippies cuando se conocieron. Para ambos la naturaleza era sagrada: vivir de alimentos transgénicos o intervenidos era lo mismo que faltarle el respeto; vivir alejados de ella era lo mismo que morir. Con todo eso en la mente, se fueron a unas cuevas en Canarias a construir su hogar.
Dichas cuevas en unas montañas, al borde de un precipicio, se convirtieron en una casa: hacían su vida dentro de la tierra y luego salían por una puerta, como si nada. Hay fotos que lo evidencian y sus hijos me muestran orgullosos el antes y el después. Antes, cuando había un hoyo en la tierra. Y después, cuando había ventanas. “Las paredes no eran planas. Las estucábamos por dentro y quedaban con la forma curva de la cueva, así como irregulares. Como las casas de los hobbits”, me dice, risueño, uno de los hijos.
En ese tiempo, se reunieron junto a un par de familias y vivieron en comunidad, buscando la autosustentabilidad y una vida lo más natural posible. En los cumpleaños de los niños, por ejemplo, en lugar de papas fritas y ramitas había frutos secos y vegetales. Les ponían un broche de artesanía hecho de hojas y los niños disfrutaban ese detalle.
Hace siete años se vinieron a Chile en busca de un terreno fértil para plantar. La razón del cambio la atribuyen a la intuición de Cintilla; su curioso misticismo le permitió “percibir” que era en este lugar donde tenían que seguir haciendo su vida. Fue algo que sintió. Dice que sus maestros espirituales se lo hicieron saber y no admite muchas vueltas más al asunto.
Y llegaron. Y quién sabe cómo, pero acá construyeron solos su casa, una pajarera, dos invernaderos de cactus, plantas orientales y medicinales, un lugarcito para hacer yoga y meditar, un gallinero y un taller para trabajar en artesanía. A Chile se vinieron con cuatro de sus cinco hijos.
Saúl (19), el segundo de ellos, acaba de salir del colegio. Tiene un cuerpo fornido igual al de su padre, unos rizos castaños, ojos cafés y está dedicado a estudiar formas naturales de cultivar la tierra, reiki y programación neurolingüística. Lo acompaño a recorrer sus cultivos y me explica que ponerle químicos a la tierra es cultivar sólo por afán económico. Es acelerar un proceso. No es preparar a la tierra con dedicación. Me habla con pasión, con un vocabulario muy desarrollado, seguramente porque cada mañana y cada noche no hace más que leer.
Antes quiso entrar a la universidad a estudiar Sicología, pero desistió porque quería aprender un método propio para sanar y no que le impusieran uno. Le pregunto si acaso no se siente excluido por vivir fuera del sistema, tan diferente del resto de los jóvenes de su edad, y se sorprende. Yo me sorprendo de que se sorprenda, de que para él sea tan natural.
Los curiosos
Ulises trabaja todo el día en su granja y hace unos meses ha terminado de construir un lugar para poner las cremas naturales y curativas que hace Cintilla, y los tejidos, los collares y los adornos de calabazas que venden. Siempre reciben gente. Curiosos que vienen a conocerlos, incluso a ayudarlos a cultivar la tierra, que llegan porque alguien les contó que existe esta familia. Recientemente, Cintilla y Ulises se han integrado a una red mundial de granjas ecológicas llamada World Wide Opportunities on Organic Farms (www.wwoof.org).
Nunca se han metido al sitio web, claro, porque esta pareja no usa internet. Sin embargo, a través de esta red han llegado viajeros que practican una tendencia turística conocida como wwoofing: ir de granja en granja compartiendo su tiempo y su trabajo a cambio de un contacto directo con la tierra.
Precisamente, hoy está de visita un curioso alemán. Se está quedando a dormir unos días, porque le gusta esto del campo autosustentable, aunque no llegó por wwoof.org sino porque alguien le habló de esta familia. Hubo otra curiosa, una holandesa veinteañera, que también los visitó hace un tiempo. Pero a ella las ganas se le transformaron en una gran motivación y se compró un terreno al frente. Detrás de la casita de madera donde vive hay un taller a medio construir. Será un centro de terapia para la obesidad. Quiere curar a los gorditos, dice, con la naturaleza, motivándolos a trabajar la tierra y comer lo que salga de ella.
