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14 junio, 2017
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Alberto Mayol: el anticandidato

Cotiza en Fonasa y usa un celular sin conexión a internet. No tiene equipo de comunicaciones y el asesor que lo acompaña a todos lados le dice que es una campaña tan pobre que no da ni para concejal. El precandidato del Frente Amplio ahonda en el dilema de tener por padre a Manfredo Mayol, amigo de Jaime Guzmán y hombre clave de la UDI. “¿Qué voy a hacer? ¿Voy a ser hijo de otro?”.

Por Lorena Penjean / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula 1228. Sábado 17 de junio de 2017.

Alberto Mayol (41) sale de una entrevista radial y Darío, su fiel asesor, lo pasa a buscar en un auto chiquito y se lo lleva a el Quisco. Hace un frío terrible y el precandidato presidencial por el Frente Amplio cambia su chaqueta de terciopelo azul por una parka ídem.

Es el cuarto día de campaña legal y ayer estuvo en El  Sillón de Pedro Presidencial, de TVN, donde se le vio relajado, invitó a Carcuro a su casa en Ñuñoa, mostró su biblioteca, su colección de chunchos, su auto Daihatsu Charade del año 93, su mujer Claudia (cientista político) y su hijo, Alessandro (3), quien va al jardín y, al igual que su mamá, tiene Isapre, mientras que Mayol cotiza en Fonasa. Aficionado a la ópera, intenta promover su programa político que tituló “Gobernar es poder… Poder es crear”, el que se sostiene en la rebelión de las regiones; el reconocimiento, poder y recursos a las mujeres de Chile; No Más AFP; y la nacionalización del 20% de la propiedad de empresas estratégicas, entre otros temas.

Darío le prestó un computador porque el de Mayol murió. También hace Facebook Live de sus actividades, lo aconseja en materias de comunicaciones y, en este caso, hace de chofer para llevarlo a la costa. Darío parece el Sancho Panza de Alberto Mayol, quien apenas contesta los mails y usa un celular a lo Faúndez; un celular de palo que no tiene conexión a internet, menos Whatsapp, Facebook ni Twitter porque “necesita concentrarse”. Él mismo contesta sus llamados y, si hay un tema muy urgente, le pide a Darío o a alguien que tuitee por él. Parece el anticandidato, sin un séquito de asesores, sin plata para la campaña, caminando despreocupado, con las manos en los bolsillos y su pelo al viento, distraído en algún pensamiento. Nunca suena su teléfono, no hay ansiedad ni apuro.

A Mayol, quien alguna vez fue catalogado como el “sociólogo de la desigualdad” o “el niño terrible de Enade” desde 2011, cuando irrumpió en la importante reunión de empresarios criticando el modelo económico social, le gusta comentar que es el único candidato de la historia que ha hecho campaña por su rival: Beatriz Sánchez. ¿Cuál es su afán? Hoy, ganar las primarias del Frente Amplio. Afirma que la periodista es muy competitiva pero que ganándole a ella, se va por un tubo.

Sociólogo y magíster en Ciencias Políticas de la Chile, licenciado en Estética de la UC, doctor en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, a los 23 años ya estaba haciendo clases y en 2007 hablando de educación gratuita cuando el debate se inclinaba por hablar de arancel diferenciado. También trabajó en el BancoEstado, época que recuerda con gracia porque eran tantos los beneficios que le alcanzaba para pagar las cuentas, comprar muchos libros y abonos a la ópera. El año pasado, asegura, leyó 120 libros. Es, por cierto, autor de varios títulos, entre ellos No al lucro y El derrumbe del modelo.

Dice ser sobreviviente de hostigamiento laboral en la Universidad de Chile: “Me bajaron la jornada varias veces, terminé ganando 60 lucas y me echaron para volverme a contratar sin pagarme durante dos años. Estaba tan mal que llegué a pensar en dedicarme a estudiar Medicina. Mi problema era que trabajaba en el banco para financiar mis estudios y no podía dejarlo. Lo bueno fue que aprendí que uno tiene que pasar esas cuestiones. Siempre digo: “hay que aguantar. Te tienes que ir en el momento en que al menos hayas ganado una batalla”.

