25 minutos de  tensión junto a Alexis Carrington

Reportajes y Entrevistas

25 minutos de tensión junto a Alexis Carrington

Por Rita Cox / Fotografía: Juan Pablo Montalva / Agradecimientos: Hotel Sheraton Santiago

Si alguien esperaba que a tres décadas del último capítulo de la serie Dinastía la inglesa Joan Collins estaría convertida en una dulce y reflexiva abuelita, aquí saldrá del error. A los 83 años, que cumple este mes, con quinto marido, la misma mirada fría y tono burlón de su personaje, la actriz no solo conserva la forma sino el estilo que la inmortalizó como la malvada más malvada de la televisión ochentera. Una periodista de Paula fracasó en sus intentos por conocer a Joan, pero sí se encontró con Alexis.

Paula 1198, Especial Madres. Sábado 23 de abril de 2016.

Cuando dos días antes de la entrevista, Facebook arrojó esa foto “recuerdo” en mi página, se me congeló la sangre. Juro que ahí supe que mi encuentro con mi ídola de la adolescencia sería éxito o fracaso. No habría medias tintas. Es que ¿cómo era posible que de las cientos de fotos que he subido en mis años de usaria fuese precisamente esa la que me enrostraba Facebook? La imagen de la inglesa tomando champaña, disfrutando de su conquista de Estados Unidos a principios de los 80, con su inmortal papel de la serie Dinastía, la pérfida Alexis Carrington.

Los menores de 40 deben estar entendiendo poco o nada: en los 80 de Pinochet, sin internet, sin TV cable, sin Netflix, Chile era un país encerrado en sí mismo. Una geografía que se caía del mapa en todos los sentidos posibles. Del mundo exterior no se sabía nada y para una adolescente curiosa por la moda, Dinastía era todo: hombreras, sombreros, joyas, vestidos de alto impacto. La estética del diseñador estadounidense Nolan Miller (1933-2012) puesta en movimiento en las pantallas de Canal 13. Un Sex and the City ochentero, frívolo-frívolo, sin la sensibilidad enamoradiza de Carrie Bradshaw, pero con las generosas y exquisitas dosis de maldad de Alexis, la castaña ex mujer de un millonario petrolero, casado ahora con la sufriente y rubia Krystle (Linda Evans). Obvio que también seguí los pasos de Collins como Racine, la agente de modelos en la única temporada que el mismo canal emitió de Muñecas de Papel.

Invitada por el Museo de la Moda, ícono de la estética de los 80, activa en TV y a los 83 años última actriz de su generación, Joan Collins llegó a Santiago para la presentación de Catálogo 80, el recopilatorio de piezas textiles, decorativas, testimonios de personalidades y celebridades del diseño y la moda –como Gaultier, Galliano y la misma Collins– en que el dueño del museo, Jorge Yarur, venía trabajando hace años. Una joya.

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La entrevista estaba programada para las 15 horas en una de las habitaciones del Sheraton, hotel donde se alojó la actriz. Media hora antes, fotógrafo y periodista nos enteramos de que el encuentro no duraría las tres horas programadas, sino máximo 40 minutos. “Joan está muy cansada”, se nos explicó. Entendible. Pasadas las 15 horas, subí a su pieza, la Presidencial. Me abrió la puerta su quinto marido desde 2002, Percy Gibson, peruano “con ascendencia inglesa”, como él mismo se encargó de destacar un par de veces. Un hombre 30 años menor que ella y que con cara de problema me explicó en inglés (siempre habló en inglés) que Joan no sabía si hacer las fotos ahí o en la pieza acondicionada por la producción. En una esquina, un trajinado juego de maletas y baúles Louis Vuitton.

