Autoentrevista: Juan Cristóbal Guarello

Reportajes y Entrevistas

Autoentrevista: Juan Cristóbal Guarello

Por Juan Cristóbal Guarello / Fotografía: Archivo / Ilustración: Paloma Moreno

Soy Juan Cristóbal Guarello, mal genio, mal periodista, mal novelista, mal comentarista, mal cocinero, mal golfista, mal comunista, mal ciudadano, pero intento ser buen padre. Y gasto toda mi energía en eso.

Paula 1250. Sábado 5 de mayo de 2018.

Defina la honestidad.
Hay dos formas. Una, el padre ausente que te sigue con sus ojos severos cada acción. Y temes decepcionarle. La otra, perseguir siempre el mismo fantasma, el propio, sin darle caza. Y se te va la vida en ello. Los fantasmas ajenos y por encargo son, por definición, la deshonestidad. Como la película Neruda, que debió ser la película Paul Schäfer. Pero hay que ser muy valiente para mirarse en el espejo.

Defina la estupidez.
Charlas de liderazgo. Libros de autoayuda. Sectas religiosas. Iluminados. Abducidos. El fin del mundo maya suspendido indefinidamente por falta de quorum.

¿Cuántos muertos vio en su vida?
En ataúdes, varios. En la calle, algunos. El primero, supongo, es un hombre tirado frente al aeropuerto Los Cerrillos en 1974. Volvemos con mi familia desde Santo Domingo y lo veo desde el auto. Un infante de la Fach está junto al cuerpo. Me impresiona más el largo rifle que el muerto propiamente. 45 años más tarde creo que pudo ser una alucinación.

¿Qué es gracioso?
Capusotto es gracioso. Lihn es gracioso. Parra no es gracioso. O dejó de serlo cuando pensó que lo era. Condorito lo fue hasta 1977 más o menos. Cuando exterminaron a los sonámbulos, los cocodrilos que se metían por las ventanas y los rayados del Roto Quezada de las paredes, se convirtió en mote con huesillos envasado.

¿Cuál es el mayor acto subversivo de su carrera?
Aparte de salir en la portada de la revista Qué Pasa en una barricada, leer poemas de Juan Luis Martínez y Jorge Teillier en las transmisiones de la Copa América 2015. Y hacerlo muy mal, aun así, hubo gente que se conmovió con esos poemas leídos a tropezones y con los énfasis equivocados.

¿Cuál fue el gol que más gritó en su vida?
El de Alfonso Neculñir a Ferrocarril Oeste en 1983. Una vez se lo agradecí personalmente.

Nombre dos paradojas.
Sergio Melnick irguiéndose como paladín de la probidad y la decencia, cuando participó en la creación de un partido fachada de la CNI con Álvaro Corbalán, Avanzada Nacional, y fue contratado por el primer gobierno de Piñera para realizar asesorías de morondanga a la muy estatal Codelco. José Antonio Kast, llorando por cinco patadas en el poto y dos puñados de tierra, olvidando que aplaudía a las Fuerzas Especiales de Carabineros cuando entraban a la universidad en plena dictadura y les partían la cabeza a lumazos a sus compañeros.

¿Lo mejor de la vida?
Tener un hijo. Los antihijos no saben lo que se pierden. No se puede definir. Hay que sentirlo.

¿Qué viene?
Aparte de hablar metros cúbicos de imbecilidades en la radio y la televisión, tengo listo un libro que me exprimió por cuatro años. Cuando lo terminé, quedé tirado, sin rumbo. Se llama Aldo Marín, carne de cañón.

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