¿Cómo definirías esa actitud? ¿Competitividad? ¿Resistencia?
No, tiene que ver con que si te vas en el peor momento, vas a dudar de ti mismo, y nunca vas a saber hasta dónde podrías haber llegado. Cuando te vas sin haber ganado nada, pero por lo menos con algo que rescatar del suelo, o sea, por lo menos para decir: ¿sabes qué? me pude levantar, pude caminar, abrir la puerta, salir y cerrarla, eso es tranquilizador, vital.

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Cometa Halley

Alberto Mayol llegó a vivir a la casa de sus abuelos en La Cisterna, luego de la separación de sus padres, cuando él tenía 2 años. Es hijo de Mariana Miranda y Manfredo Mayol, reconocido colaborador de la dictadura, amigo de Jaime Guzmán y Jovino Novoa y hombre clave en las asesorías comunicacionales y las campañas parlamentarias de la UDI, muy recordado por la Franja del Sí.

Vivía en el paradero 18 de la Gran Avenida, a dos cuadras del Callejón Lo Ovalle. “Recuerdo a mi mamá cesante, a mis tíos cesantes, a los amigos del barrio cesantes. Mi abuelo era médico y teníamos teléfono en la casa y los vecinos iban a llamar. Recuerdo los allanamientos, los helicópteros, el miedo. Esas casas tienen patios grandes, con árboles frutales secos y yo me iba a jugar a la pelota en el patio y me recuerdo encontrando tarritos o cosas de gente que había pasado la noche ahí, en el patio, sobre la paja para capear el frío”. Ahí vivió con su mamá, abuelos y tíos. Su abuelo murió cuando él tenía 4 años.

Tu abuelo fue una figura fundamental.
Me acuerdo de todo, hasta de las conversaciones que teníamos. Hacíamos mucha vida de cocina: yo molestaba porque quería mear en un tarrito y él, en broma, agarraba un cuchillo y me decía: “te voy a cortar el pilín” y yo salía corriendo en pelotas por toda la casa. Era gracioso. Él leía y yo jugaba a su lado.

¿En qué trabajaba tu mamá después de la separación?
Mi mamá no pudo estudiar y empezó a trabajar desde muy joven. Trabajó en Canal 13, de secretaria de la dirección que en ese tiempo era muy DC. Trabajó con el cura Hasbún y ahí conoció a mi papá. Después trabajó en empresas inmobiliarias, en ventas de casas, en una financiera. Recuerdo la palabra reemplazo más que pegas propiamente tales.

¿Se volvió a casar?
No, era otra cultura. Mi mamá venía del sur y cuando llegó a Santiago lo pasó mal: la molestaban porque hablaba raro.

¿Hablaba cantadito?
Claro, ella era como de campo alemán: rubia, pálida. Siempre fue muy trabajadora, porque, además, mi papá ayudaba poco. Él siempre ha sido desordenado con la plata: nunca tenía.

Pero de desordenado, no de miserable.
Puedo decir mil cosas en contra de mi papá, pero es de una generosidad sin límites. Si él ve que algo que tiene le sirve más a otra persona, se lo regala instantáneamente. Mi papá, nadie lo cree, no tiene ningún ahorro. Siempre pasaba a verlo a la oficina y solía estar con sus amigos millonarios. Podría apostar a que él pagaba la cuenta de los almuerzos.

¿Cómo fue la relación de ustedes después de la separación?
Muy normal: todos los fines de semana salía con él, a veces un día, a veces los dos días. Lo recuerdo llegando de algún viaje con un regalo ridículamente costoso, que a mí me importaba nada porque me pasaban una pelota de fútbol y listo.