Finalmente, Joan tomó el ascensor y bajó hasta la habitación Gabriela Mistral. Allí celebró la espléndida vista de Santiago y dijo desconocer quién era Mistral. Esto, a pesar de que ha publicado unos 15 libros y que minutos después contaba que a los 6 años ya leía unos 5 libros a la semana. De vestido Ralph Lauren, tapado Banana Republic y varios anillos y brazaletes que cubren gran parte de sus manos (“estrategia a seguir en unos años más”, pienso), parece salida de un set de TV. Percy no se queda atrás: camisa rayada, pantalón gris, zapatos cafés, calcetines lilas y cinturón Hermès. Él es quien hace de nexo. Joan saluda sin mirar a la cara y a través de “darling” (así lo llama si necesita agua, su cartera o cualquier cosa) nos comunica que durante la sesión de fotos, solo el fotógrafo y el asistente de fotografía pueden mirarla. Maquillada y peinada por ella misma (tiene una marca de maquillaje y de pelucas), posa con maestría. Sabe.

Una, dos, tres fotos y pide una pausa. Aunque ha anunciado que la entrevista vendrá después del shooting, cambia de opinión, nos informa Percy.

¿Cómo se establece su relación con el Museo de la Moda?
¡Dios mío! ¡Las mismas preguntas de la conferencia de prensa!

Muy bien, podemos ir a otras preguntas.
Sí, ya me han hecho la misma pregunta en mil formas.

“En los 30, 40 y principios de los 50, las películas eran para mujeres, protagonizadas por mujeres. Hoy son hechas para hombres de entre 12 y 28 años, por eso es que no hay grandes estrellas del cine mujeres actualmente”.

Usted creció en una familia relacionada con el escenario, en Londres, la capital del teatro. ¿Cómo recuerda esa etapa?
Mi abuela fue bailarina de varieté, en musicales. Mis tías Lala y Pauline Collins fueron estrellas de comedias musicales en los años 20 y 30. Y mi padre fue un agente teatral. Mi casa estaba siempre llena de comediantes, cantantes, bailarinas. No había muchos actores, porque se trataba de vaudeville. Yo observaba a toda esa gente y a los 8 o 9 años decidí que iba a ser actriz.

A los 9 debutó en teatro y a los 15 dejó el colegio. ¿ Cómo evalúa ese camino precoz ?
No sabía que íbamos a retroceder tanto en el tiempo. Esta va a ser una entrevista muy larga y no soy de mirar hacia atrás. Vivo el presente. Fui a dos escuelas de teatro, la primera vez cuando tenía 8 o 9 años. Nos enseñaban Historia y Geografía, y Matemáticas en la mañana, y actuación, canto y baile en la tarde. Ahí fue que me escogieron para participar en la producción teatral de Casa de Muñecas, de Ibsen, en el London Stage, cuando tenía 9. Luego volví al colegio normal. Cuando tenía 13 regresé al internado y, otra vez, la misma dinámica de estudios formales y artísticos. Mucho trabajo. Lo odié. Era un lugar terrible, entonces volví al colegio normal hasta que pasé la audición en el Royal Academy of Drama Art y entré ahí a los 16.

¿Qué opina del trabajo infantil en el mundo del espectáculo?
Entiendo adónde apunta su pregunta, pero lo mío no fue como Brooke Shields o Michael Jackson.

A los 20 dejó Londres para irse a Los Ángeles. Firmó con la 20th Century Fox. ¿Cómo fue llegar a Hollywood?
Había participado en 5 o 6 películas en Inglaterra. Tenía la certeza de que quería ser actriz y tuve que dejar a mis padres, a mi hermana (la fallecida escritora de best sellers Jackie Collins) y a mi hermano. No era tan fácil en los años 50. No conocía a nadie en Hollywood, excepto a un maquillador y a su mujer, con quienes había hecho una película en Italia.

¿Tuvo miedo?
No tuve miedo, sí sentí inquietud.

¿Alguien la ayudó a ser fuerte y a sentir seguridad en sí misma?

No, nunca tuve a nadie así, hasta que conocí a Percy.

(“Siempre estaré ahí”, se oye la voz de Percy desde el otro lado de la pieza).