Cintilla y Ulises están organizándose como comunidad ecológica con algunos de los vecinos. Está la holandesa; una pareja de arquitectos que vive a unos ocho kilómetros y que tiene una casa con paneles solares; una familia que está comprando terreno para venirse a vivir con sus tres hijos y cultivar la tierra, y un cineasta que ama la naturaleza. Pedro Gacría, este cineasta, tardó un par de años en convencerlos de algo a lo que, finalmente, no pudieron resistirse: un televisor.
Al cineasta lo llaman así porque le fascina el cine y cada sábado él y su mujer invitan a los niños de la zona y sus familias a una sala que tienen en su casa donde proyectan películas. García les dijo a los Plasencia que si se compraban un televisor podrían ver películas y aprender del mundo. Les dijo que si lo hacían, él les regalaba el reproductor de dvd. A Cintilla, que no veía tele desde hacía quince años, le costó hacerse a la idea. Pero hoy me cuenta que las películas le han hecho bien y que una de sus favoritas es El jardín secreto, de Agnieszka Holland.
Los Plasencia no siempre han vivido al margen; saben perfectamente lo que hay afuera. Cintilla conoció los horarios de oficina cuando trabajaba en una agencia de arquitectos en España. Pero esa seguridad rutinaria no la convocó. Dice que no se quedó enjaulada viviendo de la necesidad de producir dinero. Para luego comprar. Y necesitar más dinero.
Algo tienen estos españoles que dan ganas de quedarse a dormir al menos una noche, de cambiar, aunque sea una semana, la oficina por el arado a mano. El terremoto no les dio miedo, porque echaban de menos sentir la tierra viva bajo sus pies.
Los Plasencia cultivan la tierra para vivir de lo que ella les da. Casi no compran semillas, recogen las que caen de sus matas. Sacan peces del río, crían conejos y gallinas. Fabrican vino rosé.
El mundo de afuera
Hoy el almuerzo fue pizza y empanadas hechas íntegramente por Ábora y Chandra, la hija de 16 años. Por escasez de ingredientes, para la masa decidieron probar con una harina tostada que tenían guardada y fue un buen experimento. Antes de meter la pizza al horno de barro, sacaron de ahí el pan que habían hecho a primera hora del día.
Cuando almorzábamos en medio del campo, con el vino rosé de Ulises, con el viento fuerte que golpeaba los árboles y el sol radiante, pensaba en que la normalidad no es más que la costumbre. Y vivir de esta manera no es la costumbre de muchos.
En la tarde me invitan a recorrer la granja. Partimos por los árboles frutales y por unas matas con frambuesas que voy comiendo. Hay viveros, pajareras, gallineros, conejeras, un riachuelo con patos y al menos seis charcas con pescados y flores de loto. Ábora saca una zanahoria de la tierra y me la da. Indra, el hermano menor, de 13 años, saca más zanahorias y Cintilla lo reta, que ya basta, pues. Me divierte pensar que a él lo regañen por sacar las zanahorias plantadas y que a mí, cuando chica, me retaran por sacar tanta coca-cola del refrigerador. No sé cómo lo hace una familia que apenas va al supermercado. Sólo lo hace cuando necesitan algo que no puedan hacer ellos. Como una ampolleta, por ejemplo.
Hay una quinta hija, Eliana, la mayor, que prefirió la vida tradicional y se quedó en España cuando Cintilla y Ulises se vinieron. Lo que pasó, cuentan, es que esta hija mayor fue criada con los abuelos, en la ciudad. Creció con comodidades, se insertó en la vida tradicional. Es profesora de francés y hace clases en un colegio. Su madre está convencida de que un día no muy lejano Eliana regresará. “Lo hará cuando entienda que necesita asegurar su sobrevivencia con la naturaleza”, afirma. La convicción de Cintilla es firme y, al mismo tiempo, flexible. Sus cuatro hijos menores estudian en un colegio formal, porque ellos lo quisieron.
Chandra el año pasado cursó primero medio y eso hizo que Ábora –la de la zanahoria–, volviera al colegio, porque antes daba exámenes libres. Le daba depresión ir al colegio, no le gustaba que sus amigas hablaran de carretes y minos, se sentía rara, le daba pena y prefería quedarse en su casa leyendo, cantando o plantando la tierra. Cintilla la entendió de inmediato y le dijo que no se preocupara, que estudiara en casa.
