Alejandro Bazzano: “La casa de papel es una obra imperfecta, como todas las obras de arte”

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Alejandro Bazzano: “La casa de papel es una obra imperfecta, como todas las obras de arte”

Por Patricia Morales / Fotografía Nicolás Abalo / Producción Giselle Sateler / Agradecimientos GAM

Es uno de los cuatro directores de la serie española y vino a Chile invitado al Festival de Cine Europeo. Nos habló sobre este éxito en Netflix, pero también acerca de las críticas y de lo que esconden símbolos como las máscaras de Dalí.

Los primeros meses de este año han sido especialmente activos en el grupo de WhatsApp del equipo responsable de la serie española La Casa de Papel. “Cuando nos empezaron a llegar noticias sobre la respuesta que estaba teniendo la serie en el público internacional -se había estrenado primero en Antena 3, un canal de televisión abierta en España, a comienzos del 2017, y recién llegó a Netflix un año después- la mayoría de nosotros estábamos en otros proyectos, ya nos habíamos olvidado un poco del tema. Teníamos este chat donde están los actores y el equipo de producción, y nos empezamos a pasar por ahí imágenes y links que mostraban el éxito que la serie estaba teniendo en otros países, nadie se lo podía creer. Todos alucinamos con lo que estaba sucediendo”, cuenta Alejandro Bazzano, uno de los directores de la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix, quien vino a Chile invitado a la versión número 20 del Festival de Cine Europeo.

Aunque, reconoce, todo el equipo tenía muchas expectativas, nunca se imaginaron esta acogida internacional. “La primera respuesta que tuvimos cuando se exhibió en televisión abierta no colmó nuestras expectativas. No es que nos haya ido mal, pero ni por asomo tuvo la fama que ha tenido fuera de España”, cuenta.

¿Por qué crees que tanta gente ‘enganchó’ con la serie en otros países?

Más que el país, pienso que tiene que ver con las plataformas. En España se exhibió por primera vez en televisión abierta, donde hay una gran variedad de contenidos, desde realities, pasando por noticias, deportes y hasta programas de cocina. Entre medio de todo eso están las series, que además las dan un día y en un horario fijo al que estar pendientes. El público de Netflix es distinto, son fans de la ficción y buscan este tipo de contenido, que pueden ver en el horario que quieran. Es un público un poco más exigente.

¿Cómo cumplieron con sus exigencias?

Fueron varios factores. Es una historia bastante original para ser una serie de televisión, porque historias de asaltos y secuestros con rehenes en el cine se han visto muchas, pero en series es más novedoso. Se trata además de la historia de lucha de un grupo de personas de origen bastante humilde, con muchos conflictos y problemas, que se deciden hacer un atraco que es casi una proeza, y conseguir ese objetivo parecía imposible. Todo esto lo hacía muy atractivo y de alguna manera lograba que hubiese una identificación muy fuerte entre el público y los personajes.

Pero no todo ha sido halagos. Muchos los han criticado justamente por ser una temática muy cliché.

Sí, tiene sus detractores también. En el arte es todo muy subjetivo y hay gente que le gusta y otra a la que no. Hay críticas de todo tipo y algunas son muy válidas porque La casa de papel es una obra imperfecta, como todas las obras de arte. Siempre hay cosas que se podrían haber hecho mejor, pero nosotros nos lo tomamos bien; creo que lo importante de las críticas es saber recibirlas y usarlas para mejorar.

ESTILO ROBIN HOOD

La serie comienza con el atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Todo está planeado por un genio, el Profesor (Álvaro Morte), y con una ejecución casi perfecta de los atracadores Tokio (Úrsula Corberó), Nairobi (Alba Flores), Río (Miguel Herrán), Moscú (Paco Tous), Berlín (Pedro Alonso), Denver (Jaime Lorente), Helsinki (Darko Peric) y Oslo (Roberto García). El objetivo es salir de ahí con 2.400 millones de euros, pero sin ensuciar sus manos con sangre, al puro estilo Robin Hood.

¿Esa trama se puede leer como una crítica social al poder establecido?

Sí, claro. Había además una intención de lograr que el público empatizara con los personajes, porque si no consigues que la gente se enamore de ellos, difícilmente seguirán una serie. Muchas veces ocurre que los personajes tienen más fuerza que las propias historias. Hay muchos ejemplos. Los seguidores de Dr. House no la ven por los casos médicos, la ven por el personaje principal, un ‘tío’ que es incorrecto, que se salta las normas, y eso a la gente le encanta.

¿Cuál es tu favorito?