Háblame del miedo que sentías de chico.
Estaba en el ambiente. Hubo amigos que tenían que desaparecer; tenían que arrancar para que no los pillaran. Un amigo del Frente una vez me invitó a una reunión. Le dije: “¿no cachái dónde trabaja mi papá?”. Cada vez que venía a visitarme por las noches en la puerta de mi casa se ponía la CNI: vigilaban porque sabían que mi abuelo había sido de izquierda y vivía en un barrio de izquierda.

¿Cuándo cachaste que tu papá trabajaba para la dictadura?
No me acuerdo: imagino que fue con el plebiscito. Ahí es más claro el conflicto.

Fue así como: “¿papá, por qué trabajas para Pinochet?”.
Siempre lo molesto y le digo: “cada vez te ascienden más en los cargos que ocupaste”. Mi papá debe haber visto a Pinochet una vez; o sea, menos que el Nacho Walker. Él trabajaba en el grupo Cruzat, en las revistas Ercilla, Vea, Deporte Total, en la radio Minería y en la radio Galaxia. Entonces lo veía más ligado al periodismo. En TVN duró muy poco.

Pero has dicho que lo recuerdas censurando películas.
Lo veía viendo películas pero pensaba que cortaba fragmentos por un tema de tiempo, porque, además, cortaba partes absurdas. Vine a entender algo más cuando llegó la Franja del Sí. Ahí el conflicto se puso sobre la mesa.

¿Ahí se te armó el naipe?
Recuerdo una imagen de una franja televisiva, una escena muy linda: un muro lleno de panfletos del No, de las elecciones del 89, y de repente unos chicos empiezan a sacar los carteles y abajo aparece, poco a poco, una pintura donde se lee Allende. Tenía 14 años y me dije: “esto está en la tele, ¿por qué me da miedo?”. Fue una revelación. Me di cuenta de que estábamos enfermos. ¿Cómo era posible que de solo ver el nombre de un ex Presidente te cagues de miedo?

¿Qué hablaste con tu papá?
Un día se lo planteé y su respuesta fue regalarme puros libros fachos. Y ahí empecé a separar aguas en la relación.

¿Nunca te dio rabia, nunca le preguntaste por qué?
No sé, era como una sensación de anestesia, para mí era normal tener mis amigos del Frente y mi papá. Además, todos nos juntábamos con mi papá en la casa, pasábamos los años nuevos juntos. Lo he llevado a carretes de gente de izquierda y quedan encantados con él.

¿Entonces no lo enfrentaste por sus ideas?
No era una cosa de llegar y decirle cualquier cosa. Nunca vi una actitud de él tendiente a generar una acción proactiva política que me pareciera deleznable. Después hay una serie de antecedentes. Algunos él los niega. Otros los acepta. Por ejemplo lo del cometa Halley.

Cuéntame lo del cometa Halley.
Un domingo lo acompañé a hacer revisión editorial y cambios antes de irse a imprenta. El único que estaba era el dibujante haciendo un mapa celeste muy lindo. Mi papá le dice: “¿y el cometa?”. “Ahí está”, le dice el tipo, mostrándole el mapa celeste. Mi papá lo increpó: “Está muy chico, ¿dónde está la cola?”. El dibujante le hizo ver que así se iba a ver, poco y nada. Mi papá le dijo: “¿Y a mí qué me importa cómo se va a ver? Tienes que ponerle cola y hacerlo más grande”.

Un montaje para distraer la atención.
Él no lo dice con esa brutalidad. Más bien sostiene que se instaló la idea de que el paso del cometa era una muy buena causa de unión entre las personas y familias de Chile.

Muy elegante la explicación.
Muy Guzmán, de quien era gran amigo. No lo conocí pero recuerdo que su muerte fue impactante para él. La viví por ambos lados: mi papá muy afectado y también vi la persecución de estudiantes de la Católica que cayeron en sospecha.