Saúl dice que sus amigos se habituaron a él. Que comprendieron su sistema de vida y que lo encuentran entretenido. Lo van a visitar a la granja y lo llenan de preguntas. En cambio, Chandra dice que fue ella la que se acostumbró a sus amigas y que a veces sí habla de minos y carretes. Ábora ya no tiene muchos problemas con eso. Ayer andaba en una fiesta.
Me quedo a solas conversando con Cintilla. Me dice que está en desacuerdo con la educación tradicional porque mantiene a los niños confinados en una sala fría la mayor parte del año. Me pregunta si acaso yo era más feliz en las vacaciones o en la sala de clases. Estoy a punto de no volver a trabajar el lunes.
Algo tienen estos españoles que dan ganas de quedarse a dormir al menos una noche en su destartalada casa, de cambiar, aunque sea una semana, la oficina por el arado a mano. El terremoto no les dio miedo, porque echaban de menos sentir la tierra viva bajo sus pies.
Cambio de hábito
En la sala de estar de la casa entera de madera y construida artesanalmente, el televisor que compraron hace cuatro años francamente desentona. “La televisión nos quiere dar las pautas para que todos tengamos la misma forma de vida. Como si ésa fuera la única forma de vivir que hay”, me dice Ulises. Ábora le recuerda que igual nomás ve las noticias todos los días.
Recorro de nuevo el sitio. Miro los patos que se fueron a una laguna al fondo. Tomo a un cuy en mis manos, acaricio a un conejo. El viento corre fuerte y lo siento en la cara. Pienso que, en un rato más, voy a tomar el auto para volver al mundo real. Me dan ganas de fumar.
Vuelvo a la salita y los cuatro niños están absortos. El televisor está encendido y ellos se ríen a carcajada limpia con Whoopi Goldberg. Están mirando una película en la televisión abierta que nunca habían visto: Cambio de hábito. La misma que fue furor hace 15 años atrás, cuando estos niños vivían en una cueva.
carolina
5 Agosto, 2010
El brillo de la gran ciudad me envuelve y me insta a este consumo sin fin, pero mi corazón me llama a ese pasado de simplezas de niña rural.
flopy
5 Agosto, 2010
Que increíble vida, sacrificada pero maravillosa. (yo anhelo tener una vida asi). Felicito al equipo de trabajo de la web Paula por el reportaje.
Andrea
5 Agosto, 2010
Que linda forma de vivir….que buen relato….pude sentir el viento en la cara!!!
Paula
5 Agosto, 2010
Siempre he pensando que la forma de vivir que nos han ensañedo no es la única que existe…. no sólo hablo del concepto de estudiar, trabajar, casarse, tener hijos, nietos, envejecer (Casado) y todo eso; sino esto de estar siempre compitiendo en todas partes, en todo, por lo que sea!!, por plata, por un mejor lugar en el metro, por ser el mejor en lo que sea etc.; es bueno encontrar gente así que nos enseñe que el mundo es como nosotros lo creamos, y no es de otra forma; nosotros creamos el mundo que nos rodea, es potente pensarlo, y más aún pensar que somos dueños de elegir vivir como nos eneseñaron o en crear la forma en que queremos vivir.
6 Agosto, 2010
[...] Vivir de la semilla propia » http://www.paula.cl [...]
6 Agosto, 2010
Maravilloso. Excelente reportaje. Esa sí que es vida. Una vez escuché a un doctor decir que todas las enfermedades que tenemos es por lo que comemos. Y le creo.
John
6 Agosto, 2010
” …llegara el día que quien no sepa hacer su pan o cultivar la tierra no podrá sobrevivir sobre la tierra…” ..tradicion Mapuche.
luis castro
6 Agosto, 2010
Felicitaciones por el reportaje.
El estilo de vida de esta familia: ENVIDIABLE, digno de ser imitado
Claudio
6 Agosto, 2010
Una simple historia que habla de lo complejo e invivible que hemos hecho este mundo.
Caro Bermúdez
6 Agosto, 2010
Cdo leí este reportaje el sabado en revista Paula, me quede pensando muchas horas (y hasta ahora) en la importancia de volver a la tierra, de saber sobrevivir en este mundo y no a vivir como este mundo nos propone.. u obliga.
