Bastián y Maira Bodenhöfer: Cómplices

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Bastián y Maira Bodenhöfer: Cómplices

Por Patricia Morales / Fotografías Alejandra González / Maquillaje Paulina Pincheira

Así es la relación de Bastián Bodenhöfer y su hija Maira, quienes por estos días están trabajando juntos (él como director y ella como actriz) en la obra Historia de amor con hombre bailando, que se presenta hasta el 23 de junio en CorpArtes. “Hay una ‘facilidad’, algo que profesionalmente se da muy bien”, dicen.

Cuando llegaron las primeras cámaras de video a Chile, a fines de los 80, esas que funcionaban con una videocasete VHS, la casa de los Bodenhöfer Holzapfel se transformó en un verdadero set de grabación. “Ya no recuerdo cuántas películas grabamos, pero eran producidas, con personajes, vestimenta, interiores y exteriores, hasta efectos especiales”, dice Bastián (56) mientras recuerda los inicios de su hija Maira (31) en la actuación. “Una vez hicimos Drácula, ¿te acuerdas?”, le comenta ella, y ambos lanzan una carcajada.

Maira es una de los dos hijos que tuvo el actor en su primer matrimonio, con la actriz Consuelo Holzapfel. En su casa se respiraba teatro, y no solo porque sus padres tuviesen ese oficio, también porque a Bastián le encantaba jugar con sus hijos, disfrazarse y representar historias. “Éramos de los que nos íbamos de vacaciones en carpa, los hacía escalar, ir a excursiones, abrir caminos en el bosque”, dice. Y Maira complementa: “Mi hermano era fanático de Tarzán, entonces nos íbamos al bosque y mi papá nos armaba unas lianas; yo era la víctima y él me rescataba”.

Así difícilmente ella se dedicaría a otra cosa. “Cuando estaba en quinto básico ya sabía que quería ser actriz. En algún momento tuve la idea de ser geóloga o arqueóloga, pero en realidad no había por dónde no ser actriz”, dice Maira.

¿Fue más fácil o más difícil en tu carrera tener esos apellidos?

Maira: Lo más fácil es que siempre tuve acceso a muchos libros de teatro, a tener conversaciones con dos grandes actores, a comentar obras y personajes desde distintos puntos de vista. Siempre he pensado que para mí es una fortuna que me hayan tocado estos padres.

BUEN EQUIPO

Hasta el 23 de junio se presentará en el Centro Cultural CorpArtes Historia de amor con hombre bailando (ver recuadro), una obra que nuevamente les permitirá a este padre e hija encontrarse en un escenario. “La primera vez que nos tocó trabajar juntos (en 2013, en la obra “Antonio y Cleopatra en la playa”, una creación colectiva que dirigió el actor y que escribió junto a su hija) surgió de manera supernatural. Ya que compartimos la misma profesión (Maira egresó de la Escuela de Teatro de la Universidad del Mar en 2009), pensamos ¿por qué no hacer algo juntos?”, dice Bastián, quien además concuerda con su hija en que la suya es una relación en la que funcionan de memoria.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar juntos?

Maira: Cada vez nos conocemos más en esta situación, con estos roles distintos, porque cuando entramos en acción dejamos en el camarín al padre y la hija, nos transformamos en colegas actores o en director y actriz (en el caso de esta obra). Hay un código que ya se estableció. Lo miro y ya sé que está pensando, nos leemos, él me corrige algo y yo, antes de que me lo diga, sé que me lo va a decir; o me comenta algo y yo entiendo perfectamente a dónde quiere llegar. Hay una ‘facilidad’, algo que profesionalmente se da muy bien.

Bastián: A mí me encanta trabajar con ella porque es estudiosa y responsable, sin mencionar, por supuesto, que es una buena actriz y que confío en su trabajo artístico. El teatro es tan difícil, porque implica estudio, buena disposición y una rigurosidad que es fundamental; la gente cuando llega a ver una obra no se imagina que los que estamos allí llevamos mucho tiempo preparándola. Se necesita una disciplina férrea de parte del equipo completo. En ese sentido trabajar con la Maira es un agrado, jamás he tenido que llamarle la atención, siempre es absolutamente puntual, aporta más de lo que uno pide, incluso llega con las tareas hechas cuando uno no lo ha pedido.