Berlín. Es que tenía una ironía y un cinismo fabulosos. Sus diálogos eran maravillosos, era un personaje muy atractivo. El Profesor, Tokio y Nairobi también eran muy interesantes, todos los personajes eran muy potentes, pero mi preferido era Berlín. (…) Queríamos tener personajes muy diferentes, que funcionaran individualmente y también como colectivo. Que cuando vieras ese grupo tan heterogéneo reconocieras las peculiaridades de cada uno, e incluso pudieses identificarte con alguno. Había gente que simpatizaba más con Nairobi o con Río, o con Moscú, quien antes de ser delincuente era un obrero que trabajaba en las minas. Todos tenían una especialidad, era un poco tipo Ocean’s Eleven (La gran estafa). Nosotros hemos vivido mucho de la ficción de las grandes pelis. Si ves la serie con detención es muy fácil leer las influencias de algunas películas de Tarantino, de Inside Man (El plan perfecto), y de tantas otras de este género que son los asaltos a los bancos.

Eligieron la máscara de Dalí, un personaje que en ocasiones se ha asociado al franquismo, muy lejano al Robin Hood que representaban…

Yo no me atrevería a relacionarlo con el franquismo, creo que Dalí es uno de los padres del surrealismo, pienso que si hay algo que lo caracteriza más es la irreverencia, el no respetar las normas, priorizar la libertad por encima de todo. Es verdad que él terminó volviendo a España estando aún Franco en el gobierno, cosa que no hicieron ni Picasso, ni Buñuel, ni un montón de otros artistas, pero de ahí a relacionarlo con el franquismo creo que es demasiado audaz. Él no tenía unas convicciones políticas tan fuertes como otros, pero era por sobre todas las cosas un artista muy libre, muy loco, muy irreverente, y yo creo que esa fue la idea de utilizar una máscara con su rostro, porque el trasfondo de este atraco encierra un acto de rebeldía e irreverencia hacia el poder establecido.

La serie está llena de símbolos de ese tipo. La canción Bella ciao también es uno ¿no?

Sí, la cantaban los partisanos, que son los guerrilleros que en un primer momento se enfrentaron al fascismo de Mussolini y luego al nazismo alemán en la Segunda Guerra Mundial. Simbolizaba la resistencia y por eso se eligió. Bueno, y además porque había una historia, se supone que el abuelo del Profesor había estado en Italia combatiendo y le cantaba esta canción a su padre y a él, y por eso él hacía lo mismo con su pandilla.

Alejandro Bazzano

FUERA DE LOS PLANES

Alejandro es uno de los cuatro directores de la serie. “Trabajábamos con dos unidades en paralelo porque teníamos una fecha de emisión muy próxima a nuestra fecha de producción. Empezamos a rodar en enero y en marzo ya estaban emitiendo el primer capítulo en Antena 3. A medida que íbamos filmando, en paralelo estaban escribiendo y nos iban llegando los guiones. Si se enfermaba un actor era un drama tremendo”, recuerda.

¿Y pasó?

Sí, más de uno estuvo a punto de enfermarse y no quedó otra opción que tomar mucha pastilla, mucha sopa y a seguir para adelante.

¿Quién era el más desordenado?

Miguel Herrán (Río). Improvisaba mucho, incluso se jactaba de que no hacía una toma igual a la otra. Es un chaval muy hiperactivo, siempre estaba bromeando.

¿Y Berlín, improvisaba mucho también?

Sí, es que Pedro Alonso, el actor, tiene un gran gusto por la retórica. Se largaba a hablar y una escena que debía quedar de dos minutos le quedaba de cinco. Yo le decía ‘me encanta pero tenemos que cortar’.

Tal vez por eso muchos han lamentado que Berlín no esté en la tercera temporada.

Sí, es que en un comienzo no estaba pensada una tercera temporada. Era una historia con un término lógico, una vez que se acabara el asalto, terminaba también la serie. Pero tuvo tanto éxito que obviamente a Netflix le interesó y dijo ‘este caramelo no lo voy a dejar pasar’. Pero en una de esas se les ocurre hacer una precuela con Berlín, lo digo elucubrando, porque no está definido lo que se hará.

¿No les preocupa estirar la historia a la fuerza?

Obviamente hacer esta temporada va a ser un gran desafío para los guionistas porque ha quedado la vara muy alta. Va a arrancar con una expectativa que no tenía la primera; la gente está esperando una genialidad y yo creo que lo van a conseguir, le tengo mucha fe al equipo completo.

Van a tener que partir por pagarles el millón de euros a los rehenes que los ayudaron.

¡Sí! hay que cumplir la promesa, ese puede ser un buen comienzo.

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