Lo de ellos es quizas muy extremo para alguien como yo, ultra urbana, pero quisiera aprender de ellos la sencillez, sobriedad y e amor por la vida… aprender a cosechar, buscar agua..etc.
Bendiciones a los Plasencia y gracias al equipo Paula por su reportaje
luis
6 Agosto, 2010
qué reportaje más refrescante !
chequeo todo el dia los diarios online buscando este tipo de noticias,p ero en cambio sólo hay futbol, guerras, políticos peleones, farándula…
… necesitamos más noticias así para escapar del mundanal vivir, al menos en nuestra imaginación.
Carolina
6 Agosto, 2010
Pensar que esto puede cambiar con la ley de semillas que está en el congreso, que es como colocar patente a las semillas impidiendo el libre uso, provilegiando lo transgenico, con daño irreversible al ecosistema
viejo checho
6 Agosto, 2010
Preciosa elección, la vida es bella en contacto con la naturaleza, cada día tomara mas fuerza esta forma de vida, ya que día tras día es mas inhumano vivir en las ciudades detrás del dios dinero, y de los bienes de consumo, que todo lo compra que todo lo vende que todo lo mata.
Vivir compitiendo, vivir aparentando quien tiene mas, en fin, es insoportable al stress en que estamos sometidos sin darnos cuenta estamos manipulados por este sistema negativo y egoísta, creo que es hora que los seres humanos despertemos de esta pesadilla.
Felicitaciones a esta familia por su valentía.
Yo me voy al campo en unos 2 años mas, quiero una mejor calidad de vida.
Coni
6 Agosto, 2010
Me encantaría vivir así y me encanta leer que eso que parece tan idíloco hoy por hoy existe.
Felicitaciones por el reportaje muy bueeeno
Bryan
6 Agosto, 2010
Es una vida soñada, como se empieza una vida así, como se hace la transición? Como se compraron el terreno? pasajes? etc. estando fuera del sistema. Yo me encuentro semi incerto en el, y aun así no tengo donde caerme muerto. Fascinante me encanatría algún dia logarar lo que ellos han logrado
juan carlos
6 Agosto, 2010
UNA FAMILIA MAS QUE SE ABURRIO DE LA MODERNIDAD,.LOS FELICITOS A QUIENES SE ATREVEN A DEJARLO TODO.,YO VIVI MAS DE 25 AÑO EN LA CAPITAL Y TRABAJE CERQUITA DE LA MONEDA, PERO APEÑAS PUDE JUBILAR., TOME JUNTO CON MI SEÑORA ALGUNAS COSAS Y NOS FUIMOS A VIVIR ENTRE LOS BOSQUE DE LA 9NA REGION, A IGUAL QUE ELLOS EMPEZAMOS SIN NADA SOLO CON LA NATURALEZA, AL PASAR EL TIEMPO NOS EQUILIBRAMOS SEGUIMOS VIVIENDO EN EL CAMPO,PERO YA CON ALGUNOS ELEMENTOS MODERNOS COMO TV,ELECTRICIDAD Y OTROS , PERO LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO Y LA CIUDAD. FELICITACIONES A QUIENES REPORTEARON,. ATTE J BRAVO Y SRA.
Cristina
6 Agosto, 2010
que maravilla!!, me encantaría vivir aunque sea un findesemena conectada con lo esencial, básico.. hace mucho que no me detenía a mirar lo iluminado de la ventana, de hecho es tal mi necesidad de naturaleza que muchas veces al día intento cortar la rutina visitando la plaza en las horas de almuerzo, donde veo niños y entre un humo de cigarro que no es mío, puedo sentir el viento, la naturaleza, en fin sentirme a mi.
Anónimo
6 Agosto, 2010
Gracias por escribir un reportaje así….
