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29 mayo, 2017
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Andrés Gómez-Lobo: Elegir al hijo

Enfrentado al dilema de que su único hijo se fue a vivir con su madre a La Serena, a 450 kilómetros de distancia de Santiago, el entonces ministro de Transportes no lo dudó: renunció a su cartera para estar cerca de él. Hoy, luce más chascón y relajado, y se compró una casa rodante que usa cuando visita a su hijo Alfonso. “Ser padre es lo mejor que me ha pasado”, asegura.

Por Lorena Penjean / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Álvaro Renner


Paula 1227. Sábado 3 de junio de 2017. Especial Padres.

Andrés Gómez-Lobo (52) renunció el martes 14 de marzo aludiendo razones estrictamente personales el mismo día que se votaba una interpelación en su contra. En las imágenes se veía al hasta ese minuto ministro de Transportes y Telecomunicaciones, muy conmovido mientras la Presidenta Bachelet le agradecía sus servicios pero, por sobre todo, lo felicitaba por ser un gran padre. Trascendió de inmediato que después de un juicio por la tuición de su hijo Alfonso (9), Andrés Gómez-Lobo dejaba su cargo pues ya le era insostenible mantener una relación cercana con su hijo, quien hace un año estaba  en La Serena, a 450 kilómetros de distancia, lugar donde se fue a vivir con su madre.

Algunos medios se refirieron a él como Gómez-Kramer y muchos sospecharon de la veracidad de las razones de su renuncia, recordando la baja aprobación de su gestión, el alza en la evasión del Transantiago y el conflicto con Uber con pelea con un taxista televisada incluida, entre otros asuntos. Hace poco vendió su casa en la playa y compró una casa rodante para dejarla en La Serena cada vez que viaje a ver a su hijo y aprovechar de pasear con él. “Es como un barquito de tierra, muy en sintonía con mi vida nómada”, asegura ahora, que está retomando sus actividades en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile (FEN).

Es cierto que ha sido un poco nómada. Nació en Alemania, hasta los 10 años vivió en Viña, Alemania y Puerto Rico hasta instalarse hasta los 18 años en Estados Unidos. Fue el único de su familia que regresó a Chile. Sus tres hermanas se quedaron allá. No bien llegó a Chile y abrió la boca lo bautizaron “El Gringo”.

Ese 14 de marzo Andrés se despidió de su equipo “visiblemente emocionado”, como tituló la prensa, algo poco usual para este economista UC, máster en Economía de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente y doctor en Economía de la University College London (UCL), ex asesor del Banco Mundial, ex Cieplán (Coorporación de Estudios para Latinoamérica), profesor visitante en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España, ex director del magíster de Políticas Públicas de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ex director de Metro de Santiago y jefe de asesores del entonces ministro René Cortázar en plena implementación del Transantiago. Para Gómez-Lobo, agnóstico tirado para ateo y estudiosísimo de Charles Darwin, la decisión de renunciar fue difícil: quería seguir siendo ministro pero también anhelaba estar cerca de Alfonso. Así se lo hizo ver a la Presidenta Bachelet en enero, ocasión en que le pidió que aceptara su renuncia porque, enfrentado a escoger entre ser padre y ministro, escogería ser padre.

Dijiste en esta misma revista en 2014 que después de la separación entendiste a las mamás solteras, ¿a qué te referías?
A la responsabilidad por compatibilizar el trabajo y la crianza a la misma vez y lo difícil que es. Antes de que se fuera a La Serena, yo tenía a Alfonso los jueves en la noche, los domingos en la noche y fin de semana por medio. No tengo nana puertas adentro y los domingos en la noche pensaba “¿qué pasa si tengo una emergencia y me tengo que ir a la Onemi?, ¿qué hago con mi hijo?”. La tensión se fue haciendo permanente, los domingos sobre todo, pero siempre podía recurrir a mi madre: mi única red de apoyo en Chile.

¿Cómo se proteje a un niño de los daños colaterales de una separación?
No sé si existe una fórmula… Creo que simplemente hay que ser lo más natural posible y, por cierto, no involucrar a los niños en los conflictos que puedan tener los padres.

