Antonia Zegers: “No hay que ver al hombre como enemigo”

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Antonia Zegers: “No hay que ver al hombre como enemigo”

Por verónica marinao / fotografías nicolás abalo / producción álvaro renner / maquillaje josefa inostroza

A propósito de su último trabajo (La Jauría, una serie chilena que aborda el tema de las violaciones grabadas y el ciberacoso), la actriz habla de los miedos que le produce esta verdadera ‘matrix’ donde opera la impunidad. Por lo mismo, sus hijos no tienen teléfono y cuentan con tiempos acotados y filtrados por ella para navegar por internet. Además, en esta entrevista se refiere al movimiento feminista y, aunque se siente parte de él, dice que todavía falta algo fundamental; que ambos géneros sean incluidos en esta conversación, porque no es un asunto que ataña solamente a las mujeres.

La actriz Antonia Zegers tiene algunos tatuajes, pero ninguno en su cuerpo. No es una afirmación irónica, se trata más bien de una analogía para explicar que hay frases que ella graba con tinta en su “alma” y que no las puede borrar. Una de ellas pertenece al poeta Claudio Bertoni: “el humor es la flexibilidad en la vida”. Lo dice cuando le preguntamos por una de sus muestras más recientes de buen humor, un divertido minivideo que improvisó junto a Claudia di Girolamo y Amparo Noguera. La idea era agradecer a la tienda de diseño Miguras, que les envió de regalo una polera que las inmortaliza en una escena de la telenovela Romané. “Yo se la voy a vendérsela, barata se la voy a vendérsela (sic)”, dice Antonia, emulando la particular forma de hablar de María Jacobé, la gitana que interpretó hace 19 años.

“Tengo mucho sentido del humor y cada vez lo he desarrollado más. Creo que cuando uno acumula vida va perdiendo ciertos miedos y adquiere otros, pero por una extraña razón he ganado libertad por asumir lo que yo soy. Antes era mucho más temerosa e introvertida, básicamente porque me daba mucho miedo hablar o aparecer, y con los años ese miedo se me ha quitado y se ha reemplazado por sentido del humor, además me he atrevido a flexibilizar un montón de cosas (…) El humor te puede entregar cierta flexibilidad que tiene que ver con la autoindulgencia, con perdonarse y ponerse de pie, con aceptar limitaciones y defectos y seguir caminando”, explica. Y luego ahonda en un punto que le preocupa. “Me da mucha pena y tristeza la hostilidad que hoy reina (en Chile). No sé si ubicarla ideológica, valórica o culturalmente. No sé si siempre hemos sido así, no tengo idea, pero siento que hay una hostilidad muy grande, y si en otros momentos yo podría haber anhelado algo político, hoy día mi deseo es otro, yo pienso cómo no vamos a poder retomar la sensación de que somos comunidad, de que mi amabilidad tiene que ver con tu calidad de vida y tu amabilidad tiene que ver con la mía, qué simple, ¿qué fácil no? Qué distinto sería si existiera más cariño con el que piensa distinto, con el que se cayó, con el que se equivocó”.

¿No tienes Twitter por el tema de la hostilidad?
No tengo Twitter por principios. Siento que la conversación no puede tener esa cantidad de caracteres, las ideas no pueden ser reducidas a esa cantidad de caracteres, a mí no me interesa esa conversación. Pienso que espacios como Twitter son los que tienen hoy en día a Trump y a Bolsonaro de presidentes, que son presidentes que aparecieron en Twitter con cinco frases populistas y sensacionalistas, a veces jocosas, y desde ahí generaron un espacio de ¿pensamiento ideológico? A mí me parece tremendamente peligroso y no me interesa lo que en esa cantidad de caracteres me puedan decir o que yo pueda contestar con respecto a algo. Creo que eso ha atentado profundamente a un diálogo más contundente, que ha alivianado la ideología, el relato. Explosivamente alguien publica un Twitter y deja la escoba. Y pasado mañana hay otra escoba y otra escoba; es como un paquete de cabritas, maíces que explotan y que parecen relevantes porque suenan, porque cambian de forma, y luego es otro y otro y otro. Y yo no quiero ser parte de eso.

Otro ‘tatuaje’ invisible de Antonia Zegers es una reflexión que pertenece al dramaturgo Juan Radrigán: “Uno no nace cuando lo paren, uno nace cuando lo rompen”. La leyó hace años y siempre le resuena.

