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28 diciembre, 2017
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Álvaro Ballero

El 3 de enero se cumplen 15 años de Protagonistas de la Fama, el primer reality chileno en el que 14 jóvenes aceptaron encerrarse en una casa-estudio durante 91 días con el sueño de alcanzar la fama. El rating explotó. Se habló de morbo, manipulación, “de hito histórico en televisión”. Acá, el más querido y el más odiado, un sobreviviente..


Por Lorena Penjean / Fotografía:  Alejandro Araya / Producción: Álvaro Renner

Paula 1242. Sábado 30 de diciembre de 2017.

Cuando a Álvaro Ballero (35) se le pide definir qué se siente tener humos en la cabeza, lo grafica con una escena. 2003, Avenida Kennedy. Maneja un auto lujoso a gran velocidad. Va escuchando al rapero 50 Cent a todo volumen. Acababan de pagarle la célebre publicidad de Telefónica “Yo amo a Ballero”, en la que se le veía bajar de una limusina rodeado de flashes, mujeres estupendas, bronceado, tomando su pelo con visos rubios, adorándose frente a un espejo. “Yo no busqué ser famoso, pero lo soy”, decía en off mientras miraba a la cámara. Va en su auto a toda velocidad y piensa que tiene todo lo que siempre soñó desde niño: fama, dinero, reconocimiento… todo.

Hoy le parece heavy recordarlo: “Creo que en el fondo era consciente de que no tenía nada y de que todo iba a durar muy poco. Con la madurez uno entiende que después de eso vienen fracasos, aprendizajes, muchas cosas”, sentencia.

Como en la publicidad, él no buscó la fama, pero la encontró. Tenía 20 años y no bien se acercaba la final del reality, ya intuía que lo suyo sería grande, un fenómeno. El programa partió con un auspicio y terminó con 18. Antes de la final, que era en vivo y para la cual debió pasar dos días más en la casa-estudio porque no podían ir a un hotel por el acoso periodístico, sintió por primera vez el efecto que causaría en las personas de ahí en más.

Siguiendo con el ejercicio pedante de esta reportera que le pide que explique el efecto que tiene la fama sobre las personas, dirá que a veces se sentía un rock star y otras como un extraterrestre. Sobre todo en dos oportunidades:

1. El encuentro con la realidad: la primera noche con sus padres ellos le llevaron una caja con los recortes de sus apariciones en prensa. Le dieron las 4 de la mañana revisándolas. Su primer día de fama partió a las 7 de la mañana con entrevistas y sesiones de fotos. Pasada la medianoche le pidió a un amigo que fueran a comprar un chocolate a la Shell de Vespucio con Colón. Cuando bajó estaba solo el bombero de turno. En pocos minutos había 25 personas gritando su nombre. Lo disfrutó mucho, se sintió un rock star.

2. El encuentro con la fama: al día siguiente fue a comprar anteojos de sol al Alto Las Condes pensando en que, como era un sector más ABC1, la gente no le daría importancia a su presencia. Pero bastó que alguien gritara su nombre y todo se salió de control. Álvaro recuerda que era un griterío propio de fans de Luis Miguel o Ricky Martin. “Me topé con una fama insólita, que rompía todas las barreras socioeconómicas”. Sintió temor. Se sintió un extraterrestre.

Sergio Nakazone, el conocido como el cerebro de los realitys en Chile, nos pone en contexto: “Chile en el 2003 era un país muy ordenado, tímido, respetuoso, donde nadie se salía del molde, donde todo era muy correcto y formal. Álvaro, quien en ese momento tenía 19 años, rompió el molde porque era irreverente, tenía un gran ego y era muy seguro de sí mismo. Un joven que se quería comer la cancha, que salía de la media, que en un comienzo sonaba pedante y hasta desagradable”.

“Para mí es tema que un niño se exprese mal o que les pegue a otros niños, que no dé las gracias… La premisa máxima para nosotros es que valoren a las personas. No me gusta que los niños se duerman con el iPad, sorry, pero eso no es lo que quiero para mis hijas”.

