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6 abril, 2018
orla

Bruno Vidal: amor de hombre

El poeta de 60 años confiesa aquí que ha quedado fulminado de amor en plena calle, que prefiere el amor a primera vista a las relaciones que parten difícil y que el erotismo supremo consiste en el cambio de roles. ¿Lo que más lo seduce de una mujer? Un cuerpo guarnecido con lencería, tacos aguja y medias con costura.

Cuestionario por Constanza Michelson / Fotografía: Archivo Copesa / Ilustración: Paloma Moreno


Paula.cl

¿Dirías que has amado más o te han amado más?
Siempre me he hecho el difícil con las mujeres: soy muy feo, no sé conducir autos, freírme un huevo, plancharme una camisa, bailar cueca ni tango ni un lento, desabrochar un corpiño. No sé, mi torpeza, qué diablos.

¿Has enfermado de amor?
Siempre enfermé de amor al ver a una mujer de mi agrado. A veces, en la calle, he quedado fulminado, mudo. Las mujeres me perturban para bien y gracias a Dios las idealizo a concho. Recuerdo que en las pruebas de octavo básico escribí mensajes de amor a mi profesora de castellano: “te amo”, “eres linda”, cosas así. Por supuesto el 7.0 del guiño venía de vuelta con una ternura feroz.

¿Qué adversidades son más fuertes que el amor?
No hay nada que pueda amenazar al amor, ni la muerte ni el apocalipsis. El amor no conoce adversidades, ya lo sabe Penélope, ya lo sabe Eloísa, ya lo sabe la Delia, ya lo sabe el Quijote de la Mancha o la Piedra Feliz en Valpo. Ya lo sabe la Corín Tellado. Ya lo sabe la Cenicienta. Ya lo sabe Vogue. Ya lo sé yo, hombre de seis décadas.

Mayor entusiasmo: ¿relaciones que parten difícil o la conexión y entrega inmediata?
El amor a primera vista es lo más enloquecedor, te saca de quicio. El sabor de la mirada, del primer beso, el sabor de ese cuerpo no te lo puedes sacar jamás, lo recuerdas y te vienen los tiritones en el bajo vientre. La entrega inmediata la viví y vaya que pagué caro; en esas cuerdas flojas vi los precipicios y las estrellitas calentonas en los pezones me  hicieron soltar la prenda. Esa hembra como hacha para las que te dije me ha hecho ver burros, no cachiporros, en el atolladero.

¿Es mejor ser la pareja oficial o el amante?
Fui pareja oficial, fui amante, ¿y? En las dos versiones a la hora de poner los puntos sobre las íes, no me he puesto los pantalones, y entonces la moraleja es pareja oficial y amante a la vez, y picho caluga de por medio, estar vivo al ojo y dar con la huasca marital amatoria en ese leseo de ménage à trois.

Ideal: ¿relaciones cerradas o abiertas?
Ni la una ni la otra, ni cerrada ni abierta, puro sumar 30 + 39, abrirse y cerrarse en ese número de igualdad de género.

Porno: ¿solo o en pareja?
Cuando la intuición femenina es en el hombre; cuando la intuición masculina es en la mujer: qué necesidad de realizar fantasías sexuales; todo viene por añadidura por las re cachas que van y vienen en el lecho de claveles. Cuando en la relación el loro es lora y la lora es loro, no hay tiempo para preguntas infames: Carmela o Pepito, ¿tenís fantasías sexuales? Ahí mismo todo se fue a la mierda por falta de espontaneidad.

¿Dejas una relación o te haces patear?
Me hago patear pateando, para no perderlas todas.

¿Se te repite el mismo tipo de mujer/hombre en tu elección de pareja?
Se repite la misma necesidad imperiosa: el pelo tomado, el uso de un buen sombrero, de pollera Chanel, elegante, de porte 1,70 m, habilosa y femenina hasta el hartazgo. Que sepa agarrarme el traste con la mano llena y que diga cochinadas de grueso calibre en el camastro obsceno de cuatro perillas. Bien cacharpeada la dama de los mil amores para el rendez-vous, con uno mino-galán-ñato bien terneado y perfumado como Dios manda. Y la maldita manicure y el maldito rouge y repetir la cita con otra pose en la jodida lujuria. Por favor el glamour chilensis de estar chupa y chupa en el mismo credo. Esa carterita loteada en la boutique de Purificación García llena de pañuelos rojos y negros. ¿Qué más querís guacho pelao?

Decir para dejar a alguien: ¿“ya no te amo” o “no eres tú soy yo”?
Ninguna de esas fórmulas, claro y preciso: “ándate de una vez a la punta del cerro”.

Fetichismo: parte del cuerpo que toma el primer plano.
Me seduce todo el cuerpo guarnecido con lencería, tacos aguja, medias con costura, aros, maquillajes, con tocas y, por ningún motivo, tatuajes. Un cuerpo bien dispuesto al striptease y al dominio escénico de una mujer-fulana-cocotte que se precia de tal, ante un bribón libidinoso del mil por ciento y apasionado con el carrete puesto a prueba de fuego en esos lances de estar cautivado por la que te está dando poder sumiso en ese ayuntamiento. Tú y yo en el lujo del empotamiento de nuestros espíritus santos y extasiarla con todas las de la ley en la carne a la hembra, hecha y derecha.

¿Mirar o ser mirado?
Las miradas en el amor se tienen que cruzar al mismo tiempo. El susurro mental de decir con la alter ego: “Oiga, Petrolina Vial Espantoso, ¿qué estamos haciendo aquí en este compromiso académico, perdiendo el tiempo? Vamos a tirar con todo en un motel de primera y miremos cómo nos multiplicamos en el espejito de mano, pos. Ya pos, Papazote de Algarrobal, ¿en qué topamos?

¿Lo que más se agradece del amor?
El amor es la única redención de tener tanta vergüenza en el reino de este mundo. Al amor hay que agradecerle todas las facilidades de pago, sin él estaríamos fritanga de por vida, y bueno, para nosotros, todas las chiquillas del lote son distinguidas. Su media naranja está ahí con la pasión ardiente a todo cachete: dele duro, maestro.

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