¿Y en qué momento crees que realmente tú naciste?
Yo he nacido muchas veces, eso es lo bonito de esa frase de Radrigán. Sería como muy épico pensar que uno se rompe una sola vez en la vida, uno se rompe muchas veces. Uno se rompe, por ejemplo, cuando crece; si la adolescencia no es romperse, entonces no sé qué es; cuando rompes cosas a tu alrededor es porque te estás rompiendo por dentro. Lo bonito de esta frase es que ‘nacer’ deja de ser ese momento épico en que tú sales desde ese túnel y lloras, es en realidad todas las veces que te rompes y te vuelves a parar y naces de nuevo; eso te da la posibilidad de volver a reencarnarte a ti misma muchas veces.

Cuando habla de la frase recuerda otra similar que escuchó en un momento inolvidable hace muchos años. Por casualidad consiguió entradas para ver a Chavela Vargas en Buenos Aires. En ese recital, la cantante fue presentada por Pedro Almodóvar y el cineasta español la definió como “una mujer que se ha sobrevivido a sí misma y que se ha reencarnado a sí misma”. Eso también le quedó dando vueltas en la cabeza, dice Antonia.

“Cuando mis hijos eran chicos (hoy tienen 8 y 11 años) y estaban aprendiendo a caminar yo les cantaba ‘el que se cae se…’ y ellos tenían que decir ‘…¡para!’. Y hoy cuando algo no sale bien he citado varias veces ese juego, porque con rabia y con pica nos volvemos a parar, y eso es romperse”.

Dice que está profundamente agradecida de su carrera profesional y que nunca le importó si le daban papeles chicos o grandes, porque lo que le interesaba era aprender y vivir de su profesión. “Lo único que sé es que yo no partí siendo la súper talentosa. Tengo la real sensación de que mi gran mérito era ser muy trabajadora y que me fui superando a mí misma; nunca fui la ‘waaa’ ni la gran revelación, no, no fue así mi carrera. Y esa capacidad de trabajo la siento como mi gran mérito”.

¿Nunca te manejaste con la meta de tener protagónicos?
Como que nunca me he manejado con ‘metas’. Siempre he tenido la meta de ser una súper buena actriz, siempre he tratado de sacarme la cresta por eso, de hacer muy bien mi trabajo; imagino la meta que tiene cualquier persona que le importa lo que hace, como para ti ser una gran periodista y para un cirujano ser un buen cirujano, pero no he tenido ambiciones súper concretas de decir ‘yo quiero llegar ahí’; esa cuestión no me ha pasado y he vivido tomando oportunidades que se me han presentado, no he podido creer las cosas que me han pasado muchas veces porque ni siquiera habían estado en mis sueños.

Cuando fuiste a la alfombra roja de los premios Oscar te lo tomaste con humor, me imagino.
Sí, uno es un observador de lugar, eso no es de uno. Yo creo que se han estado transformando más en el lugar de uno lo que están haciendo los premios Platino o los premios Fénix, que han tenido la intención de hacer un espacio parecido pero con el cine iberoamericano; aunar identidades con la idea de generar diálogos entre los países iberoamericanos, ahí uno se siente más parte de algo, eso tiene que ver conmigo, es enriquecedor estar frente a un argentino y al lado de un mexicano. Tenemos miles de cosas en común.

A propósito de ese encuentro de países, ¿qué opinas de la inmigración que se vive en Chile?
Me parece natural y enriquecedor. Natural en el sentido de que el ser humano se mueve, partimos siendo nómades, y por supuesto que si hay un lugar donde ya no se sostiene comer, porque sin comida no se puede vivir, hay que moverse. Si hay lugares donde ya no se puede tener calidad de vida, hay que moverse, es parte de nuestra naturaleza (…). Cuando nosotros tuvimos una crisis política fuimos acogidos por varios países que fueron tremendamente amables, tanto con las personas que tuvieron que moverse para tener una vida digna como con los que fueron expulsados; la historia es circular, hoy estamos acogiendo y mañana podemos estar siendo acogidos, hay que tener claro eso.

¿Y te llama la atención que haya gente a la que le molesta la inmigración?
No me llama la atención porque sé que también es inherente al ser humano; uno ha visto desde tiempos inmemoriales el terror a la diferencia y la defensa de la territorialidad, pero también hemos visto lo peligroso que es. Vimos a los alemanes cometer el error más grande de la historia, porque cuando eso se exacerba y se transforma en ideología y en discurso oficial, es preocupante. ¿Hasta dónde puede llegar? El nacionalismo es peligroso y puede ser la excusa para los mayores horrores de la humanidad.