6 Agosto, 2010
Que buen reportaje, gran familia…
Maritza
6 Agosto, 2010
me recordo a cuando vivia con mis abuelos, el sacaba paltas, uva y limones y partia a visitar amigos y ellos le daban de sus cultivos… verduras casi nunca se compraban =) ir a buscar el perejil, el oregano, para hacer el almuerzo -exquisito!! – de hecho me compro ahora una parcela con el fin de cultivar gran parte de las verduras y frutas que consumiremos con nuestra familia, bonito reportaje, se podia oler en el aire el campo!!!
araseli
7 Agosto, 2010
Que envidia la vida sencilla que llevan dan ganas de dejar todo y hacer lo mismo!!. Excelente reportaje
Felipe
7 Agosto, 2010
Los conozco, son geniales, humanos, el reportaje es un poco extremo ya que si trabajan con Internet y algunas tecnologías, sin embargo buscan desarrollar las propias, lo sencillo, sin dependencias, enfocándoos en el proceso tanto como en el resultado. Los Placencia tienen tiempo para sus hijos, la espiritualidad, pensar y actuar en torno al bien común, soñar un vida en comunidad y eso lo practican, desde que los conozco no los he visto enfermos, yo deje de enfermarme, casi al mismo tiempo que deje de ser santiaguino, mis hijos también, estamos trabajando para crear un lugar amable, para recibir a nuestros hermanos, toda la información está dentro de nosotros es cosa de creer. La naturaleza tiene en abundancia todo lo que necesitamos.
eliana
7 Agosto, 2010
En una palabra… MARAVILLOSO el reportaje…Esta familia no solo es digna de admiración, sino tambien de imitarla. Es una invitación a vivir con salud y en armonía.Lindo que los hijos siendo adolescentes,se hallan sumado a este estilo de vida sana…es un pequeño paraiso lo que han construído.
Gracias a Revista Paula por traernos un reportaje así. Felicitaciones particulares a la periodista.
Burritoalbino
7 Agosto, 2010
Uy, que suerte la mía, de conocerlos y poder entablar una conversación con ellos aunque se vea mal o rústico ese estilo de vida creo que es lo mejor que una persona pueda hacer y así tener la oportunidad de saber que se requiere para saber usar lo que la naturaleza nos dio y no ser dependientes del otro, me apasiona la unidad que tiene esa familia, nunca se pelean, son estables, muy preocupados del problema del otro, pero la otra cara revela una pareja que se basa en los deberes para poder enseñar a los hijos, en impartir normas para ser mejores personas, no creen que haya que partirse la cabeza estudiando sino que saber hablar con el otro para vivir en un mundo no totalmente bueno, o tan malo como el actual, por lo contrario un planeta que lo bueno deba contribuir a lo malo, que nada exceda ni falte, un mundo casi perfecto donde el padre mande y eduque a los hijos con lo que en un futuro realmente les sirva.
Patricia
7 Agosto, 2010
Me parecio encantador el reportaje.En la ciudad tambien se puede hacer intentos de practicar una vida simple, es cosa de quererlo de verdad , con varias limitaciones claro esta. Pero caer en los extremos tampoco es bueno.
8 Agosto, 2010
La belleza y el respeto son posibles! Esto me lo confirma, muchas veces creo que no vamos a ninguna parte, el ser humano tiende a autodestruirse, pero con estas vidas, me parece plausible un futuro basado en el respeto a todo lo que nos rodea. Ojala haya más Plasencias!
Víctor Mora Padrón
8 Agosto, 2010
Es un placer saber de Los Rabones.. en Septiembre estaré con Uds. para continuar disfrutando de los gratos momentos y conversaciones que hemos tenido..
Un abrazo a Cintilla y Ulises, son una lección de lo que nos falta .!! Coraje para hacer lo que deseamos.
Es vino promete.!!
fernanda groth
9 Agosto, 2010
yo quiero visitarlos!! alguna forma de contacto fuera de la página web? sigan haciendo reportajes sobre auto sustentabilidad, cultivos organicos, etc. Estas prácticas serán el futuro y todos podremos tener acceso a ellas, falta información para derribar mitos y acercar esta realidad a las personas, es una locura que en la actualidad ellos sean vistos como los hippies locos y nosotros como una sociedad civilizada y bien encaminada consumiendo alimentos manipulados, destruyendo nuestro medio ambiente y creyendo que el planeta es solo una gran fabrica que se puede explotar.
Gracias por aportar algo de reflexión a sus lectores..
felicidades por el reportaje!
