Aquí trabajo yo: Paloma Espinoza

Reportajes y Entrevistas

Aquí trabajo yo: Paloma Espinoza

Por Juan José Richards / Fotos Mila Belén

“Para mí la perfumería es un arte. Vengo de una familia en la que hay fotógrafos, grabadores y ceramistas, así que mi aproximación al área artística fue temprana. Crecí en el sur de Chile y mis primeros años fueron en contacto con la naturaleza, de ahí viene un vínculo importante con las plantas. Mi trabajo con el aroma tiene mucho que ver con volver a esa tranquilidad porque me interesan los silencios.

Hace 18 años, cuando estuve embarazada, vivíamos en Bélgica y tuve un acercamiento importante al mundo natural que me vinculó a los espacios alternativos de trabajos con aromaterapia, yoga para embarazadas y masajes para guaguas. En la clínica donde fui mamá las matronas me fueron orientando con aromas. Ponían desde aromas en la sala de parto, hasta cremitas para el cuidado de la guagua.

En ese tiempo yo asociaba la aromaterapia sólo a algo olfativo, no conocía que estos aromas son naturales son principios activos medicinales y ese descubrimiento fue interesante. Después de que nació mi hijo empecé a tomar clases y al volver a Chile seguí tomando clases. En este mundo de los aromas me fui acercando más al material, que son las plantas. Así me fasciné con el proceso de extracción de los aromas y entré de lleno en la perfumería.

Mi trabajo está hecho completamente con aromas naturales, nada sintético ni industrial. Me gusta pensar en la relación de la geografía con sus perfumes. Por ejemplo, lo que se conoce como aroma marino no tiene nada que ver con el olor de nuestro mar y me interesa explorar eso. Ahí veo un gran campo de investigación.

Desde que llegué a Chile trabajo en esta casa en Ñuñoa que tiene alrededor de cien años. Es una casa de campo, de adobe, pero que está en medio de la ciudad. Para mí es importante la luz y el silencio que hay aquí. Cuando estoy trabajando tomo agua o si puedo no tomo nada, para tener el gusto neutro. Parto temprano cuando la percepción está más clara. Mi trabajo es observar a través del olfato.

Vivimos en un mundo sobrecarga de estímulos. En un mismo espacio podemos tener el olor del Poett, del trapero, del Cif, del desodorante, de la crema, del shampú, de lo que comimos y todas sus composiciones de aromas comestibles. Hoy estamos acostumbrados a poder acceder todo el años a los estímulos propios de la primavera. Mi trabajo va por el lado de los aromas naturales.

 

El primer proceso de extracción de aroma con el que trabajé se llama enflorar y se hace con cera o manteca vegetal sobre vidrio. Es un método muy antiguo que sólo se utiliza artesanalmente. Consiste en saturar una grasa con un aroma y me gusta esa especie de impresión transparente del contenido sutil de la flor. Al enflorar se reponen las flores a diario, y en el caso del jazmín que estoy haciendo ahora, se reemplazan de noche porque es a la hora en que más emanan su aroma. Recolecto flores en la noche y las pongo inmediatamente sobre la manteca.

Después de la cera viene un proceso largo con alcohol y la creación del perfume en miniatura que hago. En la perfumería, después de la extracción viene la composición que es lo que nos pasa cuando olemos.Trabajo de forma artesanal y la cantidad que uno puede extraer es muy poco. Las plantas son seres vivos, por lo que hay muchas variables; no solamente por la variedad de especies sino porque cada individuo produce un aroma distinto según donde crece, cuánto lo riegan, cómo le llega el sol, qué edad tiene. Incluso que de una temporada a la otra el aroma puede cambiar.

Mis perfumes van depositados en reliquiarios que son una especie de guardapelos o camafeos antiguos y pueden ser consideradas joyas. Lo que hago es armar ediciones limitadísimas y paralelo a eso voy formando mi colección de aromas con la que hago sesiones olfativas, encuentros personalizados e individuales de tres horas en que la persona huele aromas según la conversación que vamos teniendo. Juntos creamos un diálogo entorno a los aromas, el fin de esta sesión es conocer, probar y seleccionar las preferencias. Después yo me tomo algunas semanas y le armo un perfume personal con la sustancias elegidas.

Hay gente que cree que dice que le encanta el aroma de las rosas, pero realmente no han olido las rosas. A veces es más lo que acompaña a la rosa, el simbolismo y su belleza visual, pero mucho del olor que tenemos registrado de la rosa es más bien sintético, ya que el natural, como es volátil y tiene muy poco aceite, es un aroma difícil de extraer y costoso. Si te vendas los ojos y hueles una lavanda fina puede ser tan maravillosa como una rosa. Acá hago muchos ejercicios así. Todas las plantas tienen su signatura, su leyenda, su poesía y su mito asociado. Pero me gusta abstraerme de eso para que sea realmente el placer el que te haga decidir qué aroma es lo que tú quieres.

Me interesa la estimulación sensorial. Últimamente escucho mucho sobre invitaciones “a vivir experiencias olfativas”, y es que está muy de moda la perfumería, la aromaterapia y lo botánico. Y ocurre que cuando algo se pone de moda los conceptos asociados se explotan desde todos los lados posibles, se pierde el aprendizaje y el real sentido de lo que es. ¡Y digo, chuta, eso no es! Yo no escogí el nombre perfumería botánica porque está de moda, lo escogí porque hace tiempo estaba estudiando dibujo botánico y sabía la procedencia de las plantas, su química orgánica, la clasificación científica. Hay un conocimiento que va más allá de si uno está ocupando la planta como material de trabajo.

Este es mi trabajo, no mi hobby. Las horas de dedicación en este oficio son muchas. Desde hace 18 años viajo y estudio sobre este tema. Los oficios se van construyendo a pulso, requieren tiempo, atención y aprendizaje. Ahora, por ejemplo, vengo llegando de México donde conocí la extracción de la vainilla y el copal, una hoja que a nosotros nos llega sólo como una vara y conocerla directamente fue maravilloso. Solemos relacionar lo olfativo a la memoria, a lo que ya pasó y a mí un nuevo aroma me gusta pensarlo para el futuro, para construir lo que viene”.

Paloma Espinoza (38) es perfumista hace 18 años y hace sesiones olfativas en su taller para crear perfumes personalizados. Su cuenta en Instagram es @perfumeriabotanica.

 

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