Belén Soto: “Me pedí perdón”

Reportajes y Entrevistas

Belén Soto: “Me pedí perdón”

Por POR Andrea Hartung Fotografías Juan Pablo Sierra PRODUCCIÓN Belén Muñoz MAQUILLAJE Y PELO ELVIRA MONTERO

La actriz acaba de publicar un libro donde habla de las secuelas que dejó en su vida la relación secreta que tuvo en su adolescencia con un hombre del rubro de las teleseries, 15 años mayor: “Él simplemente se aprovechó de una niña”.

Hace dos años la actriz Belén Soto (22), que se hizo conocida a los 10 gracias a la teleserie Papi Ricky, estaba adentro de su auto en el estacionamiento de una consulta siquiátrica llorando, en medio de una crisis de pánico. Había pasado una hora con un especialista que le había hecho darse cuenta que el motivo de su depresión y de su ansiedad estaba en algo que llevaba un par de años tratando de enterrar en el pasado, pero que de alguna manera siempre salía a la superficie: la relación que mantuvo por dos años y medio con un hombre que le doblaba la edad, cuando ella era una adolescente de 15. “Ahí fue cuando dije ‘Ok, estoy mal’ -recuerda-; llegué a mi casa, me saqué la ropa, me miré al espejo y me pedí perdón”. Y acto seguido hizo lo primero que se le cruzó por la cabeza. Se puso a escribir todo lo que sentía, todo lo que había escondido de todo el mundo durante tanto tiempo, y de ese desahogo surgió No te lo mereces (Penguin Random House), su primer libro, que desde ayer está en librerías, y con el que espera ayudar a otras mujeres que estén pasando por situaciones similares.

Tienes más de 700 mil seguidores en Instagram, pudiste haber escogido contar tu experiencia ahí, sin intermediarios. ¿Por qué sentiste la necesidad de escribir un libro?
Porque es la manera más sincera y transparente de contar una historia. Escribir el libro fue mi manera de salir de la depresión; cuando empecé jamás fue con la idea de que se iba a convertir en un libro, sino que fue mi forma de darme cuenta de las cosas que me estaban haciendo mal y me angustiaban. Me ayudó a ordenar mi cabeza y a preguntarme ‘¿cómo fui tan tonta?, ¿cómo fui tan estúpida que llegué a vivir esto, a caer en esta manipulación?’. Uno en Instagram puede tratar de dar un mensaje, pero nada va a ser tan honesto ni tan completo como un libro. Podría hacer un video para Instagram TV contando todo, pero en el libro se ve el proceso real de los dos años que me tomó salir de la depresión.

En redes sociales a veces uno muestra solo lo bonito…
Claro, y mi idea no era mostrar la parte bonita, yo quería decir que perdí la virginidad en un motel a los 15 años, entre medio de calles que no conocía, con un weón que no fue capaz de hacerme cariño. Esa fue mi crianza de amor, mi primer amor, y me acostumbré a que las relaciones fueran así.

¿Eras una niña insegura cuando conociste a esta persona?
No. Él simplemente se aprovechó de una niña que nunca había vivido el amor. Nunca había tenido un pololo, y no creo que pueda llamar a esta persona un pololo, porque nunca se comportó como tal. Yo era tímida, nunca había andado de la mano con nadie, entonces llegó este hombre mayor y se empezó a preocupar por mí, me hizo cariños, me sorprendía con detalles y me mandaba mensajes. Empezamos a tener esta relación prohibida, como de teleserie, y era superentretenido. Yo no era una niña insegura, pero él me llevó a la inseguridad. Hay una diferencia en cómo me miraba en el espejo antes de conocerlo y después que terminó la relación. Quedé con 18 años perdida en la vida, porque cuando terminamos fue como perder un dios. Todo lo que él decía y hacía era lo correcto, porque me explicaba que venía de vuelta. Entonces si tenía que guardar a sus expololas en el celular con el nombre ‘Amor’, era porque así tenía que ser.

¿Por qué sentiste que no le podías contar a tu mamá?
Porque yo sabía que estaba haciendo algo malo y porque él me lo prohibía. No me dejaba contarle a nadie. Mi gran miedo era que supiera alguien porque él se podía enojar y podía terminar conmigo. Igual, cuando llevaba tres meses saliendo con él le dije a mi mamá que me atraía alguien del trabajo, y antes que pudiera seguir contándole me paró en seco y me dijo: “Donde se come, no se caga”. Entonces no le dije nada más porque, imagínate, qué mamá va a aceptar que su hija de 15 salga con un hombre de 30. Y en paralelo, él me mandaba mails con noticias de profesores que se habían ido presos por salir con sus alumnas, entonces me metía miedo diciéndome que si le contaba a alguien él se podía ir a la cárcel.

¿Y tú eso lo romantizabas?
Sí. Él me hacía creer que todo lo hacía por la relación, y yo me tenía que quedar callada porque si se sabía a él le podía pasar algo y yo me podía quedar sin él. Me convertí en la mejor mentirosa. Fueron dos años en los que nunca fuimos a un restaurante, nunca salimos en público, siempre fue a oscuras, y yo me acostumbré a eso porque quería que fuera feliz, siempre con la ilusión de que cuando cumpliera 18 años me iba a presentar. Pero la verdad es que cuando estaba conmigo le llevaba otras mujeres a su mamá.