Usted trabajó con los mejores: Richard Burton, Bette Davis, Paul Newman. Estrellas de ese nivel, ¿tienen algo en común además del talento y carisma?
Gregory Peck, Bob Hope, Bing Crosby, Harry Belafonte, Joan Fontaine. La lista es impresionante. No tenían nada en común. Algunos eran extraordinarios, encantadores, dulces y amables, como Paul Newman. Otros eran difíciles y abrasivos, como Bette Davis y Bing Crosby. Otros caballeros, como Gregory Peck. Otros misóginos como George Peppard.

Ha sido testigo de 70 años de desarrollo de Hollywood. ¿Cómo ha evolucionado el rol de la mujer en esa industria?
Buena pregunta. Las películas de los años 30 y 40, y principios de los 50, eran mucho más dirigidas a las mujeres de que lo que son hoy. Estaban Bette Davis, Carole Lombard, Claudette Colbert, Carole Landis, Katharine Hepburn, Joan Crawford. Puedo nombrar 30, pero no voy a seguir. Las películas eran para mujeres, protagonizadas por mujeres. Hoy, las películas son hechas para hombres jóvenes, de entre los 12 y 28 años, por eso es que no hay grandes estrellas del cine mujeres actualmente. Hay actrices magníficas como Meryl Streep, pero ya no hay estrellas como Bette Davis o Joan Crawford. Diría que el rol de las mujeres en el cine es hoy menos importante de lo que era antes.

¡Wow!
¿Por qué dice wow?

Porque eso se contrapone al liderazgo en varios ámbitos que han alcanzado las mujeres en países como Estados Unidos.
No me meto en asuntos políticos. ¿Tendencias sociales referidas a la mujer? Debe preguntarme en términos más específicos.

Le digo, por ejemplo, que tenemos mujeres presidentas.
¿Hay?

Bachelet en Chile, Rousseff en Brasil, la saliente Cristina Fernández en Argentina. Y Hillary Clinton pelea por su lugar.
¡No sabía, esto es estupendo! ¡Podríamos tener una Presidenta el próximo año en Estados Unidos!

Podemos hablar sobre…
Más vale que hablemos rápido, linda, porque llevamos mucho tiempo en esto.

Usted tiene un cuerpo extraordinario. ¿Siempre se ha sentido cómoda en él?
¡No! Me gustaría ser más alta y delgada. No creo que ninguna mujer esté verdaderamente cómoda con su cuerpo, pero supongo que estoy todo lo cómoda que puedo estar.

¿Es un proceso que le ha llevado tiempo?
No sé, no tengo respuesta a eso (con cara de aburrida). ¿Cuántas preguntas más tiene? Porque muchas de estas preguntas no tienen mucho sentido para mí.

“Me interesa su opinión en muchos temas”, le respondo. Ella recurre –una vez más– al típico gesto técnico de desprecio que parte con una mirada hacia el lado con cara de asco, sigue con la mirada hacia el techo, como buscando respuesta en un ser superior, y culmina con el acomodo de sus brazaletes. El marido interviene y pregunta cuántas preguntas restan. Ella se suma y en tono severo dice que son 30 minutos de entrevista y 30 de fotos. Llevamos menos de 15 de entrevista y 7 de fotos. A esta altura estoy casi segura de que estoy siendo sometida a una situación sádica. Pero ella es Joan Collins.

¿Cree que su belleza haya sido un obstáculo para el reconocimiento de su talento?
Esa es una muy buena pregunta. ¡Nunca me habían preguntado eso antes! La respuesta definitivamente es sí. Y no se trata solo de mí. No quiero compararme con actrices a las que admiro, como Vivien Leigh o Elizabeth Taylor, pero ambas fueron más conocidas por su aspecto que por su capacidad de actuación, especialmente el caso de Vivien. Y creo que si eres una actriz joven y bonita, te encasillan y la gente piensa que por ser bonita no puedes actuar. Eso es muy triste. Y todavía sucede hoy.

Diane Keaton confesó en su libro las dificultades que ha tenido para, a sus 70 años, obtener buenos papeles.
No quiero hablar sobre Diane Keaton. Siga con sus preguntas, que se nos va a acabar el tiempo.