¿Cómo armaste otra casa y le creaste otro espacio?
Tenemos una casa con dos dormitorios, uno mío y otro para él. Al suyo le puse una foto en la que aparece con mi padre y un grabado que hizo su madre. Él se ha encargado de terminar de decorarlo con muchas cosas de fútbol, como pósteres de jugadores de la U.

¿Cómo fueron esos primeros días cuando tu hijo se fue a La Serena?
Fue duro porque pasé de una relación que tenía cierta cotidianidad a una relación de 450 kilómetros de distancia.

Uno tiende a pensar que esto no le pasa a la gente que tiene recursos, que es ministro…Pero siendo ministro no podía cambiarme de casa e irme a La Serena. Frente a la distancia no hay alternativa y, por lo mismo, opté por la renuncia. Conozco otro caso de un amigo que está en una situación parecida, que tiene a sus hijos en La Serena y ahí armamos un grupo y nos juntamos en La Serena con sus niños.

¿La ley desfavorece a los papás?
Naturalmente favorece a la madre y creo que en una gran mayoría de los casos es razonable. No sé si puedo opinar de eso con propiedad, depende del caso, pero cada vez creo más en compartir la tuición como en Europa. Para mí sería la situación ideal.

¿Te volviste más tierno y dulce desde que nació Alfonso?
Ser padre es lo mejor que me ha pasado. Ser padre provoca un cambio en el sentido de que lo más importante ya no eres tú sino que tu hijo, todo lo que uno puede tener de egoísta o narcisista se te va porque lo que quieres es procurar su bienestar por sobre todas las cosas. Es muy bonito querer a alguien de manera tan profunda, sentir este enamoramiento.

¿Cuáles son las reglas del papá Gómez-Lobo?
No son muy rígidas, son muy flexibles, pero claro, hay cosas que no son transables como lavarse los dientes y esas cosas. No tenemos horario fijo para acostarse porque lo veo solo los fines de semana y si, por ejemplo, hay que salir de la casa y él no quiere, lo que hago es insistir.

¿No es “te paraste que nos fuimos”?
No, las veces que él no ha querido hacer algo mi clave ha sido la insistencia, la paciencia y la consistencia. Creo que los papás separados tendemos a mimar más a los hijos cuando estamos con ellos dado el escaso tiempo que tenemos. Y lo que buscamos es fortalecer el vínculo emotivo más que el formativo. Los papás separados tendemos a ser más flexibles, condescendientes y mimadores. No sé si es bueno ni malo. Es así.

¿Lo castigas?
Casi nunca y el castigo es simple: no puede jugar con la Play.

“No soy de los que quiero que mi hijo sea un súper intelectual o súper músico.Mucha gente está criando hijos para que sean exitosos y no felices”.

¿No te dan ganas de que le apasionen las mismas cosas que a ti?
No. Una vez leí una entrevista póstuma a Felipe Cubillos, del Desafío Levantemos Chile, en la que decía que uno tiene que dejar que los hijos descubran sus propias pasiones y no imponerles las propias. Eso me pareció muy sabio. Creo que lo ideal es exponer a los hijos a la más amplia gama de posibilidades; por ejemplo, a Alfonso lo llevamos a clases de introducción a la música e incluso a clases de piano pero no le gustó. A él le gusta el deporte y a mí no, pero eso no importa, lo que importa es que esa es su pasión.

Haber sido papá más viejo seguro te hizo menos ansioso, en eso de proyectarse, de que el hijo tiene que hacer mil cosas…
No soy de los que quiero que mi hijo sea súper intelectual o súper músico. Creo que mucha gente está criando hijos para que sean exitosos y no felices. Hay padres que sobreestimulan a sus hijos para que sean exitosos porque si no, creen que se quedan atrasados en la vida. No soy así. Además, no fui un alumno brillante en el colegio, salvo en matemáticas, nunca fui el mejor alumno del curso y, sin embargo, creo que he tenido una vida profesional exitosa. Hay una canción de Santana que me gusta mucho y que dice: “let the children play”. Para mí es importante que mi hijo esté con otros niños, que comparta, que juegue, que tenga tiempo libre.