¿Este hombre influía en tus posibilidades de trabajar?
Para la teleserie La Chúcara (TVN, 2014) me ofrecieron un personaje supersexi, que usaba escote y que se tenía que besuquear con un actor. Eso a él le pareció último, me decía que era una flaite si hacía el personaje, y me metió en la cabeza que yo iba a quedar mal parada si lo hacía. Además, me decía que a él le iba a dar mucha pena si yo tomaba el papel, y eso me influyó tanto que el día antes de empezar a grabar fui con mi mamá al canal a deshacer el contrato. A ella le inventé que no me atrevía a hacer el personaje, pero la verdad es que yo hubiera hecho cualquier cosa que él me pidiera, porque no quería perderlo. El día de hoy él no es una persona que pueda afectar el que yo tenga pega o no, pero trabaja en el medio, y aunque no estamos en el mismo canal nos podemos encontrar. De hecho, me lo he encontrado y nunca me saluda.

El fin del espejismo
Después de dos años y medio de relación terminaron formalmente, pero él le siguió escribiendo por al menos un año. Los mensajes eran al mismo tiempo amenazantes y “románticos”, así como le prohibía ver a otros hombres le decía que era el amor de su vida. Todo esto influyó en que cayera en una potente depresión, acompañada de episodios de ansiedad que la llevaron a subir hasta 15 kilos. “Cada día me quería menos. Me empecé a comprar ropa grande que tapara mi cuerpo y me teñí el pelo negro para sentirme como otra persona, me empecé a disfrazar. Ahí dije que no más, pero él seguía insistiendo. Un día me llamó la mujer que está con él hasta el día de hoy y me pidió que dejara de molestar a su pareja. Me di cuenta de que me estaba dejando como una pendeja acosadora, así que agarré los pantallazos de los mensajes que me mandaba y se los reenvié. Ahí terminó todo”.

¿Cómo te diste cuenta de que tu relación había sido abusiva, no solo por los maltratos sino que también porque eras menor de edad y él no?
Mientras escribía el libro me puse a ver fotos que tenía con él y me llamó la atención mi cara de bebé. ¿Cómo una persona de 30 años se fijó en esta niña, con cara de guagua y con un cuerpo que recién se estaba desarrollando? Hoy trato de entender qué pasó por su mente.

¿Tú crees que él estaba enamorado de ti?
Yo creo que quizás llegó a tener una obsesión, no sé si eso es enamorarse. El tipo de celopatía que él tenía no lo tiene una persona a la que no le importas, yo creo que me llegó a tener cariño, porque le atraía de alguna manera. Pero no sé si llegó a enamorarse, porque alguien que te ama no te hace ese daño. Él me creó una imagen del amor que no existía, y me generó una depresión.

¿Por qué no dices su nombre en el libro?
No es para protegerlo, es que no le quiero dar más importancia. Si hablo de él es porque quiero retratar cómo funciona un hombre abusador. No necesito mencionarlo porque hacerle la vida imposible no es mi tema, y él no es el protagonista de mi libro.

¿Lo perdonaste?
Dentro de mi vida él forma parte del pasado, por lo tanto, para mí ya no existe. No sé si eso se llamará perdón.

¿Te costó revalorar tu sexualidad después de esa relación?
Me costó muchísimo. Cuando estaba con él me daba cuenta de que mientras él lo pasaba superbién yo no sentía nada, y no entendía por qué. Llegué a ver porno para entender qué era el sexo, y por qué él lo disfrutaba y yo no. Pensaba que quizás era muy chica, que quizás a los 20 lo iba a pasar mejor. Por eso hoy creo que la educación sexual es tan importante. Después de esa relación me daba miedo irme a la cama con otro hombre, pasaron años antes de que pudiera porque no quería volver a pasarlo mal, además para ese entonces sentía muchas inseguridades en relación a mi cuerpo, entonces menos quería que me vieran desnuda. Fue todo un proceso volver a quererme, y eso recién pasó con mi relación actual (con el modelo Branko Bacovich), donde me siento amada, donde la otra persona se preocupa por mí.

Influenciadora

¿Crees que se paga un precio demasiado alto al exponerse en redes sociales?
Yo trato de mostrarme de la forma más real posible, nunca me he mostrado como alguien que no soy, entonces creo que todo depende de la forma en la que uno se exponga.

¿Qué te pasa cuando desconocidos se te acercan en la calle?
Me gusta el cariño de la gente y que me sigan reconociendo como la niña de Papi Ricky. Lo encuentro bonito, porque me doy cuenta del éxito de la teleserie, del cariño que la gente les tiene a los personajes. No puedo no ser empática y no sacarme fotos con la gente, porque gracias a ellos soy lo que soy.

Muchas de tus seguidoras son niñas. ¿Sientes una responsabilidad por ellas?
Siempre me he preocupado mucho de eso. Yo no fumo ni tomo, y soy mala para carretear. El 60% de mis seguidores son mujeres, por eso para mí era importante que el libro fuera para ellas, en especial para las niñas que están creciendo. Me siento responsable por ser un referente y quiero mostrar mi verdad para que a las demás no les pase. Yo no hago esto para ganar más plata o para quedar como mejor persona, de hecho expongo en el libro muchas cosas que me dan vergüenza, pero mi fin es que esto no le pase a otra mujer. Yo me preguntaba ¿por qué me pasó esto a mí?, y concluí que esto me pasó para contarlo.

Seguir leyendo