Marite
9 Agosto, 2010
Felicitaciones si todos rescataramos un poco de eso uf… seriamos mas humanos la vida seria mas sencilla un gran legado lejos……. algo hermoso vivir de lo que la tierra no quiere dar …plantar un arbol es genial si alguien piede que lo haga yo mi Esposo pensabamos justamente hacer eso jubilemos y nuestros hijos esten grandes….Un abrazo muy grande a todos quienes se inspiren es esta vida…VIVIR SANO…..
sureño
9 Agosto, 2010
Excelente !!!
en todo caso depues del apocalipsis, noas va a tocar vivir asi, a los que sobrevivamos…..
9 Agosto, 2010
Me gusta la idea de lo natural, de vivir en el campo, pero confieso que no podria vivir sin internet y sin algunas de las cosas que nos hacen la vida un poco más fácil.
Felicitaciones muy buen reportaje.
Titi
francisca
9 Agosto, 2010
estimados amigos de paula!
muchisimas gracias por tan motivante reportaje, realmente el planeta no puede seguir siendo explotado sólo para el bien ecónomico de unos pocos.
debemos volver a las raíces!
les comparto este link, del procupante avance de los transgénicos en nuestro país….. como es ésto posible?
http://www.elciudadano.cl/2010/05/05/congreso-chileno-tramita-privatizacion-de-semillas-y-liberacion-de-transgenicos/
muchas gracias!!!!
ignacio chianale
9 Agosto, 2010
A mas personas que confien en esta vuelta a la tierra, antes logramos crear una nueva normalidad, pues el dolor de sentirse ajeno y de “no encajar” en este mundo, es real. Por eso gracias a esta familia por su fortaleza.
¿Vamonos?
Ximena
10 Agosto, 2010
Que bonito estilo de vida, lamentablemente lo natural se confunde con lo sustentable (palabra de moda y a veces mal utilizada), y no siempre es así, pues ellos usan horno de barro, que es lo mas contaminante que hay, cuando podrían usar cocina solar, sino es a gas, que son mucho menos contaminantes.
carolina
10 Agosto, 2010
Muy lindo el reportaje, me hizo evocar mis recuerdos de infancia, de vacaciones en el campo jugando con mis primos, saliendo a pescar en bote por el río
amria isabel rebolledo
10 Agosto, 2010
DE VERDA ENCUENTRO INCREIBLE LA VIDA DE ESTA FAMILIA LOS FELICITO QUE GANAS DE PODER HACER LO MISMO YO CON MI FAMILIA, PERO CREO QUE YA ES TARDE MM O NO SE.
10 Agosto, 2010
Comparto el sentir, y me encanta leer los posteos y saber que somos muchos…casi llegamos ya al número mínimo.
Felicitaciones Daniela por entregar esta información en los medios masivos.
Para leer « ·:::Libertad de Movimiento:::·
10 Agosto, 2010
[...] bebemos? Lo que entra por nuestros ojos también nos alimenta. Un reportaje de esos que inspiran. http://www.paula.cl/blog/reportaje/2010/08/05/vivir-de-la-semilla-propia/comment-page-1/#comment-548… Escrito en Uncategorized. Deja un Comentario [...]
Reportaje “Vivir de la semilla propia” « ·:::Libertad de Movimiento:::·
10 Agosto, 2010
[...] Niñas, Acá el link de un reportaje de Daniela, nuestra compañerita de taller. http://www.paula.cl/blog/reportaje/2010/08/05/vivir-de-la-semilla-propia/ [...]
Rebeca
11 Agosto, 2010
Felicitaciones por este reportaje, donde todo es armonia, natural y grato para el espiritu.
Pame
11 Agosto, 2010
Bello bello… yo kero eso para mi…
Cholita
11 Agosto, 2010
Que vacan, recordé a mis abuelos que ellos en el campo vivían de lo que cosechaban que hermosa vida.
Espero algún día tener un terreno y poder hacer algo de lo que hace esta familia
Andrea
11 Agosto, 2010
Como me gustaría ver a mis hijios corriendo entre los arboles sin niun peligro, libres al viento, conctarme con la tierra misma para llegar a la Fuente de todo……comiendo lo cosechado….que envidia…..