¿Tu hijo escucha reggaetón?
Sí. Son los signos de los tiempos. A mí me gusta la salsa, a él el reggaetón, ¿qué le vamos a hacer?

¿Eres de los que creen que los padres siempre fallamos en algo?
Por supuesto, quién sabe cuál será la deuda que Alfonsito me pasará, pero alguna cuenta tendrá que pasarme.

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Transantiago

¿Cómo le planteaste tu renuncia a la Presidenta?
Básicamente le dije que la situación era insostenible para mí y que tenía que dejar el Ministerio o dejar de ser padre por un año. Ella, muy empática, como madre, lo entendió de inmediato. Creo que valoró el esfuerzo que hice con mi hijo por seguir en el cargo. Estoy muy agradecido con ella por la comprensión y la confianza y por haberme permitido trabajar tres años con ella y por haber aceptado mi renuncia.

Te fuiste justo el día en que se votaba la interpelación…
Fue circunstancial. Había hablado con la Presidenta en enero y la decisión ya estaba tomada para ser materializarla en marzo. Fue una coincidencia.

“Ser padre es lo mejor que me ha pasado. Ser padre provoca un cambio en el sentido de que lo más importante ya no eres tú sino que tu hijo. Es muy bonito querer a alguien de manera tan profunda, sentir este enamoramiento”.

¿Qué crees que percibió la ciudadanía de ti y de tu gestión? El Transantiago está pésimamente evaluado…
Transportes es una cartera difícil al igual que Educación y Salud en el sentido de que cualquier ministro de Transportes va a estar mal evaluado siempre por motivos a los cuales les puedo dar un fundamento bien abstracto por razones estructurales.

A ver…
El sector Transportes se enfrenta a una situación dada que es que la congestión empeora todos los años y eso se traduce en que todos los años hay una pérdida de velocidad de los buses y, por lo tanto, una pérdida de la calidad del servicio. Es un servicio que se está deteriorando constantemente y requiere una energía para mantener lo que había el año pasado. Para mantener la misma velocidad de frecuencia del Transantiago hay que inyectar 90 nuevos buses a la flota cada año y eso tiene un costo. Es un sistema que, además, está desfinanciado no solo en Chile sino que en muchos países del mundo porque es un sector con muchas dificultades, en especial en ciudades altamente congestionadas como Santiago. Uno puede hacer inversiones para evitar que empeore como los corredores exclusivos y el Metro, pero eso toma tiempo y recursos.

¿Tú crees que alguien que va en Metro o en micro puede entender esta razón?
La gente entiende que los autos les están causando un daño a las micros. Tener una micro con 80 personas en un taco es un uso ineficiente del espacio. Hay conciencia de que hay que democratizar el espacio vial y un bus que lleva 80 pasajeros merece prioridad por sobre los autos. Hay que seguir avanzando en los corredores porque cuando estén listos se va a notar un aumento en la velocidad en esas vías.

Ayudaste a mejorar la implementación del Transantiago con el Ministro Cortázar, ¿Sigues siendo fan del Transantiago?
Más que ser fan me gustaría preguntar: ¿qué otras alternativas hay a tener buses en la superficie? No hay muchas. ¿O acaso es una alternativa volver a las micros amarillas? Lo veo difícil porque no creo que podamos volver a tener conductores que trabajen más de 14 horas diarias. Tampoco veo posible volver a tener micros que en muchos casos eran camiones con chasis de micros y muy contaminantes. O volver a pagar en efectivo.

Una vez fuiste a Tolerancia cero y en Twitter comentaban: “Qué gran ministro de Transportes es Andrés Gómez-Lobo… de Suecia eso sí”…
Mira, si uno va a otras ciudades la situación puede ser peor. Reconozco que hay muchas dificultades pero el gran problema es la congestión. Si tuviéramos la congestión de hace 10 años, tendríamos una mejor calidad de servicio, los buses tendrían mayor frecuencia, irían menos llenos. De hecho, cuando en invierno hay restricción vehicular por contaminación, el sistema funciona mucho mejor.

¿Sigues andando en micro?
Micro, Metro y en bici.

¿Cuando eras ministro la gente te conocía en la calle?
Al final, sí.