¿Nunca le tuviste rabia?
Sí po. Es duro, además que muchas veces me dio rabia, incluso antes de entender todo, porque me pasaba que en los colegios me tenían mala o buena sin ninguna razón.

Nunca le dijiste: “ser hijo tuyo me está fregando”.
Nunca, esas cosas hay que asumirlas. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a ser hijo de otro? Fue muy chocante cuando estudié Estética en la Católica porque ese era su mundo. Él entrenaba a los candidatos de la Feuc de la derecha. Además, lo pasaba a ver y me encontraba con Bombal, con Jovino.

Hoy, ¿quién le causa más problema al otro? ¿A ti ser su hijo o a él ser tu padre?
No lo sé. Al principio sin duda, él me los causaba a mí, pero ya no lo tengo tan claro. No sé si hay causalidad pero desde que yo emergí en 2011 mi papá ha perdido hartos clientes (risas). Le he costado plata, así es la vida y está bien.

Tu papá trabaja para tus adversarios.
¿Y eso me hace mal? Perdón, pero eso se llama monarquía. Siguiendo ese enunciado, debería haber estado en la Feuc, ser gremialista, de la UDI y ahora debiera tener plata y ser candidato a la presidencia en vez de Felipe Kast. Y claro, también debí haber renegado de Pinochet porque es más cómodo y haber terminado en las primarias de la derecha.

Para él debe ser odioso que le digan “controle al niño”.
Es bravo, pero la otra vez me dijo que lo mejor de mi candidatura era que apareciera la palabra Mayol en La Moneda. “Podría haber sido yo”, me dijo.

¿Él está trabajando en la franja de la derecha hoy?
En la de Piñera no creo. Que yo sepa no se tienen muy buena con Piñera… Disculpa papá por decir esto que puede ser inapropiado (risas). Él se hace cargo de candidaturas parlamentarias y presidenciales de la UDI como con Longueira. Hay gente que me dice: “anda a hablar con tu papá para que te ayude”.

¿Él te llamaría para aconsejarte?
Jamás se atrevería porque sabe que soy mañoso. Además, porque no sé si es parte de lo que él haría en lo que entendemos es una disputa política. Esto es algo importante, no es broma, no es si le va bien a tu hijo. La otra vez estuve con él y me dijo: “a nosotros nos encanta la candidatura de la Bea, nos acomoda, nos parece que es más fácil de enfrentar en el sentido electoral de que no va a dejar una agenda puesta”.

Chuta el diagnóstico.
Brutal, así son nuestras conversaciones.

“La otra vez (mi papá) me dijo que lo mejor de mi candidatura era que apareciera la palabra Mayol en La Moneda. ‘Podría haber sido yo’, me dijo”.

”La otra vez (mi papá) me dijo que lo mejor de mi candidatura era que apareciera la palabra Mayol en La Moneda. ‘Podría haber sido yo’, me dijo”.

Examen de grado

Mayol está en el programa Aquí está Chile de CNN y CHV. Entra al camarín, imperturbable, económico en sus formas. Está solo con su jefa de comando, la jubilada trabajadora social y actual profesora universitaria, Isabel Palominos, y el fiel Darío con una copa de vino. Mayol se tiene fe.

Una vez al aire, rápidamente es trending topic en las redes sociales. Isabel, que trabaja ad honorem en el comando, lo mira chocha y serena. Habla bajito. Es como el anticomando. No hay asesores neuróticos, no hay gente llamando por teléfono ni decenas de computadores.

Termina pasado la medianoche. Darío hace un Facebook Live. Ha pasado el examen sin equipo de comunicaciones, sin agencias ni nada. “¿Equipo de comunicaciones?”, dice Mayol, divertido. “Hay un periodista que me ayuda con los medios. Hasta ahora hemos gastado un palo dos. Darío el otro día me humilló, me dijo: ‘mira, esto no es una candidatura presidencial pobre, no es una candidatura de diputado pobre, ni alcalde pobre, esta candidatura ni siquiera da para concejal pobre’”.