¿Hace de directora también?

Maira: En el caso de esta obra, como somos muchos y algunos son más bailarines que actores, me he sentido un poco más patuda, he dado harto mi opinión, pero siempre desde el respeto, y él siempre lo agradece.

Bastián: Es que es normal en un trabajo así, y no solo pasa con Maira. Muchos actores se acercan en algún momento y opinan algo…

Maira: ¡Pero nunca es con la intención de querer dirigirlo! Jamás me voy a meter en su territorio.
¿Cuesta mucho dejar de lado el parentesco?

Maira: Es que es automático, no es ningún esfuerzo. Tiene que ver con lo que dijo mi papá antes, de la rigurosidad, que es algo que siempre vi en él. Ese afán de hacerlo todo bien, que también permite equivocarse, pero dándolo todo, muy profesionales. Los dos tenemos ese ‘bicho’ que nos hace automáticamente dejar el rol de padre e hija fuera.

Bastián: De hecho ella no me dice papá cuando estamos trabajando.

Maira: No, le digo ‘dire’.

¿Qué más heredaste de tu ‘dire’?

Maira: El ritmo, mi lado más musical y la disciplina que ya comentamos.

Bastián: Pero curiosamente esa disciplina nunca estuvo en la crianza o en nuestra relación.

Maira: No, solo en las cosas que nos apasionan, como nuestra pega.

Bastián: Sí, porque nuestra relación siempre ha sido superrelajada; yo nunca fui un papá aprensivo, siempre la dejé hacer lo que quisiera, tomaba micro sola desde chica, podía salir si quería. Es bonito porque la cosa disciplinaria está solo en el trabajo.

¿Y en la casa?

Bastián: Siempre hemos tenido mucha complicidad, cariño, preocupación, alegría.

Maira: Sí, somos muy unidos. Nos gusta conversar, comentar películas…

Bastián: ¡Y bailar! En resumen, somos puro cariño.

HISTORIA DE AMOR CON HOMBRE BAILANDO

La obra, adaptada y dirigida por Bastián (basada en la novela de Hernán Rivera Letelier que lleva el mismo título), está ambientada en los años 60 en Coya Sur, una pujante oficina salitrera que se ubicaba a 30 kilómetros de Antofagasta. Es la historia de Fernando Noble (Felipe Ríos), un personaje al que le dicen el “Feo”, que llega a este pueblo buscando trabajo junto a su esposa, Ana (Maira Bodenhöfer). Ambos una noche van al Gran Salón -un lugar que existió y que formaba parte de las entretenciones más importantes de la zona, donde se encontraban los ‘Golguai’ (por su nombre en inglés Gold White), una muy buena orquesta que atraía a gente de otros pueblos que llegaban a este salón a bailar- y dejan a todos los asistentes boquiabiertos con su performance. Pero su joven pareja está enferma y se sabe que va a morir. Cuando ello ocurre le cambia la vida a este ‘feo’; conoce a la “Flaca” (también interpretada por Maira), una mujer que pasa sus vacaciones en Antofagasta, que es totalmente distinta a Ana, pero algo tienen en común que hace que este ‘feo’ se enamore perdidamente.

“Ha sido un gran desafío porque interpreto dos papeles que son opuestos. He podido construirlos con contrastes y ciertas similitudes que son las cosas que finalmente las unen. Es entretenido calibrar aquello”, dice Maira. Y Bastián complementa: “Estoy convencido de que la gente va a salir con ganas de bailar, porque el lugar que aparece reiteradamente en la obra es el salón, y uno ve allí gente bailando rock and roll, chachachá, twist, mambo y tango. Es muy contagioso”.

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