Poco antes del encierro, que comenzó el 3 de enero del 2003, Álvaro era un joven viñamarino que escribía poesías, que militaba en RN y que quería dedicarse a la política, de hecho, había ingresado a estudiar Administración Pública en la Universidad de Valparaíso.

“Siempre he sido un tipo muy pa’ dentro, pese a lo que la gente pueda pensar, no antisocial, pero sí algo ermitaño, muy de mi familia, de cero carretear. Siempre fui muy ñoño. Mi vida post reality no fue con drogas ni alcohol ni desenfreno. Yo empecé a tomar a los 27 años, ya casado. Todas las tonteras que hice fueron sobrio, consciente”.

Hace poco encontró un cuaderno de poesías de 1998, cuyo poema, Locura, compartió en Instagram, red social en la que se ha descrito como un ogro melancólico.

¿Seré yo el loco que dice la gente?
¿Quién eres locura?
¿Serás la que hace que me ría con lágrimas?
¿Serás la que se escapa de mis ojos cuando froto mis palmas con ellos?
¿Serás la dama que me invita a danzar con la soledad?

Por un lado era famoso, famosísimo, pero por otro fue desmoronándose frente a las críticas. La más frecuente era que no tenía talento, que era egocéntrico, vanidoso. Y dejó de amarse. Y se odió.

“En gran parte tenían la razón, yo era pesado, terco, tenía humo en la cabeza, me creía dueño de la verdad sin tenerla. Cuando no estás en la televisión, seguro alguien de tu círculo cercano te lo hará ver, si es que se atreve. Cuando eres famoso te lo dice todo un país. Eso cuesta, nadie está preparado para eso”, sentencia.

Primer beso, septiembre de 2008

“Luego de 1 mes y medio de pololeo nos casamos un 28 de octubre de 2008, hoy han pasado 9 años y quiero que sean 900 a tu lado, porque es la única fórmula que encontré en mi vida de sentir que puedo disfrutar cada momento sin necesidad de tener los bolsillos llenos, sin tener títulos o un auto del año, contigo vivo hasta el más básico detalle con pasión…

Gracias por tanto… No sé si estaremos juntos una eternidad, solo sé que si algún día dejas de ser mi Mujer, habré perdido la persona más mágica e importante de mi vida, pero ¿sabes? Nunca nos perderemos, porque nuestra unión está escrita con fuego”, señala un posteo en el que le rinde homenaje a Ludmila Ksenofontova, madre de sus tres niñas, –Mila, Vika e Ivana– una rusa que conoció en un programa de patinaje artístico de TVN. Hoy espera su cuarto hijo, Santino, inspirado en un personaje de su película favorita, El Padrino.

Cuando se conocieron, Álvaro dormía en un colchón en una pieza que le arrendaban unos amigos. Ludmila había terminado una relación de 7 años con el hijo del dueño del circo. “Ella era la talentosa, ella me enseñó a sonreír”, afirma. Álvaro compró un sofá grande y ese fue el primer mueble de la pareja.

¿Por qué eras tan pobre cuando la conociste?
Porque era un chico reality en la época en que los chicos reality no hacían carrera. Con lo único que gané plata fue con Telefónica; a mí el canal me hizo un contrato de dos años por 200 mil pesos mensuales. Yo desconocía el tema, era cabro chico, no me asesoré bien, los humos en la cabeza te juegan en contra; me volví una especie de sordo y yo no quería escuchar más, imagínate que hasta Piñera me invitó a almorzar con él y me ofreció ayudarme con el tema de las finanzas… tal vez pudo haber sido mi mejor asesor…

Si se le hace ver lo aperrada que es su mujer Álvaro dirá que ella no lo ve así. Que para ella, que viene de una familia pobre de Rusia que creció en una especie de cité de madera donde ocho familias compartían un baño que estaba afuera y al que iban con 30 grados bajo cero, todo parece ser simple, que la plata no les dure hasta fin de mes no es para desesperarse. Dirá que él la ama aún más porque sin saberlo, es una súper heroína. “Mientras yo soy un egocéntrico, ella es noble”.