Meyu
12 Agosto, 2010
Gracias por el reportaje. Nos refleja el gran valor que tiene la naturaleza. Ojalá todos la respetemos siempre… con actos sencillos y diarios como no tirar un papel al suelo, hasta defenderla y evitar que se apruebe la ley de privatización de la semilla y libertad de los alimentos transgénicos, que dañarían las cosechas de los alimentos orgánicos y afectarían gravemente a la salud.
Podemos empezar por unirnos a este grupo y difundir la información. http://www.facebook.com/pages/Chile-sin-Transgenicos/136071026419208
Felicitaciones a la periodista y al equipo de PAULA por entretener, informar y sorprender siempre con temas originales.
YENI
12 Agosto, 2010
FELICITACIONES A LA REVISTA PAULA POR ESTE REPORTAJE…ESPERO QUE SEA EL COMIENZO DE UN CAMBIO DE MENTALIDAD DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA MOSTRARNOS UN MODO DE ALCANZAR LA FELICIDAD CON ALGO TAN HERMOSO Y SENCILLO, COMO DISFRUTAR DE NUESTRA MADRE TIERRA.
carol awad
14 Agosto, 2010
felicitaciones por el reportaje,paula puede realizar el contacto para masificar el reportaje especialmente en los jovenes que se alimentan de comida chatarra,ni siquiera saben tomar agua buena.
ludy
15 Agosto, 2010
Me emocione hasta las lagrimas con este excelente reportaje…., ojala hubiera más gente como ellos y nosotros aprender de ellos.
gloria
15 Agosto, 2010
que hermosa experiencia.. se puede.. , cultivar , vivir sencillo y cultivar ademas el alma.. hermoso.
Marcelo
16 Agosto, 2010
Que buen reportaje y que bonita familia. Los felicito por acercarnos un poco más a la Tierra.
angela
16 Agosto, 2010
buen reportaje gracias por este dato, vivo cerca de linares y espero ir a visitarlos se de otra gente que vive de esta misma manera pero más a la cordillera mi objetivo de vida quiero que sea ese ….me falta el terreno
Felipe
18 Agosto, 2010
Yo estube ahi una semana me sirvio para analizar mi estilo de vida y modificarlo, ademas aprendi a cultivar la tierra, a construir cimientos de una casa, me senti feliz realmente por primera vez en mi vida, fue una buen experiencia
Viviana
19 Agosto, 2010
Qué lindo reportaje, la verdad desde que lo leí hace varios días no dejo de pensar en él y lo he leído mil veces, porque me alegra la vida saber que hay personas que demuestran que si se puede.. yo quiero eso en mi vida, es mi sueño y mientras mas pasa el tiempo se vuelve cada vez mas necesario en mi, ahora estoy en la ciudad y estoy convencida de que éste no es el lugar para mi… gracias por estos reportajes con sentido y que a muchos como yo nos hacen tomar consciencia de la forma en que se nos pasa la vida dejando de lado el ser felices con las cosas simples que la tierra nos entrega. Saludos a la familia Plasencia
Mane
21 Agosto, 2010
Voy a tomar mi bicicleta y voy a ir a visitarlos :D. Estudio en Santiago, pero vivo cerca de Linares y cuando pasé por Rabones me acordé de tan lindo reportaje. Gracias revista Paula, nunca me defraudas :)
Ronny Romero
12 Octubre, 2010
Maravilloso, sin palabras. Comienzo a trabajar desde este instante para cambiar mi vida. Realmente inspirador.
Paulina
20 Octubre, 2010
Sin duda esta familia nos inspira, y nos da la esperanza de seguir creyendo de que se puede vivir sin las ataduras de lo material, del apego y del poder de esta mal entendida modernidad. Espero conocerlos y compartir algún día con ellos.
29 Julio, 2011
[...] El trabajo ganador del tercer lugar del Premio Siemens de Periodismo 2011: Tecnologías verdes y desarrollo sostenible se llama Vivir de la semilla propia y en él se retrata la vida de una familia con cuatro hijos adolescentes, que vive cerca de Linares y que se alimenta mayoritariamente de lo que cultivan. En el relato, la periodista de Revista Paula, Daniela González detalla la vida de los Plasencia, familia que busca persistentemente la autosustentabilidad, que tiene gran amor por la tierra y persigue vivir de lo que ésta les da. Para leer el reportaje acceda aquí. [...]