¿Te puteaban?
Nunca. Al contrario, como usaba transporte público para irme al Ministerio, la poca gente que me habló encontraba que era muy bueno que siendo ministro usara el Metro. No tuve una mala experiencia salvo una vez, con un taxista.

Cuando saliste en la tele parándole los carros al taxista diciéndole “¡la gente prefiere Uber!”. ¿Qué pasó? ¿Te sacó los choros del canasto?
No perdí el control pero sí le respondí las afirmaciones que hacía. Frente al tema en específico pasa que hay buenos y malos taxistas y el desafío es regularizar estas plataformas porque según nuestro ordenamiento jurídico son ilegales.

“Cuando tenía como 8 años le pregunté a mi papá en qué trabajaba. Él me respondió que era filósofo. ‘¿Qué es eso?’, le pregunté de vuelta y su respuesta fue ‘hago preguntas’. Yo insistí: ‘¿qué tipo de preguntas?’(…). Bueno, no entendí nada”.

¿Qué autocrítica tienes de tu gestión?
Me hubiese gustado poder avanzar más en la transformación del Transantiago.

¿Por qué no lo hiciste?
Porque uno está batallando contra la marea, contra la congestión que aumenta día a día, con restricciones financieras, con incomprensión de la ciudadanía y de muchos comentaristas. Por lo tanto, es difícil lograr consensos para avanzar.

Pies en la tierra

Tu papá Alfonso es un reconocido filósofo, experto en cultura helénica y en Platón. ¿Cómo era él como padre?
Cuando tenía como 8 años le pregunté a mi papá en qué trabajaba. Porque podía entender lo que hacían los papás de los otros: policía, bombero, profesor. Pero ¿qué hacía mi papá? Él me respondió que era filósofo. “¿Qué es eso?”, le pregunté de vuelta y su respuesta fue “hago preguntas”. Yo insistí: “¿qué tipo de preguntas?”. “Preguntas sobre todo”, me contestó. “¿Qué significa que preguntas sobre todo?”. Bueno, no entendí nada. Vine a entender y apreciar lo que hacía recién cuando entré a la universidad.

¿Te llevaba a los flippers, por ejemplo?
Nunca me llevó al estadio, pero aprendí a nadar en Grecia gracias a él (risas).

¿Él te hizo fan de Darwin?
No, mi aprecio por Darwin proviene de cuando vivía en Inglaterra, en un momento de los años 90, donde hubo un resurgimiento muy grande de lo que se llamó el neo darwinismo. Ahí llegó a mis manos una biografía de Darwin y en esa biografía redescubrí Chile porque él pasó mucho tiempo acá. De ahí en adelante, empecé a leerlo mucho.

¿Es Darwin tu pastor?
No diría que tengo un pastor, pero ciertamente Darwin es una de las personas más importantes de la humanidad. Hasta 1859, que fue el año en que se publicó El origen de las especies, nadie había respondido la pregunta sobre qué es el hombre. Y entonces Darwin dio una respuesta coherente. Es un pensador muy importante que no solo tiene gran relevancia en la biología sino que también en la economía y cada vez más en la sociología y en la medicina. Prácticamente en todas las ciencias cognitivas nuestros cerebros, a través de 6 millones de años de evolución desde la sabana africana, tienen mucho que decir.

¿Qué te enseñó tu papá?
La humildad. Mi padre, con todo lo que sabía, y con los siete idiomas que hablaba, jamás se imponía en una conversación en una forma prepotente. Siempre fue muy amable y muy humilde: se expresaba tratando de que los otros entendieran su posición. Trato de seguir ese ejemplo.

Arma un kit para tu hijo: un libro, una canción, un viaje, un objeto y una frase.
Un libro: Navegando en solitario alrededor del mundo, de Joshua Slocum. Una canción: Un lobito bueno, de Paco Ibáñez. Un viaje: a Las Canarias, donde su madre lo cargó en la guata y lo esperábamos con ansias. Un objeto, por supuesto, una pelota de fútbol. Y una frase: esta de Hemingway: “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”.

Lee también El ministro en su hora peak, entrevista de diciembre de 2014. 

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