Ella, sostiene Ballero, barrió con las cosas “que quedaron de ese tiempo que yo pensaba que construían al personaje que la gente quiso. Cuando me relajo sigo siendo el mismo gallo que hacía reír a la gente en Protagonistas, solo que sacando la tontera de un veinteañero que se topó con la fama de un día para otro”.

Hoy esperan su cuarto hijo, Santino, y si hay algo que lo tiene harto es que le pregunten ¿cómo lo hacen? ¿No será irresponsable tener tantos niños hoy? ¿Se mudarán a una casa más grande?
“Siempre me imaginé de papá. Quería tener 8 cabros y ser el mejor papá. Al verme hoy me doy cuenta de que no tengo la paciencia que soñaba que tendría. Soy muy estricto, con Ludmila somos más a la antigua, medios sargentos, pero cariñosos. Para mí es tema que un niño se exprese mal o que les pegue a otros niños, que no dé las gracias… La premisa máxima para nosotros es que valoren a las personas. No me gusta que los niños se duerman con el iPad, sorry, pero eso no es lo que quiero para mis hijas”.

“Yo fui mucho de pasarles la cuenta a mis viejos y pensando en las que me pueden pasar, no me gustaría que me dijeran que no estuve cuando me necesitaron y no les hice sentir lo mucho que los amaban”.

“Ahora voto por RD y admiro a Jackson y a Boric porque tener hijos me hizo darme cuenta de la injusticia que es que haya niños que porque nacen en determinada comuna no tienen acceso a buena educación ni salud, tampoco a una plaza para jugar. Estoy a favor del aborto en tres causales y también del matrimonio igualitario. Es inevitable que viendo la vida no te vuelvas más pluralista, más de izquierda. Me gustaría ver más diversidad. Eso nos hace mejores personas. Me gustaría ver familias homoparentales en el colegio de las niñitas, no quiero que sepan de la homosexualidad por Ricky Martin. Hay que botar prejuicios. Abrir la cabeza”.

“Siempre he sido un tipo muy pa’ dentro, pese a lo que la gente pueda pensar, no antisocial, pero sí algo ermitaño, muy de mi familia, de cero carretear. Siempre fui muy ñoño. Mi vida post reality no fue con drogas ni alcohol ni desenfreno”.

Corolario
En noviembre, luego de ser despedido, al igual que toda el área reality de Canal 13 liderada por Nakazone, Ballero volvió a las pantallas en Zona Latina con Star Contigo.

En marzo espera retomar Publicidad en Marketing Digital, carrera que abandonó el 2005 por problemas económicos. El 3 de enero se cumplen 15 años desde que ingresó por 91 días a la casa estudio.

Nakasone dirá que no hay peor droga que la fama. “No ha habido ninguna estrella que genere lo que generó Álvaro. Recuerdo escenas en las que había que sacarlo de los malls o de los colegios con guardias porque se le tiraban encima y le rompían la ropa. Eso desequilibra a cualquier persona. Pero lo bueno es ver al Álvaro de hoy, que es lo que es en parte por haber sido lo que fue, un chico reality, eso no es un estigma en su historia. Hoy es un padre, esposo y un profesional con tremendas perspectivas, creativo, con una inteligencia 10 veces mayor que la que tenía a los 20”.

Álvaro, ¿tú cómo te imaginabas a los 35?
Pensaba que iba a ser famoso, multimillonario. Me imaginaba como Don Francisco, haciendo carrera en Estados Unidos. Y no tengo nada de eso, pero sí lo más difícil de conseguir: una familia, hijos sanos y una monotonía exquisita.

¿Por qué seguir amando a Ballero?
En los tiempos de “Yo amo a Ballero” me trataron tan mal, que dejé de quererme. Me cuestioné mucho, pero aprendí lo sanador que resulta valorar las cosas en las que eres bueno y convivir con las debilidades. Eso es amarse de verdad y después de odiarme, lo aprendí con mi mujer y mis hijas. ¿Acaso no tener plata es tener un momento malo? ¿Acaso no estar en la tele es tener un momento bajo? Para mí no, para mí esa es la vida.

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