Aquí trabajo yo: Gerardo Jara

Reportajes y Entrevistas

Aquí trabajo yo: Gerardo Jara

Por Juan José Richards / Fotos: Mila Belén

“Llegué un poco por azar a este oficio. Antes era profesor de artes plásticas en un colegio de La Reina y le hacía clases a alumnos de séptimo a cuarto medio. Siempre me gustó leer y me intriga mucho el acto de la lectura. Y supongo que ese interés fue lo que me trajo hasta aquí. A la Catalonia llegué porque un amigo me mandó un aviso de que estaban buscando un librero. Me interesaba la experiencia de trabajar con libros. Al llegar, de inmediato me di cuenta de que en general hay una visión romántica con ser librero, que yo también tenía.

Al principio tuve mis aprehensiones sobre trabajar aquí porque no tengo una formación literaria y mi acercamiento a los libros era bien genérico. Algo de bagaje tenía con el que me podía defender, pero esta es una librería de nicho. Los primeros días, a medida que iban pasando los clientes, me dije: “¡Mierda, esto es demasiado!”. Me intimidó lo específicas que podían llegar ser las preguntas de los lectores. De hecho, hasta hoy, mi biografía en Twitter es “He leído muy poco”, un poco en broma porque creo que leo harto, pero un poco en serio porque comparativamente con otras personas he leído la nada misma.

Al poco tiempo le agarré el gusto a ese vértigo y empecé a aprender. ¿Cómo se pedían los libros? ¿Cuál era su orden en la librería y por qué? ¿Qué es este premio que se ganó este autor? ¿Qué le podía gustar a un lector que ya había leído tal título? Había muchos factores a considerar, pero siempre quise saber más. La verdad es que no me acuerdo de cuál fue el primer libro que vendí, pero el primer libro que recomendé y que alguien quiso comprar fue Las correcciones de Jonathan Franzen. Recomendar un libro es complejo, porque cuando lo haces hay que tener en cuenta que todos podemos leer lo mismo de distintas formas. Para mí no es recomendar un título, sino que una experiencia. Franzen me hizo pedazos, así que podía decirle a alguien que se lo recomendaba porque ese futuro lector quería tener una experiencia similar.

Llevo cuatro años en la librería y aquí el día comienza temprano. Generalmente tomo desayuno en mi casa y llego pasadas las nueve para abrir a las diez. Como a veces el día anterior el espacio puede haber quedado desordenado, lo primero que hago es limpiar y ordenar. Luego repongo libros y me instalo en el computador del piso -1 a revisar mails. Me gusta mucho pedir catálogos y revisar lo que hay en las bodegas de las editoriales. Después llega Vicky, que es mi compañera que ve el tema administrativo, y Gonzalo. Yo me encargo principalmente de las novedades y me toca armar la vitrina que da a la calle y los estantes que están junto a la caja. El criterio de esos anaqueles es que no sean sólo libros de ránking. Me preocupo de poner títulos de literatura contemporánea, de editoriales independientes y joyitas no tan reconocidas. Esta es una vitrina diversa, y me interesa siempre que haya mucha presencia de escritoras.

Atiendo clientes que llegan a toda hora, aunque los peaks son en la mañana, a la hora de almuerzo y a partir de las cinco de la tarde. Hay clientes fieles que son los “amigos” de la librería, y con ellos la relación es menos formal que con los clientes habituales, porque les hago un seguimiento de sus lecturas. Me interesa saber lo que les gustó y lo que no de un libro, e ir aprendiendo de esos cruces.

 

Las conversaciones con los clientes pasan por muchos temas, pero el hilo conductor es siempre la lectura. De los clientes que atiendo en un día, diría que más de un 40% se lleva mis recomendaciones y el otro 60% viene buscando libros específicos. Recomendar es clave en este trabajo. Hace un tiempo tengo un podcast que se llama “Libros no obligatorios” en Teletrece Radio. Ahí no recomiendo tantas novedades y como tampoco tengo un gusto tan masivo; hablo de los libros que a mí me han gustado y de formas de leer, creo que ha resultado bien. La gente después llega para acá pidiendo los libros de los que hablé en la radio.

Creo que es interesante invitar a los lectores a salirse de su zona de confort. Si a alguien le gustan las novelas policiales le pregunto si estaría dispuesto a darle una oportunidad a otro género. Si alguien me dice que un libro le parece mal escrito, como me ha pasado con Las primas de Aurora Venturini, le sugiero que le dé una oportunidad y que encuentre en esa forma experimental de escritura un valor. Hay libros que nos pueden caer bien o mal, pero es interesante someterse a una literatura que nos plantee desafíos.

Como soy cascarrabias, si un día estoy de mala, prefiero hacer pega administrativa en el computador que conversar con clientes. Atender en una librería es conversar de cosas íntimas, muchas veces con extraños, y eso requiere cierto estado de ánimo. Por mi parte creo que lo que define a ese ánimo es poder disfrutar la lectura.

Si hoy entrara yo mismo a la librería, le preguntaría a Gerardo qué está buscando y si ese título no está, le preguntaría qué ha estado leyendo para recomendarle algo. Una vez que entienda qué es lo que le gusta, le pasaría un buen libro de la vitrina para ojear mientras busco otro. Hoy, le traería Apegos feroces de Vivian Gornick, las brutales memorias de esta periodista sobre su relación con su madre. Después seguiría con Los argonautas, de Maggie Nelson, una académica que habla de la relación que tiene con su pareja que es un hombre transgénero a través del deseo y que toca teorías del amor, de la pareja y las relaciones que se trenzan con su relato.

Lo que más me gusta de mi trabajo es que es muy dinámico. Tener que hablar con gente y tener que estudiar los tipos de lectores que existen es algo que me desafía. Yo antes leía Cortázar pensando que era la última chupada del mate, y me di cuenta que no, que hay un mundo infinito de otros libros por descubrir. Me encanta conversar con autores y con editores y entender lo que ellos buscan desde el punto de vista editorial, y por otro lado tener que saber qué es lo que buscan los lectores. Estar en ese espacio intermedio me permite entender mucho sobre la lectura. Ser intermediario entre conocimientos me encanta. No podría aburrirme jamás de aprender sobre esto”.

Gerardo Jara (29) es el librero de Librería Catalonia.

Seguir leyendo