A veces las campañas tienen que ver, básicamente, con enfrentar los medios, que son los que más visibilidad te dan.
Es cierto. Si no apareces en la tele no marcas en las encuestas y viceversa. Eso empobrece la discusión. Con toda la distancia que tengo con Lagos, sacarlo porque no marcaba en las encuestas fue una falta de respeto.

Pensé que en el Frente Amplio sentían cierta alegría por eso.
No, yo sentía alegría por una derrota política de Lagos, no porque no lo dejaran competir.

¿Sientes alguna admiración por Lagos?
No. El dedo de Lagos fue un tremendo hito, con potencia poética. Después de los 90, nada.

¿Le tienes más mala a la Concertación que a la derecha?
No, tengo bien claras las cosas. Margaret Thatcher dijo una vez que su gran obra era Tony Blair, que tenía una izquierda completamente sometida a sus criterios. Aquí pasó lo mismo. Al final se trató de sacar a Pinochet y toda su obra fue defendida por los que estaban sacándolo. ¿De qué estamos hablando? ¿Dónde está el proyecto de la Concertación?

¿No le falta humildad al Frente Amplio?
Al contrario. El otro día me llamó un periodista español y me dijo: “a ustedes les hace falta arrogancia”. El punto de fondo es entender dónde está esa imagen de pureza y cuánto nos exigimos para encarnarla. No tengo problema en que planteemos una exigencia ética gigante, mi problema es si acaso vamos a estar en condiciones de cumplirla, como lo que pasó con Javiera Parada. Pasa en varios niveles: nos están pidiendo segundos de franja para el Frente Amplio en circunstancias en que hemos tenido una candidatura con mucho menos visibilidad que Beatriz.

¿Te negaste?
Estamos negociando. He pedido que estas conversaciones se produzcan en la mesa del Frente Amplio, mesa que no conozco ni tampoco quiénes la integran. Al menos los candidatos debimos haber tenido una reunión con un vaso de agua mineral y un quequito.

¿Cómo pueden ser opción si no pueden sentarse a conversar?
Estamos mejorando pero, por favor, mira los déficits en la Nueva Mayoría o en la derecha: son terroríficos, de House of Cards. Hemos tenido arrogancias absurdas y nos ha faltado arrogancia con sentido. O sea, la arrogancia absurda es lo de Javiera, me parece que no corresponde.

¿Qué es la arrogancia con sentido?
Es cuando tú eres capaz de pararte frente a un país y decirle que puedes gobernar. Eso, en un acto de alguien que nunca ha estado en el gobierno, es un acto de arrogancia, no puede ser otra cosa.

¿Tú crees que vas a ganar las primarias del Frente Amplio?
Estamos trabajando para eso. Si ellos lo logran con la Bea con su estrategia, con una moda gigante que mueve a mucha gente, más allá de los contenidos, porque así ha sido, han reivindicado el hecho de no plantear los contenidos. Bueno, si ellos ganan me sacaré el sombrero y diré: “tenían razón”. Mi impresión es que no sirve. Yo tengo un programa. Ahora, lo que tengo que hacer es vencer a la Bea.

¿Qué tan competitiva es Beatriz?
Creo que tengo más probabilidades de ganarle a Piñera que Beatriz, porque Piñera va a llevar la discusión a modelos económicos, y yo tengo fuerza en eso. Por eso le propuse un debate para enrostrarle su indecencia y amoralidad.

¿Tienes un plan B por si pierdes?
No. Habla con mi señora, y pregúntale si tengo un plan B. Ayer, antes de irme a dejar a mi hijo al jardín, me dijo: “Alberto, tú siempre lo logras, ¿no?”. “¿Qué cosa?”, le pregunté. “Siempre logras tener una pega que ocupe más horas y en la que ganes menos plata”. O sea, ella sabe porque me ha preguntado “y si pierdes, ¿qué vas a hacer al día siguiente?”. Mi respuesta es la misma: “no tengo idea”.

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