Amor puertas afuera

Reportajes y Entrevistas

Amor puertas afuera

Por Teresa Sánchez / Ilustración Gertrudis Shaw

Hace 25 años que pololeo con Jaime y no está dentro de nuestros planes irnos a vivir juntos. Somos una pareja inmensamente feliz, muy estable, pero que por factores externos, y también decisiones nuestras, hemos mantenido una relación larga sin convivir bajo el mismo techo.

Nos conocemos desde que tenemos 14 años. La primera vez que lo vi fue mientras estaba comprando unos vidrios en una mueblería de Santiago. Yo había llegado hace poco de San Felipe y me sentía como una huasita en la ciudad. Jaime trabajaba en ese lugar y me atendió. Siempre me dice que para él fue a primera vista. En mi caso, no fue tan así. Lo encontré muy amoroso, pero estaba más preocupada de no perderme que de conocer a alguien. Sin embargo, se las jugó. Se consiguió mi número, me invitó a salir y reconozco que caí rendida a sus pies. Luego de unos meses nos pusimos a pololear y estuvimos juntos por varios años, hasta que por no coincidir en algunos temas decidimos terminar.

Cuando llevaba dos años soltera, conocí al papá de mi hija. De él, no vale la pena hablar. Fue una relación bastante corta en la que quedé embarazada y se mandaron a cambiar sin reconocer la paternidad. Sufrí, pero siempre he sido bien guerrera así que tampoco me eché a morir. Nació mi hija, la niñita más linda y dulce del mundo, y al año, Jaime apareció. Desde ese reencuentro él ha estado todo el tiempo junto a nosotras. Y lo mejor es que mi Andreita lo quiere como si fuese su papá.

Cuando cuento que llevo tanto tiempo en pareja y no vivo con él, muchas personas se asombran y les cuesta entenderlo. Que cada uno piense lo que quiera, pero sí me molesta que pongan en duda nuestro amor. Creo que hay muchas formas de estar en una relación y a nosotros esta es la que más nos hace feliz. Nos gusta esa independencia y libertad, que cada uno tenga su espacio y que compartamos solo cuando queramos, que no sea una obligación estar todo el tiempo juntos. Pienso que para que una relación sea exitosa, deben haber instancias para echarse de menos. No sé si me gustaría despertarme y acostarme todos los días a su lado, prefiero que sea una opción y no una costumbre.

Hemos construido una dinámica muy linda, muy de pololos, de llamarnos por teléfono, escribirnos por Whatsapp todo el tiempo y de aprovechar los fines de semana para vernos. Igual hay momentos en los que nos cuesta separarnos, sobre todo porque vivimos un poco lejos, él en La Reina y yo en Maipú, pero siempre estamos hablando y preocupándonos del otro. No hay día en el que no me llame para saber cómo amanecí y para ver si llegué bien a la vuelta del trabajo. Además, cada uno tiene sus propios temas en la casa. Jaime debe cuidar a su mamá de casi 90 años y la Andrea y yo estamos muy acostumbradas a estar las dos solas.

También debo reconocer que me da un poco de miedo perder lo que tenemos. Quizás porque la única vez que conviví con alguien, terminó siendo un desastre. Me da pánico pensar que algún día podríamos olvidar esa magia y complicidad que tenemos. Además, como cada uno ya tiene su edad, hemos desarrollado nuestras mañas y nos cuesta coincidir en todo. Me imagino que juntar a dos personas que llevan toda una vida separados no debe ser fácil, y ceder, pasados los 50 años, es complicado. Sin embargo, cuando pienso en mi vejez, sí me la imagino a su lado. Creo que el primer paso lo vamos a dar el día que nos quedemos viviendo solos. Ya lo hemos conversado. Los dos queremos envejecer juntos en una casita en el campo.

Teresa Sánchez tiene 56 años y es secretaria. 

 

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