En estos días la actriz está grabando La Colonia, una serie inspirada en Colonia Dignidad de la que no puede hablar todavía. Pero sí se refiere a La Jauría, que se estrena próximamente en TVN.
“Primero que nada tengo que aclarar un malentendido mediático. Se dijo que La Jauría era la réplica del caso (español) de La Manada, pero no pretende serlo. Lamentablemente el ciberacoso, ciberbullyings y los espacios misóginos pasan en muchos países. Por ejemplo, Nido.org salió a la luz cuando filmábamos La Jauría. Fue increíble, porque estas noticias eran como copy paste de lo que estábamos haciendo y fue bien impresionante (…). La Jauría (dirigida por la argentina Lucía Puenzo) es una serie sumamente chilena que tiene que ver con nuestra idiosincrasia; la inspiración es toda la misoginia que encuentra impunidad y espacios para operar desde internet, y esto es visto desde el punto de vista de tres policías mujeres (interpretadas por ella, Daniela Vega y María Gracia Omegna), que empiezan a perseguir un caso de una violación que se sube a las redes porque una chica de colegio desaparece. Y ellas se empiezan a enfrentar a este monstruo sin cabeza que es internet. Es muy siniestro y difícil. Nos queda un poco como poncho porque tiene que ver con un lenguaje que no conocemos, es como la matrix, un espacio donde todos pueden ser gigantes”.

Como madre ¿pones límites a tus hijos en el acceso a internet?
Sí, todavía no hay teléfonos en mi casa, mis hijos no manejan teléfono y está todo filtrado por mí, en mi computador y en mi teléfono; trato de limitar los tiempos y de meterme en los contenidos, y obviamente me manejo con mucho miedo porque, como te digo, sobre todo porque no lo comprendo.

Te escuché decir en la radio que en las marchas feministas el grito que más te gusta es “no es no”.
Me gusta tanto porque es tan sencillo e interpela a hombres y mujeres. Creo que las mujeres no hemos sido criadas para articular un “no” y los hombres no han sido criados para tomar un “no” como respuesta, ¿me comprendes? Y ahí hay un problema súper estructural y cultural de cómo nos han formado y que está cambiando hoy, ayer y mañana; estamos justo en la intersección, un cambio que es muy potente y que me importa porque tengo hijos chicos. Hay montones de casos de abuso y de acoso donde la mujer nunca articuló un ‘no’ porque no estaba en sus posibilidades incluir un ‘no’; muchas veces no está en el relato y me interesa mucho que mi hijo aprenda a escucharlo y entienda seriamente qué significa. Creo que eso es súper fundamental para los temas de acoso y abuso.

Y ahonda en algo que para ella es fundamental. “No hay que ver a un hombre como enemigo. Creo que el hombre no puede no estar en la conversación, yo entiendo la catarsis y la avalo. En la revolución francesa de que hubo ‘pasá de teja’, la hubo, pero luego se construyó un mundo mejor. No estoy diciendo que el movimiento (feminista) esté pasado de teja, pero siento que el hombre todavía no está incluido en la conversación, y eso a mí no me interpela. Me interesa la conversación entre el hombre y la mujer porque los dos habitamos en este planeta, los dos estamos destinados a convivir y para encontrar el punto de inflexión, por eso te decía que me gusta el ‘no es no’. Se requiere una conversación y creo que en el algún momento tiene que ocurrir.

¿Te has sorprendido siendo machista?
No soy perfecta, sin duda. No puedo decir que nunca he sido machista porque me he equivocado en todo, en todo lo que uno se pueda equivocar. Como madre hago el ejercicio de validar dos naturalezas que son totalmente distintas y que tienen que ser medianamente complementarias, y veo el valor de la diferencia y lo complejo que es tratar de igualar la cancha sin valorar la diferencia de ser hombre y ser mujer. Yo no quiero ser tratada igual que un hombre; quiero que, si yo voy a ser mamá, el hombre entienda que son los hijos del planeta los que estamos engendrando, por lo tanto es un problema de los dos. No es que yo tenga que dejar de tener hijos para poder competir con un hombre de igual a igual en las horas en que yo le puedo dar al trabajo; es que si yo me embarazo y le quiero dar teta a mi hijo, es un problema mío y de los hombres, yo no soy un ser distinto a ti y tú no eres un ser distinto del que está al lado, somos todos icónicos de lo mismo, todos representamos lo mismo, ¿me entiendes? Y creo que es muy importante que en los directorios haya hombres y mujeres porque es bueno que exista esa diversidad de mirada, no porque las mujeres seamos iguales a los hombres ni porque los hombres puedan empatarse a las mujeres, sino que es porque en la diferencia está la riqueza.

 

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