Ok. En una entrevista usted dijo que cuando llegó a Dinastía estaba en la bancarrota. ¿Qué le significó esa crisis en la construcción de su personaje? ¿Le sirvió como motor?
¡Oh no, nunca dije “bancarrota”! He tenido problemas económicos serios, pero nunca he estado en bancarrota.

Me gustaría saber si esa crisis la ayudó en su rol.
No, no tuvo nada que ver.

Ha dicho en varias entrevistas que nació con el don de la felicidad. ¿Cómo enfrenta las crisis de la vida con ese don?
Despierto en las mañanas con la sensación de que el vaso está medio lleno. Estoy muy consciente de que he tenido, no necesariamente suerte, pero grandes dones que me han sido otorgados. Vivo la vida que siempre quise. Cuando era pequeñita, siempre soñé con tener muchas casas. Jugaba a que iba a diferentes casas y ahora las hago: una en Nueva York, una en Los Ángeles, una en St. Tropez y una en Londres. Y, aquí debo tocar madera (busca madera y la toca), estoy en muy buena forma y con muy buena salud.

“Me gustaría ser más alta y delgada. No creo que ninguna mujer esté verdaderamente cómoda con su cuerpo, pero supongo que estoy todo lo cómoda que puedo estar”.

¿Qué rol juega el lujo en su felicidad?
Todos mis lujos son totalmente merecidos. He trabajado extremadamente duro toda mi vida y, a pesar de que la gente piensa que es tan fácil actuar, no es fácil levantarse todos los días a las 4:30 o 5 de la mañana para aprender páginas y páginas de diálogos, estar bajo los focos calientes, con maquillaje, zapatos de taco alto y vestidos ajustados que obligan a cuidar el peso, porque en pantalla uno se ve con 10 libras más. Hacer eso por 40 semanas al año es muy duro. No he recibido nada en bandeja de plata.

¿Qué papel le gustaría hacer ?
No puedo pensar en eso. Un buen rol, imagino.

¿Pero tiene alguna fantasía sobre eso?
No, no tengo fantasías.

Usted no se viste con ropa de diseñador.
Así es. Los precios en las boutiques de diseñador son un chiste. Escandalosamente caros. Podría tener una prenda de diseñador ocasionalmente, a precio muy alto o que me regalen. Pero, en general, me mando a hacer muchas cosas. El vestido que tengo puesto ahora, Ralph Lauren, lo compré en Saks. El que usé anoche en el Museo de la Moda fue un diseño mío y, la verdad, es que viéndolo en fotos se ve horrible.

¿Cómo fue la relación con Nolan Miller en la construcción de su look de Alexis Carrington?
Teníamos una relación muy cercana. Era como un hermano para mí. Trabajamos absolutamente juntos en cada aspecto de la ropa de Alexis. Al principio quería meterme en un traje de dos piezas de tweed con un cuello de Peter Pan, y yo le dije: “¡no voy a usar eso, Alexis no se viste así, ella es una mujer de mundo!”. Esto era en los 80. Se usaban las hombreras, las cinturas ajustadas, Saint Laurent, Jean Paul Gaultier, había tanto buenos diseñadores en esos momentos, que decidimos copiarles.

¿Le tiene afecto a ese personaje que marcó tan radicalmente su carrera?
Es un rol que tuve.

A pesar de su extensa carrera en cine, televisión y teatro, muchos la conocen como la despiadada Alexis Carrington.
Si uno tiene un rol durante 9 años, en un show de tanto éxito, con un personaje amado y odiado, es obvio que así es como me recuerda toda una generación.

Darling, anuncia el fin del encuentro. Siento alivio, pero cometo el peor de los errores: me despido y lanzo un “me hubiese gustado seguir hablando con usted”. Un acto fallido autoflagelante. Joan Collins, que ya me da la espalda, se da vuelta, me mira de arriba a abajo y responde con ironía: Yes, I know. Well, join the club (“Bueno, sí sé. Únete al club”). A lo Alexis Carrington.

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