Carlos Alcalde, el otro ganador

Reportajes y Entrevistas

Carlos Alcalde, el otro ganador

Por Ximena Riquelme

Instalado hace nueve meses en Amsterdam, hoy se dedica ciento por ciento a escribir: una novela y un libro de cuentos que quiere publicar en 2017. Desde ahí mandó al Concurso de Cuentos Paula Abre la boca, un relato inédito donde un protagonista sin nombre habla de una cruda y cíclica historia con la que conquistó al jurado, que le dio el segundo lugar. Aquí, quién es Carlos Alcalde.

Paula.cl

“En el cuento Abre la boca hay un tema antiguo, casi mítico: las historias cíclicas que se repiten casi como un destino. Pero esa antigüedad está actualizada pues el relato indaga en un tema contemporáneo: la libertad de ser gays y la brutal oposición a serlo abiertamente. Y el prejuicio basado en la ignorancia: creer que se puede educar la inclinación sexual, cambiarla o contagiarla. Aquí hay dos historias que se entrecruzan con brutal sutileza”.

Es la opinión del escritor colombiano Héctor Abad (Angosta, 2000; El olvido que seremos, 2005;  La Oculta, 2014) sobre el relato que se quedó con el segundo lugar del Concurso de Cuentos Paula 2016. Y habla con propiedad, no solo por su extensa trayectoria en la literatura, también porque presidió la versión de este año.

Su autor, Carlos Alcalde (34), es un hombre de letras. Estudió esa carrera en la Universidad Católica; tiene un máster en Teoría Literaria de la Universidad Federal de Rio de Janeiro; ganó financiamiento del Fondo del Libro en 2015 para escribir un libro de cuentos, y participó dos años en el taller literario del escritor Pablo Simonetti.

Desde Amsterdam –ciudad a la que llegó hace nueve meses acompañando a su mujer, que está haciendo un doctorado en Historia, y donde está dedicado a escribir–, reflexiona sobre literatura, su cuento y sus proyectos.

Soy de la generación que creció leyendo a Bolaño, a Sebald, a Benjamin, a Borges. Solo que en algún momento se coló Marx en el canon (y quizá también Foucault), y entonces ya no pude dejar de ver clases sociales y relaciones de poder conflictivas entre ellas. Se me cayó el velo de la ingenuidad, por decirlo de alguna manera.

Los referentes que me inspiran son muchísimos. No solo escritores, sino que música, juegos de computador, cuadros, biografías, historia, plantas, sociología, idiomas, experiencias de vida, conversaciones, libretos de ópera…

El taller literario de Pablo Simonetti, que hice en 2014 y 2015, es como el taller de Donoso en los años 80. En la carrera de Letras uno se vuelve más experimental, más fragmentado. Con el taller volví a pensar en un lector, que es una cuestión fundamental si estás haciendo literatura.

Con el Fondo del Libro que gané en 2015 estoy escribiendo un libro de cuentos. Son relatos que están unidos por personajes que están un poco presos de una situación, o de un lenguaje, o de un papel del cual no pueden salir. Están, en el fondo, sometidos por la sociedad.

También estoy escribiendo una novela. Espero terminarla a mediados del próximo año. Es, en realidad, uno de mis cuentos que se extendió. Ahora tengo la suerte de estar ciento por ciento dedicado a escribir, espero que esta situación se mantenga para siempre.

Abre la boca y el concurso

Escribir este cuento nace con una imagen. Es un espacio que se repite en mis sueños: un recoveco dentro de una casa donde se entra a través de una puerta secreta. Ese espacio es una suerte de refugio que se encuentra fuera del juicio social, fuera de los discursos dominantes que de alguna manera están por sobre el individuo. La casa del cuento es la del escritor italiano Curzio Malaparte en Capri. Aparece en una película de Jean-Luc Godard que se llama Le Mépris (1963).

En el cuento, la temática gay es importante pero no es lo esencial. Para mí, el tema principal del cuento es la esclavitud que producen las relaciones de clase. Claro, en Chile y en esta época tiene más relevancia el tema gay.

No creo que la literatura chilena tenga problemas para tocar temas de identidad de género. Ese trabajo –heroico– ya fue hecho por otros autores, como Oyarzún, Donoso o Lemebel, cuando sí era un tema de vida o muerte.

Decidí poner a un personaje que parece cobarde. Y en realidad es un autómata preso de “lo que se debe hacer”. Y Gregorio (que encarna una historia del pasado sobre un homosexual en un colegio de hombres) parece valiente, pero en realidad se metió en la jaula de los leones, como el hombre ese del zoológico o como el personaje de Spider (Michael Imperioli) en la película Goodfellas. Gregorio la sacó barata comparado con los dos ejemplos.

El concurso Paula sigue siendo el premio literario más prestigioso de Chile. El año pasado pensamos que se iba a acabar, pero ahora volvió, espero que por muchos años más. Me motivé a participar porque tenía varios cuentos listos y un concurso es una excelente oportunidad para ver si lo que estás escribiendo tiene sentido o es una basura ilegible.

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